17 bandas de Metal y Hard Rock que sobrevivieron a 1993

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King Diamond - Mercyful Fate
King Diamond en 1993 como miembro de Mercyful Fate en el disco "In The Shadows"

Si hay un año que supuso un punto de inflexión para el Heavy Metal y el Hard Rock tradicional de los años 80 ese fue 1993. Por aquel entonces, el Grunge y, en general, los llamados sonidos alternativos ya campaban a sus anchas en todos los medios habidos y por haber. Cadenas como MTV y sellos discográficos como Geffen Records, por motivos que no entraremos a valorar aquí, se decidieron a apostar de pleno por unas corrientes musicales que desplazaron y arrinconaron en muy poco tiempo a las bandas de corte clásico.

Hay quien vio y sigue viendo en esta jugada un claro tejemaneje empresarial fraguado en despachos porque, a pesar de esas voces que indicaban que el Heavy Metal estaba tocado y hundido, tan solo uno o dos años antes se gestaron algunos de los mejores trabajos que ha deparado el género. Por el contrario, hay quien piensa que se venía demandando un cambio y que era necesario refrescar una escena musical en vías de extinción mediante la llegada de nuevos sonidos acompañados de una estética vistosamente distinta en la que camisas de cuadros, pantalones más anchos de lo habitual, bermudas y viseras le dieron el relevo a los pantalones elásticos, las muñequeras de pinchos, los peinados imposibles y las chupas de cuero, trazando de ese modo la vestimenta a seguir en ese primer tercio de los 90.

1993: Soplan vientos de cambio

Muchas bandas clásicas, ya fueran thrashers, hard rockeras o meramente heavies, no supieron o, directamente, no quisieron adaptarse a esa especie de imposición disfrazada de vanguardia o a esa modernización de unos patrones ya caducos, según los ojos con los que se mire el asunto. SCORPIONS, mismamente, nos dejó en 1993 un single potente con “Alien Nation” y poco más, ya que su álbum “Face The Heat” no estuvo, ni por asomo, a la altura de lo que podía ofrecer la leyenda germana.

Nuestro añorado DIO tampoco salió precisamente airoso con su “Strange Highways”, un álbum artificial y excesivamente denso en el que costaba identificar el sonido clásico del pequeño gran hombre. Por mucho Ritchie Kotzen que participara en el disco, tampoco convenció “Native Tongue” de POISON, con el que los de Pensilvania intentaron acercarse torpe y fallidamente a los sonidos de Seattle. GUNS N’ ROSES, en su etapa más decadente, pretendieron salir al paso con un disco de versiones en el que también brilló por su ausencia esa mala leche que atesoraba la banda en sus inicios. CORONER, tras un gran disco que hizo historia dentro del llamado Technical Thrash como fue “Mental Vortex”, cayó en picado con “Grin”, la última grabación que tenemos hasta la fecha de los suizos.

Mucho peor lo hicieron si cabe SACRED REICH, cuya decadencia pasó de ser un espejismo a una realidad con “Independent”. Finalmente, otros gigantes como IRON MAIDEN, MÖTLEY CRÜE o JUDAS PRIEST, aun no editando disco ese año, comenzaban a naufragar, viendo como sus míticos vocalistas desfilaban para dar paso a las etapas más desinfladas y anodinas que hayan vivido las tres formaciones. Por no hablar de esos unplugged que, un año antes, PEARL JAM, apoyándose astutamente en MTV, había sacado a la luz, pero que, a finales de 1993, popularizaría como nadie NIRVANA, con lo que en el año de marras el formato desenchufado ya empezaría a asomar la cabeza entre algunas bandas de corte clásico. “Stripped”, mismamente, de los daneses PRETTY MAIDS, evidenció que ante la falta de ideas o el desconocimiento de lo que estaba por llegar, no podía ser mal recurso del todo el de optar por un ‘concepto suavizado’ y salirse así, en cierto modo, por la tangente y sin llegar a hacer mucho ruido, nunca mejor dicho.

Sin embargo, y dentro de la innegable bofetada en la cara que supuso el asentamiento de estos nuevos sonidos para las formaciones clásicas, hubo quien supo mantener el tipo en aquel fatídico 1993 e incluso sacar adelante, según el caso, un gran trabajo. Veamos algunos de estos ejemplos con detenimiento, ordenados única y exclusivamente por orden alfabético, que no por la fecha de lanzamiento de los discos en cuestión.

ACCEPT - Objection Overruled

Parecía que los experimentos con el Hard Rock tenían los días contados en ACCEPT. “Eat The Heat”, el trabajo que editó el combo alemán tras la marcha de Udo, fue un lanzamiento que se aprovechó del buen momento que vivía la escena Hard por aquel entonces. Hoffmann supo hacer una buena lectura de la demanda musical que había en el circuito metalero y se hizo con los servicios de David Reece, un gran vocalista de Hard Rock que un par de años después nos dejaría un debut para el recuerdo con su banda BANGALORE CHOIR, de la que no puedo dejar de recomendar “On Target” si te gusta el Hard Melódico. Como decía, poco duró esta aventura, la jugada no cuajó del todo y Udo regresó a la banda germana para hacer que la magia de ACCEPT regresara con él.

Con el pequeño vocalista enfundado siempre en su vestimenta militar, volvieron los riffs, las voces estridentes, las potentes melodías en los estribillos y, en definitiva, esa forma de entender el Heavy Metal que siempre había tenido ACCEPT. No hay que más que escuchar ese huracán quebrantahuesos que es “I Don’t Wanna Be Like You” para cerciorarse de que la banda estaba de vuelta tal y como la habíamos conocido. Su mejor trabajo en la década de los 90. No creo que sea algo que deba dar lugar a mucho debate.

 

ANNIHILATOR - Set The World On Fire

Pregunta de examen: ¿Existe alguna banda de la vieja guardia que haya cambiado tantas veces de vocalista como los canadienses ANNIHILATOR? Definitivamente, no. Matemáticamente, complicado incluso. Hasta seis voceras, sin contar al propio Jeff Waters, computan en la trayectoria de la banda desde que iniciara su andadura a mediados de los 80. A estas alturas de la película, y con un tercer disco editado bajo el brazo, Randy Rampage ya era como un mito aun habiendo grabado solo un disco con ANNIHILATOR; el trabajo de Coburn Parr se recordaba por temas como el aplaudido “Phantasmagoria” y era el momento de Aaron Randall, que, siguiendo las escrituras annihilatornianas, duraría en el seno de la banda entre cero y nada. Imagino que esas líneas de voz pseudorrapeadas de Randall en la propia “Set The World On Fire” debieron descolocar a más de uno en su día, si bien es cierto que ANNIHILATOR, desde sus inicios, siempre fue una banda amiga de la experimentación dentro de ese Power-Thrash técnico en el que se movía.

Temas como la tremenda balada “Phoenix Rising”, la contundente “Knight Jumps Queen” o la alocada “Brain Dance” no solo le darían una pequeña vuelta de tuerca al sonido primigenio de los de Waters, sino que marcarían el devenir del modelo de composiciones dispares, inquietas y resbaladizas con las etiquetas que ofrecería la banda en posteriores trabajos. Peculiar, distinto, pero indispensable en su discografía.

 

DEEP PURPLE - The Battle Rages On

Corría una cierta sensación de que la irresoluble tensión acumulada, fruto de esa enemistad entre dos pesos pesados de la banda británica como Gillan y Blackmore, invocaría al desastre, y más teniendo presente que las bandas clásicas estaban de capa caída y que muchas de ellas empezaban a ser vistas como molestos dinosaurios, pero, cosas de la vida, y aun existiendo esa fractura interna que propiciaría la salida de definitiva de la agrupación del maestro Ritchie Blackmore, la banda editó un gran disco, con mucha fragancia a años 90, no me cabe duda, pero sin dejar aparcados los mejores matices setenteros de su propia marca. El poderío y el feeling de temas como el inicial “The Battle Rages On” o el contagioso “Talk About Love” evidenciaron que DEEP PURPLE podía sonar a muchas cosas y asimilarse circunstancialmente a bandas que venían pisando fuerte en aquel primer tercio de los noventa, pero siempre manteniendo la esencia y la categoría del sello PURPLE.

Última vez que pudimos escuchar al irrepetible quinteto conformado por Blackmore-Lord-Paice-Gillan-Glover. Casi da vértigo si lo lees del tirón. El tira y afloja o, más bien, la batalla, como evidencia el título del disco, la ganó Gillan al quedarse en la banda, pero si hubo un verdadero vencedor en esto fue el mundo de la música y no porque unos entraran y otros salieran, sino por la calidad de un lanzamiento que persigue muy cerca a los grandes clásicos de los británicos.

 

DEF LEPPARD - Retro-Active

Daba la sensación de que los de Sheffield ya habían tocado techo y saboreado el éxito en su máximo esplendor con gigantescas giras en años anteriores, especialmente durante la presentación de su afamado “Hysteria”. La muerte de Steve Clark a comienzos de los años 90 supuso un varapalo para la banda del que, a priori, supieron reponerse con la entrada de Vivian Campbell. Tras “Adrenalize”, un disco que vendió unos pocos millones de discos pero que ya comenzaba a acusar el imparable avance del Grunge, la banda salió perfectamente airosa sin arriesgar mucho con una especie de recopilatorio de temas perdidos en años anteriores, alguna magnífica versión como el “Action” de SWEET, llevado a un terreno más explosivo, e incluso algunos temas completamente nuevos, como la gran balada “Two Steps Behind”, que acabó incluida en la banda sonora de esa inolvidable película que fue “El último gran héroe”, en la que también aparecieron otros ilustres de nuestro gremio como QUEENSRYCHE, AC/DC o TESLA.

“Retro-Active” mantuvo con cierta prudencia y sin brillar en exceso una perfecta combinación de viejos sonidos y temas más ligados a esos finales de los 80 de la formación inglesa con sonoridades más endurecidas y propias de los 90. Seguramente, nunca será un trabajo que vaya a ser citado entre los tres mejores que editaron Collen, Elliot y cía, pero se halló muy pero que muy por encima del infame, aburrido y olvidable “Slang”, editado medio lustro después y donde la banda se dejó contagiar por la epidemia alternativa, de la cual tardaría años en curarse del todo.

 

DIAMOND HEAD - Death And Progress

Toda una década sin editar material nuevo sumado a que los años 90, en especial el curso que barajamos en este artículo, no es que fueran precisamente un espacio halagüeño para una banda considerada pionera del sonido de la NWOBHM. De hecho, pocas formaciones de aquella quinta británica tuvieron visibilidad en 1993, con lo que las dudas y el morbo se debieron sembrar ante la llegada de “Death And Progress”, el cuarto lanzamiento de los de Stourbridge. ¿Cómo se acoplará ese sonido New Wave tan característico y arraigado en los primerísimos años 80 a la era de las afinaciones graves? Más de uno se preguntaría eso. Respuesta: perfectamente y solventando la papeleta mejor de lo que cabría esperar. Para la ocasión, la agrupación pilotada por Brian Tatler (único miembro original a día de hoy en la banda) se arrimó a algunos pesos pesados para darle el empuje necesario a su regreso a la escena musical. Dave Mustaine de MEGADETH participó activamente en el álbum y dejó su sello en el tema “Truckin’”; también se dejó caer en el estudio todo un Tony Iommi de BLACK SABBATH y, finalmente, la banda se hizo con las labores del productor Andrew Scarth, que previamente había trabajado con bandas como FOREIGNER.

El resultado de todo ese mejunje de nombres fue un disco más melódico que sus obras ochenteras, pero, por contradictorio que pueda parecer, ejecutado con un sonido más corpulento y una base rítmica con más presencia. Esa limpieza se agradeció, dado que los temas llevaron una línea más cercana a lo que podríamos llamar Hard N’ Heavy, como evidencia ese gran medio tiempo llamado “Calling Your Name (The Light)”, en el que, por otra parte, salen a la legua el gusto de Brian Tatler y de Sean Harris por LED ZEPPELIN. No cabe duda de que este disco no definirá nunca el concepto con el que identificar a DIAMOND HEAD, pero el giro musical, atrevido y con su buena dosis de frescura, que la banda le imprimió a sus canciones supera con creces el aprobado como para colarse en este listado.

 

GRAVE DIGGER - The Reaper

Siete años empezaban a ser una eternidad para una banda que parecía haber tomado la directa en lo que a lanzamientos se refiere, pero el nubarrón noventero también acechó la estabilidad del cuarteto alemán, que hizo un notorio parón a mediados de los años 80 tras la edición de “War Games” para regresar poderosamente con “The Reaper”, un álbum corpulento y potente que marcó el devenir del sonido que manejaría la banda en toda la década y que le daría muy buenos resultados en trabajos como “Knights Of The Cross”. Solo el inicio speedico y atropellado de “The Reaper”, tras la demoniaca intro y con Chris Boltendahl vociferando aquello de “welcome to the evil’s nightmare”, ya era capaz de vaticinar el buen estado de forma con el que retornaba a la escena el combo teutón.

Sin salirse de su parcela sonora, algo que nunca han hecho, todo sea dicho, los de Boltendahl se sacaron de la manga un gran álbum de Heavy Metal, aupado por un gran trabajo a la producción, bastante acorde a esos nuevos referentes sonoros que venían irrumpiendo, y puliendo la sequedad de ese sonido meramente ochentero que albergaban LPs como el anteriormente citado “War Games” o “Witch Hunter”. Grandísima obra de otras de esas formaciones que podrían y deberían haber cosechado un mayor reconocimiento actualmente.

 

LILLIAN AXE - Psychoschizophrenia

Puede perfectamente que los estadounidenses LILLIAN AXE sean unos grandes desconocidos para algunos de los que estéis siguiendo este artículo, pero para cualquiera que haya seguido con cierta devoción el panorama del Hard Rock ochentero esta tendría que ser una banda de cabecera a la que recurrir de vez en cuando para deleitarse. Su debut, que vio la luz en el año 88, fue un buen álbum de Hard Rock 80s en el que, por encima de todo, brillaban las guitarras de un espectacular e infravalorado Steve Blaze. “Love And War” le dio el relevo al año siguiente, siendo la pieza angular del grupo hasta la fecha y su obra más cotizada. “Poetic Justice” bajó un poco el listón en el 92, aun conteniendo temas de gran calibre como “True Believer” y “Psychoschizophrenia”, el aquí presente, demostró que el influjo del Rock Alternativo no le sentó del todo mal a la agrupación.

A pesar de que Steve Blaze, la mente pensante de la formación, readaptó su estilo a las connotaciones del momento, el quinteto supo darle luz a sus nuevas composiciones, haciendo que el voceras Ron Taylor se mostrara más versátil que nunca. Heterogéneo, sorpresivo, más oscuro que en anteriores entregas y, por momentos, arriesgado. LILLIAN AXE. Quizá en otra vida obtengan los elogios que no han obtenido en esta.

 

MARK FREE - Long Way From Love

Que KING KOBRA fue y será de por vida una de las grandes formaciones de AOR y Hard Melódico de los años 80 debería saberlo hasta el Papa. No solo por los dos primeros y excepcionales discos que nos regalaron hace tres décadas, sino porque nombres como Carmine Appice o Johnny Rod son patrimonio de nuestro movimiento. Con dicha formación en stand by y con UNRULY CHILD también parados tras su espectacular debut editado en el 92, Mark Free, el vocalista de ambas formaciones aprovechó el curso del 93 para editar su primer álbum en solitario, un disco que básicamente le hacía caso omiso a esas corrientes vanguardistas que ya habían arrasado con prácticamente todo.

Material clásico y de gran calidad, con constantes reminiscencias al sonido ochentero en el que se había desenvuelto perfectamente el vocalista unos años atrás en KING KOBRA es lo que atesora “Long Way From Love”, que, eso sí, supo aprovecharse de los avances tecnológicos para presentar un sonido minuciosamente cuidado. Para el recuerdo, entre otras, nos queda una nueva adaptación del “Someday You’ll Come Running” que nos dejó Mark Free. ¿Te quedas con la versión de FM o con la suya?

MERCYFUL FATE - In The Shadows

Tras dos indiscutibles pilares del Metal europeo como fueron “Melissa” y “Don’t Break The Oath”, las huestes de Kim Bendix se hicieron esperar. Nueve años, que se dice pronto, hubo que esperar para comprobar cómo se cerraría esa trilogía de lanzamientos. Pues bien, ya solo esos primeros acordes de “Egypt” y la hechizante voz de King Diamond, maestro de lo tenebroso te lograban impregnar en el cuerpo una vez más ese frío danés, ese inconfundible sonido nebuloso lleno de pasajes malditos que solo MERCYFUL FATE sabe crear.

¿Qué aportó este LP? Un gran trabajo de Hank Sherman en su labor a las cuerdas y un buen puñado de melodías demoníacas y cargadas de hipnótica siniestralidad que a más de uno le harían olvidar esos casi de diez años que tardó la banda en ofrecer material nuevo. Todo ello, además, amparado en un sonido impoluto y netamente metalero que anduvo lejos de sucumbir a los nuevos derroteros musicales de los que ya hemos hablado con creces. Firmeza en su propuesta y un paso adelante en su discografía.

 

MOTÖRHEAD - Bastards

“Si hubiera una guerra nuclear, solo sobrevivirían las cucarachas y Lemmy”. Seguro que pudiste leer o escuchar ese chascarrillo más de una vez mientras Lemmy Kilmister estuvo entre nosotros. Algo de verdad esconde esa frase que, por poco, no es un manifiesto. El antaño cuarteto y posteriormente trío comandado por Ian Kilmister sobrevivió a todas las décadas haciendo lo mejor que sabía hacer: música honesta sin observar qué se cocía en la tendencia vigente en el momento. Simplemente, Rock pasadísimo de vueltas.

“March Or Die”, editado el año anterior, ya fue veneno puro, pero con “Bastards”, aparte de que se notara y mucho la pegada del recién llegado Mikkey Dee, aterrizaron algunas de las mejores canciones que nos haya podido ofrecer el combo inglés. “I Am The Sword”, cien por cien MOTÖRHEAD; la festiva y fílmica “Born To Raise Hell” o ese Rock N’ Roll bailable con la mirilla puesta en los años 50 que es “Bad Woman”. MOTÖRHEAD, señores. Palabras mayores.

 

PRAYING MANTIS - A Cry For The New World

No soy un gran fan de la banda comandada por los hermanos Troy, lo reconozco, si bien no es menos cierto que los álbumes que verdaderamente me gustan de la agrupación británica me llegan apasionar y el aquí presente es, junto a su debut “Time Tells No Lies”, uno de esos casos. Estamos ante una rara avis, una formación que, como le sucediera también a DEMON, fue metida con calzador en la llamada NWOBHM, una tendencia capaz de absorber en aquellos primeros años 80 a alguna que otra banda de corte melódico mucho más ligadas, musicalmente hablando, al Hard Rock e incluso AOR que al Heavy Metal. Pero el enclave espacio-temporal mandaba y mucho, de ahí que nuestra mantis religiosa siempre salga catalogada como una banda más de la New Wave.

El grupo, tras un sonoro parón durante buena parte de esos citados 80, regresó con Dennis Stratton (ex IRON MAIDEN) haciéndose cargo de la labor guitarrera con “Predator In Disguise”, un buen trabajo en el que resaltó ese tema pegadizo que fue “Cant’ See The Angels”, puro Rock Melódico de alta categoría para el que el cuarteto nos dejó un simplón pero airoso videoclip. Ya en 1993, la banda sorprendió a propios y extraños con el que es, para mí, el segundo mejor trabajo que hallamos en la voluminosa discografía de los británicos. Temas como el portentoso “A Cry For The New World”, imposible de olvidar; “One Chance”, donde la melodía vocal se te adhiere sin que apenas te des cuenta, especialmente al llegar la labor coral que hay en el estribillo; y “Open Your Heart”, un medio tiempo de manual en el que resalta un estratosférico tramo final, son un buen ejemplo de la categoría que atesora esta joyita de disco.

 

RAGE - The Missing Link

A los de Peavy parecía haberles funcionado la fórmula plasmada en “Trapped”, editado en el curso anterior al aquí tratado, y repitieron con patrones parecidos en “The Missing Link”, siendo otro álbum bastante más largo que sus anteriores grabaciones, llegando a rozar la hora de duración y teniendo un sonido grueso y férreo con el que proseguirían en discos como “Black In Mind”. El trío alemán siempre se ha caracterizado por representar ese prototipo de Metal alemán clásico y rudo, pero sin dejar de lado una dinámica experimental y un tanto anárquica mediante la cual poder rebuscar entre distintos géneros y posibilidades de cara a confeccionarse un sonido propio como pocas bandas del género han conseguido.

Así pues, este lanzamiento estuvo y sigue estando plagado de temazos como “Nevermore”, testarudo y de riff incisivo de los que te dejan dolor en las cervicales; “Who Dares?”, otro gran ejemplo de riffeado poderoso acompañado de una certera y absorbente melodía vocal por parte del grandullón de Peavy; o “Lost In The Ice”, donde de nuevo Peavy está inconmensurable con una tesitura bastante alta y hábil durante todo el recorrido de la pieza. RAGE, a base de tesón, esfuerzo, calidad y pasión por su labor, se ha labrado una carrera limpia en la que resulta difícil, aunque los haya, encontrar altibajos. En esta ocasión, el trío teutón se desmarcó con otro potente pelotazo y uno de sus mejores trabajos de esos convulsos años 90.

 

RIOT – Nightbreaker

Al igual que SAVATAGE, de los que hablaré a continuación, otra banda que rara vez se ha bajado del carro de la calidad ha sido el combo neoyorquino RIOT. Quizá no todo el mundo esté de acuerdo con lo que voy a decir, pero, tras el inigualable Tony Moore, la agrupación no ha tenido un vocalista tan brillante como Michael Dimeo, el cual, precisamente, pasó a formar parte de la banda en este mismo lanzamiento.

RIOT nunca tuvo problemas a la hora de balancearse musicalmente hablando y de desplazarse del Power americano al Hard N’ Heavy y viceversa y, en este caso, nos ofreció un lanzamiento más melódico y continuista con “The Privilege Of Power”, que ya de por sí había bajado unas cuantas revoluciones con respecto al brillante e inigualable “Thundersteel”. Ya solo la apertura con la poderosa y coreable “Soldier” nos podía dar a entender que RIOT, una vez más, nos iba a ofrecer otro gran lanzamiento. Por su parte, Dimeo hizo uno de sus mejores trabajos al frente de la banda, incluida una buena versión del clásico “Burn” de DEEP PURPLE.

 

SAVATAGE - Edge Of Thorns

Parecía que quedaban lejos obras indispensables dentro del Metal americano como “Hall Of The Mountain King” y “Gutter Ballet”, pero SAVATAGE, ya con Zak Stevens a las voces, parió un magnífico trabajo, dotado de un sonido más contundente y recargado con respecto al que nos habían acostumbrado los hermanos Oliva, pero igualmente efectivo y solvente en la materia. Canciones como la inolvidable “Edge Of Thorns”, con sus imborrables notas de piano al comienzo, la desgarradora balada “All That I Bleed” o la evolutiva “Degrees Of Sanity” aunaron rotundidad y elegancia a partes iguales. Buen disco en tiempos turbulentos, ya que no debemos olvidar que justo ese mismo año nos dejó tristemente Criss Oliva.

Además, nos topamos con uno de esos discos que, aunque a muchos les cueste creerlo, generó un interesante debate a raíz de la siguiente cuestión: ¿eres más del material con Oliva al frente o, por el contrario, del de Stevens? Insisto en que para mucha gente no habrá color nunca, dada la sólida calidad de los trabajos clásicos de la banda, pero no deja de ser cierto que ese runrún correteó una buena temporada debido a la gran estimación que obtuvo esta obra entre los acérrimos a la agrupación estadounidense.

 

SEPULTURA - Chaos A.D.

El listón que había dejado la agrupación carioca un par de años atrás estaba altísimo. Obras como “Beneath The Remains”, “Arise” o “Schizophrenia” son piezas indispensables a la hora de hablar de Thrash Metal. Además, dentro de una brillante generación de bandas brasileñas como fueron SARCÓFAGO o ATTOMICA entre muchas otras, ellos fueron los indiscutibles cabezas, exportando a Europa, Asia y todo el continente de América esa mala baba latina alimentada por la viva miseria.

Tengo claro que este álbum decepcionó a algunos de esos viejos seguidores de SEPULTURA, y tengo claro a su vez que “Chaos A.D.” se hallaba y se sigue hallando lejos de las obras citadas anteriormente, pero es innegable el peso que tuvo el disco de marras en la década de los 90 y la impronta que dejó en muchas bandas que comenzaron a experimentar con el Groove Metal y a combinar las herramientas del Thrash con las del Hardcore, creando así su propia parcela sonora, como hicieron los hermanos Cavalera en esta obra, un lanzamiento que no ofrecía la velocidad de antaño y que buscó en la pesadez de las guitarras y en las bases machaconas de temas como “Territory”, “Nomad” o “Slave New World” una nueva identidad.

Andy Wallace hizo un trabajo excepcional en la producción y es que, en pleno 2019, en cuanto a sonido, este disco sigue siendo inmenso y un puñetazo en la cara. Aparcaron el Thrash más puro, pero supieron dejar huella y llegarle al corazón a otro tipo de audiencia, como bien anticiparon los latidos que se escuchan al inicio de “Refuse/Resist”.

 

VINCE NEIL - Exposed

Drogas de todo tipo, cantidades ingentes de alcohol, un encarcelamiento por homicidio involuntario y, a fin de cuentas, una vida plagada de excesos y desvaríos que, llegando a rozar lo enfermizo, apuntaba a que el rubio californiano no llegaría ni a cumplir los cuarenta años. Por suerte, la sangre no llegó al río y aún le tenemos entre nosotros en pleno 2019, aunque sea el perfecto ejemplo de la más absoluta decadencia. Pero en 1993 la cosa era bien distinta.

Con compañeros de andanzas como RATT, BRITNY FOX, WARRANT o los anteriormente citados POISON bastante despistados y desbordados por el huracán del Grunge, Vince Neil, un año después de “ser invitado a salir” de MÖTLEY CRÜE, se sacó de la chistera, pese a quien le pese, el mejor disco de los CRÜE desde el “Dr Feelgood” pero sin la firma de los propios CRÜE, claro está, que por aquel entonces se habían hecho con los servicios de John Corabi de cara a editar un disco medianamente asumible y no del todo malo, pero sí alejado de la calidad que profesó el de Vince Neil junto a musicazos como Steve Stevens y Robbie Crane. Discazo descomunal, potente, inspirado y con un sonido de infarto por el que no pasa el tiempo.

 

WINGER - Pull

Otro que dio la campanada hard rockera, agrandando su sonido y otorgándole una mayor corpulencia pero sin desfigurar su esencia, fue la banda de Kip Winger. Seguramente, algo inferior a su debut homónimo, que es un disco indispensable a la hora de hablar de Hard Rock ochentero, pero superior a “In The Heart Of The Young”. Este lanzamiento tuvo y sigue teniendo una frescura inusual y la potencia de muchos trabajos de Melodic Metal gestados en años anteriores; todo ello sin que la banda dejase de apostar por los estribillos asequibles, como evidencian temas de la talla de “Down Incognito”, que es puro feeling americano, o “No Man’s Land”. Sonido vistosamente metalizado aderezado con melodías contagiosas y para el recuerdo. ¡Jugada maestra de WINGER!

Madness Live!

2 Comentarios

  1. Grin de Coroner es un discazo, por otro lado no todo lo que salio bajo la etiqueta del Grunge fue malo. Alice In Chains sacó discos irrepetibles en aquellos años, Soundgarden tambien.

  2. Buenas, Alexander. Personalmente, considero que «Grin» fue un bajonazo con respecto a anteriores obras, pero supongo que es cuestión de gustos personales. Sobre la etiqueta del Grunge, tienes razón. En el artículo no he pretendido menospreciar todo lo que se hizo dentro de esa etiqueta variopinta. A mí mismamente me encanta el «Dirt» de Alice in Chains. El problema radica más bien en los grupos que no eran de ese género e intentaron introducirse en él por lo comentado en el artículo. Ahí es donde en la mayoría de las ocasiones se produjo un «fail» en toda regla. Gracias por leerlo y por comentar, un saludo.

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