Crítica de BLUES PILLS - "Holy Moly!"

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Dentro de la creciente escena de Rock Psicodélico y retro que tiene a bandas como KADAVAR o THE VINTAGE CARAVAN como algunos de sus principales adalides, los suecos BLUES PILLS, que este 2020 han lanzado su nuevo álbum "Holy Moly!", van escalando posiciones gracias a su rotunda apuesta por un Rock setentero repleto de referencias clásicas del género y al enorme talento de sus integrantes.

La salida de la banda a finales de 2018 del jovencísimo y talentoso guitarrista francés Dorian Sorriaux, con quien grabaron sus dos discos anteriores, "Blues Pills" (2014) y "Lady in Gold" (2016), podría haber supuesto un duro golpe para el combo asentado en Örebro, pero nada más lejos de la realidad. El motor creativo impulsado por la deslumbrante vocalista Elin Larsson y el bajista y principal compositor, el norteamericano Zack Anderson, sigue intacto y perfectamente engrasado. La continuidad a los tambores del enérgico percusionista André Kvarnström dejaba a la banda ante el dilema de cómo suplir la salida de Sorriaux y la jugada ha sido cuanto menos sorprendente: Anderson se pasa del bajo a la guitarra y entra en las cuatro cuerdas Kristoffer Schander, un músico competente que ha encajado perfectamente en el estilo retro y psicodélico de la banda. Tras publicar un disco en directo el año pasado, lanzan ahora, como decimos, su tercer larga duración, titulado "Holy Moly!", y ubican el reloj de su particular Delorean musical a finales de la década de los sesenta con un disco que bien merece una atenta escucha. Vamos al lío.

"Proud Woman", el tema de apertura y sencillo de adelanto del disco, basta para comprobar que BLUES PILLS es un grupo que hubiera deseado nacer en 1967 y haberse subido al escenario del mítico festival de Woodstock. Todo en la canción es orgánico, retro y analógico (o al menos lo parece…) y es un verdadero himno de rebeldía en favor del empoderamiento de la mujer con una Elin Larsson en estado de gracia desatando su espectacular voz, mezcla de Janis Joplin y de Aretha Franklin. Las guitarras de Anderson suenan intencionadamente primitivas, así como la base rítmica y los arreglos, dando la impresión de estar escuchando un disco publicado hace más de cincuenta años. Eso sí, una vez que te adaptas al salto atrás en el tiempo no puedes dejar de saltar y sacudirte al ritmo de este Rock acelerado y frenético en el que el estribillo posee un alto poder adictivo.

"Low Road", es rápida, agresiva y directa, repleta de intensidad, redobles de batería incansables y riffs crujientes y añejos. Los solos de guitarra de Anderson recuerdan en ejecución y tono al malogrado Paul Kossoff (FREE) y ya a estas alturas del disco queda claro que su paso a las seis cuerdas ha sido todo un acierto para la banda. "Dreaming My Life Away" recuerda poderosamente a los LED ZEPPELIN de su primer disco gracias al sonido descarnado de guitarra y al empuje del bajo de Schander, que ha hecho un gran tándem con Kvarnström, un batería de la vieja escuela que aporrea los parches con una rapidez y una fiereza inusitadas.

Después de tres cañonazos implacables llegaba el momento de bajar un poco el pistón y nada mejor que la dulce balada "California", toda una oda a aquel estado en el que Larsson y Anderson se conocieron a comienzos de la década de 2000 para poner en marcha la banda que ahora lideran. El sonido del piano otorga al tema un aire Soul que la voz estratosférica de Larsson y los coros Gospel subrayan de manera notable. "Rythm In The Blood" retorna a la senda del Rock Psicodélico con un ritmo desenfrenado, muy bailable y repleto de referencias a la música norteamericana negra de los 60 y 70. Los videoclips que la banda ha grabado para acompañar los primeros singles extraídos del disco ya muestran la estética retro y el gusto de la banda por los instrumentos "vintage", algo que en algún momento puede parecer raro o forzado, pero que supone una apuesta por una música primitiva que merece la pena ser escuchada con atención.

"Dust" es, como el propio título anuncia, un Blues arrastrado y polvoriento en el que la banda muestra una absoluta madurez que deja atrás los titubeantes primeros pasos de su disco debut. Su apuesta es clara y juegan a ganar con un dominio deslumbrante de todas las herramientas básicas del mejor Rythm & Blues setentero. Es de destacar el notable trabajo de Anderson a la guitarra a pesar de que el intencionado sonido retro, tan carente de efectos y distorsión, hace que quede algo relegado a un segundo plano en la mezcla final.

"Holy Moly!" consagra a BLUES PILLS como una de las bandas referentes en el Blues Rock Psicodélico europeo

Los coros psicodélicos que abren "Kiss My Past Goodbye" y el tratamiento de la voz de Larsson, seco y distorsionado, te catapultan a los tiempos en los que bandas como THE YARDBIRDS, CREAM o TRAFFIC marcaban la pauta a seguir por todas las demás bandas de Blues Rock europeas. La batería de Kvarnström tiene momentos de gran lucimiento en este tema corto, directo, bailable y adictivo que afianza a BLUES PILLS como una banda de directo dada la inmediatez de su música y la poderosa fuerza motriz de sus integrantes.

"Wish I´d Known" recuerda a los LED ZEPPELIN más Blues gracias a los arreglos de guitarra de Anderson, tan cercano las tesituras de Jimmy Page en "Since I´ve been Loving You". La voz de Larsson se arropa de Soul en un final emocionante lleno de sentimiento, coros Gospel y un Anderson desatado en un solo de guitarra repleto de melodía y emoción. Dejando atrás su lado más melancólico, BLUES PILLS se ponen las pilas en "Bye, Bye, Birdie", un corte de aires enérgicos gracias a la sólida base rítmica de Kvarnström y de Schander, un bajista con un sonido envolvente y lleno de estilo que ha encajado perfectamente en la banda. Tan perfectamente como se ha adaptado Anderson a las seis cuerdas demostrando tener un estilo y una soltura en los arreglos y en los solos que casi nos hacen olvidar a su antecesor en el puesto.

En el cierre del disco la banda se reserva una de las joyas del álbum, "Song From a Mourning Dove", un Blues con toque de balada en el que el piano y la delicada voz de Elin Larsson tienen todo el protagonismo en sus primeros compases para luego cedérselo a la guitarra de un Anderson realmente acertado en la larga consecución de solos y arreglos. "Longest Lasting Friend" cierra el disco con aires melancólicos gracias a la agónica voz de Larsson y a la delicada y embotada guitarra acústica de Anderson. Un cierre repleto de Blues para una banda que sube como la espuma en todos los rankings del género y que ha sabido madurar con inteligencia y corazón. ¡Enhorabuena!


Discográfica: Nuclear Blast Records

Más información sobre la banda en su página de Facebook.

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