Crítica de VICIOUS RUMOURS - Concussion Protocol

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A mediados de la década de los ochenta Estados Unidos fue la cuna de un buen número de bandas de Heavy Metal que nacieron al calor de la NWOBHM que arrasaba el planeta con bandas británicas que abrieron nuevos caminos al Rock más agresivo y contestatario. Los yanquis siempre han llevado bastante mal esto de ir por detrás de alguien y al calor de bandas como IRON MAIDEN, SAXON, DEF LEPPARD o DIAMOND HEAD, nacieron otras muchas como METAL CHURCH, CRIMSON GLORY, SAVATAGE, FATES WARNING, AGENT STEEL o quienes ahora nos ocupan, los californianos VICIOUS RUMORS.

La banda, liderada desde sus comienzos por el portentoso guitarrista Geoff Thorpe, ha sostenido desde su debut “Soldiers of the Night” (1985) una trayectoria sólida y digna del máximo respeto. Su despegue fue vertiginoso y la marcha del virtuoso guitarrista Vinnie Moore no resultó ser demasiado dañina para el grupo. La edición en 1988 de “Digital Dictator”, tal vez su obra cumbre, lanzó al grupo por la senda del Power Metal más afilado y lo catapultó a una época de éxito internacional que sufrió un brusco parón en abril de 1995 cuando su vocalista Carl Albert falleció. Desde ese momento el grupo alternó diferentes formaciones y editó algunos discos menores en los que incluso llegó a asumir las labores vocales Geoff Thorpe iniciando un cierto declive que llega ahora a su fin con la edición de este “Concussion Protocol”. Y es que, afortunadamente, estamos ante un magnífico disco que estoy seguro de que va a suponer el renacer de esta extraordinaria banda de puro y duro Heavy Metal.

Ya desde el arranque con el tema que da título al disco comprobamos que las cuchillas de VICIOUS RUMORS están perfectamente afiladas. La producción de Thorpe y Juan Arteaga (TESTAMENT, MACHINE HEAD, EXODUS…) es demoledora y a la vez nítida, permitiendo que podamos apreciar todos los instrumentos y la incorporación del vocalista holandés Nick Holleman se rebela como todo un acierto gracias a su espectacular rango vocal y a lo versátil de su interpretación.

En “Concussion Protocol” percibimos la “marca de la casa” con las famosas guitarras dobladas, las baterías demoledoras (bestial el legendario Larry Howe) y la agresiva voz de Holleman, que se descubre como un excelente heredero del malogrado Albert. Un tremendo cañonazo de puro Metal que puede poner en serio peligro tu salud cervical. “Chemical Slaves” se abre paso como un tanque arrasando con un riff endemoniado y un sonido de bajo bestial permitiendo a Holleman cantar a lo Halford con verdadera maestría. Y llega una nueva seña de identidad de la banda desde sus mismos comienzos: esos coros colosales que te estremecen y te animan a cantar a voz en grito. Muy a lo ACCEPT, es verdad, pero es que las huestes de Thorpe lo han aquilatado de tal manera que casi se podría decir que han sido ellos quienes lo han perfeccionado. Los solos de Thorpe y Thaen Rasmussen son también marca de la casa: rápidos, precisos y llenos de melodía; algo que a veces se echa en falta en las bandas del estilo. No hay tregua en este demoledor disco y “Victims of a Digital World” se remansa un poco para demostrarnos que el grupo es también aplastante en los medios tiempos. Así también podemos apreciar el rango más grave de este extraordinario vocalista que es Nick Holleman, la verdadera revelación de este disco.

De nuevo la banda pisa el acelerador lanzándose en tropel por la senda del Power Metal más acelerado (¿alguien se acuerda del Speed Metal?) con “Chasing the Priest”, un corte de instinto absolutamente criminal merced a unos riffs de guitarra rápidos y cortantes y unas líneas vocales alocadas a más no poder. El parón central del tema servirá para animar al personal en directo con esos coros masivos que tan bien controla la banda. Atentos a la canción porque se va a convertir en un clásico de la banda por su fiereza y por su tremenda calidad técnica. En un tono más accesible y melódico nos encontramos con “Last of our Kind”, un tema lleno de guitarras solistas desbocadas y a la vez llenas de melodía y unas líneas vocales que son puro Metal clásico pero actualizado con un estribillo infeccioso que se te mete en la cabeza de manera irremediable. Tras la mínima tregua que supuso “Last of our Kind”, VICIOUS RUMORS vuelven a demostrar que están en un estado de forma envidiable con “1000 Years”, un trallazo de puro Metal con Holleman repasando todo su espectro vocal con absoluta maestría. Es capaz de alcanzar agudos sobrecogedores y de rasgar su voz hasta casi lo gutural con una facilidad asombrosa.

Y qué decir de los solos de guitarra de Thorpe y Rasmussen: verdaderas locomotoras ensambladas al milímetro que vuelan sobre la aplastante base rítmica formada por el batería original Larry Howe y el más novato Tilen Hudrap, verdadera máquinas rítmicas que dan un basamento sonoro pétreo a las melodías del grupo. En “Circle of Secrets” el grupo se adentra en el terreno de las Power Ballads con absoluta convicción y solvencia. Las guitarras acústicas abren hueco a la voz de Holleman que canta con soltura en tesituras cercanas a los mejores tiempos de Geoff Tate o Rob Halford haciendo del tema una épica balada que va endureciéndose a medida que se le van sumando más y más solos de guitarra dando ocasión a un verdadero orgasmo guitarrero.

Enfilando la recta final del disco “Take it or Leave it” vuelve por la senda del Power Metal más afilado con unos riffs clásicos de Metal y espacios para la exhibición de Hudrap al bajo y de Howe a la batería. Está claro que el éxito de VICIOUS RUMORS no está sólo en la enorme calidad de sus composiciones: estamos antes verdaderos virtuosos de sus instrumentos y esto es algo que se nota en todos y cada uno de los temas de este sensacional álbum. “Bastards” baja el pie del acelerador en su oscuro y tenebroso arranque para volver enseguida a acelerarse al estándar medio del disco. Asombra una vez más la capacidad vocal de Holleman, de quien creo que podemos afirmar sin riesgo a exagerar que es uno de los mejores vocalistas de Power Metal del panorama actual. La sucesión de riffs, cambios de ritmos y solos de guitarra hacen de este tema una especie de compendio de todas las virtudes de un grupo muy querido por muchos y que siempre ha trabajado con honestidad en esa tan nutrida y desagradecida “segunda división” del Metal internacional. “Every Blessing is a Course” es, una vez más, una tremenda bofetada de Metal hiper acelerado con la batería de Howe imprimiendo un ritmo frenético al grupo sobre una base de doble bombo desbocado. De nuevo los vertiginosos solos de guitarra, los coros marciales y los gritos estratosféricos de Holleman hacen de esta canción un clásico inmediato que hará que quienes no conozcan a la banda queden prendados para siempre de ellos.

El broche final lo pone “Life for a Life”, un tema oscuro, siniestro y lleno de embrujo. Un cierre perfecto para un disco que marca el renacer de una banda soberbia que merece volver a la primera línea del Metal mundial. A no perdérselos si pasan por aquí…

Carlos Fernández

Madness Live!

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