Crítica de MAYHEM - Daemon

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Mayhem - Daemon

Picasso dijo que todo lo que se podía imaginar era real. Es una frase que me viene muchas veces a la cabeza cuando escucho Black Metal, especialmente este "Daemon" de los noruegos MAYHEM. Del puro, el que guarda las esencias de la segunda ola noruega. El mejor. La evocación de terrores, la síntesis de pesadillas y la recreación de monstruos pueden ser efectivos ejercicios de catarsis, purgas emocionales que llegan a sitios de tu mente que escapan a la consciencia.

La música, y más concretamente el Metal Extremo, también es eso.  Algunas de sus vertientes conectan con el pasmo angustioso que produce en un nuevo tipo de hombre-hormiga la deshumanización de la sociedad postindustrial, llevada ahora por las redes sociales y el paroxismo tecnológico a una suerte de quimera distópica. Más horrible, de hecho, cuanto más sabemos de ella. Otras hurgan simplemente en los misterios y los límites de la vida, que a partir de un punto responde a todas las preguntas de la misma manera: con la muerte.

 

Pero hay otras que conjuran sombras que no deberían moverse, criaturas que acechan en la oscuridad, maldades fétidas y horribles que pervierten a los hombres, jalean sus obscenidades más horrendas y abonan el mundo con guerra, miseria, enfermedad. Hay música que parece concebida en lugares de poder ignoto, que acaba siendo un susurro gélido que evoca unos temores de la infancia que solo así parecen tirar la puerta del desván de la mente. Y puede que ningún disco, e imagino que con esto ya entro en un terreno francamente íntimo, ha logrado eso como "De Mysteriis Dom Sathanas", el primer disco de MAYHEM (en 1994) y una de las obras más influyentes de la historia del Metal. Más que un disco, las tablas de la ley de un género. Más que música, una experiencia que redimensiona la realidad. Más que un grupo, por entonces, el cruce bizarro de caminos de unas personalidades creadoras absolutamente atormentadas e incapaces de permanecer unidas. Una permutación entrópica. Un clásico, un monstruo, una bestia que santifica la ausencia más pura de moral, bondad y luz: el disco (todavía hoy) más difícil de escuchar con la luz apagada y los ojos abiertos. Una obra maestra que, 25 años después, tiene lo más parecido a una continuación que han visto hasta ahora nuestros castigados ojos: se llama "Daemon" y es el sexto disco de MAYHEM.

Se podrán debatir, revisar y hasta rechazar de plano muchas cosas de aquella segunda ola y sus protagonistas. Pero no se pueden cuestionar sus creaciones. Podrán aburrir las polémicas, salidas de tono y estupideces de los miembros y exmiembros de MAYHEM. Pero esas personalidades parecen quedar a un lado, transformadas, cuando hace click esa máquina creativa que conjura todos los infiernos. MAYHEM -el hecho artístico, el gólem, el pandemonio- es incuestionable como tal y gusten más o menos cada uno de sus dolorosos partos y cada una de sus provocadoras transformaciones. Todas mutaciones de una idea central que busca los límites del mal, lo abismal. La carrera discográfica de MAYHEM no se puede desentramar con un análisis lineal ni buscando una evolución lógica. No avanza ni retrocede. En una especie de viaje sin dirección que acaba siendo un eterno retorno inconsciente, MAYHEM (el hecho artístico, el gólem) se agrupa cada puñado de años (cinco, esta vez) en torno a un concepto que destripa y recorre hasta la extenuación, una profundización abrasiva para el grupo, cuyas yagas creativas son obvias, y para el oyente, sometido a experiencias extremas sin suelo en el que apoyar los pies.

MAYHEM vuelve a su esencia, a su origen, al Infierno

"Daemon", esta vez, es el infierno a través de la visión de sus demonios. Es el mal auténtico, el que el ser humano siempre ha sospechado que le ronda y que el credo bíblico concretó en machos cabríos y tridentes aunque es algo más profundo, común a todas las culturas y épocas, latente en cualquier psique social. Este disco es una cuenta atrás hacia el gran colapso, una burla lasciva, un gran baile barroco de demonios que engarza con una portada que de primeras parece extraña para MAYHEM pero a la que inevitablemente se te van varias veces los ojos mientras escuchas estas nuevas diez canciones. Esa fermentación de cualquier valor plausible, la concepción ritual del infierno y sus mil formas, estaba grabada a fuego en "De Mysteriis" y, a su manera, está de vuelta en "Daemon". La versión más autoconsciente de MAYHEM. No una revisión hueca de la fórmula que hizo al grupo eterno y seminal sino un regreso a la esencia, a la entraña. A los cementerios brumosos, los lagos infectos en los que serpentean seres que no son sino un desafío a la razón. MAYHEM.

Ningún disco anterior del grupo había hundido tan claramente sus raíces en la obra primordial, el alma mater, de la que de alguna manera MAYHEM ha estado huyendo para acabar, como arenas movedizas, más inmersa en ella cuanto más fuerza hacía para escapar. Ni la trascendencia Avantgarde de "Grand Declaration Of War", ni la precisión nihilista de "Chimera", ni la expansión irracional y excesiva de "Ordo Ad Chao" ni la perversión sintética de la ya penúltima encarnación, "Esoteric Warfare", un canto a la masacre global con un recuerdo evidente a la obsesión industrial de THORNS y su creador, un Snorre W. Ruch que también fue importante en el nacimiento de "De Mysteriis Dom Sathanas". El eterno retorno. Quizá la profusión de shows especiales (cuota de marketing) centrados en él ha dado el impulso definitivo a la reconexión con el disco que lo inició todo, y sorprendentemente ha sido ya con el guitarrista Blasphemer (ya faltó en los créditos de "Esoteric Warfare") totalmente desvinculado del proceso creativo, pero el hecho es que MAYHEM ha publicado el disco más cercano a su personalidad más reconocible después de décadas intentando no tener una. Y el mejor, en mi opinión y aunque de todos he acabado extrayendo cosas con más o menos esfuerzo, desde el mítico "DMDS". El disco intocable, el que nunca muere precisamente porque conjuró a la muerte. El de los demonios, los lugares de poder, las pesadillas hechas carne y el mal enroscado en lugares que nunca toca la luz. Todo lo que puedes imaginar es real.

Esta parece una encarnación definitiva de MAYHEM, al menos en este estrato de su carrera. Con la base de ritmo imperial que forman Necrobutcher (la presencia pulsante del bajo es uno de los grandes caminos de regreso que traza este nuevo disco hacia DMDS) y Hellhammer, otra vez asfixiante, bestial, sobrehumano. Y con una pareja de guitarras que ha entendido a la perfección dónde está y cuál es su misión, Ghul y un Teloch con, creo, mucho que decir en lo que es ahora mismo MAYHEM. Y con, claro, Attila Csihar, el demonio de Budapest, la voz que nunca debió faltar durante tantos años. El maestro de ceremonias que convierte a "De Mysteriis" en un ritual enfermizo, síntesis de lo macabro y lo onírico. De lo excesivo. Si nada de todo lo que sucedió hubiera sido posible sin Dead, nada de lo que es ahora tendría verdadera sentido sin Attila y sus grotescos empachos vocales. Perfectamente cómodo en un disco de raíz primitiva, al menos por una filosofía refinada después por la producción. Attila, en su salsa. MAYHEM, hace años que quedó claro, será con él como frontman o no será.

"Daemon" aúna la oscuridad pasada y futura de MAYHEM

Esa producción, frontal para el no iniciado y tal vez demasiado industriosa para el sector más purista, se acerca al pasado con una elaboración desde luego moderna. Es una diferencia obvia, un cuarto de siglo después. Las composiciones son más violentas y sufrientes pero no llegan a recrear, salvo en chispazos que se escurren entre los dedos, la magia obscena, el misterio satánico y la naturaleza imposible y lovecraftiana de "De Mysteriis Dom Sathanas". Básicamente porque es imposible. Ese disco es una abstracción, algo que ahora parece soñado, el producto de un instante muy concreto en el que el infierno se abrió a la tierra para cerrar al momento sus fauces maníacas. Algo que no volverá. "Daemon" es, en ese sentido, como las respuestas del pasado a través de una tabla ouija. Recoge años y años de un sonido que ha dado vueltas sin cesar sobre un pequeño puñado de preceptos esenciales que aquí se reagrupan y se lanzan de nuevo sobre la tabla de invocación, como los huesos de los muertos. Incluidos los de MAYHEM. La historia es bien conocida, y el que no la conozca no habrá llegado hasta aquí... o tiene Google a mano. Y libros (leed más a Dayal Patterson y menos a Michael Moynihan, por favor), y documentales. Y hasta una película.

Un sonido que empieza en un Hellhammer desatado y acaba en un Attila desfigurado (en el mejor sentido de la palabra) se enhebra en unas guitarras que juegan con la sintaxis del Black Metal con maestría. Teloch y Ghul conjugan armonías y disonancias con una suerte de locura grácil, un sonido improbable que viaja al pasado pero por caminos nuevos, sin desandar los que tantos otros han pisado hasta que la hierba dejó de crecer. Hay momentos de "Daemon" en los que sientes que estás ante algo muy cercano a "Pagan Fears", a "De Mysteriis Dom Sathanas" o a "Life Eternal". Hay trances que son pura old school, barro, vísceras y sangre, y hay frialdad melódica bien pasada por el filo del hacha nórdica. Hay horror telúrico y sobrenatural, pasajes de puro terror, trances obsesivos y virajes en los que la luz parece quebrarse y la temperatura bajar a tu alrededor. Hay proclamas de Attila en latín, atmósferas malsanas, cambios de ritmo que abrasan los nervios, tensiones incómodas que se aferran al estómago. El disco es, en una escucha completa, un paseo por lugares oscuros durante el que no puedes dejar de acelerar el paso porque tienes la certeza de que algo te sigue. Algo horrible. Hasta que te lanzas a una carrera desbocada, con el corazón disparado y una absoluta suspensión de la incredulidad que conjura imágenes e invoca pesadillas que ni siquiera sabías que te pertenecían. Todo eso es "Daemon", todo eso pero a mucho mayor escala fue "De Mysteriis Dom Sathanas". Todo eso es el Black Metal cuando alcanza su plenitud.

Del misterio blasfemo de "Malum" (los citados recuerdos a "Pagan Fears") a la vieja escuela de "Bad Blood", la amargura terrorífica de "Agenda Ignis", los crescendos reptantes de "The Dying False King", la violencia horripilante de "Aeon Daemonium" o la obsesión lunática y de "Daemon Spawn"... No tiene demasiado sentido hablar de estas diez nuevas canciones de forma individual, siendo como son piezas precisas y con una autonomía envidiable, casi todas con una brillante orfebrería compositiva detrás. Pero piezas, al fin y al cabo, de una consumación terrorífica, de un mal que no es el de Hollywood, el de los cuentos de niños y las noches de Halloween patrocinadas por El Corte Inglés, el domesticado hasta el mainstream más carente de fondo. No. Esto es una oda a todo lo extraño al hombre, a los caminos a mano izquierda, a una oscuridad del alma que no surge del interior sino que llega a través de los sentidos, inundados por algo imposible de concebir pero que siempre ha latido en los bordes de nuestra realidad. Un monstruo que devuelve a MAYHEM a su trono, de pronto más cerca que nunca de su obra inmortal, "De Mysterris Dom Sathanas". Este es un trabajo agotador, difícil, abrasivo, bestial. Es un disco importante como reencarnación y como reinicio. Pasado y futuro y un grupo que, se piense lo que se piense de sus miembros y hagan y digan estos lo que sea, es más que la suma de sus partes, casi una individualidad pensante, viva y por encima de todo, libre. El hecho creativo, el martillo contra los valores cristianos y la moral impuesta a sus esclavos. El gólem, el pandemonio: MAYHEM.


Discográfica: Century Media Records

Más información sobre MAYHEM en su página de Facebook.

Reseña Panorama
Nota
9
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De la vieja guardia a base de cumplir años, y ya van suficientes como para que cumplirlos sea una putada. Me gano la vida escribiendo y llevo más de un cuarto de siglo escuchando Metal. La gran constante de una vida que me paso intentando cumplir aquello de que hay que ser de los buenos porque ya hay demasiados de los malos en el mundo.
Madness Live!

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