Crítica de WATAIN – Trident Wolf Eclipse

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Watain - Trident Wolf Eclipse

WATAIN (el nombre, por cierto, es herencia de una canción de la primera demo de VON) cumple este año dos décadas de vida. Ya se sabe: mueres como un héroe o vives lo suficiente para convertirte en un villano. Lo que parecía que iba a ser un viaje frenético de satanismo y misantropía destinado a consumirse en su propia y desatada energía es en realidad una carrera larga y asentada ya en sellos de primera división: de sus ya seis discos, dos fueron publicados por Season of Mist y dos por Century Media, incluido este nuevo “Trident Wolf Eclipse”. No doy más rodeos porque es inevitable con este grupo sueco (de Upsala, como Ingmar Bergman) acabar hablando de qué es real y qué no, de cuánto hay de moteros adoradores de Satán y cuánto de ventajistas que estiran su pose y tratan de estar siempre en el lugar perfecto a la hora más conveniente.

Casi siempre se acaba en las mismas preguntas con ellos: ¿De verdad les gustaría pegar un tiro a los promotores que no les dejan meter pirotecnia en sus shows en salas minúsculas? ¿Son nazis, no lo son o lo son al menos lo suficiente para que el asunto sea peliagudo? ¿Le resultaría práctico a Satanás tener una banda de motores como adoradores y brazo ejecutor de, como mínimo, rituales en los que mueren pajaritos? Y, por encima de todo, ¿esa mierda que lanzan en los conciertos es de verdad sangre de animales?

Pero para mí, a estas alturas, todas las preguntas se concentran en una: ¿compensan con su música el cargante exceso de controversias, debates y cruce de insultos entre seguidores y detractores?

Ese es el tema porque el resto es ruido que a veces entretiene, otras aburre y en general da resultado, negarlo es ridículo haya sido más o menos artificial, beneficioso para un grupo que tuvo sus cinco minutos de gloria en la prensa sensacionalista estadounidense por lanzar sangre de animales en un concierto en Brooklyn, hace tres o cuatro años, sobre un público que acabó entre vómitos y amagos de desmayo. Y que no tuvo mejor ocurrencia, hace unos cuantos más, que salir al escenario del Party San (en Alemania, claro) con camisetas de ABSURD y haciendo el saludo nazi. Como después han renegado del NSBM y las ideologías de raza, cabe otra vez preguntarse si fue una estupidez nihilista u otra polémica bien masticadita. Cada uno que elija porque lo cierto es que los miembros de WATAIN han renegado varias veces de la extrema derecha y han asegurado que saben que habrían sido “de los primeros en ser asesinados en el Tercer Reich” y que al fin y al cabo lo suyo es la misantropía a tope: “A la mierda el mundo, el Black Metal no puede tener nada que ver con el nazismo porque no tiene nada que ver con el mundo tal y como la gente lo conoce”.

Bien, pues a la mierda el mundo. Lo que sí parece más contrastado son sus vínculos con la orden sueca Misanthropic Luciferian Order, a la que se han asociado delitos que van del maltrato animal al asesinato y que la comunidad metálica conoció a fondo gracias a Jon Nödtveidt, el fallecido padre de DISSECTION. Y lo que es seguro es que el mismísimo Thomas Gabriel Fischer comparó el espíritu de la música de WATAIN con el originario de HELLHAMMER. Y eso sí que son palabras mayores.

Así que, y sumando todo lo que va en el lote con WATAIN, ¿merece la pena prestar atención a “Trident Wolf Eclipse”? La respuesta es afirmativa porque este disco es, otra vez según se mire, conservador o rompedor, una forma de reconciliarse con la vieja guardia o de demostrar una vez más que con este grupo uno nunca sabe qué se va a encontrar. Quizá no es para tanto, pero después de unos primeros tiempos muy puristas, en los que se fue virando de las influencias más noruegas a las más suecas y con una obra maestra como “Casus Luciferi” en el zurrón, la evolución de WATAIN pasó por “Sworn To The Dark”, una interesante inmersión en un estilo más digerible, y derivó en “Lawless Darkness” y el (para mí desacertadísimo) “The Wild Hunt”, un intento de romper moldes y abrazar influencias que viajaban del Metal Clásico a los sonidos Góticos y hasta Post Punk. Un embrollo que abrasó las webs especializadas con algunos valientes (y para mí equivocados, insisto) defensores batallando contra una legión de críticos. Desde ahí, cuatro años después, ocho canciones en menos de 34 minutos (después de dos discos de más de una hora) y directas a la médula de lo que era WATAIN y de lo que, que se sepa, sigue siendo el Black Metal.

Si se reordenara la discografía del grupo por sentido estilístico y no por orden cronológico, “Trident Wolf Eclipse” sería un eslabón perdido entre “Casus Luciferi” y “Sworn To The Dark”, menos ampuloso y épico que este y desde luego con mejor sonido que el primero, una extraordinaria obra de orfebrería oscura. La producción, de hecho, es brillante. Con la atmósfera y la crudeza suficiente pero con un sonido brutal de la batería, algunos de los blastbeats más frenéticos de la carrera del grupo y un tratamiento ideal de la voz de Erik Danielsson, en su mejor nivel de siempre veinte años después. Porque el trío que conforma el núcleo de WATAIN (él, Pelle Forsberg y Hakan Jonsson) se mantiene firmemente unido desde el primer día. Lo cual es también significativo.

“Trident Wolf Eclipse”, un viaje a las raíces de WATAIN

He de decir que después de “The Wild Hunt” no esperaba a WATAIN con los brazos abiertos y que este nuevo “Trident Wolf Eclipse” tuvo que combatir contra mis prejuicios iniciales. Como tampoco es extraordinariamente brillante (no nos pasemos), las primeras escuchas me dejaron un sabor de boca positivo pero liviano, efervescente. Pero poco a poco he ido apreciando el regreso a lo mejor del sonido WATAIN, con retrocesos hasta BATHORY y CELTIC FROST y pellizcos de DISSECTION, MAYHEM, NECROVORE, SAMAEL y sonidos que oscilan del Speed Metal europeo clásico a las atmósferas góticas. En resumen, un muy buen disco de Black Metal sueco y un reencuentro con un grupo que tiene sus cosas pero sabe cómo hacer lo suyo cuando se pone a ello. Sin ir más lejos, en los últimos meses de 2017 escuché discos de Black que recomendaría sin ninguna duda antes que este (EVILFEAST, BESTIA ARCANA, AOSOTH, ENDE, DER WEG EINER FREIHEIT, HIGHLAND y WODE, entre otros). Así que tampoco puedo ser demasiado efusivo. Pero sí puedo asegurar que es el mejor disco de WATAIN en un buen puñado de años, que si nos fijamos sobre todo en su predecesor tampoco es decir demasiado, y que el grupo suena otra vez concentrado, violento y firmemente demoníaco.

Cualquier duda sobre hacia dónde va a ir “Trident Wolf Eclipse” queda disipada con el salvajismo inicial de “Nuclear Alchemy”, absolutamente primitiva y sin ninguna de las capas que habían adornado (algunas para bien, muchas para mal) a WATAIN en los últimos tiempos. El tantas veces infravalorado principio de que menos es más lanza a máxima abrasión los mejores momentos del disco (“Furor Diabolicus”, “Ultra (Pandemonic)”…) que tienen buen contrapunto en las atmósferas más sucias, venenosas y profundamente oscuras de “The Fire Of Power” o “A Throne Below” y las melodías eminentemente suecas que nunca dejan de aparecer y son dominantes en buenas canciones como “Sacred Damnation”.

WATAIN ha vuelto y, no sé si era algo que se podía prever o no, lo ha hecho con un regreso a su sonido más básico y su espiritualidad más satánica. Y con toda su parafernalia y sus circunstancias. Así que, insisto, la cuestión es si a estas alturas sigue compensando el ruido y la furia para escuchar un nuevo puñado de canciones de este controvertido grupo sueco. La respuesta que da “Trident Wolf Eclipse” es afirmativa. Ahora volverán los conciertos y se podrá volver a discutir en internet durante una montaña de horas muertas si se juegan la vida con su pirotecnia o si ese puto líquido es o no verdadera sangre animales. Y si lo es y puestos a saber, de cuáles.


Discográfica: Century Media

Más información sobre WATAIN en su Facebook.

Reseña Panorama
Nota
7,5
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De la vieja guardia a base de cumplir años, y ya van suficientes como para que cumplirlos sea una putada. Me gano la vida escribiendo y llevo más de un cuarto de siglo escuchando Metal. La gran constante de una vida que me paso intentando cumplir aquello de que hay que ser de los buenos porque ya hay demasiados de los malos en el mundo.
Madness Live!

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