KING KOBRA: Crónica del concierto en Madrid

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Promotora: Kivents

¡Quién me diría a mí que en pleno 2016 iba a ver en directo a KING KOBRA! Antes de meterme de lleno en faena, me gustaría agradecerle a la promotora Kivents su empeño y esfuerzo por traernos giras hasta hace unos años impensables y por trabajar implacablemente para que tengamos una mayor y más variada oferta rockero/metalera en nuestro país.

Treinta años hacía de la última visita de los norteamericanos a la capital. Desconozco si en aquella señalada fecha, ubicada en el año 1986, hizo tanto calor como en el pasado martes 7 de junio en la sala Penélope y aledaños. Lo que sí sé, paradojas de la vida, es que los que estuvieron en la mítica y ya desaparecida sala Canciller no pudieron disfrutar tampoco de la imponente voz de Mark Free, a día de hoy reconvertido a Marcie Free. En dicha ocasión, fue Marq Torien, de BULLET BOYS, el que hizo las veces de Free. En el caso que nos ocupa, y como ya se sabía previamente, sería el mítico Paul Shortino, con el que KING KOBRA ha registrado en estudio sus dos últimas obras, el que se colocaría delante del micro.

La formación la completarían tres miembros originales de la banda; Carmine Appice, David Michael Philips y ese torrente de energía llamado Johnny Rod, a los que se sumaría un joven y talentoso guitarrista sustituyendo a Mick Sweda. En definitiva, tres pesos pesados e historia viva de nuestra música combinados con la voz de muchos temas emblemáticos de ROUGH CUTT y QUIET RIOT principalmente, aunque muchos de vosotros también recordareis a Shortino por poner sus resquebrajadas cuerdas vocales al servicio del imperecedero "Hear N' Aid" que perpetró DIO junto a numerosos y reconocidos artistas de la década de los ochenta. Pues bien, todo apuntaba a que el personal lo iba a gozar y, aunque el público quiso acompañar al quinteto estadounidense sin tampoco llegar a abarrotar el recinto, la historia no llegó a cuajar en ningún momento y las altas expectativas que acompañaban a muchos de los asistentes estuvieron lejos, bastante lejos de verse cumplidas.

SUNSËT

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Los primeros en subirse a las tablas de la Penélope fueron los madrileños SUNSËT, que venían a defender su primer EP, publicado recientemente. A las 20:00 salieron a escena y abrieron con "Break Out" ante un número de asistentes bastante reducido, y es que al tratarse de un martes es más que probable que a esas horas parte del público estuviera en camino o saliendo de sus puestos de trabajo. No obstante, el sonido parecía acompañar, como quedó patente también con "Keep On The Fight", tras la cual llegó una decente y bien resulta versión del conocido "You Give Love A Bad Name" de BON JOVI que le vino como anillo al dedo a la joven formación madrileña si tenemos en cuenta que esta practica un Hard Rock melódico de corte americano en la onda del de Nueva Jersey o de bandas como DANGER DANGER y WHITE LION.

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Justo antes del arranque de la versión de marras, Héctor, el vocalista, aprovechó para comentar que era el cuarto concierto de la banda, circunstancia que se notó durante toda la actuación, ya que, si bien el quinteto demostró tener un buen puñado de buenas ideas y cierto feeling en sus composiciones, también se vio perjudicado a nivel visual por la falta de tablas, mostrando cierto estatismo y algunos nervios a flor de piel por parte de Héctor, el cual, por momentos, no sabía por dónde tirar en lo que a movimientos se refiere.

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"Useless Matters", una descafeinada y no excesivamente acertada versión del "Here I Go Again" de WHITESNAKE, "Why Did We Change" y "Cougar Eyes", muy en la onda de SKID ROW, emergieron en el tramo final de su concierto.

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Evidentemente, la papeleta de abrir para KING KOBRA con tan solo cuatro conciertos a tus espaldas no debe de ser tarea fácil, pero, a pesar de tener que mejorar su propuesta escénica, lo cual lo solventará el tiempo y el trabajo en el local de ensayo, los madrileños no me dejaron, ni mucho menos, con malas sensaciones en lo meramente musical. Tanto es así que al acabar su bolo me fui al puesto de merchandising para adquirir una copia de su primer trabajo.

TEQUILA SUNRISE

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A eso de las 20:50, y con un ambiente más caldeado en la sala, salieron al escenario TEQUILA SUNRISE, la banda de Rock Melódico liderada por Cecilio Sánchez de ANKHARA y por Jorge Cortés, ex STEEL HORSE. Tuve la oportunidad de ver unos meses atrás en la sala We Rock su primer concierto, en el que presentaban su primer EP, "Nasty Habits", y las sensaciones que tuve tras verles en la Penélope fueron muy similares que las generadas aquel día.

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La banda funciona bien en los temas más directos, donde priman los estribillos con pegada, y se desdibuja algo más en otros, quizá los más técnicos y elaborados, los cuales, probablemente, cuajarán mejor sentado en el sillón de casa bajo una tranquilidad absoluta, pero en directo, y sin previa escucha, pierden algo de fuelle y funcionalidad entre tanto arpegio de cara a conectar con el público. En este aspecto, y aunque tenga claro que es una cuestión de gustos, creo que a la banda le falta cierto pragmatismo y que le iría mejor ladeando la balanza de sus composiciones hacia la vertiente más asequible y reconocible del Hard Rock melódico y del AOR. A su vez, me percaté de que el peso de la banda sigue recayendo sobre Cecilio, muy activo y entonado durante todo el show, y sobre Jorge, bastante gesticulador y comunicativo con los que estábamos en el foso en todo momento.

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"Face The Truth", "Day By Day" y "My Way (Or The Highway)" dieron el pistoletazo de salida. Sonido potente y medianamente nítido para tratarse de una sala con reconocidos problemas de acústica, aunque la voz de Jorge, por momentos, parecía estar algo baja. Precisamente, el susodicho se dirigió a los asistentes para comentar que era como un sueño realizado compartir cartel con KING KOBRA.

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"Comin' Home", "Too Late" y "Stay On The Wildside" sonaron a continuación, demostrando el buen hacer a nivel individual de cada uno de los músicos de la formación madrileña. Curioso comprobar como Rubén, el batería, utilizaba una técnica más propia del Jazz con la baqueta encargada de golpear la caja, algo no muy habitual y prodigado en el mundo del Rock.

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"Fallen Angels", la cual fue de las que más caló entre el público, "There Are No Heroes" y la fácilmente coreable "Nasty Habits" clausuraron un buen concierto con algunos altibajos por lo mencionado en líneas anteriores. La banda tiene músicos y potencial para parar un tren, pero le falta ese puntito en el que saber equilibrar sus composiciones para afianzar ese espíritu festivo y ligado al entretenimiento que siempre ha caracterizado al género. Veremos qué nos depara su primer larga duración. Estoy convencido de que antes o después sabrán conectar de pleno con el público.

KING KOBRA

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Con algo más de doscientas personas en la Penélope, y llegados a las 22:00, se volvían a apagar las luces de la sala e irrumpían gustosamente los acordes de guitarra que daban comienzo a "Ready to strike". Todo pregrabado y disparado desde la mesa de sonido hasta que salieron al escenario los músicos de KING KOBRA para abrir fuego con todo un clasicazo que dio título a su magnífico primer álbum. Reconozco que en ese momento se me puso la piel de gallina y para mí fue un momento especial, dado el fanatismo que profeso por dicho álbum. Cabe decir que el sonido estaba algo saturado y que el tema sonó algo ralentizado con respecto a su concepción original. Imagino que el hecho de que Shortino bajase tonos al cantarla tendría que ver en este asunto. Entiendo que el bueno de Paul ha sido un cantante como la copa de un pino, pero entre que ya está un poco mayor, como evidenció su aspecto físico, a pesar de su impoluta melena rizada, y que esa frondosa voz rota que se gastaba antaño a día de hoy se torna desinchada y apagada, comencé a pensar que iba a echar de menos ese timbre clarito, melódico e inigualable de Free.

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Tras volver a sonar la intro por error, Shortino miró a la mesa de sonido preguntando en tono de broma si tenían que volver a tocar la pieza. "Tear Down The Wall" y "Knock Em Dead" dieron el relevo al "Ready", continuando con un sonido excesivamente alto, aunque algo más nítido y preciso. En ese momento ya había comenzado el espectáculo personal del bajista Johnny Rod, el cual, a sus casi sesenta años, no paraba de moverse de un lado a otro, subirse a la tarima de la batería de Appice, gesticular, gritar y tocar las cuerdas de su bajo de todas las formas posibles. Pura y dura actitud que más de un veinteañero querría para sí mismo y que, por desgracia, no fue refrendada por sus compañeros.

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"Shadow Rider", mejor interpretada por Shortino, devolvió el júbilo a los allí presentes. Había ganas de escuchar muchos temas de esas joyas que fueron y siguen siendo hoy en día las dos primeras obras de los estadounidenses. Lamentablemente, la realidad comenzaría a verse bien distinta. "Life Forever" fue la siguiente en caer, evidenciando que los dos últimos trabajos con Paul al frente tenían visos de sonar con más frecuencia que los clásicos. Con esto no quiero decir que dichos trabajos sean malos, ni mucho menos, pero a día de hoy pueden resultar algo anodinos, dado que el género está más que explotado, y además el nuevo estilo, más cercano al Sleazy festivo y rockero que al Hard N' Heavy y AOR del "Ready" y del "Thrill" respectivamente, no resulta tan explosivo.

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Mientras un despistado y algo evadido Shortino se retiraba de las tablas, el inagotable Rod se puso a hacerse diabluras con el bajo para, a continuación, recordarnos su paso por W.A.S.P. cantando "Wild Child", bastante bien por su parte, todo sea dicho, aunque, puestos a elegir, podría haberse decantado por cualquier tema del "Inside The Electric Circus" o de cualquier otro disco de los de Lawless en que el bajista rubieras hubiese estado involucrado. El caso es que la versión levantó al público, lo cual me indicó que algo no terminaba de funcionar, y es que, cuando son temas ajenos los que elevan el fervor y no los propios de la banda, cabe pensar que algo no se está haciendo bien.

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Tras la incursión en W.A.S.P., llegó el duelo de guitarras para interpretar con los punteos doblados un manido y visto hasta en la sopa fragmento del "Highway Star" de los PURPLE, o lo que es lo mismo, otro motivo más para dejar correr el tiempo y arrebatarnos la oportunidad de seguir escuchando clásicos. Esta vez sí, apareció el "Hunger" en escena, y, aunque el ritmo del show empezaba a ser cargante por los numerosos tropiezos a los que nos estaba sometiendo la banda, la canción fue bastante coreada, sobre todo en su inolvidable estribillo. Bien ejecutada en los coros, aunque seguía notando a Shortino muy justito y defendiendo con apuros los temas de Free.

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El propio Shortino, bastante desubicado y evadido durante casi todo el concierto, pareció encontrar su sitio al acordarse de su padrino musical, DIO, e interpretar a capela buena parte del "Heaven And Hell" de BLACK SABBATH. He decir que en esta ocasión, el tipo demostró seguir teniendo esa voz rota y bonita que le caracterizó en sus inicios. Algo deteriorada, sí, pero con mucho feeling y aún válida para según qué temas. Tras referirse a DIO como "my heroe" la banda, precisamente, prosiguió el show con "Monsters And Heroes", single que editaron hace seis años y también relacionado con el fallecido cantante.

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Llegando a la hora de concierto llegó uno de los temas más esperados, "Iron Eagle", el cual nos dejó un mítico videoclip a mediados de los ochenta. Pues qué decir tiene que fue un desastre y de las peores interpretaciones de todo el bolo. Ya no solo el hecho de ver a Shortino bajando tonos y llegándolo a pasar algo mal por momentos deslució la pieza, sino que esta sonó sin fuerza, sin magia, totalmente desprovista del empuje que de por sí tiene el tema. Para más inri, Shortino interpretó parte de la canción girado. ¿Acaso no se sabía bien la letra y necesitaba un poco de ayuda? Mejor ni parar a pensarlo.

"Turn Up The Times" volvió a dejar claro lo que ya era una realidad; el tiempo se agotaba y la cantidad de clásicos que los norteamericanos se iban a dejar en el tintero parecía de traca, y es que, contra todo pronóstico, la banda se decantó por un repertorio basado en su mayoría en sus dos últimas obras, algo totalmente incomprensible. Aunque "Raise Your Hands To Rock" fue mejor recibida y acompañada de puños en alto, sin olvidar el show timbalesco que en mitad de la pieza se marcó el zumbado de Johnny Rod, la densidad y el sopor se adueñó del tramo final del show mediante "Midnight Woman" y "Have A Good Time", un tema tabernero, simpático y de copa y puro que, a pesar de algunas de sus virtudes, jamás ubicaría en el cierre de un concierto de KING KOBRA.

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Y aquí llegó el adiós de Appice, Shortino, Philips y del jovencito talentoso, del que desconozco el nombre, ante la incrédula mirada de muchos de los allí presentes. Cerca de hora y media de concierto con solo cinco canciones de sus dos primeros discos, precisamente los más esperados por todo el mundo, a lo que sumaron las innecesarias versiones y los manidos solos instrumentales, donde el señor Appice se explayó durante cerca de diez minutos haciendo virguerías con su batería mientras algunos de los allí presentes, y estoy más que convencido, se preguntaban cuánto tardarían en llegar un "Dream On", un "Attention", un "Shake Up" o un "Overnight Sensation" entre muchas otras, pero no, nunca llegaron. Entiendo que las facultades vocales de Shortino, a día de hoy, casen mejor con los temas actuales de la banda y que al cantante de marras le cueste un notorio esfuerzo defender unos temas elaborados con un timbre muy distinto al suyo, pero cuando el tipo de las gafas tintadas y el pelo alborotado se dejó caer en la familia KING KOBRA sabía de sobra a lo que se enfrentaba.

En definitiva, lo que parecía una oportunidad de oro para sacarle la sonrisa a todos los asistentes acabó siendo un show con profundos desequilibrios, falto de ritmo, con un Paul Shortino y un D. Michael Philips totalmente ajenos a la película, vista su actitud en numerosos momentos del evento, y con uno de los peores setlist a los que me he enfrentado en años. Si no llega a ser por la encomiable actividad escénica de J. Rod, atiborrado de simpatía y buen rollo, y por los poquitos clásicos que fueron despachados, el concierto habría rozado lo espantoso.

 

Crónica: Jorge Osoro
Fotos: Txema Sáez

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