Crítica de CANNIBAL CORPSE – Red Before Black

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Cannibal Corpse - Red Before Black

España se rompe, Estados Unidos tiene un gobierno que recuerda a un post fascismo más propio de una ucronía a caballo entre Philip K. Dick y J.G. Ballard y el mundo avanza hacia un cataclismo provocado por el exceso de CO2 y la escasez de H2O mientras los seres humanos se multiplican, se abandonan el consumismo más hueco y, como llevan haciendo desde que pisaron la tierra, buscan formas de estropearle la vida al que tienen al lado mientras las redes sociales confunden conceptos básicos como comunicación y opinión pública. Admitámoslo, no esta época de certezas, así que bienvenidas sean las que nos quedan. Una de ellas, desde luego, CANNIBAL CORPSE. El grupo de los 30 años sin parar de currar, de los ya catorce discos con este “Red Before Black”. De los dos millones de ellos vendidos, las batallas contra la censura y esa coletilla de los Metallica del Death Metal. Que en su momento era un halago. O eso creo.

Creo que cualquier aficionado (de nivel medio en adelante) al Death Metal tendría que tener todos los discos de CANNIBAL CORPSE. También que quien a estas alturas no se haya interesado por el grupo, difícilmente lo va a hacer ahora. Y, finalmente, que los jóvenes que entren en contacto por primera vez con esta leyenda gigantesca tienen en “Red Before Black” un sitio (casi) tan bueno como cualquier otro para empezar. Personalmente, soy más aficionado a la etapa con Corpsegrinder como vocalista (22 años ya) que a la de Chris Barnes, al que además he pillado después una manía tremenda a medida que ha ido largando petardazos infames con SIX FEET UNDER. También creo que CC llevaba desde 2006 en estado de gracia, más de una década en la que ha parido obras maestras como “Kill”, “Evisceration Plague” y “Torture”. Desde esta perspectiva, “Red Before Black” es un buen disco, muy bueno, pero está por debajo de casi todo lo que ha hecho el grupo en los últimos doce años. Es una apuesta segura para cualquiera que sepa qué esperar y es un terremoto de brutalidad en el que en realidad no hay pieza que no pueda defenderse en el setlist del grupo en directo. Pero en un nivel de exigencia máxima y ante el espejo de sus predecesores, está por debajo del sobresaliente.

O esa sensación tengo. El anterior “A Skeleton Domain” (2014) era, con sus irregularidades, un disco de atmósfera oscura y ominosa que iba creciendo con las distintas escuchas. “Red Before Black” tiene algo más de punch inicial, tal vez, pero no todas las composiciones tienen el mismo carisma y finalmente se acaba (o eso me ha pasado a mí) escuchando seis o siete canciones muchas más veces que el resto. Eso no pasaba ni por asomo con ninguno de los discos citados en el párrafo anterior. Eso sí, en un primer contacto esto es CANNIBAL CORPSE a toda potencial y eso siempre es un placer supremo. Con una pegada tremenda: este es un disco muy físico, con unos riffs muy gruesos y mucho Thrash Metal. Digamos que si “Torture” era una cámara de torturas (valga la redundancia) y “A Skeletal Domain” un cementerio, este nuevo disco es un ring de boxeo. Con una base de ritmo que va claramente a la yugular y cae en pocas florituras (aunque el bajo de Alex Webster tiene sus dos o tres momentos de brillo). Erik Rutan vuelven a la producción y hace un trabajo marca de la casa. Con algunos matices con respecto a lo que sacó del grupo en “Kill”, por ejemplo: siempre limpio pero algo más ominoso esta vez y con la batería mejor tratada y la voz de Corpsegrinder ligeramente peor. El artwork, una de las pocas cosas en las que el grupo ha tenido altibajos en los últimos tiempos, tampoco quedará como uno de los inspirados de su carrera. Me gusta el concepto maridado con el título del disco, pero no demasiado el resultado final.

Sorpresas no hay, pero es que el que espere sorpresas de CANNIBAL CORPSE en 2017 debería ser corrido a gorrazos. Hay un título de canción en latín (“Corpus Delicti”), que no se diga, y algunas estructuras novedosas en la poco destacable “Remaimed” y las mucho más brillantes “Shedding My Human Skin” e “In The Midst Of Ruin”, esta última con algunos leads novedosos y la primera con un arranque no muy lejano con respecto a algo que podría haber firmado LAMB OF GOD. Lo digo en serio. Y de hecho es, además, una de las mejores canciones del disco con su ritmo aplastantes y su atmósfera amenazadora.

“Red Before Black”, un gran disco que va de más a menos

El resto es una melé que mezcla la velocidad frenética de siempre con unos grooves especialmente aplastantes que dan un paso al frente en la ultra poderosa “Code Of The Slashers”, de excelente videoclip y vibración absolutamente amedrantadora que culmina un espectacular inicio a la espalda de la adictiva “Red Before Black” y la aplastante “Only One Will Die”. En esa primera parte del disco está todo el arsenal en perfecto estado de revista, pero en la segunda el ritmo es ligeramente más irregular con un par de composiciones que apenas dejan rastro en la memoria y unos cuantos riffs un tanto manidos. Después de 30 años, la aparición de riffs reciclados no es un pecado mortal y tampoco es (seamos sinceros) una novedad repentina, pero en anteriores discos CANNIBAL CORPSE lo ha sabido camuflar con mucho más disimulo.

Un sonido a la yugular, grooves muy masivos, riffs más Thrash de lo habitual (en dinámica ya apuntada en discos anteriores), salvajismo marca de la casa y al menos media docena de canciones con posibilidades de aterrizar en el setlist del grupo para quedarse durante mucho tiempo. “Red Before Black” es sin duda un disco de Death Metal de primera categoría. Sencillamente, está un escalón por debajo de lo mejor que ha producido CANNIBAL CORPSE en la última década. Se queda en un notable y eso no era lo habitual. Tan altísimamente alto estaba el listón.


Discográfica: Metal Blade Records

Más información sobre CANNIBAL CORPSE en su Facebook.

Reseña Panorama
Nota
8
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De la vieja guardia a base de cumplir años, y ya van suficientes como para que cumplirlos sea una putada. Me gano la vida escribiendo y llevo más de un cuarto de siglo escuchando Metal. La gran constante de una vida que me paso intentando cumplir aquello de que hay que ser de los buenos porque ya hay demasiados de los malos en el mundo.
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