Crónica de MACHINE HEAD: An Evening With Machine Head en Madrid

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El formato “An Evening With...” no es algo novedoso para nada en el mundo de la música. Lo que sí es cierto es que no estamos acostumbrados a que grupos del estilo de MACHINE HEAD lo utilicen en sus giras sino, más bien, parece relegado a artistas progresivos u otros de renombre internacional de otros “palos”, que son los más lo suelen emplear.

Cuando leí el anuncio de que la banda liderada por Rob Flynn lo iba a emplear me asaltaron ciertas dudas sobre su idoneidad. A priori, sobre el papel, no parece mala idea para nada ofrecer a los fans un show largo en el que poner toda la carne en el asador y repasar su ya dilatada carrera, de más de veinte años, ofreciendo alguna que otra “golosina” poco habitual, además de un buen puñado de clásicos. Sin embargo, por otro lado, la carrera del grupo ha tenido, en mi opinión, altibajos claros y lo mismo le pasa a sus discos que, quitando los inspirados “The Blackening” y su debut, no son en ningún caso “redondos” para mí. Su concierto de Madrid fue un reflejo de esto mismo, un cúmulo de altibajos que atenuó lo que debía haber sido una velada para el recuerdo.

Pese a los bonitos discursos del vocalista/guitarrista en la red y en sus conciertos que podrían hacernos creer que es un tipo humilde, casi como un metalhead más, la realidad volvió a darnos la razón a los que pensamos que el señor Flynn cree que juega, junto a su banda, en la “Champion League” del Metal cuando realmente no es así. Sí, llenan recintos, pero no pabellones o estadios precisamente, por mucho que MACHINE HEAD sea una de las bandas más importantes de Groove Metal a día de hoy. Es lo que hay y no es para nada desdeñable viendo cómo está el “patio”.

¿Los hechos para esta afirmación? El primero fue que, de nuevo, prohibieron hacer fotos a los medios españoles (está vez creo que ni a los escritos, como sí dejaron la última vez aunque al final nadie hiciera fotos por decisión salomónica de la promotora). Es algo que deciden ellos, y están en su derecho, lo respeto, pero no lo comparto porque no logro a adivinar qué problema tienen con que los medios que les va a publicar crónicas de sus directos, dándoles en cierto modo más publicidad, tengan un testimonio gráfico con el que acompañar las líneas. Antes no imponían estas normas y no sé a qué responde el cambio de política.

En segundo lugar, una vez dentro te entraba la risa al ver los precios del merchandising. ¿35 euros una camiseta de manga corta? ¿Un pañuelo 20? Ya de la “longsleeve” o las sudaderas ni hablamos porque sólo de pensarlo me parto. De nuevo creo que piensa que juega en la misma división que otros grupos icónicos de Rock y Heavy Metal y, para su desgracia económica, no. Aún así, seguro que más de uno y de dos pasaron por caja pero, desde luego, no eran precios acordes al grupo que actuaba y, de haber sido algo más bajos, seguro que habrían recaudado más.

Si a esto sumamos la “ocurrencia” que se marcaron en la pasada gira de dignarse a ofrecer sólo entrevistas para portadas de medios escritos, que pasen bastante de los fans que les esperan desde temprana hora para hacerse una foto y estar cerca de sus “ídolos” en la sala, o haberse sumado (aunque en esto no sean pioneros precisamente) a la penosa moda de hacer pagar más a sus fans para “conocerles” (aunque en Madrid creo que no se llegaron a hacer los famosos “Meet & Greet” porque habían recibido amenazas y después de lo de Bataclan como para fiarse...) como si fueran KISS da como resultado lo que pienso: que están un “pelín” endiosados. Si lo que ofrecieron hubiera estado a la altura de lo que exigen...

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Tras estos prolegómenos, que sirven para ponernos un poco en contexto, vayamos a lo verdaderamente importante, la música en sí y lo que deparó la tarde/noche que pasamos con el cuarteto de Oakland durante dos horas y cuarto, que fue lo que estuvieron sobre las tablas de una Riviera que, si no colgó el cartel de no hay entradas, poco le debió faltar porque el ambiente fue muy bueno.

Lo cortés no quita lo valiente y los californianos levantan pasiones, al menos relativas, por lo que la expectación ante su visita en solitario, sin teloneros y ofreciendo un repertorio extenso era elevada mientras, poco a poco, los últimos rezagados iban tomando posiciones para disfrutar del evento que, sin sorpresas, comenzó tras “Diary Of A Madman” a modo de intro con “Imperium” (con su inicio grabado lo que me pareció bastante cutre, la verdad) y la gente estallando. Había ganas de marcha y de caña.

Es un gran tema para arrancar un concierto, siempre me lo pareció, pero desde mi posición (un poco por delante de la mitad de la sala y algo escorado hacía la posición del bajista Jared MacEachern) el sonido era bastante malo, opaco y con las guitarras sin la fuerza necesaria, lo mismo que la voz de Flynn. Pensé que sería algo temporal y lo ajustarían rápido los técnicos, pero pasó un tercio del concierto hasta que empezó a sonar medio bien, que no correctamente, como espera cualquiera de una banda como MACHINE HEAD. Es verdad que esta sala no es la de mejor acústica de la capital pero he visto otros grupos similares en estilo desde esa posición y sonaron perfectamente. Tendría mala suerte al elegir ubicación esa noche.

De este modo “Beautiful Morning”, primera referencia del fantástico “The Blackening”, quedó deslucida totalmente porque las voces limpias no se escuchaban apenas, aún menos con los berridos de Jared, y las guitarras no tenían la claridad suficiente. Lo mismo podría decirse de “Now We Die”, uno de los temas que más me gustan, por su pegadizo riff, del mediocre “Blood & Diamonds” y que no pasó de correcto en estas circunstancias, pese a que la sala coreó el estribillo a rabiar.

Lo que no se puede negar es la gran puesta en escena y el buen juego de luces que desplegaron esa noche (lástima de fotos...), con la batería del tremendo Dave McClain presidiendo un escenario decorado “barrocamente” (había muchos elementos decorativos) con telones y pancartas con motivos del grupo, aunque la actitud de los miembros del mismo fue algo desigual.

Sin duda la base rítmica, para mi gusto, fue lo mejor de la noche. Tanto Dave como Jared rayaron a gran altura, siendo este último el más activo y el encargado de hacer la mayor parte de los coros y los berridos que daban réplica a la voz del “jefe”. Sin embargo a Phil Demmel le pasaba algo porque su estatismo y falta de entusiasmo y energía eran más que evidentes. Navegando por Internet resulta que ya en Granada tuvo la misma actitud y el motivo era que estaba con fiebres altas y hasta tuvo que ser atendido por facultativos. No debió poder recuperarse porque en Madrid pasó tres cuartos de lo mismo y hasta hay que agradecer que tiraran de profesionalidad y no suspendieran el bolo. De cualquier modo, este hecho condicionó en gran medida las sensaciones transmitidas.

Por su parte el único miembro original del combo desde el despido de Adam Duce tuvo sus momentos más inspirados, donde sí fue el Rob de otras veces, junto con otros en los que parecía estar a medio gas o a lo suyo aunque animara al respetable. Tal vez estaba pensando en la salud de su compañero pero no hizo ningún comentario al respecto en toda la velada, guardándoselo para él. Además, paró el ritmo del concierto demasiadas veces y, a nivel vocal, tampoco fue la vez que mejor le he visto aunque defendiera los temas con corrección.

“Bite The Bullet”, que nunca me pareció un gran tema y tampoco lo fue esta noche, dio paso a la celebrada “Locust”, que se ha asentado y convertido en una de las fijas y que no brilló por el mal sonido de guitarras que no terminaba de mejorar del todo, aunque fue bastante mejor que el sufrido en los primeros compases.

“From This Day” es uno de esos temas que han repescado de “The Burning Red” para esta gira “especial” y que hacía mucho que no tocaban. Normal que no la tocaran porque, a pesar del paso de los años, me sigue pareciendo tan infumable como el día que salió pese a que en directo ganó ligeramente. De nuevo la increíble reacción de la gente, que se puso a saltar como loca montando un gran pogo en el centro de la sala, me hace plantearme si tal vez sea yo el que no sepa apreciar la calidad del mismo. No lo sé.

“Ten Ton Hammer” es una habitual de los conciertos de los americanos y, esta vez, no iba a ser menos, manteniendo el concierto en un momento alto hasta que la rápida “This Is The End”, con grandes coros del bajista, nos condujo a la parte que, personalmente, hubiera quitado y que hirió de muerte al concierto. La parte de los solos y la parrafada de Flynn.

El primero de ellos corrió a cargo de Phil Demmel y no se puede considerar ni como tal porque fue un conjunto de armónicos entre luces verdes que aburrieron a las piedras. No estuvo mucho tiempo haciéndolo pero parecieron horas. Después, el líder del grupo se marcó su estudiado mitin, tan largo casi como uno de Fidel Castro, acompañándolo con la acústica mientras escuchaba a la gente de mi alrededor gritarle que se callara de una vez y tocara. Y sí, empalmaron “Darkness Within” al discurso de Flynn pero claro, MACHINE HEAD no se caracteriza por ser una banda especialista en medios tiempos y tal vez no fue la mejor elección, máxime cuando a renglón seguido otro solo, este más virtuoso y largo que el de Demmel pero igual de innecesario, nos volvió a sumir en el sopor absoluto.

“Bulldozer” nos llevó de nuevo por el “camino del riff” pese a que “Supercharger” no sea ninguna maravilla pero, viniendo de lo que veníamos, supo hasta a gloria. Lo mismo podría decirse, aunque en menor medida, de “Killers & Kings”, otro corte de “Bloodstone & Diamonds” en el que se montó un wall of death y circle pit posterior, que concluyó con las palabras de Robb animándonos a gritar, saltar y cantar con el siguiente tema que sonaría. Así, “Davidian” puso a toda la sala a gritar el mítico estribillo “Let Freedom Ring With A Shotgun Blast” mientras el vocalista ponía el micrófono hacía el público. Da igual las veces que la oiga, este es el tema por excelencia de MACHINE HEAD y sigo sin entender por qué tocan la brutalísima parte final ralentizada al máximo. El día que la toquen como es, y no como la tocan siempre desde que les vi por primera vez en el 2003, se me va a escapar una lágrima...

Con ella se marcharon, por enésima vez, varios minutos para reaparecer con “Descends The Shades Of Night”, otra canción lenta que había dejado de ser de las habituales, en la que la acústica de Flynn volvió a relucir y supuso un bajonazo para mí a estas alturas del concierto. “Now I Lay Thee Down” subió algo la intensidad y esta siguió “in crescendo” con la veloz “Aesthetic Of Hate”, que dejó claro que la banda confía mucho en el material de “The Blackening” dejando hasta tres temas de este trabajo para la pare final, porque el que cerró la contienda también perteneció a él.

Alcanzamos las dos horas de concierto (normal, con las constantes paradas que tuvo) con “Game Over”, la última referencia a su último disco, que fue bien recibida pero que no tuvo comparación con la que tuvo el otro clásico que no debe faltar en el repertorio de los californianos. “Old”, de nuevo, desató la euforia mientras que la excelsa y variada “Halo”, donde la sala se inundó de confeti, puso fin a esta noche con MACHINE HEAD.

Estoy seguro que muchos de los que levantaron la mano cuando Robb Flynn preguntó que quién les veía por primera vez no compartirán mi punto de vista, tal vez incluso ni siquiera algunos de los muchos veteranos que fueron a verles nuevamente, pero lo que creo que es innegable fue el inadecuado ritmo que tuvo el concierto y que el estado físico de Demmel jugó muy en contra del cuarteto.

Al menos debemos alegrarnos de que no suspendieran, o cortaran el show a la quinta canción como ha pasado en Clermont-Ferrand, aunque en Madrid se dejaran en el tintero “Elegy” y “The Blood, The Sweat, The Tears” de las teóricamente previstas (esta última casi mejor que no sonara porque vaya tela...) junto a otras que sí han interpretado en Estados Unidos, y que allí se han quedado, porque a Europa no han viajado.

Se anunciaba a bombo y platillo como una cita especial para los fans de MACHINE HEAD y las circunstancias han hecho que se quedara en una gira más bien tirando a normalita, si exceptuamos el tema de la duración. Prefiero 90 minutos de temazos a piñón de los americanos que 135 con parones, solos insoportables y temas intrascendentes.

 

Crónica: David Ortego

Madness Live!

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