ASFALTO: Treinta años de la 'chapuza con final feliz'

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La primera vez que tuve la oportunidad de escuchar en directo a Julio Castejón tocó una canción de ASFALTO para arrancar. Virgen en conciertos de esta mitad de ASFALTO, Julio arrancó por donde menos lo esperaba, un tema que daba nombre a un álbum que, hasta entonces, no me había llegado dentro, salvo por dos o tres canciones. El nombre de la canción y del disco era "Déjalo Así" y el subtítulo podría haber sido "La chapuza que terminó con un final feliz". Vamos a hablar de este disco a las puertas de su reedición y de un concierto dedicado a él que se celebró en Madrid con motivo de su 30º aniversario.

30 años de "Déjalo Así"

ASFALTO afrontaba en el año 1981 con el temor y la esperanza que supone el final de un contrato con una compañía. Siempre en la trinchera entre el Rock y el Heavy, ASFALTO se encontraba en el peor lugar de la guerra, cuando la New Wave daba sus últimos bandazos y el país se disponía a recibir con los brazos abiertos sonidos 100% metálicos de la mano de BARÓN ROJO y OBÚS. Todo parecía indicar que se acababa el ciclo, por lo que había que dar el todo por el todo.

"Déjalo Así" no nació con la idea de ser un doble LP. Todo vino de la mano del Mariscal Romero, a cargo de la por entonces emergente Chapa Discos. La banda presentó a Romero sus temas en una maqueta que concentraba 19 canciones. Ante tanta cantidad de temas, el Mariscal dijo que cada uno apuntase en un papel las que más le gustaban, pero el problema no se solucionó: cada uno quería temas distintos. Entonces llegó la solución: "Hagamos un disco doble con todas". Así fue como nació el primer doble LP de la historia del Rock en España. Por casualidad y como una solución innovadora a un problema de espacio.

Sin embargo, esta solución no fue tal, ya que lo que debería haber sido aprovechado para un disco sobresaliente, se llenó, aparentemente, de temas de clase media, con sólo una o dos dignas excepciones. Al menos eso es lo que parece en una primera escucha. El paso del tiempo hace justicia y deja cada tema, primero como máxima expresión de esta formación y, segundo, como el mejor disco con los teclados de Jorge Walter.

Así con todo, nos encontramos con dos LP distintos, unidos sin embargo por un mismo concepto, por un mismo instante compositivo. El primero, más ñoño, el segundo con más mala leche, pero ambos intercambiando estas características en algunas canciones.

La primera parte arranca con el tema título, posiblemente una de las canciones más características de esta etapa, donde destaca la guitarra de Julio Castejón, que alcanza niveles de sensibilidad como lograría más tarde en "Espera En El cielo". Acto seguido, uno de los dos momentos de mala leche de esta primera parte, "Baila Madre", basada en una experiencia personal de Jorge Walter que, efectivamente, imprime su carácter en el corte. Después, alternamos el Rock más comercial, con ataques de ñoñería en forma de baladas. Por encima de estos cortes, sobresalen dos, "Miedo" y la emocional "El Maniquí", una canción con una triste historia que, como muchos temas del disco, gana con el tiempo.

La segunda parte, bajo mi punto de vista, superior. La mala leche con la que arranca es épica. "Demasiado Aprisa", "La Decepción", "La Rara"… se desgranan con una violencia poco común en otros discos de ASFALTO anteriores a 1981. Estos cortes se entremezclan con otros más suaves como "Sólo Por Amor" (claramente ñoño) o "Rainbow Warrior". Casi al final, escondido, se encuentra la gran joya del disco, "La Generación Perdida", algo así como el "Papá, Cuéntame" de Ismael Serrano, pero con ganas de guerra. Una balada in crescendo, donde la intensidad es inversamente proporcional a las esperanzas en la revolución.

A pesar de todo, el resultado inmediato no fue el esperado, lo que contribuyó a que ASFALTO no renovase con la compañía y que la segunda formación del grupo (con un disco en el bolsillo) se inmolase y se diese paso a la etapa más hard rockera del grupo y, quizás, una de las mejores. Chapa, posteriormente, decidió partir el disco en dos LPs por separado, rompiendo la unidad. Una de tantas injusticias cometidas con este disco, olvidado en un estante, despreciado por rockeros y heavies, separado por motivos comerciales y, hasta ahora, sin una reedición digna.

Carlos Camino

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