DEVILDRIVER – Beast

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Dez Fafara saltó en su día una barricada de prejuicios para regresar a sus orígenes metálicos, a los que no honró demasiado con COAL CHAMBER. Su camino tiene trazos de típica historia americana: su ascendencia italiana, la ética de trabajo que le inculcó su padre (y que, visto con perspectiva, le ha alejado positivamente del glamour mal entendido), y hasta las barbacoas en su nueva casa de Santa Barbara en las que conoció a sus ahora compañeros en DEVILDRIVER, y en las que, entre salchichas y cervezas, cartografió esta nueva aventura musical que le ha llevado a reencontrarse con sonidos e influencias que dejó de lado durante los años de bonanza del (nunca añorado, por cierto) Nu Metal. Hasta recuerdo leer una entrevista en la que desgranaba con propiedad la escena extrema europea y hablaba de grupos como BLUT AUS NORD. Verídico.

“Devildriver”, el primer disco (van cinco en ocho años de girar sin parar, aquello de la ética de trabajo), me pareció un irregular cajón de sastre en el que quedaban rastros de Nu Metal entre azotes de Metalcore, asedios de Groove Metal y dentelladas extremas. Mi verdadero encuentro con Fafara y DEVILDRIVER fue “The Fury Of Our Maker’s Hand”, un disco de Metal moderno abrasivo y accesible cargado de buenas canciones al que siguió un “The Last Kind Words” para mí menos completo pero con un puñado de himnos atronadores y posteriormente un “Pray For Villains” que pasó por mis oídos de puntillas, sin quedarse. Tal vez por eso “Beast” me ha gustado tanto y me ha supuesto un reencuentro con este grupo. Un reencuentro celebrado con cócteles de adrenalina y esteroides. Un reencuentro a hachazos.

Este es seguramente el disco más extremo y metálico de DEVILDRIVER, una continuación de “The Fury…” que quizá no llegue a la cota de calidad de aquel pero que le supera en términos de fuerza bruta. Y debo decir que entre tanta teoría y divagación sobre el Metal Moderno y las corrientes yanquis, me quedo con los ojos cerrados con un grupo como DEVILDRIVER antes que con el grueso de las tendencias más puramente Metalcore (primero) y Deathcore (ahora). Entre otras cosas porque DD no se regala tanto los propios oídos ni se considera el futuro ni la nueva ola de nada. Sólo hace música en el estilo que le viene en gana y la hace con honestidad, calidad y pasión. Y con una energía estilo reactor nuclear.

He dicho calidad y lo he dicho a conciencia porque el trabajo musical de “Beast” es intachable. Desde la poderosa (y suficientemente variada) interpretación de Boecklin en la batería (con sus ráfagas brutales de doble bombo) a unas guitarras que recorren escuelas y estilos con naturalidad y estilo. Y con buenos riffs. Algo que muchos grupos de las anteriormente citadas corrientes modernas deberían apuntarse en la frente. Y con sangre: buenos riffs. Variados, efectivos, accesibles y poderosos, melódicos, clásicos o groovies: buenos. Fafara comanda el asalto en pleno desgañite. DEVILDRIVER toma su nombre de las campanas con las que las brujas etruscas expulsaban a los demonios. Y este grupo siempre me ha parecido eso para Fafara: una catarsis, una canalización de toda la ira que cabe en un cuerpo; Que es, con o sin alma, mucha. Fafara multiplica su ataque invasivo hacia terrenos extremos con ese gruñido que le ayudó a perfeccionar Phil Anselmo. Nada más y nada menos.

“Beast” suena arrollador. Moderno, nítido y expansivo aunque más natural y menos sobreproducido que (o eso me pareció en su momento) “Pray For Villains”. Es seguro el disco más brutal y físico del grupo y quizá también sea algo menos accesible que sus predecesores, más caótico en el mejor sentido de la palabra. Más denso pero sin grandes revoluciones porque DEVILDRIVER sigue combinando Groove Metal, herencia PANTERA, Metalcore, Death Metal y Deathrash moderno, sonido Goteborg de última generación… Va más allá de CHIMAIRA, de LAMB OF GOD, de ARCH ENEMY… va hacia un sonido finalmente personal y muy emocional (que no Emo: ni rastro) perfectamente dirigido por Andy Sneap, que está allí donde hay un disco de sonido pletórico y actual, y otro gurú de lo ultimísimo como Mark Lewis.

Los que ya tengan en buena estima a Fafara y compañía van a disfrutar con un disco largo (casi 54 minutos), incesante. Un disco visceral y frontal al que no le sobra casi nada, quizá algo de metraje para los más perfeccionistas, y en el que van a encontrar a DEVILDRIVER en plena forma y escupiendo himnos en su estilo pero con más músculo que nunca. Hay grooves definitivos (nunca aburridos), solos metálicos, ráfagas de Thrash suficientemente clásico, melodías oscuras, coqueteos poco disimulados con los extremo… y hay canciones tan rotundas, apabullantes y accesibles como “Dead To Rights”, “Hardened” o “Shitlist”. Canciones que se te instalan en la cabeza y que revolucionan el sistema nervioso, que hacen pensar automáticamente en circle pits. Ese tipo de canciones, como las masivas “Talons Out”, “Coldblooded” o la genial “Black Soul Choir”, versión de un tema de ritmo Country de un grupo llamado 16 HORSEPOWER al que no tengo el gusto de conocer. Originalmente fuera de todo espectro metálico, se convierte aquí en un himno oscuro, contagioso y triunfal a su agridulce manera.

Me gusta “Beast” porque me gusta DEVILDRIVER en esta versión poderosa y energética del mismo modo que me gustó “The Fury Of Our Maker’s Hand” y muchos momentos de “The Last Kind Words”. Me gusta este disco porque transmite cosas, activa la adrenalina y airea corazón, pegada y potencia. Casi una hora de Metal moderno, violento y accesible, y con un puñado de canciones para escuchar una y otra vez sin pausa ni desmayo. La versión más bruta hasta hoy conocida de DEVILDRIVER. Eso es lo que hay, nada más y nada menos. Si te suena bien, hazte con este disco porque te va a hacer sudar y te va a gustar. Mucho. Creo…

Juanma Rubio

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