BLOODBOUND – Unholy Cross

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El cuarto disco de BLOODBOUND, “Unholy Cross”, llega precedido por una gran expectación, generada por los atractivos precedentes que fueron los álbumes anteriores. La formación continúa con la sobredosis de melodías, muy bien llevadas, tanto a nivel instrumental como vocal, con líneas muy penetrantes que hacen que las canciones se peguen irremediablemente desde el primer instante en el que empiezan a sonar.

Los suecos, como prometieron, han vuelto a sus orígenes, si bien hay una apuesta muy fuerte por el sonido más power metalero y un regreso a las guitarras maidenianas, aunque sin descuidar el Heavy Metal melódico, que sigue presente en sus canciones. Y todo ello con una novedad importante: la incorporación del cantante Patrik Johansson, que se suma -y esperemos que por mucho tiempo, ya que lo hace muy bien- a los vaivenes que se han producido a lo largo de la historia de la banda en ese puesto.

El comienzo del disco es una aproximación a la vertiente más melódica de su estilo. De ahí que el arranque sea quizá un poco pasteloso, aunque muy paladeable y contagioso, con un memorable “Moria” que demuestra los puntos fuertes de BLOODBOUND, aunque las cosas se empiezan a poner peligrosas con el macarra y coreable “Drop The Bomb”, con un tremendo estribillo, y eso que el álbum no ha hecho más que empezar.

Entre las canciones hay que destacar un bloque de temas que suenan al mejor Power Metal clásico. En esa sección de cortes están “Reflections Of Evil”, todo un cañonazo que hará las delicias de los fans del Power por su anonadante estribillo, y caminando en la misma senda “Together We Fight” y el épico “The Dark Side Of Life”, con influencias de los HELLOWEEN añejos, el ultrapegadizo “Message From Hell” o “In The Dead Of Night”, que a pesar de los títulos infernales y tenebrosos transmiten altas dosis de felicidad, lo que hará recuperar la fe a los que consideraban que ese tipo de música había disminuido su presencia en los dos últimos trabajos de BLOODBOUND.

Se sale de este esquema, por su toque inconfundiblemente maideniano, el explosivo “In For The Kill”, recordando a sus primera obra en la que la influencia de IRON MAIDEN era más palpable, o el tema título que despide el disco curiosamente con uno de los sonidos más duros, dureza aplacada, cómo no, por la voz de Patrik, siendo un corte similar a los del previo “Tabula Rasa”. Por poner un pero, la balada de rigor “Brothers Of War” no se encuentra entre lo más brillante de “Unholy Cross”.

No me queda otra que recomendar el disco, posiblemente el mejor desde su debut “Nosferatu” (y candidato a figurar entre los mejores de 2011), a los seguidores del Heavy-Power melódico, que apreciarán la calidad de estos músicos en los coros, fabulosos e inamovibles una vez escuchados, y las melodías de sus composiciones. Una última advertencia: Cuidado que engancha.

 

Enrique Herrero

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