INFESTUS – Ex Ist

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Con la garantía del sello francés Debemur Morti y la marea favorable de la buena acogida de su anterior “Chroniken Des Ablebens”, INFESTUS regresa desde Bavaria con “Ex | Ist“. En sus ocho años de vida ha pasado de trío a dúo para ser ahora la criatura de Andras, solo ya en un proyecto que se recrea en los recovecos más perversos de la turbulenta mente humana. Una ingente cantidad de discos de Black Metal anuncian intenciones semejantes. Los buenos las cumplen. Andras no escapa a la parafernalia habitual del género, advierte que el grupo no girará y se limitará a shows concretos y especiales, ningunea la asociación a cualquier tipo de fraternidad humana o idea política y asegura que sólo rinde homenaje a la “oscuridad eterna, la perfección nocturna de los bosques y cualquier clase de depravación de la mente”. Repiqueteo pomposo que suena algo manido a estas alturas pero que en el caso de INFESTUS queda validado por el resultado final de la música, absolutamente concluyente.

Incluso el ominoso artwork de Eric Lacombe resulta evocadoramente perturbador. O quizá sea un mínimo recuerdo personal, un relampagueante chispazo de la memoria hacia las pesadillas de la infancia, los monstruos que se esconden en el armario y las monstruosidades que acechan detrás de la puerta. El Black Metal, bien hecho, es una turbina que te aísla con tus fobias, miedos y quebrantos. El Black Metal bien hecho no recurre por pura rutina u obligación a unos valores de producción descarnados y retro. “Ex | Ist” es Black Metal bien hecho y perfectamente rematado en los Necromorbus Studios, ya una institución en lo que se refiere a sonido no acaramelado ni artificial pero sí expansivo, limpio y potente. La portada es notable, el sonido sobresaliente y el nivel compositivo, brillante. El resultado, las cuentas cuadran, es uno de los mejores discos de Black Metal de la ya casi completa primera mitad de 2011.

Los proyectos pensados por una sola mente y creados por un único motor tienen riesgos y peligro de vértigo pero resultan especialmente redondos cuando cuajan en su punto. Quizá por la complicidad que viaja implícita en ese único hilo conductor que conoce todas las intenciones y todos los motivos. Andras navega sobre un mar barroco en el que nunca naufraga, deconstruye sus canciones en mil pedazos que estallan para terminar por convergir en el mismo punto. Una tensa y vibrante sensación unitaria que teje un tapiz de sentimientos oscuros que se enhebran en dos direcciones fundamentales y finalmente tocantes: por un lado el odio y la rabia, una ira fría y agria que congestiona el paladar. Por otro la soledad y la melancolía, una tristeza amarga que anida en la boca del estómago. Un mosaico negro como ala de cuervo pero matizado en grises y marrones oscuros, azules infinitos. Un hilo conducto que se desgaja y recrea en las contradicciones y perversos enigmas de la mente. El mensaje: una negación de la existencia o al menos un obituario de ésta. El medio: Black Metal poderoso, sugerente y emocional.

Esquirlas de DRUDKH, SHINING, FORGOTTEN TOMB o DISSECTION salpican una escucha de más de 51 minutos divididos en siete canciones, casi todas por lo tanto por encima de los ocho minutos. El Black Metal más frío, nihilista y ritualista se funde con melodías delicadas o épicas y pasajes atmosféricos sobrecogedores. Cargas brutales de doble bombo combinan con trances misteriosos y quebrados. Las guitarras sobrevuelan ese paisaje a veces a vista de pájaro y a veces como necesarios vehículos emocionales, las cargas metálicas son dinamita y las apariciones de los teclados cristales en la mirada. Una belleza desoladora recorre este disco entre cabalgadas que cortan la respiración, crescendos claustrofóbicos y cadencias desgarradoras. Las melodías horadan toda esperanza y la arquitectura de cada canción se confirma sólida y obsesiva, perversa y exquisita. Andras clama por encima de  esa tormenta, su tormenta, con convicción absoluta y angustia palpable, sincera. Voz de todas las cosas de las que intentas escapar, las que esperan a la vuelta de cualquier esquina pero sobre todo las que habitan las habitaciones sin luz de la propia mente.

Como la épica es resultado y no fin, funcionan los temas largos pero funciona también una pieza mucho más sencilla y abreviada como “Torn Observer”, un obsesivo trance rítmico sobre el que bailan unas guitarras que se te meten debajo de la piel. Pero la verdadera medida de “Ex | Ist” está en piezas monumentales como “Down Spiral Depersonification” o “Mirror Mind Reality” En esos enormes páramos se extienden la amenaza y la melancolía, el terror y la miseria, el dolor lacerante y la brutalidad sin sentido. Metal venenoso y melodías de implicación devastadora. Unas melodías que emprenden el vuelo en “Der Blick Hinaus”, que coquetea con el Black / Doom entre erupciones de una fuerza tectónica. El disco fluye y termina por encontrarse a sí mismo en una imagen perfectamente circular que no implica uniformidad sino hermetismo.

He dicho que este tercer disco de INFESTUS está en la nobleza de la producción blacker de lo que llevamos de año y tampoco creo que demasiados valientes le rebasen en los meses venideros. Es intenso, apasionado y sincero, y es amargo y brutal. Es Black Metal melancólico, melódico y sugerente hecho con finura, convicción y amargura. Es un disco que cualquier seguidor del género debería degustar, paladear hasta recrearse. Merece la pena.

Juanma Rubio

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