“Los reglones torcidos de Dios son, en verdad, muy torcidos. Unos hombres y unas mujeres ejemplares, tenaces y hasta heroicos, pretenden enderezarlos. A veces, lo consiguen”. Así versa el comienzo de la dedicatoria que Torcuato Luca de Tena hacía en su más famosa obra literaria. Esta frase tan rimbombante podría servir, perfectamente, para definir los últimos años de trayectoria de UNDEROATH. Podríamos escribir una página de sucesos y no mentar la música, os aseguro que daría para esta reseña y nos quedaríamos cortos para tratar sobre lo acaecido en esta banda cristiana de Florida.

La génesis de este disco se sitúa en 2006, con la salida de “Define The Great Line”. En ese momento, UNDEROATH está en la cima. Cien mil copias y número dos de las listas de ventas en la primera semana, éxito rotundo porque desde 1997 un grupo cristiano no llegaba tan alto. Llega la gira que les iba a catapultar, el Warped Tour. Sin embargo, todo cambia. Cancelan las últimas fechas y se recluyen en sus cuarteles para reconstruir el futuro del sexteto. Un par de años después, lanzan “Lost In The Sound Of Separation”. No están tan en la cresta de la ola pero se mantienen. No obstante, una piedra aún más dura les esperaba en el camino. El batería, encargado de las voces limpias y único miembro de la formación original, Aaron Gillespie, decide que ya ha tenido suficiente y abandona a los de Tampa. ¿Qué hacer ahora?

Podríamos entrar en el eterno debate de si es lícito que continúen con el mismo nombre cuando no queda nadie de los orígenes. Ellos han decidido hacerlo así, por lo que UNDEROATH se presentan con “0 (Disambiguation)”, un nuevo amanecer para los norteamericanos. Personalmente, es una crítica complicada de hacer porque no comulgo en exceso con estos sonidos y en concreto a UNDEROATH los abandoné en “Cries Of The Past” (tiempos pretéritos cuando estaban en nómina del sello Solid State) pero he de decir que hay varias cosas que me han convencido de este disco. A día de hoy, no es descabellado afirmar que es la banda de Spencer Chamberlain, dueño y señor del apartado vocal, además de segundo guitarra. Chamberlain marca la pauta y se descubre como un cantante dotado en la faceta más melódica, que era la que se desconocía. Notable labor la suya convirtiendo las partes limpias en una suerte de rock alternativo, muy cañero, a caballo entre los ALICE IN CHAINS más atmosféricos (“Paper Lung”) y unos MUSE desbocados (excelente el final con “In Completion”).

Con todo, no olvidan quiénes son y ya desde la inicial “In Division” combinan la agresión directa con unas líneas más etéreas construidas a base de programación, guitarras limpias y ritmos sincopados. Comparados con los UNDEROATH que yo conocí, les veo con una mayor capacidad para componer pasajes dispares que guarden una lógica interna. Es más, cuando apuestan por la velocidad sin contemplaciones (“Illluminator”) parece que les falta algo y necesitan frenar, momentáneamente, para volver a situarse. No obstante, las joyas de la corona, para mí, son dos cortes donde la electrónica juega un papel primordial. Por un lado, “Driftwood”, una fantasía ecléctica, casi un interludio, de tres minutos, embaucador. Por el otro, la épica “Who Will Guard The Guardians” que, en mi opinión, no desentonaría en uno de mis discos fetiches, el “Eternal” de SAMAEL. Intensa, emotiva, evocadora, con unos teclados que envuelven la composición de forma brillante.

“0 (Disambiguation)” es de esos trabajos de los que no esperas nada y, a poco que te den, quedas satisfecho. No creo que me haga el mayor fan de UNDEROATH a partir de ahora pero seguro que les miro con otros ojos. Han sabido sobreponerse a todas las adversidades, reinventarse y editar un álbum de calidad. Cualquiera que haya seguido su trayectoria y dudara, dadas las vicisitudes mencionadas en esta reseña, que no lo haga. Merece la pena darle una oportunidad a un disco impecable en su factura.

 

Marco Antonio Romero

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