WATAIN, SHINING y AOSOTH en Madrid

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Promotora: Madness Live!

De todos los subgéneros que componen el universo del Metal, probablemente el Black sea el más complicado de ejecutar en directo. No por su dificultad técnica sino por la creación de atmósferas. En mi opinión, este estilo tiene un aura misantrópica e individualista tan acusada que, incluso, aunque el grupo esté perfecto encima del escenario, si el oyente no está en las condiciones idóneas tal vez no quede satisfecho de la actuación. Puede parecer una afirmación excesivamente radical pero muy pocas veces me he sentido al cien por cien identificado con una banda de Black cuando les he visto en giras o festivales. A la memoria, como ejemplos positivos, me vienen IMMORTAL y ENSLAVED (desgraciadamente, nunca vi a EMPEROR) pero los primeros tienen un sentido del humor poco habitual, mientras que ENSLAVED trascienden a la ortodoxia del género y su aire progresivo te lleva a otro estadio para encarar sus descargas.

Hago esta introducción para indicar que, si bien llevaba mucho tiempo esperando este concierto, por circunstancias que no vienen al caso mis condiciones personales no eran las mejores para enfrentarme a tres conjuntos cuya propuesta, en mayor o menor medida, me atrae. Por supuesto, WATAIN, cabeza de cartel, era el motivo principal por el que la gente acudió a Caracol, pero AOSOTH y SHINING han editado productos muy interesantes. Inicialmente, cuando llegábamos a la sala Caracol en una fría tarde de martes, me sorprendió la cantidad de público que había. Por ser entre semana y porque, aunque WATAIN estén en auge, el Black no es el estilo que más tirón tiene entre los metaleros, se puede calificar de notable la asistencia. Un cálculo aproximado nos llevaría a cerca de tres centenares de personas dispuestas a disfrutar.

¿Disfrutar he dicho? A veces lo dudo, por la frialdad que algunos demuestran. Es muy cool presumir de actitud pero qué menos que aplaudir para agradecer el esfuerzo del que está encima del escenario. Ahora bien, si desde las propias tablas se transmite una sensación de distancia, esto puede jugar en tu contra. Volvemos otra vez al difícil equilibrio que comentábamos al comienzo de esta reseña entre la misantropía y la creación de atmósferas. A mí no me gusta que en los conciertos de Black se den palmas, le pongan el micrófono al público para corear las canciones (recuerdo una gira de SATYRICON que me pareció ridículo) y otras señas de identidad de la música “comercial” en directo, pero tampoco sentir que el grupo de turno podría estar en el local de ensayo en vez de tocando ante un puñado de personas que han pagado por verles.

Fue el caso de AOSOTH. Los franceses no son un combo especialmente conocido, como se comprobó cuando a las ocho en punto de la tarde saltaron al escenario de Caracol ante un público aún no muy numeroso y que miraba con cierta dejadez (salvo excepciones) a los parisinos. Craso error, a priori, porque los dos discos que tienen, además de algún otro compartido, me parecen piezas más que apetecibles para cualquier seguidor del Black en su vertiente más pura. AOSOTH parte del cerebro de BST, siglas que esconden a Balrog (Sébastien Tuvi), que como buen galo dedicado al Metal extremo, está en infinidad de formaciones del underground. Junto a él, MkM (Magus Kaiser Munkir), el alma máter de ANTAEUS.

Pseudónimos tontos aparte, sus dos obras, “Aosoth” y “Ashes Of Angels”, son notables álbumes, de esos en los que la melodía no cabe, solo la velocidad endiablada de una base rítmica simple pero efectiva y unas guitarras encargadas de rodear la propuesta de oscuridad. Siendo un dúo y estando acompañados de dos músicos para el directo, la ejecución termina siendo una especie de batiburrillo que se acerca al Death mucho más que al Black. No digo que estuvieran mal; sencillamente lo que suena en disco no se reproduce fehacientemente encima de las tablas. A esto contribuye que el baterista me resultó demasiado pobre y, de vez en cuando, perdía ligeramente el ritmo.

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Lo que no se puede negar es que aprovecharon sus treinta y tres minutos. Salieron, tocaron y se largaron. Así de fácil. Curioso cómo MkM cantaba, en bastante ocasiones, de lado, mirando a la pared y cuando se ponía cara al público, sus melenas y el micrófono le tapaban por completo la cara. El repertorio se basó, fundamentalmente, en su segundo trabajo, “Ashes Of Angels”, del que cayeron el tema título, la inicial “Songs Without Lungs” o “Embrace And Enlightment”. Como las composiciones no son muy largas, la sensación de que por muy pintados que fueran sonaban más a Death que a Black se acrecentó. De su debut no se olvidaron de la excelente “Rebirth By Fire” (gran ejercicio de headbanging) o la segunda parte de “Aura Of Pills”. También tuvo cabida el tema de su más reciente compartido con otro de sus proyectos, VI,  “Angels Falling Down”.

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Como ya aparecía en “Ashes Of Angels” no me sorprendió en exceso que cerraran su breve descarga con una versión de ANTAEUS, “Inner War”, un corte que les confiere un punto más Thrash Black, en consonancia con la original. Sin ser un concierto malo, me parece que pasaron sin pena ni gloria por Madrid. Esperaba un poco más de AOSOTH porque los franceses no son unos recién llegados y tienen suficiente experiencia en directo. Tal vez tuvieron un mal día aunque me temo que suelan ser siempre así.

¿Con él llegaba el escándalo? Que Nicolás Kvarforth, vocalista de SHINING, es un impresentable es vox populi. Que puede liarla en cualquier momento, también. Por eso, uno cuando ve a los suecos debe andar precavido. Y es una pena porque es una banda con altibajos pero, en general, buena. Cuanto menos es rupturista pero cae en un error infantil: quiere ser rompedora en la provocación. Eso, a estas alturas de la película, está más pasado que Gadaffi. El que los guitarristas parezca unos chulitos de barrio con sus gafas de sol ochenteras o que Kvaforth se autolesione no impresiona ni a mi abuela. Si quieres ir más allá hazlo con tu música porque mimbres tienen, lo han demostrado en alguna de sus ediciones, aunque sus coqueteos últimos con el Post Black les han llevado a una deriva peligrosa.

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La gente estaba expectante, más por la que pudiera armar el sujeto que por SHINING en sí. Los que no tuvieran interés en las canciones se llevarían una gran decepción con un Kvaforth con, fácil, quince kilos más que la última visita a nuestro país, que se dedicó a lo suyo, salvo un escupitajo en la cara que le hizo el bajista, apagarse un cigarrillo en la tripa y el Jack Daniels que se metió entre pecho y espalda. El líquido viscoso que llevaba en los brazos no era sangre y nadie de las primeras filas sufrió sus “gracias”. Eso que ganamos todos, especialmente los fotógrafos acreditados que tenían miedo de que este descerebrado pudiera dañar sus cámaras.

Por lo tanto, todo lo que dieran de sí SHINING quedaba en manos de lo trascendente, la música, y, sinceramente, la actuación no resultó satisfactoria. Como sus discos de estudio, momentos álgidos y pasajes de aburrimiento en una larguísima descarga para ser teloneros (cincuenta y cinco minutos) que llevaron al tedio a muchos de los presentes, incluso entre sus seguidores. Es paradójico como yendo de “los malotes de la clase” buscan la complicidad del público, en la línea SATYRICON que antes comentábamos. De ahí que “no me crea” a este grupo. Van de un palo pero, al final, te encuentras con algo distinto.

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El sonido les acompañó, tónica habitual de esta sala, con lo que se daban los condicionante idóneos para, quien quisiera, vibrara con SHINING. Venían a presentar su reciente “Född Förlorare”, la séptima entrega del quinteto de Halmstad que se centró en su material actual dejando solo pinceladas de su pasado, más entroncado en el Suicidal Black. Tras una larga intro abrieron con “Besvikelsens Dystra Monotoni” del “V – Halmstad”, una buena composición que destaca por dos cosas, la multitud de solos y una de las características de los suecos, los peculiares registros de Kvaforth que será lo que sea pero como cantante no está mal. Ayudado en las voces limpias por el bajista Christian Larsson (aunque, en ocasiones, no se le oía muy bien), es uno de los potenciales de SHINING junto a algunos cambios de ritmo, forzados a veces, pero que quedan bien en el conjunto. Por cierto, en esta canción obviaron una parte central que casi parece un pasaje flamenco.

Posteriormente, el camino les llevó por el propio “Halmstad”, “VI – Klagopsalmer” y “VII – Född Fötlorare”. Los nuevos temas, con los que no estaba familiarizado, siguen la tónica de “Klagopsalmer” aunque se aprecie un tinte más rockero, por decirlo de alguna forma. Entre todos los que ejecutaron destacaría la fantástica “Lat Oss Ta Allt Fran Varandra”, mi favorita de su última época, y la revisión del “Ohm (Sommar Med Siv)”. Seguramente, muchos no la conozcáis pero esta canción es una versión de un grupo noruego de Rock Alternativo llamado SEIGMEN a quienes conocí en un viaje por aquellas tierras. Una formación que, obviamente, nada tiene que ver con el Black pero que gustará a quien sea un poco abierto de mente porque tiene calidad. SHINING hace casi suya la composición y es un gran acierto.

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Como resquicios de tiempos pretéritos, la inicial “Submit To Self-Destruction”, uno de sus primeros cortes que, oficialmente, apareció en “III – Angst” y “Claws Of Perdition”, de sus canciones más accesibles y tarareables (por decirlo de alguna forma), pero al mismo tiempo, con el etéreo pasaje decadente en la mitad. Sin embargo, por mucho que me gusten determinados discos no puedo negar la sensación de que SHINING aburrió a gran parte del público que esperaba impaciente la irrupción de las estrellas de la noche. Amigo Kvaforth, como dice el refrán, mucho ruido pero pocas nueces.

WATAIN tenía que salvar la papeleta de la velada. Hasta ahora, las expectativas no se habían cumplido con los dos teloneros pero el estado de forma de los suecos solo hacía presagiar cosas buenas. Tardaron demasiado en decorar el escenario pero lo hicieron de manera cuidada. Ya se sabe que los de Uppsala, bonita localidad a cincuenta kilómetros al norte de Estocolmo, intentan dar un plus a su música, aderezarla de parafernalia ocultista o, directamente, satánica, en coherencia con sus creencias y postulados. Así fue como pudimos observar, nada más correr el telón, además de una enorme sábana con la portada del último disco, un puñado de velas rojas y negras, diversas calaveras de animales, dos cabezas de lobo empaladas y un par de tridentes al estilo DISSECTION, sus grandes mentores y fuente de inspiración.

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Si tuvisteis ocasión de leer la entrevista que hicimos con Erik Danielsson, cantante del grupo, a mí me quedó la sensación de que, sí, su ortodoxia con el Black es impecable, sus álbumes sobresalientes, pero también que todo está programado y medido. Esto es, cada cosa que hace WATAIN tiene un fin, no diría comercial, pero directamente relacionado con su expansión hacia un público más numeroso. Prueba de ello es que, por ejemplo, su magnífico “Lawless Darkness” tiene toques de Heavy, algo inapreciable en cualquiera de sus anteriores entregas. A donde quiero ir es que todo este teatrillo que montaron los WATAIN en las tablas es un “circo” como otro cualquiera. ¡Ojo! Tómese circo en un sentido no peyorativo, sino como una realidad. Cuando te plantas en Caracol y les ves, es la impresión que te queda, al menos a mí.

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Mientras los altavoces machacaban la inevitable intro, los cinco protagonistas aparecieron ante el público y Erik encendió, sin prisas, las velas para terminar poniendo fuego en los dos tridentes que se mantendrían así durante toda la noche. A modo de parrilla cuando terminaban las canciones bajaban la intensidad para volver a aumentar potencia con la música a todo trapo. Me puedo imaginar el calor que debían pasar allí arriba porque en la pista se notaba una temperatura alta. El baterista Hakan Jonsson pasaba los intervalos entre temas bebiendo agua para no deshidratarse consecuencia del esfuerzo mezclado con la que “estaba cayendo” a su lado.

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No por esperado desincentivó al respetable el comienzo con “Death´s Cold Dark” la composición inicial de “Lawless Darkness”. El sonido, raro en Caracol, comenzó siendo deficiente. La batería tapaba al resto de instrumentos, en especial a las guitarras, de tal suerte que en “Malfeitor” casi teníamos que intuir las geniales melodías porque todo era la voz de Erik y los golpes de Hakan. Por fortuna, con “Storm Of The Antichrist”, primera referencia a “Sworn To The Dark”, la cosa se arregló bastante y sin llegar a la nitidez de SHINING sí podemos calificar de buena la percepción auditiva. Considero que la propia banda notó esto porque el concierto fue, sin duda, de menos a más.

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Como grupo de directo tampoco voy a ser yo quien afirme que WATAIN es el más grande porque mentiría. Tiene buena presencia, Erik es un frontman un tanto extraño con algún deje sospechoso que le emparenta (¡horror!) con el inefable Dani Filth, y el resto se dedica a lo suyo, tocar y, en ocasiones, hacer alguna mueca a una audiencia que disfrutaba de la descarga pero, salvo excepciones, sin nadie que se volviera especialmente loco. Es más, hubo un ratito de pausa controlada (que no aburrimiento) después de interpretar “I Am The Earth”, efímero paso por “Casus Luciferi”, ya que se refirieron a un tema que, probablemente, muchos no conoceríamos. “My Fists Are Him” es una composición que aparecía en un 7″ llamado “The Misanthropic Ceremonies”, compartido con DIABOLICUM. Toda una golosina, desde luego.

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“The Serpent´s Chalice” reactivó al personal. Como corte más a medio tiempo y basado en las melodías de guitarra funciona a la perfección en directo. Es ahí donde brillan Pelle Forsberg y el italiano Set Teitan. No me extraña que sea una de las que suele sonar con regularidad. Encima, es de las herederas de DISSECTION porque el espíritu rebelde de Nodveidt pulula a lo largo de la canción. Claro que si he de escoger el cenit de la actuación elegiría “Wolves Curse”, un himno del Black Metal. Impresionante. Además, fue una de las que más gustó generando un clímax emocionante durante sus nueve minutos que perduró con “Total Funeral”, mucho más directa y de sonoridades crudas pero con similar impacto. El redoble de batería antes de la primera estrofa es de esos instantes que se te quedan grabados en espera del Apocalipsis.

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Concluyeron, después de algo más de hora y diez, con “On Horns Impaled”, un clásico en los finales de repertorio aunque quizá por motivos sentimentales más que otra cosa ya que, como tema, no es de los que me llamen especialmente la atención. Sin demasiada intensidad (ya hemos comentado que hay que ser cool y no demostrar mucho entusiasmo en este tipo de eventos) unos cuantos solicitaron el regreso del quinteto. Los suecos no tardaron en volver para regalarnos un bis. Aquí llegó otra de las sorpresas porque cuando todo el mundo esperaba “Sworn To The Dark”, WATAIN se desmarcó con su compañera de álbum, “Legions Of The Black Light”, dejándonos un gran sabor de boca a todos. En total, un poco más de ochenta minutos de duración, diez canciones y una banda en estado de gracia compositivo.

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¿Se puede pedir algo más? Seguro que sí. A mí WATAIN, cuando lo escucho en mi casa, me parece impresionante, sobresaliente. En directo, se queda en un notable. Volvemos al principio, sé que este tipo de música es muy complicada de reproducir encima de un escenario pero si hay otros que lo consiguen, por qué WATAIN no va a hacerlo si es la formación puntera del género a día de hoy. Que haya llegado a tanto siendo un grupo que no pertenece ni a la primera hornada ni al momento de máximo apogeo del Black Metal es significativo y delata un nivel espectacular. Ese debería ser el paso siguiente. No “perder el rumbo” cuando escriban el próximo disco (estoy seguro que no sucederá) y elevar sus prestaciones en futuras giras. Por ahora, nos conformamos y decimos que mereció la pena.

 

Texto: Marco-Antonio Romero
Fotos: Enrique Herrero

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