THE POODLES – Performocracy

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Actualmente, y de aquí a unos años atrás, en los países escandinavos se ha gestado un singular modo de entender el Hard Rock, sobre todo, mediante un genuino y lúcido sentido del espectáculo. Se puede decir que toda la parafernalia que se desarrolló a mediados-finales de los 80 en EE.UU. ha hecho las maletas en pleno siglo XXI para instalarse en la Europa nórdica y fría. Y creo firmemente que dentro de toda esta nueva vertiente musical, THE POODLES ejerce de guía y es como la cara visible de toda una renovada y potente generación.

El crecimiento que ha experimentado esta banda desde sus comienzos ha resultado clave para que otras bandas de similares características (WIG WAM, BROTHER FIRETRIBE…) hayan empezado a despuntar y a brillar con luz propia. Y si le tenemos que poner nombre y apellidos a esta ascensión, sin querer con ello desmerecer a otros músicos, estos serían los de Jakob Samuel, y es que el vocalista en cuestión representa como pocos el espíritu de esta nueva savia, siendo un tipo experimentado, con más años en el negocio de los que pudiera parecer (si buscas por Internet, podrás ver videos suyos tocando la batería con sus compatriotas TALISMAN), y a groso modo, un artista con mayúsculas, gran cantante y mejor intérprete, capaz de convertirse en un estridente e imaginativo personaje sobre cualquier escenario que pisa y un frontman que explota todas sus virtudes al máximo, tanto a nivel auditivo como visual. Un gran entendedor del negocio, vaya.

Hablar de THE POODLES es hacerlo sobre un grupo heterogéneo, polifacético y difícil de catalogar. Y es que, partiendo de un género musical con unos cuantos años en su haber, resulta complicado encontrarle pareja de baile a los suecos. Su abanico musical y la caja de herramientas que utilizan para desarrollar sus temas son lo suficientemente amplios como para que la banda encaje bien en diferentes terrenos. Y es que pocos grupos, como han hecho THE POODLES desde sus inicios, son capaces de salir solventes ofreciéndote un tema meramente hard rockero, otro con acabado cabaretero, bailongo y de índole casi paródica, y otro encuadrado dentro del Metal Melódico europeo de nuevo cuño. Y el caso es que este dato me resulta curioso y pondría la mano en el fuego por comprobar cómo todo este colorido y variopinto universo musical sería del desagrado de muchos oyentes en otro tipo de formaciones más arquetípicas y, sin embargo, en THE POODLES resulta ser como el santo y seña de su discografía.

Otro detalle muy a tener en cuenta son los escasos altibajos que han mostrado los suecos desde sus inicios, si bien, la línea marcada desde su “Metal Will Stand Tall”, que data del 2006, no les ha otorgado tampoco un crecimiento apabullante en cuanto a calidad y madurez musical, aunque quizá sí a nivel de público. Se puede decir que desde aquel álbum con el que se dieron a conocer han mantenido su sello,  teniendo una carrera regular, aunque “The Clash Of The Elements”, personalmente, me supuso un pequeño bajón con respecto a sus dos primeros obras.

Con “Performocracy”, y tras un disco en directo que sacaron el año pasado y que sirvió de leve paréntesis, los suecos han vuelto con las pilas cargadas, si bien, y tras muchas escuchas del compacto en cuestión, se atisban algunos cambios con respecto a los anteriores lanzamientos, especialmente con “Metal Will Stand Tall” y “Sweet Trade”, ya que con “The Clash Of The Elements” veo más similitudes.

No quiero que esto que voy a comentar se tome como algo especialmente negativo, dado que el álbum me ha gustado bastante, pero echo de menos en él temas como “Number One”, “Seven Seas”, “Metal Will Stand Tall” o “I Rule The Night”, por citar algunos. Se puede decir que en este nuevo disco, THE POODLES han dejado un poco de lado su vertiente más desenfadada, el toque “caradura” y festivo que tan solo hace un par de años contenían muchas de sus canciones, y nos ofrecen un trabajo mucho más sobrio, sereno y serio. Se puede decir que su discurso sigue siendo muy parecido, manteniendo el fondo, pero ofreciendo algunos cambios en la forma.

En su conjunto, “Performocracy” vuelve a aunar todo un amplio surtido de variedades estilísticas, derrochando buen hacer en muchos de los estribillos que contiene dicho trabajo, aunque, como apuntaba antes, se termine añorando un poco ese toque cómico, cachondo, estridente y “buenrollista” de sus primeros dos discos. Lo que me sorprende es que (valga la redundancia) ellos me sigan sorprendiendo y agradando hagan lo que hagan.

Llamativos, diferentes y, a veces, por qué no decirlo, descaradamente comerciales, pero casi siempre solventes, entretenidos y efectivos.

 

Jorge Osoro

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