Crónica del Kalos Festival

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Michael Schenker con Robin McAuley - Kalos Festival

KALOS FESTIVAL – 27 de mayo, Madrid (sala La Riviera)

Conciertos de MICHAEL SCHENKER con ROBIN MCAULEY, HARDLINE, TREAT, CRAZY LIXX y ATLAS

Dicen que nunca llueve a gusto de todos. Ese refrán podría representar lo acontecido durante el pasado sábado 27 de mayo, en el que se celebró el Kalos Festival, evento que reunió en la madrileña sala La Riviera a diferentes grupos de la escena hard rockera. Hacía tiempo que no me encontraba con opiniones tan dispares a la salida de un concierto. La discrepancia en las visiones de la gente se palpaba en el ambiente. Desde los que te decían con rotundidad quiénes habían sido los absolutos vencedores del festival, pasando por los que comentaban que esos mismos habían sonado fatal, hasta los que apuntaban que el señor Michael Schenker había dado una nueva lección de Rock sobre el escenario o los que, por el contrario, tildaban de estafa el show del susodicho por el repertorio.

Curioso a la par que desconcertante. Pero vayamos punto por punto viendo lo que dio de sí cada grupo en este emblemático día, en el que también se concentraron numerosos seguidores del Fútbol Club Barcelona en los aledaños a La Riviera, de cara a disfrutar del previo a la final de la Copa del Rey disputada en el Vicente Calderón.

ATLAS

Tocaba madrugar, como quien dice, para ver a la formación madrileña en el Kalos Festival, y es que La Riviera y sus horarios de sala de fiestas propiciaron que, al incluirse cinco bandas en un evento, no quedara otra que arrancar motores a las 17:00. El cuarteto madrileño, que entró a última hora como sustituto de SNAKES IN PARADISE, salió a escena con rigurosa puntualidad. A pesar de que el panorama era más bien desolador, dado que no llegaríamos ni a los doscientos asistentes en el arranque de actuación, ATLAS salió como un huracán y contó, de principio a fin, con uno de los mejores sonidos de toda la velada.

Hacía años que no veía a ATLAS en directo, concretamente desde que teloneara a MOTÖRHEAD en la última visita del combo británico a la capital, y en dicha ocasión no me transmitió absolutamente nada. Indiferencia, quizá, que es lo peor que te puede ofrecer un grupo. En esta ocasión, el asunto cambió radicalmente. Había algo que, a nivel personal, me molestaba de esa primera percepción, dado que en mi mente corría la pregunta: “¿Cómo es posible que una banda conformada por tres ex NIÁGARA y el pedazo de vocalista que es Ignacio Prieto no logre tocarme la fibra?”. Pues, cosas de la vida, en este nuevo encontronazo con ellos me sedujeron más, muchísimo más.

La banda dio el pistoletazo de salida a su actuación con “Contra Viento Y Marea”, canción que rotula su penúltimo disco, y lo hizo con fuerza y una gran predisposición escénica a la que, además, acompañó un sonido limpio y potente a más no poder. Ignacio Prieto salió con ganas de llevarse al público de calle al no parar de moverse, gesticular y ejercer del buen frontman que es.

Tras esta, cayó “Esperaré”, canción incluida en “Nuevos Tiempos, Viejas Costumbres”, el nuevo álbum de la banda, un tema con sabor americano y cierto deje sureño que me transportó hasta los buenos tiempos de formaciones como BLACK CROWES. A continuación, emergió “Gritaremos No”, una canción que Ignacio Prieto dedicó a nuestros políticos, de nuevo adentrada en esos sonidos sureños con reminiscencias setenteras pero un acabado moderno que, personalmente, le quedan de vicio al cuarteto. Honestamente, creo que con su último trabajo ATLAS ha dado un paso de gigante a la hora de diseñar melodías y confeccionar canciones más pegadizas que nunca. En definitiva, el combo ha parido un disco a la altura de unos experimentados músicos que se han recorrido buena parte del santo y seña de las bandas de Rock patrio, circunstancia que se trasladó con creces al escenario de la Riviera el pasado 27 de mayo.

“Un Sueño Cumplido”, también de su último larga duración, le aportó cierto toque festivo al bolo, siendo un corte movidito con el que, de nuevo, Ignacio Prieto cobró protagonismo ejerciendo de magnífico frontman, cumpliendo con creces en su labor vocal sin dejar de imprimirle fuerza visual al show, aunque fue en “Unidos”, el corte que cerró la actuación de ATLAS, cuando el vocalista acabó literalmente por los suelos, inyectándole al concierto una pincelada de espectáculo que siempre es bien recibida como broche de oro.

En definitiva, una media hora muy bien aprovechada es lo que nos ofreció el cuarteto de la capital. Eso y, a lo que a mí respecta, ganas de escucharme más detenidamente que nunca su último trabajo por las buenas sensaciones transmitidas en el Kalos Festival.

CRAZY LIXX

Con algo más de aforo, pero aún sin el grueso de audiencia que coparía La Riviera, salió al escenario el quinteto sueco CRAZY LIXX mostrando una formación bastante renovada de la que tan solo quedan el vocalista Danny Rexon y el baterista Joey Cirera como miembros originales de la banda.

A decir verdad, CRAZY LIXX es un grupo que me gusta bastante en disco. Esa ensalada de ingredientes deudora de grupos como DANGER DANGER o DEF LEPPARD le funciona a la perfección, pero han sido dos las veces que me he topado con ellos en vivo y todo ese buen hacer que me transmiten en disco no lo han logrado hacer en directo.

El primero en aparecer sobre el escenario mientras sonaba una alargada intro fue el hercúleo batería Joey Cirera. Tras este, fueron emergiendo el resto de componentes, siendo el vocalista Danny Rexon el último en hacerlo al acabar la intro. Una vez con todos sobre las tablas, irrumpieron los primeros acordes de “Wild Child” con un sonido bastante malo. De primeras, la voz de Rexon y el bajo se comían prácticamente todo y solo alcanzábamos a escuchar decentemente una de las dos guitarras, siendo la solista la más perjudicada.

“Blame It On Love”, “XIII” y “Whiskey Tango Foxtrot” fueron los siguientes temas ejecutados. El sonido seguía siendo poco nítido y, a su vez, a la banda le faltaba algo de chispa y garra escénica. El grupo maneja temas bastante buenos, de los que se te adhieren a la primera. Además, tiene bastante presencia. Tatuajes, camisetas rotas, melenas rubias y largas… En definitiva, todo con lo que un buen seguidor del Hard Rock y del Sleaze ha crecido. El problema es que a Rexon le falta desparpajo y actitud, amén de que es un cantante algo limitado en directo y, en ocasiones, tiende a ir bastante justito y forzado. No hablamos de un tipo carismático que logre levantar al público y eso es algo que le pasa factura a la banda en directo.

“Hell Raising Women”, “Walk The Wire”, “Rock And A Hard Place” y “21 Til I Die” pusieron la puntilla a una ramplona actuación en la que hubo momentos divertidos, como aquel en el que el baterista Joey Cirera se arrancó con unas palabras en castellano llegando a decir: “¿Quieres una de gambas al ajillo?”.

Si hay algo que me llama la atención es que con cinco discos de estudio CRAZY LIXX se desprenda por completo de su ópera prima y no ofrezca ni un solo tema de citado trabajo. Pocas veces se ha visto eso. En fin, esperemos que la banda pueda seguir creciendo, que talento atesora, y bastante, pero le queda un puntito para poder ofrecer un directo más competente y mordiente con el que salir a comerse al escenario. Entretenido, sin más, aunque lejos del nivel demostrado hasta la fecha en disco.

TREAT

Alternancia de clásicos con material moderno en el Kalos Festival. Un “fifty-fifty”, que se suele decir en el argot callejero, es lo que nos regaló el combo escandinavo pilotado por Robert Ernlund. Obviamente, muchos de los allí presentes habrían/habríamos preferido que la balanza se hubiese desequilibrado en favor de los temas de los ochenta, pero cabe destacar que el material que viene editando TREAT en pleno siglo veintiuno es bastante potente, en especial ese disco publicado hace unos años llamado “Coup De Grace”, del cual rescataron nada más y nada que menos que cuatro temas.

Hacía años que no me topaba cara a cara con los suecos, concretamente desde esa gira en la que unieron fuerzas con sus compatriotas THE POODLES y HEAT. Pues bien, mi percepción, en la ocasión presente, no cambió en exceso con respecto a esa anterior vez. Los nórdicos nadan en elegancia y buena presencia escénica, aunque abusan de ciertos vicios que empañan levemente sus actuaciones.

A las 18:45, y cumpliendo con los horarios como pocas veces se ha visto en un festival, salió al escenario de La Riviera el quinteto sueco. “Ghost Of Graceland”, la cual rotula el penúltimo disco de la banda en estudio, abrió la actuación con un sonido potente y compacto, pero excesivamente grueso para tratarse de TREAT. Mismas sensaciones me produjeron los siguientes cortes en caer; “Better The Devil”, “Ready For The Talking” y “Paper Tiger”, con los que quedaba claro que, de primeras, la banda apostaba casi de lleno por su material más actual, el cual, obviamente, es más contundente que el de los temas que conforman discos como “Dreamhunter” o “The Pleasure Principle”.

Como decía, el sonido era potente, aunque había varios elementos que estaban enturbiando la actuación. Por un lado, un molesto sonido a cable defectuoso procedente de los teclados no dejó de emerger con frecuencia durante todo el bolo, produciendo un desagradable petardazo del que, sin duda, también se hicieron eco los músicos en el escenario. Por desgracia, no fue hasta el último tramo de la actuación cuando se solventó el incómodo asunto. Por otro lado, el sino de muchas de estas bandas a día de hoy: los coros pregrabados. De aquí a un tiempo atrás, comienza a ser habitual vernos en esta circunstancia y, por momentos, parece que no queda otra que ser condescendiente con el ‘pequeño engaño’ al que nos someten los grupos si, a fin de cuentas, queremos disfrutar de los conciertos, lo cual me parece de todo menos justo. Entiendo que el señor Ernlund ya dejó los veinte años hace tiempo y que tiene que dosificarse, pero verle mover los labios y hacer como que canta por debajo de los coros disparados cuando realmente no lo hace para ahorrar energía es una visión un tanto dantesca. De todos modos, no quiero ser injusto. En todas las estrofas en las que verdaderamente canta, el tipo sigue luciendo un buen chorro de voz, así como una gran y contagiosa personalidad que se transmite al foso con enorme facilidad.

“We Own The Night”, el clásico ochentero “Love Stroke”, con su inolvidable y pegadizo riff de inicio, y “Roar” fueron las siguientes piezas en caer ante una audiencia que, a pesar de los pequeños ‘peros’ mencionados, parecía disfrutar del bolo.

En el tramo final, como no podía ser de otra forma, apareció una buena tirada de clásicos. El medio tiempo “Get You On The Run”, única representante del debut de los suecos que pudimos escuchar, “Conspiracy”, la más actual “Skies Of Mongolia” y la siempre necesaria y canción emblema del grupo “World Of Promises” echaron el cerrojo a una actuación con bastantes más pros que contras, y es que a pesar de ciertas argucias por parte de la banda y de contrariedades ajenas a la misma, como lo del citado cable rebelde, TREAT demostró una vez más por qué es una formación fundamental dentro del AOR/Hard Melódico escandinavo desde hace décadas. Carisma y buenas canciones, eso es todo.

HARDLINE

Hay voces que gritan a los cuatro vientos que esto no es HARDLINE. Bueno, debate algo insustancial para mi gusto. Hace décadas que no sabemos de las andanzas de Joey Gioely y que los componentes de JOURNEY, Castronovo y Schon, abandonaron un barco en el que nunca quisieron remar con suficiente fuerza. De esos primerizos HARDLINE, solo quedan el todopoderoso e inagotable Johnny Gioely y el guitarrista norteamericano Josh Ramos, el cual ya estaba presente en el segundo disco de la banda. Actualmente, el vocalista se ha sabido rodear de músicos más que competentes, de entre los que destaca especialmente la presencia del productor y multiinstrumentista Alessandro del Vechio, todo un trabajador del género donde los haya y mecenas de la distribuidora Frontiers Records por la cantidad de proyectos en los que anda involucrado dentro de la misma.

Los renovados HARDLINE salieron a escena a las 20:00. Tenía ganas de volver a ver cómo se las gastaban las huestes del correcalles Gioely, dadas las buenas impresiones que me dieron en su concierto de la sala Caracol hace un par de años. Considero, al contrario que mucha gente, que HARDLINE no es ese tipo de banda de la segunda ola del Hard Rock que emergió cuando el género ya empezaba a verse dañado por la entrada de otros sonidos noventeros, pero tampoco voy a negar que aquel “Double Eclipse” del año 92 copa gran parte de la importancia de su discografía y eso, obviamente, se traslada a los directos de los de Gioely. La gente demanda temas de aquel mágico compacto y la banda le da al público lo que este pide. Así de sencillo.

El guitarrero y movidito “Where Will We Go From Here”, perteneciente al último compacto de la banda, abrió su concierto en el Kalos Festival evidenciando que Gioely sigue teniendo un vozarrón envidiable, que en ese aspecto va sobradísimo y que como frontman vale su peso en oro. Sin dejar de correr por el escenario, gesticular y crear vínculos con sus compañeros de escenario. Así es como vivió su show desde arriba el vocalista, todo un portento capaz de llenar casi él solo el escenario de La Riviera.

Los clásicos no se hicieron esperar. “Takin’ Me Down” y la coreadísima y pegadiza “Dr. Love”, con la que Gioely se apoyó en el público, desataron algunas de las voces más sonantes, hasta el momento, entre el público asistente que, ahora sí, comenzaba a poblar más el suelo de La Riviera, aunque no creo que en ningún momento del evento se llegara siquiera a las mil personas, visto los huecos que había desde la zona de la barra hasta los baños y la entrada a la sala.

“Human Nature” y, especialmente, “Take You Home”, adormilaron un poco un concierto que había comenzado vivaz y sobradamente animado. Creo que colocar dos baladas seguidas poco antes del ecuador de la actuación y en un momento de subidón tras dos temas potentes no fue precisamente un acierto, a pesar del buen hacer de Gioely a las voces y de que Del Veccio se arrancara con una estrofa mientras tocaba el teclado, demostrando el vozarrón que tiene también, lo cual propició que el susodicho se llevara un sonoro aplauso por parte del respetable.

“Life’s A Bitch” y “Fever Dreams” volvieron a caldear el bolo a base de Hard Rock pegadizo, con un Josh Ramos que, aparte de imagen, demostraba tener sobriedad y tablas a las cuerdas y un Gioely que, de nuevo, volvía a ser un diablo correteando por todas partes y sin apenas mostrar síntomas de flaqueza en la voz. Hablando de imagen, es de lo poco que se le puede achacar al vocalista, ya que sale al escenario ‘poco vistoso’ y excesivamente normal, cuando el género siempre se ha nutrido de atuendos convenientemente cuidados. Obviamente, no pido que una banda salga como en los dorados años ochenta, pero sí con un perfil trabajado y que le dé un porte rockero y macarra para que música e imagen formen la combinación perfecta.

En el tramo final cayeron varios caballos ganadores de la formación. “In The Hands Of Time”, “Face The Night”, el hit por excelencia “Hot Cherie” y “Rythm From A Red Car”, en el que Gioely tuvo que perder algún kilo tras una buena sesión de ejercicio cardiovascular sí o sí. Una guinda perfecta al pastel, sin duda. Creo que, tras su paso por el Kalos Festival, muchas de esas voces discordantes con esta nueva acepción de HARDLINE agacharían un poco la cabeza y mirarían a otro lado. Su concierto en Kalos Festival fue implacable en sonido, ejecución y en selección de temas. “Double Eclipse” sigue mandando y así nos lo hicieron saber el bueno de Gioely y sus fieles acompañantes.

MICHAEL SCHENKER con ROBIN MCAULEY

Hacía tiempo que no me encontraba con un abanico tan amplio de opiniones con respecto a lo acontecido en un bolo. Parece que al señor Schenker le acompañará la polémica de por vida y que en esta ocasión no iba a ser menos. El murmullo se disparó cuando, al anunciarse el Kalos Festival, saltó a la palestra que el rubio alemán no vendría acompañado por Gary Barden como vocalista, sino por el mítico Robin McAuley, junto con el que registró tres álbumes de estudio visiblemente distintos a lo que, hasta la fecha, había acostumbrado al personal. Mucho aroma a Hard Rock de pintas propias de la escena L.A. e incluso creaciones sumidas en el AOR y Hard Melódico es lo que nos depararon esos tres trabajos, en los que no faltaron las típicas power ballads tan demandadas en aquellos tiempos como “This Night Is Gonna Last Forever”, “Anytime” o “Follow The Night”.

El caso es que muchos de aquellos trabajos reengancharon a nuevos adeptos amigos de los sonidos melódicos, pero no contentaron del todo al clásico seguidor del material de Schenker más rockero y crudito. Con todo esto sobre la mesa, y muchos años después, dado que a Madrid no venían juntos el cantante irlandés y el guitarrista teutón desde el 94, se presentaba una oportunidad única de disfrutar de un setlist distinto al que el mago de las cuerdas llevaba ofreciendo durante sus últimos años.

¿El problema? Había gente que esperaba un listado de temas que le diera prioridad a esa etapa ochentero-noventera, pero, por el contrario, había público al que se la traía al pairo el asunto del vocalista y apelaba a los temas de siempre de UFO más los clásicos de Schenker unidos a las habituales virguerías y derroches de vanidad del rubio con su instrumento. ¿El resultado? El que comentaba al principio. Imposible contentar a todo el mundo, aunque creo que en casos como este viene bien saber qué se va a ver para no darse de bruces. Sinceramente, y sin ánimo de menospreciar a nadie, creo que quien conociera la personalidad de Schenker y hubiera seguido mínimamente su carrera no podría esperar un bolo plagado de temas cantados en su día por Robin McAuley. ¿Que faltaron algunas de aquella etapa? Puede ser. Yo, de hecho, lo habría gozado de haber escuchado dos o tres más que tengo en mente, pero la carrera y el material del guitarrista son tan dilatados que se necesitarían cerca de tres horas para lograr crear un repertorio equilibrado y ajustado a todos los gustos de los que nos congregamos en La Riviera.

Pasadas las 21:30, y con el enorme telón de fondo que rezaba MSG, salía al escenario, aún sin Robin McAuley, el quinteto comandado por un cada vez más delgado Michael Schenker que, como viene siendo habitual desde hace un tiempo, apareció luciendo una recortada melena recubierta con su gorro negro y unas vistosas gafas de sol adheridas al mismo. “Searching For Freedom”, un tema instrumental y envolvente fue el elegido para meternos en materia y hacernos ver quién manda ahí. Varios punteos con su típica guitarra Dean resguardados por un sonido atronador y, esta vez sí, salió de un lateral el señor McAuley presentado previamente por Schenker y evidenciando que, físicamente, no pasan los años por él. Brazos rigurosamente tatuados, poblada melena, camisa negra atestada de tachuelas y llamativos remaches para darle color y aroma a Rock N’ Roll macarra al bolo; todo ello acompañado por un providencial gesto sonriente. Le tenía ganas al show McAuley y eso se percibió desde que el vocalista arrancó motores con “Let Sleeping Dogs Lie”, con el que demostró, a mi parecer, mantener un gran estado vocal, mejor incluso que el de Gary Barden, al que no eché mucho de menos.

Robin McAuley - Kalos Festival

“Attack Of The Mad Axeman”, el coreadísimo y siempre aplaudido “Armed And Ready” y “Captain Nemo” fueron las siguientes piezas que pudimos escuchar. El sonido, sin ser espectacular, dejaba disfrutar perfectamente del show, aunque me dio la sensación de que la guitarra de Schenker estaba algo por encima del resto de instrumentos de sus compañeros de fatigas. Cabe destacar que al rubio se le vio también sonriente y algo participativo con las primeras filas, algo no excesivamente habitual en él, si bien creo que el tipo ha sufrido el “efecto Mustaine” y, con los años, ha ido mostrando algo más de empatía y capacidad de interactuación sobre el escenario.

Esta vez sí, y con cambio de guitarra por parte del “jefe”, entró el primer tema de MCAULEY SCHENKER GROUP. “No Time For Losers” fue el elegido para trasladarnos hasta esa etapa más anclada en el sonido americano de finales de los 80. El tema fue bien recibido y sonó como cabía esperar, con McAuley, de nuevo, apropiándose de ese refrán que dice que “a la madurez, viruelas”. No solo no flaqueaba su voz, sino que el timbre, por momentos, parecía intacto al de aquella singular época.

Parecía que podía llegar el momento de escuchar del tirón varias canciones de aquellos “Perfect Timing”, “MSG” o “Save Your Self”, pero no fue así y, en su lugar, se colaron temas de la primeriza etapa del señor Schenker que nos trasladaron al universo musical de UFO y SCORPIONS. Temas, por otra parte, que no creo que desaparezcan de su repertorio ni echándoles ácido encima, pese a quien le pese. Así pues, nos metimos en el último tercio de los años setenta con “Shoot Shoot”, “Lights Out” y la instrumental “Coast To Coast”. Me picaba la curiosidad por ver como interpretaba McAuley el dueto de UFO, ya que considero que a los únicos que les han quedado bien esos temas son a Phil Mogg y a Doogie White, pero no al señor Barden. De nuevo, McAuley salió airoso con una más que buena entonación y constatando que tiene voz para un rato.

Pasada la media hora de concierto, entraron del tirón “Bad Boys”, “This Is My Heart”, “Save Your Self” y “Love Is Not A Game”, con lo que a los acérrimos a la etapa de MCAULEY SCHENKER GROUP se les dibujó una sonrisa de oreja a oreja. En este combo de temas se pudo ver una más que buena sintonía entre el alemán y el irlandés, intercambiando gestos y alguna que otra broma que quedaría entre ambos. La pena es que ahí se detuviera la posibilidad de escuchar más piezas de esos discos y, cuando más de uno estaba esperando un “Anytime”, un “Gimme Your Love” o un “Follow The Night”, el rubio se decantó por darle cancha de nuevo a UFO hasta el final del bolo.

“Natural Thing” y los siempre esperados “Rock Bottom” y “Doctor Doctor”, que siempre levantan al respetable, fueron las canciones que hicieron acto de presencia en el último tramo de la actuación. Tras estas, la banda se juntó para hacer un saludo conjunto, con lo que olía fuertemente a que se acercaba el desenlace y que poco más había que rascar. Efectivamente, los de Schenker se volvieron a posicionar para poner el candado a su actuación con “Only You Can Rock Me” y “Too Hot To Handle” tras una hora y media que a unos les dejó con ganas de más y que a otros les dejó el mismo buen sabor de boca de siempre que tiende a dejar el alemán en sus shows.

Siete temas de UFO, cinco de MCAULEY SCHENKER GROUP, una de SCORPIONS y la tirada habitual de temas del alemán en solitario. Eso nos deparó su concierto en el Kalos Festival. Como comentaba en líneas anteriores, fue palpable por las caras de insatisfacción de muchos que había una buena porción de gente que acudió al evento esperando escuchar más temas de MCAULEY SCHENKER GROUP. Otros, sin embargo, salieron más que satisfechos por ver las virguerías habituales y escuchar temas más que emblemáticos de un tipo que nunca ha ocultado su egocentrismo y cierto narcisismo escénico, pero que cumple con creces musicalmente hablando.

Si te gusta el Rock, si te gusta la guitarra como instrumento y si tienes ciertos conocimientos de la historia de esta música, creo que te debería de resultar difícil no salir enchufadísimo de un bolo del señor Schenker. Para mí gusto, y ya van unas cuantas, el músico teutón se marcó en el Kalos Festival una nueva lección de Heavy Rock más allá de los temas escogidos, y eso que reconozco también que no me habría importado en absoluto escuchar un par de temas menos de UFO en favor de los que se quedaron en el tintero de la etapa McAuley. Para gustos…


 

Crónica: Jorge Osoro

Fotos: Gema Gómez

Más información sobre Kalos Festival en su Facebook oficial.

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