JEFF LOOMIS - Plains Of Oblivion

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La vida para JEFF LOOMIS ha debido cambiar bastante en el último año y medio. De estar consolidado como guitarrista en una banda como NEVERMORE, pasa a largarse del grupo (terminando mal con sus ex compañeros) y centrarse en un proyecto en solitario que tenía como segunda opción, pero que retoma convertido en prioridad. El contexto en el que crea, por lo tanto, este “Plains Of Oblivion” nada tiene que ver en relación a su debut, “Zero Order Phase”. Lo que antes se podía considerar un divertimento, ahora se eleva a un estadio superior con la responsabilidad que para el artista debe generar. Asimismo, se enfrenta con la necesidad de las actuaciones en directo y montar una formación ex profeso para las giras. Giro radical, en consecuencia, para el de Seattle.

Vaya por delante que no soy amigo de los discos instrumentales. En general, me aburren, salvo álbumes impecables, no tanto desde el punto de visto técnico (que se presupone) como de feeling, tipo “Surfin´ With The Alien” de JOE SATRIANI o el genial “Edge Of Insanity”, lo mejor de TONY MACALPINE. Si en “Zero Order Phase” JEFF cocinaba casi todo el guiso (más el solo de Ron Jarzombek), ahora parece querer homenajear sus influencias con una pléyade de conocidos invitados que aportan su destreza con las seis cuerdas. Sin embargo, advertir que “Plains Of Oblivion” no es exactamente un trabajo ausente de voz ya que colaboran en tres temas dos cantantes. Por un lado, Christine Rhoads, una mujer de su ciudad que ya ayudó a NEVERMORE en el pasado (sobre todo, con “Dreaming Neon Black”) aunque más relacionada con la música Alternativa,  y el gran Ihsahn de EMPEROR. Esto dota de versatilidad a una obra que podríamos dividir en tres partes.

La primera se refiere al protagonismo esencial de Jeff Loomis y sus colaboraciones. Con una base rítmica en la que destaca el hoy omnipresente Dirk Verbeuren (SOILWORK) a la batería, arrancan con “Mercurial”, un ejercicio de velocidad que recuerda a algunos que practica Michael Amott en ARCH ENEMY. No es malo pero tampoco podemos hablar de epítome de originalidad. En ella, emerge un icono como Marty Friedman que deja su sello en una composición sosa, tanto como las siguientes, “The Ultimatum” con Tony MacAlpine de estrella, y “Escape Velocity”. Los detalles técnicos son impecables pero, como en esta vida no todo es lo bien que toque uno, le falta alma. No obstante, Loomis florece en “Requiem For The Living” donde participa, sorprendentemente, su sustituto en NEVERMORE, Attila Vörös, y en la excelente “Continuum Drift”, donde con la ayuda del ex MEGADETH Chris Poland, Jeff construye un tema complejo, olvidándose de la rapidez para dar rienda suelta a un mar de solos imaginativos.

Respecto a la aportación de las voces, Ihsahn aparece en un tema con carices entre el Metal y el Death Progresivo. “Surrender” es un poco decepcionante en el plano vocal en las estrofas, si bien su segmento central, donde el noruego emplea su registro melódico característico, resulta notable. Por el otro lado, las canciones de Christine distan como la noche y el día. “Tragedy And Harmony” es, probablemente, la única composición que recuerda a su antigua banda. Es más, las inflexiones vocales de Rhoads en el estribillo las podría haber firmado Warrel Dane. Ese hálito de aburrimiento que deja contraste con la balada “Chosen Time”. Quizá un tanto previsible pero efectivamente ejecutada y entretenida.

“Chosen time” enlaza con la última vertiente de “Plains Of Oblivion”. El apartado final nos trae al mejor Loomis de la mano de “Rapture”, una práctica de virtuosismo acústico en dosis adecuada. Introspectiva y pausada, anticipa en un par de minutos el cierre del disco que sobreviene con “Sibylline Oblivion”. Con un riff pesado y machacón, los solos invitan a un maridaje con los temas de inicio pero, por fortuna, a mitad de la canción, la deceleración redunda en recuperar al Jeff más brillante que se despide dejando un buen sabor de boca al oyente.

Es curioso como en un tiempo en el que el arte del shredding instrumental había pasado a mejor vida, Jeff Loomis se empeña en recuperarlo y adaptarlo al siglo XXI. El halo de nuevo guitar hero que algunos le confieren ha ayudado mucho a su popularidad. Sin embargo, en el contexto de NEVERMORE, su manejo del mástil destacaba. Aquí le falta algo, la solidez del conjunto porque es, precisamente, cuando se aleja de su estilo habitual, el momento en el que logra elevar la temperatura de “Plains Of Oblivion”. El resto, como diría un afamado ministro español, cero grados, ni frío ni calor. Los aficionados a los discos de guitarristas no sé qué pensarán pero considero que más allá de los seguidores de Loomis, este trabajo no tendrá un valor añadido especialmente significativo para nadie. Correcto, con algunos buenos pasajes, poco más.

 

Marco-Antonio Romero

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