Crítica de DEICIDE – Overtures Of Blasphemy

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DEICIDE - Overtures Of Blasphemy

No sabía muy bien cómo enfrentarme a esta crítica de “Overtures Of Blasphemy”, duodécimo disco ya de su carrera, porque hay algo fútil en extenderse mucho con algo que es, en definitiva, un grupo como DEICIDE haciendo lo que se puede esperar de un grupo como DEICIDE. A punto de cumplirse tres décadas desde que nació como AMON y se tuvo que cambiar el nombre porque Roadrunner no quería que hubiera confusiones con la casa de KING DIAMOND en la que pasaban cosas raras en los ultra clásicos “Them” y “Conspiracy”, por entonces y todavía hoy uno de los referentes del sello con el que DEICIDE, por cierto, acabó tan mal que finiquitó el contrato con la publicación, de cualquier manera y por la vía rápida, del horrible “In Torment In Hell”.


DEICIDE – “Seal The Tomb Below” de “Overtures Of Blasphemy”

Aquello sucedió en 2001, un annus horribilis en la historia del grupo porque Glen Benton (cantante y bajista) alcanzó aquel junio 34 años y oficialmente incumplió su promesa de suicidarse a los 33, la edad de Cristo. Una de esas narrativas, mucho más que notas a pie de página, que sirvieron como perfecto vehículo de marketing y polarización de seres humanos (es decir: marketing) en los comienzos del grupo. Cuando las asociaciones religiosas pedían su cabeza y las de defensa de los derechos de los animales la buscaron con aquella (también ultra cacareada) bomba en un concierto del grupo en Estocolmo (1992, compartían escenario con ATROCITY y GOREFEST).

Benton, que por entonces andaba a palos con casi todo el mundo incluida la incipiente escena Black, ni siquiera supo a quién culpar en un primer momento. Y años después aseguró que había matado ardillas… pero no en rituales satánicos sino con una pistola neumática para evitar que se comieran los cables eléctricos de su casa. Mientras tanto, ha explicado que se ha tenido que remarcar una docena de veces la cruz invertida que tiene escarificada en la frente para que haya seguido siendo perceptible. Y ha contado cuánto le gustaba llegar a la playa en su moto y con sus botas altas y su chupa de cuero acompañando al bañador. Sí: en cierto modo (en aquellos años de discos cuestionables) acabó habiendo mucho de paródico en DEICIDE para quien quisiera tomárselo así. Y en cierto modo parecían destinados a acabar siendo una especie de MANOWAR del Death Metal.

Dicho esto, en el año 18 D.B.S. (DESDE que BENTON tuvo que SUICIDARSE), retaría a un duelo en el depósito de cadáveres donde se hizo la icónica sesión de fotos del primer disco a todo aquel que niegue que aquel trabajo, “Deicide” (1990), es una de las piezas seminales y esenciales de la historia del Metal Extremo y uno de los álbumes más aterradores, puros e incorruptibles (o totalmente corruptos, más bien) que ha dado el Death Metal. Demonios, y aquí va mi dosis de nostalgia sociológica, los jóvenes ahora tienen todo a mano: el mundo es muy pequeño y las redes sociales lo conectan absolutamente todo a todas horas. Pero en los albores de los noventa, DEICIDE daba miedo.

Su sencillo logo flamígero era lo más parecido al mal encarnado que uno podía echarse a la cara en un panorama metálico que viraba hacia la búsqueda cada vez más obsesiva de esa raíz de todo lo que podía ser verdaderamente malvado. Los que no eran aficionados al Metal podían reconocerte que las portadas de IRON MAIDEN eran un espectáculo más o menos macabro, que los riffs de BLACK SABBATH daban algún susto si se escuchaban a oscuras y que SLAYER hacían una buena interpretación de asesinos en serie de la América profunda. Pero aquel disco les daba miedo de verdad. Cuando ponías “Deicide” y Benton gritaba aquello de “No lord shall stand beyond myself” la incomodidad se hacía palpable, casi masticable. Juro que era así. Y para mí, por muchos años que pasen, así sigue siendo cada vez que lo escucho.

Sí: adoro a DEICIDE, incluida su resurrección de la última década con la llegada del recientemente fallecido Ralph Santolla a las guitarras. Y con él, de un enfoque mucho más melódico y virtuoso de lo que jamás se habrían permitido los hermanos Hoffman, que para cerrar el círculo se marcharon (de muy mala manera) de DEICIDE y refundaron AMON. Santolla también había dejado el grupo antes de su muerte y ahora lo ha abandonado Jack Owen, que estuvo doce años después de dieciséis en CANNIBAL CORPSE. Y que ahora hace cosas tan equivocadas como bailarle el agua al insoportable Chris Barnes en SIX FEET UNDER, que muy sorprendentemente sigue sacando discos en Metal Blade como si nadie se estuviera parando a escucharlos (que puede que sea el caso).

Y sí: DEICIDE a estas alturas se limita básicamente a reproducir su propia fórmula y dar vueltas en círculo alrededor de su sonido. Como mínimo, se lo ha ganado. Y si el resultado final es bueno, como en “Overtures Of Blasphemy”, funciona como certeza (con su dosis de nostalgia) en un panorama en el que (por suerte) ya hay montones de grupos jóvenes expandiendo constantemente los límites del Death Metal por todas las vías posibles. En esa nueva etapa con ese nuevo enfoque en las guitarras de la que, me temo, “The Stench Of Redemption” quedará inequívocamente como el gran clásico de nuevo cuño del grupo, DEICIDE mantiene su vigencia: “To Hell With God” no era gran cosa pero “In The Minds Of Evil” estaba francamente bien. Y era, hasta ahora, el último álbum del grupo, editado en 2013. “Overtures Of Blasphemy” marca por lo tanto un hiato de un lustro que es más de lo que se había tomado nunca DEICIDE entre disco y disco.

“Overtures Of Blasphemy” está a la altura de DEICIDE

Este nuevo trabajo mantiene la fórmula de los anteriores pero en sus mejores momentos está seguramente por encima de ellos, porque sube los niveles de brutalidad y destierra cualquier riesgo de acomodamiento. Al menos en términos de energía ya que no en cuanto a creatividad. Porque Jacob Suecoff ha dotado a “Overtures Of Blasphemy” de un sonido tremendo, moderno pero tremendo, con un excelente trabajo en la producción y (en este caso conviene destacarlo) una mezcla que no rinde más pleitesía que la justa a la voz de Benton. Y porque, en definitiva, hay un puñado de canciones, al menos la mitad de las doce del disco, que son una verdadera gozada para cualquier fan de DEICIDE. Con Benton haciendo lo único que sabe hacer: ser Benton. Con la enésima demostración de Steve Asheim de que es un batería infravalorado y con una excelente nueva pareja en las guitarras: el ya más o menos asentado Kevin Quirion y Mark English, eterno miembro de los excepcionales MONSTROSITY y un excelente músico que ha interpretado a la perfección lo que es ahora mismo DEICIDE: melódico cuando toca, pero no tan creativo como Santolla, y afilado cuando hay que echar mano al Death/Thrash de viejísima escuela. Muy bien.


DEICIDE – “Excommunicated” de “Overtures Of Blasphemy”

Ninguna canción llega a los cuatro minutos y las doce no superan los 38. Mantenerse en lo básico y no enredarse de forma innecesaria ayuda cuando, después de 30 años de carrera, las ideas no sobran y los riffs reciclados acaban por aparecer inevitablemente. En el tramo final de “Overtures Of Blasphemy” hay un momento en el que el disco se enfanga hacia lo manido, una bajada de tensión (no de intensidad) inevitable y que sortea la precisión old school de la final “Destined To Blasphemy”. Pero antes, durante casi dos tercios de su extensión, este trabajo es muy bueno. Muy intenso, muy brutal, muy divertido y con esos poquitos guiños que los más puristas necesitan para vender como novedoso lo que ni pretende serlo.

DEICIDE se ha tomado su tiempo para hacer con “Overtures Of Blasphemy” lo que en 2018 considera que es el mejor disco posible de DEICIDE y en unos cuantos momentos lo ha conseguido: “One With Satan” y “Excommunicated” están sobradamente a la altura con un sonido que salta de los tiempos de “Serpents Of The Light” a los del ya requetecitado “The Stench Of The Crucifix”. “Seal The Tomb Below” es oscura, malévola, groovie y con unos riffs impresionantes, otra pequeña joya muy bien acompañada por “Compliments Of Christ”, “Anointed In Blood” o “Crawled From The Shadows”, de la que lo mejor que puedo decir es que tiene una energía tan febril, básica e ingenua que es como si un grupo de veinteañeros clavara una versión de DEICIDE.

Hay mucha vieja escuela y la suficiente nueva: solos limpios y muy heavies, melodías más dominantes que subterráneas… y hay al menos, repito, media docena de excelentes canciones, un sonido completamente poderoso y una portada que en general ha gustado mucho pero en la que a mí me parece que están pasando demasiadas cosas al mismo tiempo. La ha hecho un clásico como Zbigniew Bielak, que además de su montón de portadas de Metal Extremo (unas mejores y otras peores) también anda colaborando últimamente con GHOST, banda con la que no me voy a meter (aunque me dan ganas, conste) porque ya me he extendido demasiado con esta crítica de “Overtures Of Blasphemy” que no sabía cómo afrontar y con la que básicamente quería decir, en realidad, que si eres fan de DEICIDE te va a gustar y vas a tener tres o cuatro de sus canciones metidas durante días en la cabeza. Para mí (como me pasó con el anterior “In The Minds Of Evil”) es más que suficiente. El deicidio sigue adelante. No lord shall stand before myself.


Discográfica: Century Media

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Reseña Panorama
Nota
8
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De la vieja guardia a base de cumplir años, y ya van suficientes como para que cumplirlos sea una putada. Me gano la vida escribiendo y llevo más de un cuarto de siglo escuchando Metal. La gran constante de una vida que me paso intentando cumplir aquello de que hay que ser de los buenos porque ya hay demasiados de los malos en el mundo.
Madness Live!

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