WARRANT – Rockaholic

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Para muchos, hablar de los norteamericanos WARRANT es hacerlo sobre la banda que sacó aquel pelotazo en el año 90 denominado “Cherry Pie”, el cual vino acompañado de un cachondo e inolvidable videoclip, pero para ser justos, creo que no estamos ante una banda de una sola canción, ya que los dos primeros discos de esta gente, tanto el “Dirty Rotten Filthy Stinking Rich” como el propio “Cherry Pie” merecen tener su hueco en la estantería de todo seguidor del Hard Rock que se precie.

En pleno siglo XXI, WARRANT ha vuelto a las andadas dándole una patada en el trasero al que hasta entonces había sido su vocalista desde sus inicios, Jani Lane, ahora temporalmente en GREAT WHITE. “Born Again” fue el resultado de esa ruptura, un disco que llegó y se fue sin hacer mucho ruido, y eso que en su seno se hallaba todo un Jamie St James, vocalista de BLACK ‘N BLUE. Pues bien, cinco años después, los estadounidenses regresan con nuevo disco bajo el brazo y, a su vez, con nuevo vocalista, Robert Mason, conocido principalmente por ser el cantante del ex DOKKEN George Lynch.

De primeras, me han llamado la atención varias cosas. Por un lado, la portada gamberra y llamativa, como no podía ser de otro modo tratándose de WARRANT. En ella aparece una carpeta archivada, supuestamente de un médico, en la que se puede leer “Paciente: Warrant”, todo ello supervisado por el luminoso nombre del disco en la parte inferior: “Rockaholic”. ¿Se tratará de un pequeño recadito de la banda a las reconocidas aficiones de su ex compañero de andanzas Jani Lane?

Por otro lado, y ya entrando en lo meramente musical, también me ha sorprendido el ligero cambio de chip del grupo. Se puede decir que WARRANT sigue sonando cien por cien americano, pero su sonido, antaño algo más heavy probablemente por el timbre agudo y gritón de Lane, ha mutado hacia un tratamiento más rockero. Para que nos entendamos, los actuales WARRANT se mueven en una tesitura cercana a la de bandas como LITTLE ANGELS, TORA TORA o los AEROSMITH de los 90, es decir, algo más comedidos y con menos ganas de armar jaleo. También es cierto que el timbre de voz de Mason, quebrado y algo más grave que el de Lane, le viene como anillo al dedo a esta nueva etapa sonora de los norteamericanos.

En cuanto a los temas, no me cansaré de seguir con mi guerra particular contra los discos excesivamente largos cuando una vez superado el ecuador de los mismos está todo el pescado vendido. En el caso que nos ocupa hallamos catorce canciones, de las cuales cuatro o cinco no me han dicho prácticamente nada, con lo que un tijeretazo a tiempo a la hora de seleccionar temas me hubiera dejado mejor sabor de boca.

Musicalmente hablando, el disco, dentro del Hard Rock americano, es más rockero que heavy, como apuntaba en líneas anteriores, y está plagado de medios tiempos. Me han gustado especialmente “Innocence Gone”, macarra y ochentera, la balada “Home”, típica pero efectiva, en la que Mason ofrece una versión vocal más aclarada y limpia, “Show Must Go On”, frenética y alocada, y finalmente “Cocaine Freight Train”, de las más contundentes del álbum, con una base rítmica que me ha recordado levemente a los SKID ROW del “Slave To The Grind”.

En definitiva, buen disco el que nos trae en esta ocasión la formación norteamericana, aunque a veces me haya costado lo suyo hallar su sello más añejo entre los temas que lo comprenden.

Jorge Osoro

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