LONG DISTANCE CALLING – Long Distance Calling

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Como si de la banda sonora de una película de ciencia ficción se tratase, los alemanes LONG DISTANCE CALLING, aterrizan de nuevo su nave espacial en nuestros oídos con este tercer trabajo, que les consolida como un valor en alza dentro del segmento del Rock Progresivo instrumental. Y es que la banda, formada en 2006 con las ideas de unos músicos que buscaban nuevos horizontes en el sonido, fue consolidándose a lo largo de la pasada década, en forma de dos álbumes basados en una instrumentación de corte Post-Rock, logrando codearse en los directos con bandas de la talla de OPETH, KATATONIA o ANATHEMA.

“Long Distance Calling”, el último y homónimo trabajo de la formación, se inicia en las ondas sonoras con “Into The Black Wide Open”, un corte envolvente y atmosférico, de casi nueve minutos, al que le sigue “The Figrin D’an Boggie” con el que, enseguida, nos hacemos una idea de lo que viene después. No en vano, se nota que estos muchachos no son precisamente amigos de las canciones cortas, pues cada una de las siete piezas que componen el plástico poseen una duración media que oscila entre los siete y los once minutos, de modo que, armados de paciencia, nos sumimos en un consciente letargo, un sopor que no es baladí, ni algo que tomar a la ligera,  pues no son serán muchos los oídos dentro del Metal pesado capacitados para abrir su mente a las frecuencias instrumentales y progresivas de los germanos.

El baile de instrumentos continúa sucediéndose a lo largo de las canciones de este “Long Distance Calling” con temas como “Invisible Giants” o  “Middleville”, el único que cuenta con funciones vocales, gracias, nada menos que a John Bush (ARMORED SAINT, ANTHRAX) así como el ligeramente más rockero y guitarrero “Arecibo” en el que las estructuras de la composición encajan de forma rigurosa, subrayando matemáticamente el rol de cada instrumento con cada golpe de cuerda y latido de percusión.

Para finalizar el álbum, “Beyond The Void” nos termina por arrastrar hacia el vacío de las frecuencias, un lugar en tierra de nadie que, paradójicamente, está dirigido a una audiencia muy definida, casi selecta me atrevería a decir. Un público capaz de disfrutar de la música por el mero placer de paladearla. Y la banda lo sabe. Consciente de ello nace este trabajo, una obra única con un solo peligro. Avisados estáis, pues como reza el popular refrán castellano, no está hecha la miel para el hocico del asno y no se vaya a convertir esto en una llamada a distancia, sin respuesta.

Jessica Tornos-Ybes

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