La generalización de las reuniones, reformaciones y refundaciones ha llegado a tal punto que la sorpresa casi se ha convertido en rutina por lo que apenas me sorprendió que me sorprendiera tanto el regreso de DESULTORY. Creo que me explico. Muchos le han precedido y quizá eso juegue en su contra del mismo modo que antaño llegó un poco tarde: creció en pleno estallido del Swedish Death Metal y explotó en puertas de su primera gran crisis. Ahora DESULTORY regresa cuando se ha perdido parte del efectismo y la pompa del fenómeno revival y cuando están abiertos los debates sobre los verdaderos motivos y la legitimidad de unas reuniones que, creo, deben ser tratadas de forma individual y sin caer en generalizaciones.

Mientras se discute cuánto hay de factor económico y cuánto de nostalgia, crisis de la mediana edad o lo que quiera que mueva a este goteo de hijos pródigos que regresan, DESULTORY vuelve, y algunos recelan, casi quince años después de un desastre llamado “Swallow The Snake”, un intento ruinoso de desmarcarse de aquel Death Metal que las pasaba canutas cuando los 90 cruzaban el ecuador, algo similar a lo que “Chapter 13” supuso en su momento para la credibilidad de GOREFEST. Conviene recordar que a “Swallow The Snake” le habían precedido dos joyas como “Into Eternity” y “Bitterness”, en las que un sonido Sunlight más heterodoxo de lo habitual se expresaba a través de un único e inolvidable uso de la melodía.

El arquitecto de aquellos discos, el guitarrista Stefan Pöge, se fue antes de “Swallow The Snake” y no ha participado en una reunión finalmente certera: DESULTORY ha vuelto en excelente forma y sin rastro de los intentos de Death’n’Roll de “Swallow…”. En cambio (y con bastante más sentido), “Counting Our Scars” se sitúa a caballo entre los dos clásicos anteriores (más cerca de “Bitterness”) pero con un pie en este presente que antes fue futuro. Vuelve el logo clásico, vuelve el Death Metal y vuelven, incluso sin Pöge, las melodías: vuelve DESULTORY.

Los hermanos Morberg, con la ayuda de Johan Bohlin (UNANIMATED) y del infaltable Thomas Johnson (un muy buen batería), han recreado mucho de lo que hizo especial a DESULTORY pero lo han hecho con una conciencia actual aportada por el trabajo de producción en el últimamente sembrado Necromorbus Studio. El resultado conecta con el viejo sonido Estocolmo pero relanza cada instrumento y aporta una atmósfera cristalina y envolvente. El resto, junto a un buen artwork de Travis Smith, lo ponen unos músicos que demuestran madurez, categoría y energía. DESULTORY perteneció a una veta particular del sonido Estocolmo y su vuelta responde a esa misma personalidad. No es tanto una simple recreación retro como un disco en el que bailan los viejos riffs y ritmos del Swedish Death Metal junto a una explosión melódica y una accesibilidad más propia de un Melodeath con detalles tomados del Thrash e incluso del Metal clásico. Un disco para los viejos seguidores del grupo pero también para cualquier amante del sonido sueco y hasta seguidores de nueva generación de grupos como HYPOCRISY o ARCH ENEMY. Pero sin olvidar los momentos más genuinamente extremos con ecos a DISMEMBER o AT THE GATES.

La visceral y rasgada voz de Klas Morberg (más cerca de Tomas Lindberg que de un registro Death al uso) está aquí, la impecable y creativa pegada de Thomas Johnson está aquí y todo encaja como un guante al servicio de las melodías, protagonistas y conductoras de un disco emocional y compacto en el que cada canción tiene vida propia y en el que DESULTORY ha puesto trabajo y sensibilidad. Un muy buen disco lleno de pasajes sumamente accesibles, atmósferas vaporosas y Death Metal entre la vieja escuela y el Deathrash de posterior eclosión y más fácil digestión. No falta la sensación casi etérea de quiebra y melancolía que los dos primeros discos del grupo recreaban de forma primorosa. Ayuda la nostalgia y ayuda un título (tal vez sincero) como “Counting Our Scars”. Quizá haya un verdadero mensaje en el estribillo del tema título: “así que aquí estamos quemando de nuevo el suelo. Estamos destrozados, estamos contando nuestras cicatrices”.

El disco, aunque no todas las canciones alcanzan la misma cota de brillantez, nunca cae en la mediocridad y casi nunca en la intrascendencia. Tiene pasajes de verdadera majestuosidad, como el demoledor inicio que hilvana “In A Cage”, “Counting Our Scars” y “Ready To Bleed”. La primera es una magnífica regresión a lo mejor de DESULTORY hecha con intensidad, calidad y pasión: brutalidad, madurez, elegancia y emoción. Una presentación extraordinaria que a la vez marca un hito que el resto del disco difícilmente alcanza aunque está cerca en el accesible y corrosivo tema título. Hay suficiente orfebrería melódica de primera calidad (“Uneven Numbers”, “Dead Ends”) y toques épicos y clásicos (“Leeching Life”). En tierra de nadie queda “The Moment Is Gone”, una pieza envolvente y densa en la que el trabajo de guitarras alcanza puntos de una emotividad brillante.

“Counting Our Scars” es un regreso magnífico, un disco que podría haber sido continuación de “Bitterness” y que borra el mal sabor de boca de aquel error llamado “Swallow The Snake”. Su valor está en devolver a la vida a una joya olvidadaza de la escena sueca pero también en su capacidad (por su producción y su apabullante artillería melódica) para sorprender gratamente a quienes no conozcan el pasado de DESULTORY pero añoren los buenos tiempos del Death Melódico, el desarrollo del viejo sonido Estocolmo y los primeros y excelentes frutos de la escuela de Goteborg antes de su perversión y masificación mal entendida. Esto, más allá de la nostalgia, es un gran disco. Además Pulverised anuncia reediciones de “Into Eternity” y “Bitterness” con remasterización de Dan Swanö. Y aquí sí que entramos en palabras mayores…

 

Juanma Rubio

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