AC/DC demostró en Madrid que “Esta Es Una Noche De Rock And Roll"
De nuevo teníamos a AC/DC en Madrid, la ciudad que tantas veces les ha acogido y que les permitió grabar el mítico "No Bull" inmortalizando la gira del "Ballbreaker" en los años 90. Tantos recuerdos pasados y sentimientos afloraban en mi corazón que sería complicado referirme a todos ellos, aunque podría resumirlos en el título de la canción mítica de BARRICADA “Esta Es Una Noche De Rock And Roll", que bien podría usarse para definir lo que ocurrió en Madrid ayer en el recinto Riyadh Metropolitan Air.
Antes de poder ver a Angus, Brian y sus músicos acompañantes, prácticamente comparsas (Stevie Young a la guitarra rítmica, Matt Laug a la batería y Chris Chaney al bajo), había que cumplir con el "trámite" de THE PRETTY RECKLESS, que hicieron un buen papel.

THE PRETTY RECKLESS
Los teloneros THE PRETTY RECKLESS defendieron una actuación que generó poco interés de un público deseoso de que llegara la hora de su objetivo.
La banda de Taylor Momsen -modelo, actriz y muy solvente cantante- ya acostumbrada a telonear a grandes bandas (antes lo han hecho con GUNS'N'ROSES o EVANESCENCE) puso brillo a la tarde. Allí estuvo la vocalista con un vestido-camisón rollo chillón, luciendo junto a los punteos perfectos del segundo de a bordo, el guitarrista Ben Philips.
Con una cantante curtida en grandes producciones de series y películas como "El Grinch" o "Gossip Girl", la estética de la puesta en escena estaba asegurada. Se mueve con total soltura en el escenario, atrayendo todas las miradas con su larga melena rubia y su preciosa voz.
Canciones como “Make Me Wanna Die” o su tema más exitoso, ”Take Me Out”, con el que cerraron el concierto, sonaron aceptables, teniendo en cuenta las dimensiones del recinto, porque ya desde el primer momento se noto cómo el sonido se disipaba y reverberaba, sobre todo desde las gradas de la mitad hacia arriba, y de forma dramática en las superiores.
No les favoreció, sin duda, que a la hora en la que ellos salían al escenario el ambiente preconcierto siguiera a tope fuera del recinto. Había hordas de personas bebiendo cerveza en los bares desde casi los primeros números de la calle Suecia y desde antes de las 6 de la tarde, y allí seguían buena parte de ellos durante su concierto.
De cualquier modo, es de agradecer como teloneros a un buen grupo, con un Hard Rock de calidad y ya consolidado para despertar los sentidos.
AC/DC

A las 21:30 horas, y con ya solo unos cuantos rezagados por entrar aún al estadio, aparecía en el escenario un vídeo tipo road movie con los primeros acordes del provocativo “If you Want Blood (You've Got It)”. Justo unos segundos antes, desde la grada derecha se habían visto dos minicochecitos subir por la rampa, presumiblemente llevando a los cuatro componentes actuales de la banda.
Aún no había caído la noche y ya con el primer tema se desató la magia que estos señores hacen. Ahí estaba su público: incondicional, entregado y sobre todo... CONTENTO. Y es que si hay algo que destaca en los conciertos de AC/DC es la alegría y diversión que se desprende, y los bailes desatados que se producen, hasta el punto de obviar el mal sonido, evidente sobre todo en los primeros temas, el cual rozó por momentos lo bochornoso.
Un "Back In Black" del todo deslucido por los problemas mencionados, dio paso a “Demon Fire” y al clasicazo “Shot Down In Flames”, que recuperó la histeria en las gradas y los movimientos ondeantes de la pista. Se notaron las ganas de pasarlo bien por encima de todo, y la euforia que este estilo único de Hard Rock provocan los angloaustralianos. La audiencia se miraba entre sí, unos a otros, sin siquiera conocerse, para gritarse las letras de los temas que iban interpretándose.
Incluso, ni cuando la falta de nitidez del sonido y los apuros que pasó Brian Johnson por momentos en la voz eran evidentes, el público dio señales de disgusto o insatisfacción. Esta es la audiencia de AC/DC. Olé. Tampoco perdió comba el fanatismo cuando empezó, enlentecida para favorecer su performance, “Thunderstruck”, en la cual hasta los coros quedaron en entredicho. El propio público parecía empujar el tema con su entusiasmo y voces, para que llegase a buen término.
Es este el momento en el que ya acaba de anochecer y se da una de las imágenes más bellas del show: el cielo con estrellas y el estadio entero con las suyas propias, que no eran otras que el manto de lucecitas rojas parpadeantes, formado por las diademas de cuernos que se compraron, por miles, los fans, de todo tipo y condición de edad.
Así, ese también fue el momento en el que conocí a Manuel y a su hijo Ara, de 11 años, que vinieron desde Cantabria: el ejemplo perfecto de que los riffs de AC/DC son intergeneracionales como ningunos otros. Ara, un joven músico que está centrado en su formación en el contrabajo, recorrió el pasillo de las gradas de invitados practicando el air guitar y simulando los paseos típicos de Angus con una destreza total. Y además los "interpretaba", porque se sabe todas las letras.
Cuando le pregunté cómo se sentía viendo a Young y sus secuaces, me dijo que para él son “los más increíbles del mundo”, y me remarcó que, a sus 11 años, no era la primera vez que les había visto.
En este Power Up Tour 2025 hubo mucho guiño a Bon Scott en todo momento, como cuando suena “Have A Drink On Me”, su canción homenaje, y justo después “Hells Bells”, descargando las campanas como una de las escasas puestas en escena que han quedado perpetuadas desde los tours de las décadas de los 90 y 2000.
El trío de temas que llega luego asentó la actitud marchosa del estadio: la potente “Stiff Upper Lip”, la consabida “Highway To Hell” -que tanta pasión genera- y la magnífica “Shoot To Thrill”, con su genial parafraseo “too many women with too many pills”, mantuvieron el calor del público.
Pero lo que vino después no le va a la zaga, porque escuchar del tirón las bombas "Dirty Deeds Done Dirt Cheap” y "High Voltage" (¡Rock And Roll!), justo antes de los grandes himnos “You Shook Me All Night Long” y la grandiosa "Whole Lotta Rosie", junto a la muy alargada -con el solo de 15 minutos de Angus- “Let There Be Rock”. Eso es mucha caña para el cuerpo. ¡Los pies ya empezaban a doler de tanto baile!
Durante este tramo, descansó Johnson. Se quedó Young, máquina del Hard Rock que no necesita reposo -pese a que su look, ahora con melena íntegramente blanca, sugiera lo contrario- para estirar el solo. Después se pudo retomar el cachondeo con "TNT", antes de tener que ponernos serios en "For Those About To Rock (We Salute You)". Y esto, desde luego, es muy serio para mí: que mi tema preferido de esta banda cierre el repertorio, y que sea el de la puesta en escena más potente, con los cañonazos a cada grito de “Fire!”... eso…. eso te pega también un fogonazo en el alma.
A este punto, una cosa me quedó muy clara: la eterna discusión de hasta qué punto de edad es lícito para una banda girar, es del todo innecesaria en nuestros amados AC/DC. Creo que les necesitamos girando hasta el fin de los tiempos. Necesitamos su energía, necesitamos la semilla que solo ellos tienen y que nos hace germinar una rebeldía innata venida no se sabe muy bien de dónde, y les necesitamos a ellos dos, a Brian y a Angus. Con nuevos o viejos integrantes, pero no nos puede faltar nuestro tándem mágico hasta el último minuto en el que aún tengan fuerzas, y de momento van sobrados de ellas.

Pero también necesitamos poder escuchar con nitidez la música para poder disfrutar al máximo nivel como merecemos. Y demandamos, por eso, sitios con buena acústica. El estadio del Atlético de Madrid no puede ofrecerlo. También nos gustaría volver al pasado y recuperar a la muñeca hinchable de "Whole Lotta Rosie" y otras locuras logísticas, pero eso ha quedado reducido a imágenes en las pantallas, y no sabemos muy bien por qué.
Recordando el final del concierto, aún imagino una salva por cada músico mítico desaparecido.
Bon Scott…. Fire!
Keith Moon... Fire!
Brian Jones… Fire!!!
Lennon, Ian Curtis…..Fireeee!!!
Y los que tengáis en el corazón...
WE SALUTE YOU!!!
Crónica de Carolina Cebrián











