Crónica de MESHUGGAH y HIGH ON FIRE

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Concierto de MESHUGGAH y HIGH ON FIRE – 29 de noviembre de 2016 – Madrid (sala La Riviera)

Una de las giras que a priori más expectación estaba levantando en Madrid era la de MESHUGGAH. Después de cuatro años sin venir y tras sacarse de la manga un “The Violent Sleep Of Reason” que está entre lo mejor de su carrera, era de prever que los suecos llenarían el recinto escogido para su actuación, La Riviera, aunque fuera un salto bastante importante desde la última vez en Penélope. El juego de luces y parafernalia de escenario que traían según había leído en otras fechas de la gira, precisaba unas tablas más amplias y un ambiente más diáfano, pero aun así tenía la esperanza de que la expectación fuera la suficiente como para llenar la sala de la ribera del Manzanares madrileño. No fue del todo así pues La Riviera sólo pudo alcanzar tres cuartas partes de entrada, siendo generoso.

Ya el ambiente alrededor de la sala en el momento de abrir las puertas a las 19:00 no dejaba ver más que una veintena de personas, con lo que era de suponer que HIGH ON FIRE, que se ha dejado ver más veces e incluso recientemente, no iba a atraer mucho más público, amén de la gran diferencia estilística con MESHUGGAH, que hace que los seguidores no sean ni tan siquiera complementarios. No obstante, las otras veces que he visto a la banda de Matt Pike siempre ha dado muestras de profesionalidad y ha arrasado el escenario que se les plantara por delante. Quizás, eso sí, el de La Riviera se me antojaba excesivo para ellos y así fue, tanto en presencia como en sonido conseguido…

HIGH ON FIRE

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Mi relación con HIGH ON FIRE viene de lejos. Desde “Blessed Black Wings” es una de mis bandas favoritas y de hecho en la gira de presentación de aquel disco, hace casi 12 años, les vi en la desaparecida sala Ritmo y Compás, donde por cierto les pude ver otra vez más un par de años después. De entonces hasta ahora la música de Matt Pike ha evolucionado en términos de limpieza y desarrollo, pero lo suyo sigue siendo un Sludge sucio y en donde CELTIC FROST y MOTÖRHEAD se dan la mano con los primeros MASTODON o su banda madre SLEEP.

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También ha evolucionado Des Kensel, el batería del grupo desde los inicios. Antaño sacaba fuego de un set compuesto de cinco elementos (los básicos) y aéreos. Ahora se pone detrás de un set mucho más aerodinámico, aunque en puridad lo suyo sigue siendo lo mismo, caña sin descanso. Pero sobre todo ha evolucionado el propio Matt Pike, que mantiene la costumbre de tocar a pecho descubierto lo que permite ver la degradación de sus lorzas desde 2005 que les viera por primera vez.

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Sin disco nuevo bajo el brazo, aún con “Luminiferous” y su gira de presentación reciente en la memoria, lo lógico era pensar que HIGH ON FIRE no innovaría mucho en su descarga. Y así fue. Se presentaban casi como co-headliners, y dispondrían de 60 minutos largos para ellos solitos, pero se limitaron a hacer algo similar como a lo de 2015: casi la mitad del setlist dedicado a “Luminiferous” y el resto seleccionado de sus anteriores trabajos con mayor peso específico de “Death Is This Communion”, que fue el que les abrió las puertas a un público más amplio hace casi una década, sentando definitivamente los derroteros por los que iría la música del trío de ahí en adelante, con pocas variaciones.

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En el escenario compartían parafernalia con MESHUGGAH, de manera que su gigantesco telón con el nombre de HIGH ON FIRE quedaba casi oculto. Lo que no parece que compartiesen con el grupo sueco fue el técnico de sonido, o si así fue, éste no supo cómo ecualizarlos. Vale que la música de HIGH ON FIRE es peligrosa en directo. Me explico: la distorsión de la guitarra y el volumen necesario del bajo para tapar huecos en los solos, amén de unos ritmos tan martilleantes y agresivos de fondo, genera que la línea que divide el concierto entre un buen sonido y una bola sónica sea fina. Esa noche fue lo segundo. A Matt Pike apenas se le distinguía la voz y el sonido estaba tan saturado que si no estabas familiarizado con la música del grupo, apenas distinguías nada.

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Esta sensación pasaba en cualquier lado de la sala, pues me moví en varias direcciones y lo único que variaba era el volumen, no la claridad. Así pues solo quedaba tratar de amoldar los tímpanos al sonido y disfrutar lo que se pudiese. Y así lo hicieron la veintena de personas que inicialmente estaban en la sala y que según avanzaba la descarga de los americanos se acabó convirtiendo en media entrada. Parecían disfrutar eso sí, y el propio Matt Pike se dejaba la piel… y los pulmones también pues debieron de pasar una fregona después de la de veces que había escupido a lo largo del concierto. Este tipo de conciertos en invierno es lo que tiene, que sufren las cuerdas vocales…

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Comenzó HIGH ON FIRE con “The Black Pot” que enlazaron entre acoples premeditados con “Carcosa”, ambas de “Luminiferous”, la primera rápida y con la voz de Pike indistinguible, la segunda algo mejor en sonido y más densa y groovie, lo que permitió el cabeceo del respetable a lo largo de su extensa duración. Además de Kensel, incansable en sus constantes cambios de ritmo, el segundo mejor para mi gusto fue Jeff Matz, el bajista, que tiene la importante labor de que no se oiga el silencio en las partes solistas de Pike. El sonido atronador de su bajo hacía que eso fuera imposible, aunque también contribuía a la bola sónica del concierto.

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“Rumors Of War”, primera referencia al “Death Is The Communion” cumplió su objetivo de desfase, al igual que “Serums Of Liao” de “De Vermis Mysteriis”, más lenta y Doom. Para volver a la carga como el propio Pike dijo tocarían otra rápida, “Slave The Hive”, que volvieron a enlazar con “The Falconist”, ambas del último trabajo de los americanos, esta última muy reconocible por su introducción de batería. De ahí en adelante ya sólo tirarían de archivo, volviendo a “Death Is The Communion” con “Turk”, un tema muy Sabbathico, al “De Vermis Mysteriis” con “Fertile Green”, entre acoples “Blood From Zion”, de su ya lejanísimos debut y finalmente la más clarita y cuyos punteos son fácilmente reconocibles, “Snakes For The Divine”.

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Particularmente, esta era la cuarta vez que veía a HIGH ON FIRE y con diferencia ha sido la peor. La entrega y la música siguen intactas. Pero ni la parte visual (las luces estaban fijas en un color mucho tiempo y en ocasiones cuando usaban los tonos rojos, su mezcla con el humo hacía que ni se les distinguiese), ni sobre todo la de sonido, fue buena. Simplemente una actuación correcta que les sigue poniendo como una banda de directo, pero que en esta ocasión no tuvieron el día ni las condiciones para demostrarlo.

MESHUGGAH

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Cuando eres adalid de un sonido no caben medias tintas. O te aman o te odian. Eres en parte esclavo de tus propias formas. En ese sentido a MESHUGGAH le pasa igual. Tiene tantos detractores como defensores acérrimos y el hecho de que su nombre salga en las listas eternas de comparaciones para centrar el sonido de un grupo les convierte de alguna forma en únicos o pioneros. Lo segundo hay que decirlo con reservas, porque aquello que se ha llegado a llamar Djent, no tiene mucho que ver con MESHUGGAH, más allá de las bases rítmicas que se usan. O al menos esa es mi impresión profana, pero sin duda alguna influencia hay y no hay otra banda que suene a MESHUGGAH en el sentido de que haya llegado a ese sonido de la misma forma. Sirva esta introducción para centrar lo que se vivió la noche del 29 de noviembre en Madrid.

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Después de media hora probando la batería y las pesadas guitarras de los suecos (pesadas en sentido literal, no sólo por su sonido), con puntualidad casi británica comenzaba a sonar el trance musical que a modo de introducción tenían preparada MESHUGGAH a las 21:00. En ese momento supimos que el concierto iba a ser música y luz al mismo tiempo. Pero luz no en el sentido de luminosidad, sino más bien todo lo contrario, porque los suecos se traían su propio arsenal de focos y casi ninguno era frontal, todos recreaban juegos de rayos, fogonazos, contraluces y claroscuros que generaban un estado de catarsis musical y visual y que hizo que los fotógrafos tuviesen que tirar de recursos y experiencia para sacar algo en claro.

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Otra cosa que supimos nada más empezar “Clockworks”, del último trabajo de los suecos, que enlazaron sin respirar con “Born In Dissonance”, es que lo de HIGH ON FIRE no fue representativo. El sonido era perfecto en cualquier parte de la sala. Más alto o más bajo según te situases, pero ni siquiera en los laterales perdías detalle de los multicanales mezclados. Se podían escuchar a la perfección la distorsión pesada del bajo de Dick Lövgren, los riffs mastodónticos de Hagström y Thordendal y las experimentaciones atmosféricas y de armonía jazzy de este último, que por cierto se va a estropear la espalda de tanto tocar con la guitarra casi en el suelo y los brazos tan abiertos…

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Un amigo que de esto sabe un rato me comentó que es más fácil ecualizar a MESHUGGAH que a HIGH ON FIRE, por los propios efectos de las guitarras. En los suecos el sonido que sale de los amplificadores es limpio, al contrario de lo que se pueda pensar, de manera que la auténtica distorsión y pesadez de los temas viene por parte del bajo y el doble bombo del descomunal Tomas Haake, pero la pulcritud del sonido de las cuerdas hace que la posibilidad de escuchar una bola de ruido sea menor y que la mezcla se equilibre más rápidamente una vez que se encuentra el volumen adecuado. Eso debió pasar porque salvo unos pocos segundos al inicio, se escuchaba todo a la perfección, incluyendo la monocorde y agresiva voz sincopada de Jens Kidman.

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Este sonido tan puro, la interpretación tan calculada y la propia entrega de los músicos, cuyo mayor movimiento es el característico balanceo que los riffs de MESHUGGAH generan en el cuerpo de forma automática, dejaba el aspecto visual a merced absolutamente del juego de luces no apto para epilépticos y de la escenografía desplegada. Aquí debo felicitar al que lo diseñó, porque logró que las caras que aparecen en la portada de “Violent Sleep Of Reason” pareciese que tenían relieve y que fueran a salir de los tapices para atacar al público. Era un efecto sorprendente que te dejaba ensimismado, en pleno trance de riffs y atmósferas mecánicas y precisas.

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Kidman se dirigió sólo dos veces al público, justo antes de “Sane” del “Chaosphere” y al final, antes de los bises, con “Bleed”. El resto del tiempo MESHUGGAH enlazó los temas uno con otro, sólo cambiando de guitarras cuando la afinación así lo precisaba. Por otro lado el repertorio fue bastante predecible: además del peso dado a “Violent Sleep Or Reason”, los dos discos más representados fueron “Koloss” y “Obzen”, dejando el resto en mera anécdota, si bien lo más celebrado de la noche, además del final, fue el pack doble de “Nothing”, que era lo siguiente en venir, con “Perpetual Black Second” primero, con ese solo doblado tan característico de Thordendal y “Stengah”, cuyo riff inicial hizo desatar un maremoto entre el público empezando a ver gente sobre las cabezas de los que estaban delante del escenario.

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Con MESHUGGAH parece que no iba la cosa, porque sus músicos siguieron cual robots interpretando el programa previsto, que incluía la rápida inicialmente “The Hurt That Finds You First” de “Koloss”; “Lethargica” de “Obzen”, en la que se volvió a ver mucha gente volar entre el público; y “Do Not Look Down”, nuevamente de “Koloss”. Tras ella volvieron al nuevo trabajo con la bestial “Nostrum”, que es vehículo de lucimiento absoluto para Haake y sus contantes redobles, y la pegadiza “Violent Sleep Of Reason”. Acabaron este bloque final con dos temas de “Obzen”, la extensa “Dancers To A Discordant System”, cuyo inicio enlazaron con la anterior en pleno trance de los guitarristas, que parecía se habían quedado dormidos sobre las cuerdas en un acople eterno, y para acabar, la más reconocible “Bleed”.

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MESHUGGAH desapareció un par de minutos de escena después de 80 minutos sin parar ni un instante y tímidamente se empezó a escuchar el nombre de la banda para que volviese a salir. Así lo hicieron y lograron con los dos temas que quedaba que ya el público se volviese loco pegando saltos y hasta haciendo pogos, con “Demiurge” de “Koloss” y la infaltable “Future Breed Machine” de su celebrado (y definidor de su sonido, pues “Contradictions Collapse” era otra cosa), “Destroy Erase Improve”, que ya tiene 21 años.

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Cerraba así MESHUGGAH un concierto de 90 minutos ejecutado al milímetro, perfecto y calculado al máximo, hasta el último detalle… Pero, por eso mismo, o a mí me lo pareció, carente de alma. Uno tenía la impresión de que podrían haber dado al play al CD y el resultado obtenido habría sido el mismo. En cualquier caso, buen concierto, aunque la emoción se la dejaran en casa.


Promotora: Madness Live!
Autor: Raúl Ureña
Fotos: Laura Ruiz

Madness Live!

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