¿Quién no ha deseado alguna vez encontrar una guía de la felicidad? Y si además, para ciertos sectores melómanos es cien por cien sonora, tendremos nuestro regocijo listo y servido en bandeja. Ese debe ser el pensamiento del cuarteto de Nueva York JOLLY, una banda de Rock Progresivo cuyo primer lanzamiento, “Forty-Six Minutes, Twelve Seconds Of Music”, en al año 2009, no pasó desapercibido ni para público ni para crítica. De modo que han vuelto de nuevo, esta vez con su última obra bajo el brazo: “The Audio Guide To Happiness (Part 1)”.

Desde una introducción que induce al ensueño, “Guidance One” nos coloca en posición para orientarnos en este viaje a través de riffs de guitarra algo psicodélicos y cortantes con voces melódicas envueltas en un sonido denso, que cae por partes, como ocurre en el tema “Ends Where It Starts”, uno de los primeros cortes del disco, donde podemos comenzar a entrever que la sencillez no es precisamente la aliada de esta formación.

Como un líquido espeso que cae con lentitud, saboreamos el brebaje trago a trago y paladeamos la multitud de cambios instrumentales que en sus canciones desvelan una gran complejidad compositiva, como ocurre en “The Pattern”, uno de los temas que sin duda subrayaría de este álbum. Igual que también destaca, aunque por otros motivos bien distintos,  el corte con base a piano “Pretty Darlin'”, y es que el insólito encontronazo musical de mis oídos con esta pieza, que casi roza el Pop de flema más británica, ha hecho que quien suscribe estas líneas también haya estado a punto del momento flemático de la náusea. Cuestión de gustos, supongo.

Pero este manual continúa, así que sin desviarnos del hipotético camino a la felicidad, nos adentramos en el ecuador del álbum con más instrucciones habladas en voz femenina con “Guidance Two”, que da paso a una última parte del disco repleta de melodías progresivas, temas a base de piano y diversos efectos de sonido tanto en la voz de su cantante Anadale como en el resto de instrumentos, que nos inundan de tranquilidad; es lo que ocurre en “Radiae” o “Dorothy´s Lament” un tema, este último de corte algo lúgubre en el que no esperéis encontrar ni un mísero sonido de distorsión.

Con la, ya  familiar, voz de mujer y sus explicaciones en forma de procedimiento futurístico, esta vez a modo de despedida, JOLLY cierra el álbum dejando una sensación más allá de la tranquilidad o de la serenidad, un sentimiento casi de estoicismo o indiferencia, que quizá los amantes de sonidos más progresivos, sosegados y ambientales puedan llegar a apreciar más allá de mi inercia. Y es que, indiscutiblemente, la felicidad es subjetiva.

Jessica Tornos-Ybes

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