Crónica y fotos del concierto de Geoff Tate y Josh Watts en Madrid (sala Changó, 5 de marzo de 2025)
No cabe duda que Geoff Tate, el que fuera vocalista de los dioses QUEENSRŸCHE se ha vuelto un asiduo a nuestro país. Resulta curioso lo que tardó su exbanda en pisar España (si la memoria no me falla su primera vez fue en el festival Lorca Rock de 2006 tras el fallido intento en el Monsters of Rock 1991) y el gusto que le ha cogido Tate a presentar sus giras por aquí, rememorando un pasado más que glorioso y del que fue muy protagonista. Es cierto que, tras su salida del combo de Seattle y la pelea en los tribunales por los derechos del nombre, intentó labrarse una carrera en solitario. Sin embargo, la sombra y el legado de uno de los grupos de Heavy Metal Progresivo más representativos y únicos del estilo (y lo malos que eran sus posteriores trabajos solistas o bajo otras denominaciones, todo sea dicho) pesan demasiado. Por ello, parece que se ha resignado a recurrir en sus directos, una y otra vez, a su época dorada para atraer a los nostálgicos, entre los que me incluyo.
Ha exprimido, hasta dejar secos, los aniversarios (incluso si no tocaba, también) del que, para mí, es el mejor disco de la historia de esta música, “Operation: Mindcrime” y ha interpretado íntegros el maravilloso “Rage For Order” junto a su disco más famoso, “Empire”, en una espectacular gira que también pasó por España hace un par de años, plagada de golosinas para cualquier seguidor de los americanos. En esta ocasión tocaba hacer un repaso general a su carrera con QUEENSRŸCHE bajo la denominación de “The Big Rock Show”.
Menos hacer lo que actualmente están haciendo sus excompañeros, que ya podía haberlos traído algún promotor porque están en Europa en estos días, de tocar el primer EP y el “The Warning” al completo (quién sabe si no terminará haciéndolo Tate también en algún momento visto lo visto), ha tocado casi de toda la época clásica del quinteto. No seré yo el que le niegue que se siga ganando la vida viviendo de las rentas, máxime cuando mantiene un nivel vocal más que digno a sus 66 años de edad y con operaciones de corazón de por medio. Porque, desgraciadamente, los QUEENSRŸCHE actuales tienen de QUEENSRŸCHE poco más que el nombre y, pese a que han sacando obras muy notables con Todd La Torre al frente, han optado por no defenderlas como se merecen y tirar de su fondo de catálogo también. Es decir, ir a lo “fácil” o, más bien, a lo que la gente que les sigue, quiere escuchar de ellos. No es en realidad mi caso pero, por muy bueno que me parezca “The Verdict” o “Digital Noise Alliance”, palidecen ante cualquier cosa grabada por el quinteto de Seattle entre 1983 y 1990.
Josh Watts y su IVORY LAKE

Misma sala que la última vez y también mismo artista encargado de abrir la velada. De nuevo Josh Watts, baterista y cantante de su proyecto personal IVORY LAKE, tendría la oportunidad de presentar sus canciones. Lo malo fue que en Madrid, otra vez, lo hizo en formato acústico ya que sólo en Barcelona tocó con banda completa. Una pena porque lo cierto es que, por mucho que sea el compositor de su proyecto, en este formato intimista las composiciones se quedan un poco a medio gas, por muy cálida que fuera la voz del inglés, el cual se esforzó en dirigirse a nosotros entre temas en un más que correcto español puesto que reside en nuestro país.
Con puntualidad apareció el bueno de Josh, guitarra acústica en mano, para ofrecernos algunos de los cortes que componen su aún escasa discografía. Inició la actuación con “My Little Flowers” de su segundo EP de 2022 llamado “Violence, Rejection, Love and Imperfection”, en el que volvió a recalar en el ecuador de la misma con “Cigarettes”, dejando claro que no se iba a amilanar por estar solo ante el peligro. Posee una bonita voz, como demostró en la balada “Pillows” de su primer EP homónimo, y se manejó bien con la guitarra, pese a ser baterista, pero no estoy muy seguro de que fuera la mejor opción para abrir la actuación de Geoff Tate, al menos no en ese formato.
Digo esto porque, lo que inicialmente causó cierta curiosidad entre los pocos que nos dimos cita desde el principio para verle, con cortes como los citados o “Don´t Talk”, interpretada en estos primeros compases también, se fue tornando en desconexión y “charla de bar” según pasaban los minutos y las canciones. La sala se fue llenando de gente a la que la actuación del de Sheffield le importaba lo mismo que respetar al artista y al resto de público, es decir, nada. Siempre lo diré, no te tiene por qué interesar el telonero y nadie te obliga a verlo, pero, si decides entrar, ten un poco de educación y no molestes al resto.
A partir de la mitad de su concierto, la verdad es que se hizo difícil apreciar o disfrutar de lo que Josh ofreció (te gustara o no) porque el ensordecedor murmullo que había en la sala lo impidió. Esto se tradujo en que “Fuck Around And Fine Out”, “Everything's Fine” y “Ocean” quedaran muy deslucidas ya que apenas se escuchaban. Creo que el propio músico era consciente de ello y, tras animarnos a apoyar su proyecto comprando algo del puesto de merchandising, se despidió tras 35 minutos con el sencillo “Teddy Has a Temper” del año pasado en el que desgarró su voz más de lo que lo había hecho hasta el momento. Mientras se marchaba recibió los tímidos aplausos de una audiencia deseosa de que saliera la estrella de la noche.
Geoff Tate
Tirando de memoria he visto a QUEENSRŸCHE en numerosas ocasiones, siempre con Tate a la voz, pero, por desgracia, nunca a la formación original que incluía a Chris DeGarmo. Lo máximo ha sido cuatro de cinco miembros originales junto al notable Mike Stone quien, curiosamente, desde 2021 vuelve a tocar con los americanos. Supongo que por eso, muchos de los músicos que han ido acompañando al vocalista en las numerosas encarnaciones de su proyecto personal a lo largo de los últimos años, no me han convencido. Calzarse las botas de esos instrumentistas tan talentosos no es tarea fácil y, cuando encima te conoces los discos al dedillo por haberlos “trillado” durante años, como es mi caso, salir airoso de las interpretaciones de algunos clásicos inmortales del grupo se torna complicado.
Algunos de ellos eran “viejos” conocidos, pues llevan con vocalista de origen alemán desde hace bastante tiempo, como el bajista Jack Ross. A otros los había visto en ocasiones pasadas como a los guitarristas James Brown y, el ya no tan “nuevo”, Dario Parente. Por último tenemos a los desconocidos para mí, Amuary Altmeyer, encargado de la tercera guitarra, junto al baterista Robert “Baker” ocupando el sitio de ilustres como Edu Cominato o el propio Josh Watts. Mentiría si dijera que me hicieron “olvidar” a los músicos que grabaron las canciones originalmente pero he de decir que, sobre todo a los guitarristas, les vi más “rodados”, sus interpretaciones fueron más pulidas y aprecié menos fallos que, por ejemplo, en su anterior visita. Una vez más, el peor parado en las comparaciones siempre será el baterista de turno. Y no sólo porque Scott Rockenfield sea único en su especie, sino porque volvieron a empeñarse en tocar con una batería Roland electrónica que deslució mucho el sonido y las partes de este instrumento. El americano creo que hizo una labor bastante competente (creo que es el que más me ha gustado de cuantos he visto acompañar a Geoff), sobre todo teniendo en cuenta a quién tenía que sustituir, pero el sonido de su instrumento no fue el que debió haber sido.
Mientras una pequeña intro de teclado era disparada por “Baker”, el resto de la banda apareció en escena siendo recibida con júbilo por una audiencia que casi llenaba la sala, aunque algo menos que la última vez. Empezaron, sin sorpresas, a hacer la melodía de “Empire”, hasta iniciarla como en el disco, mientras la estrella de la noche salía a las tablas siendo recibida con una gran ovación desatando la locura. Empezar con semejante clásico es hacerlo a caballo ganador. Lo malo es lo que nos tocó soportar justo a renglón seguido.
Aunque ya sabía a lo que iba, y lo que me iba a encontrar, no negaré el estupor que me produjo días antes del concierto ver que el vocalista iba a dar cancha a trabajos de la época “oscura”, por decirlo de alguna manera, de su exbanda. Me parece un gesto arriesgado y, tal vez, hasta valiente por su parte pero lo siento, no comparto la necesidad de reivindicar nada de “Tribe”, “Promised Land”, lo menos malo de esa época, ni, por supuestísimo, del terrible “Q2K” que no había por dónde cogerlo en 1999, ni actualmente. Ni siquiera la voz de Tate salvó “Desert Dance”, “I Am I” o “Sacred Ground”. Lo mejor que puedo decir de ellas es que se las ventiló en los primeros compases del concierto dejando, en mi opinión, el bajón que me produjeron lo más atrás posible cuanto antes.
Tras una escueta intervención una intro de saxofón, también a cargo del vocalista, nos dejó claro que “The Thin Line” era la siguiente en caer. Al igual que en su anterior visita, me gustó bastante que tocara el saxo en vivo (aunque no siempre sonó de la mejor forma) aunque alargara su parte final un poco sin sentido mientras el trío de guitarras doblaban la melodía del tema. En ella también sospeché que, aunque James Brown, Jack Ross y Amuary hacían coros, había alguna ayuda “extra”. Hubo partes que seguro eran en vivo pero otras…estoy casi seguro que había voces dobladas. Esta sensación la tuve más momentos a lo largo de la actuación pero, de ser así, no fue algo tan exagerado como en otros conciertos a los que he asistido.
La forma en la que el grupo estructuró el concierto dio la sensación que fue como por bloques. Por ello, la entusiasta respuesta del público no se hizo esperar cuando anunció que si estábamos esperando algo de “Operation: Mindcrime”. De este modo, el tema que le da título comenzó a sonar con los presentes puño en alto aunque he de decir que, más allá de corear el estribillo, me sorprendió que las estrofas no se las sabía casi nadie a mi alrededor. Del mismo modo me sorprendió la interpretación del vocalista que, aunque la teatralizó muy bien como en él es habitual, no la ejecutó de la mejor de las maneras cambiando muchos de los tonos. Es algo que suele hacer cuando le he visto en solitario, “trampear”, con tanta picardía como solvencia, algunas partes o tonos adaptándolos a su antojo sin que el resultado final se resienta en exceso. Esta noche no fue una excepción en ese aspecto.
Siguiendo con el apartado dedicado a semejante obra maestra, muchísimo mejor sensación me causó la interpretación de “Breaking The Silence” enlazada, como en el disco, con otro de los mejores temas de su discografía, “I Don´t Believe In Love”. Es curioso que eligieran la primera en vez de “The Mission”, “The Needle Lies” o “Eyes Of Stranger” pero, aunque no puedo escoger un tema por encima de otro de ese disco (la visión de conjunto me puede), la tengo un especial cariño y siempre disfruto oyéndola. Sobre la segunda creo que ninguno de los presentes dejamos de disfrutarla porque es uno de los temas más emblemático de su antigua banda. Lástima que eso fue todo lo que tocaron de este disco esa noche.
Llegados a este punto la oscuridad se cernió sobre el escenario para echar aún más la vista atrás y recalar en el primero de los cortes que rescató de “The Warning”. Para ello Robert se puso una máscara, con la que permaneció durante las siguientes tres canciones, e iniciaron “NM 156”, que contó con algunas voces pregrabadas para parecerse lo máximo a la versión de estudio. Tate la defendió muy bien, sobre todo teniendo en cuenta que es de 1984 y, en aquella época, sus agudos eran, simplemente, de otro planeta.
Ahondaron en la faceta visionaria de QUEENSRŸCHE con un par de cortes de “Rage For Order”. Personalmente hubiera cambiado “Screaming in Digital”, que tiene demasiados pregrabados (aquí los coros se notaba bastante que no eran 100% en directo), por otra del mismo disco (total, lo tocaron entero hace dos años…), pero bueno, poca queja porque escuchar algo de él me agrada siempre. Largo discurso de Geoff para recalcar la citada faceta del disco de 1986 y lo genial que es vivir en esta época digital en la que todos estamos conectados a cualquier hora del día o la noche, entre otras cosas. No sé si estoy del todo de acuerdo con sus palabras, pero sí estaba en 1986 (nos preguntó quién estuvo en esos años) a diferencia de algunos de sus músicos, dejando patente que se rodea de músicos muy jóvenes. Tras él, nos obsequiaron con la celebrada “Walk in The Shadows”, que defendió junto a su banda con solvencia pese a su dificultad.
La recta final de la parte regular del concierto la copó en exclusiva “Empire”, el trabajo que más representación tuvo esa noche. “Another Rainy Night” les quedó francamente bien, tanto al vocalista como a los músicos, y fue acompañada por una sala que cantó el estribillo con fuerza dejando claro que el disco de 1990 es, sin duda, el favorito de la mayor parte de sus seguidores. Por supuesto, la fiesta continuó empalmándola con otra de las fijas en sus repertorios como “Jet City Woman”, canción dedicada a su segunda mujer (ya va por la tercera) donde le vi sufrir un poco para alcanzar algunos de los tonos más altos de la misma volviendo a estar arropados por una audiencia muy animada en este tramo del concierto.
El punto y seguido vino precedido de unas palabras sobre los apenas once días que había estado en su casa el año pasado, visitando 66 países. De locos. El momento gracioso vino cuando preguntó si alguien había estado en más y una persona levantó la mano subiendo la apuesta a 74, provocando la sorpresa de Geoff, para terminar diciendo que su casa es el escenario junto a nosotros, arrancando una gran ovación. Siguió, ahora ya con su habitual discurso sobre la cantidad de cosas que le dice la gente que ha hecho mientras escuchaba por primera vez una de sus canciones favoritas. Y también las cosas que han hecho escuchándola, desde casarse hasta oficiar funerales, pasando por nacimientos de niños y por “hacerlos”, provocando risas entre la audiencia. Obviamente, su balada más famosa, “Silent Lucidity”, fue la siguiente en caer aunque no estoy seguro que fuera la más adecuada para despedirse, momentáneamente, eso sí.
Poco tardaron en volver a salir a escena para ejecutar otro de los temas que, claramente, me sobraba en el repertorio. Lo siento, pero cuando hay tanto material dónde elegir (y tan bueno), me resulta absurdo invertir tiempo en una versión, por mucho que estuviera recogida en el “Take Cover” de QUEENSRŸCHE y sea de PINK FLOYD. Según se fue desarrollando “Welcome to the Machine” entendí el por qué de la elección. La razón no fue otra que darles protagonismo (como si no lo hubieran tenido con anterioridad) a sus guitarristas pues todos ellos fueron tomando el centro del escenario para “lucirse”. Si algo me gusta de los conciertos del vocalista es que no pretende ir de “estrellita” acaparando todo el protagonismo en detrimento de sus músicos y les deja espacio para que tomen el frontal del escenario. Imposible contar la de veces que lo hicieron durante la actuación. Por eso no veo motivo alguno para incidir más sobre ello, aunque hubo a quién le gustó, así que tal vez sea yo el equivocado.
Estábamos llegando al final del concierto y faltaba el segundo tema repescado de su primer trabajo. “Take Hold of the Flame” es otra de esas canciones que uno no se cansa de escuchar por muchas veces que lo haya hecho. Además, dejarla para el final del concierto me pareció muy valiente porque es un tema muy exigente vocalmente (¿cuál no lo es realmente?). No llegó a los agudos imposibles ni cantó en tonos tan altos pero fue una versión más que digna que cosechó unos merecidísimos aplausos a su término.
Y si de valentía y agudos imposibles hablamos, a todos nos viene a la cabeza otro de los cortes más emblemáticos de QUEENSRŸCHE. Efectivamente, el broche de oro a un notable concierto lo puso “Queen of the Reich” con Geoff Tate vaciándose por completo y tirando de su pulcra técnica para sacarla delante de forma brillante. Otros cantantes de su quinta, o de la mía, ni se acercarían a semejantes registros pero él mantuvo el tipo en cotas muy altas. Admirable.
Sé que no son QUEENSRŸCHE y que fue un ejercicio de nostalgia, lo mismo que lo ha sido las otras veces que le he visto, pero acudir a los conciertos del vocalista de Stuttgart para poder seguir escuchando en vivo una de las mejores voces que ha dado la historia de la música así, en general, me resulta obligatorio. No importa que la banda no clave las canciones o que el repertorio, en esta ocasión, fuera mejorable, mientras Geoff Tate mantenga el nivel que mostró los que amamos el viejo legado de una de las mejores bandas del género, saldremos con una sonrisa en la cara tras verle. No necesitamos más.
Promotora: Etin Produccions
Más información sobre Geoff Tate en su web oficial.
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