Crónica y fotos de la primera jornada de Hellfest Open Air 2026 (18 de junio)
Hellfest, el evento más masivo del Metal en Europa cada verano (junto con Wacken) volvía a tomar los campos de Clisson en 2026. Un año más, desde la redacción de Hellpress nos pusimos en marcha para asistir al evento, cita inevitable por la cantidad de artistas que agrupa, para franceses y extranjeros. Es de tal importancia para la región y el propio país que incluso el personal de cabina del avión indicaba, antes de aterrizar en Nantes, cómo podíamos ver por las ventanillas del lado izquierdo la zona del festival.
Aunque cada vez estoy más convencido de que muchos asistentes van por la experiencia (especialmente los autóctonos) y no por el interés en la música, los amantes de los conciertos tienen un referente total en este festival: iluminaciones y amplificación de alta calidad, con bandas consagradas y otras difíciles de ver.
A pesar de los pequeños inconvenientes, que se repiten en cada edición y no acaban de corregirse por completo (fundamentalmente por las cuestiones climáticas) pesó más la emoción. Así, volvimos a desplazarnos al norte de Francia -donde las olas de calor en junio empiezan a ser algo habitual, por desgracia- un día antes del inicio de la jornada de conciertos, aunque ya para entonces había bastante movimiento festivalero en los alrededores.
Después de un retraso de media hora en el tren que lleva desde la estación de ferrocarril principal de Nantes hasta la localidad de Clisson, atravesando viñedos y localidades de pequeño tamaño (en un tren insuficientemente climatizado) bajamos desde el tren hasta la zona del festival, 20 minutos a pie, con calor pero sin el sofoco del vagón. Volver a cruzar su puente de piedra sobre el río, ver sus amables calles y casas típicas de Países del Loira reavivó la ilusión de estar una vez más en esta cita de tantísimo peso.
Llegar a los alrededores y volver a encontrarse caras amigas (un saludo a la unidad acampada asturgalaica) y sentir el refrescar de la tarde y noche de Clisson, me hicieron reconciliarme, parcialmente, con los festivales tan enormes.
SKAPHOS
Desde Lion, la banda de Death-Black Metal SKAPHOS se presentaba ante sus compatriotas con “The Descent” bajo el brazo, un nuevo disco -el cuarto de su carrera- donde las reminiscencias y reflejos de BEHEMOTH o SEPTICFLESH nos asolaban por doquier en lo musical, y los guiños a las criaturas y entes soñados y descritos por Lovecraft nos rodeaban.

Quizá se vieron afectados por la maldición de algún manuscrito, pero aquello no funcionó y pagaron el pato de ser de los primeros en salir: el sonido era nefasto desde la zona de la mesa de sonido, algo doblemente excepcional, no solo por la posición aventajada que ofrece este espacio para el disfrute auditivo, si no también por lo cuidadoso que es Hellfest con estos apartados.

Sea por lo que sea, SKAPHOS no se libró de ello, aunque para su fortuna les duró poco esta circunstancia y el sonido se fue arreglando con el avance del propio primer tema.

Con sus pies de micrófono ornamentados, los lioneses también se hacían notar en el apartado visual al emplear, además de a su batería, un percusionista adicional que, bajo mi criterio, aportaba bastante poco al resultado final, aunque había algunos pasajes tribales que incluían hasta un didgeridoo pregrabado (simulando la invocación de algún profundo, supongo) en las partes más ambientales de sus canciones donde tenía cierto encaje.

Pegando partes más Death con otras que podían haber encajado en el Black Metal noruego de los 90, SKAPHOS me resultó un grupo aburrido y estándar a pesar del intento de diferenciarse con su percusionista adicional. Ni su narrativa de terror cósmico ni la música de canciones como “One Eyed Terror” u “Horror Liquied” me cautivaron.¡
MIKKEY DEE AND FRIENDS
¿Qué nos queda de MOTÖRHEAD, más allá del recuerdo, las anécdotas y una música increíble y con un peso determinante en la creación de subgéneros del Metal? Como si esto fuera poco… pero aún así, aún queda algo más que no es intangible como el reconocimiento y las emociones... y ese algo es Mikkey Dee.
El batería sueco es uno de los pocos músicos que quedan en pie de la formación británica, y de estos, es el más relevante, al menos en lo concerniente a MOTÖRHEAD. Tras la muerte de su amigo Phil Campbell, decidió seguir sus pasos y montar una banda de versiones junto a dos colegas de Viktor Skatt y William Dickborn (ambos en THE DRIPPERS) tal y como lo había hecho Campbell con BASTARD SONS.
¿Será por diversión? ¿Será por dinero? Y la tercera y más importante pregunta… ¿A alguien el importa? ¡Joder, no! ¡MOTÖRHEAD a todo trapo y se acabó! No hace falta más para mantener la ilusión de los fans, y en las manos de Mikkey, hacer unas versiones por los escenarios de todo el mundo lo considero más que legítimo. La idea además ha sido bien traída por partida doble: además de que la elección de sus músicos acompañantes ha sido la adecuada, especialmente en el caso de Skatt, quien se parece a Lemmy en la forma de cantar -sin llegar a clonarle, saca un timbre similar- también ha habido una selección de temas no tan manidos.
Así, el grupo se decanta por versiones no tan habituales, aunque bien conocidas de la última etapa -y otras anteriores- del grupo: “Killers”, “Love Me Like A Reptile”, “In The Name Of Tragedy”, “Shoot You In The Back”, “I Got Mine”… la verdad es que fue emocionante ver estos temas otra vez, aunque solamente nos quede Dee. O quizá por eso fuera más emotivo, quién sabe.
El tipo estuvo realmente simpático (algo que ya conocíamos en Hellpress) con su público, recodando anécdotas como el día que llevó en los 90 una canción al estudio y Lemmy y Campbell se la afearon para, finalmente, acabar convirtiéndose en una de sus favoritas: “Sacrifice”. Una maravilla de la composición en la batería.
Skatt se tomó un descanso para dejar cantar “Born To Raise Hell” (a cargo de Dickborn) y “Killed By Death”, en la que Chuck Garric de ALICE COOPER fue invitado e incluso presentó el tema como “una canción triste y de amor”. En esta, hasta duplicaron el bajo. Con “Ace Of Spades” y “Overkill” se despidieron. Dee desbordó simpatía, además de su consabida técnica sobrada para tocar su instrumento de una manera que atrapa la vista de cualquiera.
WINTERFYLLETH
La épica y el Black Metal de Reino Unido nos llegaba de la mano de WINTERFYLLETH, la formación de Manchester que, a pesar de llevar muchísimos años publicando trabajos, no se ha prodigado demasiado en directo más allá del contorno de la Pérfida Albión.

Pero ahí les teníamos, en Hellfest, y ese era uno de los atractivos de este año. Con su sonido envolvente, gracias a la presencia de unos teclados de verdad -los de Mark Deeks- y no grabados y disparados desde la mesa de sonido, tocaron la fibra de un público ávido de ese sonido que recuerda a batallas de tiempos pretéritos, a nieblas, bosques, montañas y arroyos.

La épica se trasladó también, de una manera indirecta, cuando Deeks hizo el mítico saludo de MANOWAR a la audiencia, banda a la que también hubo referencia cuando cerraron el concierto con un amago de la canción “Metal Warriors”. Entre tanto, desgranaron temas de buena parte de su discografía -difícil, dado el tiempo tan limitado disponible para ellos- como el reciente “To The Edge Of Tyranny”, “A Valley Thick With Oaks”, “Upon This Shore”, “The Reckoning Dawn”.

El grupo convenció, usando de manera coherente todos sus recursos, que no eran más que unas cuantas voces de apoyo bajo la voz de Chris Naughton, quien se encargó de recordarnos su paso por el festival hace ya unos cuantos años.

Buen sonido, bonitas canciones y un Black Metal que, aún siendo un tanto desconocido, está hecho “para todos los públicos”. Solo me dejaron pensando en lo genial que sería si sus compatriotas FOREFATHER montaran una formación para el directo.
BORKNAGAR
Después de una dosis de Metal Épico en forma de Black Metal y cánticos de épocas en las que el Imperio Británico era algo más que compañías petrolíferas, tomé un pequeño receso en el que conocí a una concejala de Clisson, que me desveló algunos detalles internos del funcionamiento del festival y del propio pueblo.

Y es que cualquier momento da para una conversación en la zona VIP y de prensa, especialmente si ignoras las intenciones de aparentar de muchos de los asistentes y simplemente te centras en la gente que se dedica a un bien superior, que en este caso -extrañamente- era un político.
Tras recuperar un poco el punto de hidratación, previo desembolso de unos cuantos euros en bebidas frías, volví a las carpas: llegó el momento para los elogios a Odín y las deidades inferiores del panteón nórdico. Desde Bergen, los míticos BORKNAGAR se nos presentaban, con bastante más público que WINTERFYLLETH atendiendo a su concierto.

ICS Vortex, lamentablemente, apareció con una ropa un tanto anticlimática para subirse a un escenario y hablar de la historia de los vikingos: ya sabemos que en Noruega hay una fuerte presencia de la KISS Army, pero una camiseta deportiva de hockey sobre hielo de “los cuatro que son uno” no tocaba. Debería tomar nota de lo que hace en ARCTURUS y no dejarse llevar tanto por sus gustos personales y sí ceñirse más a lo que transmite la música de BORKNAGAR. Ni el calor podía justificar ese atuendo. Con que hubiera seguido la sobriedad estética de sus compañeros, habría sido más que suficiente.

Aún así, estuvo impoluto en las voces, mostrándose como un vocalista realmente sobresaliente. No fue menos el resto del grupo en la ejecución, donde el resto de miembros conforman una banda limpia y precisa. Ya desde su trío inicial “Nordic Anthem”, “Up North” y “The Fire That Burns” vimos un conjunto realmente compenetrado: no siendo gran seguidor de su discografía, me fue fácil entender que ejecutaron las canciones con una facilidad pasmosa, con fluidez y a la vez con capacidad para transmitir la emoción de unas melodías bellas.

Su fina combinación de Metal y Folk con tan buen gusto levantó unas ovaciones tremendas. El vínculo entre BORKNAGAR y su público resultó muy evidente. Las canciones, que se movieron desde los momentos extremos hasta los detalles más sutiles, pasando por todo tipo de ambientes atmosféricos, dejó una sensación bastante fresca, aunque su cierre con “Winter Thrice” no pudiera bajar unos cuantos grados el sofoco ambiental.
THE HALO EFFECT
Si la conexión entre público y banda había sido algo notorio con BORKNAGAR, aquí pasamos al siguiente nivel: el carisma de Mikael Stanne rompe cualquier baremo. El proyecto THE HALO EFFECT ha subido como la espuma y ya es considerada una banda a todos los niveles: con solamente dos discos se ha puesto al nivel de DARK TRANQUILLITY. Quizá no en cuanto a la historia, trayectoria y repercusión, pero sí en su aceptación por una audiencia fiel y receptiva y, lo más importante, en la calidad de la música.

Como curiosidad, horas antes de su concierto vi a Mikael saltarse la cola (creo que sin querer) en la tienda de pósters premium del Extreme Market junto a Niclas Engelin, y aunque pasaron desapercibidos para el personal de la tienda -también para el público- les hicieron retroceder, con las consecuentes risas de Engelin.

Mientras nos llegaban los acordes de “Smoke On The Water” desde el escenario principal, donde DEEP PURPLE sigue ganando su particular carrera contra el tiempo, se disparó la intro de THE HALO EFFECT, que fue coreada y seguida a ritmo de palmas, hasta la entrada de la banda al escenario para interpretar “March Of The Unheard” donde se coló un chisporroteo desde la batería de Daniel Svensson, probablemente con un micrófono mal colocado.
Y de ahí en adelante, todo miel sobre hojuelas: una audiencia entregadísima y unos músicos apabullantes y de prestigio: los ex IN FLAMES volviendo a las raíces (Svensson, Iwers, Engelin; Stanne también cantó con sus compatriotas en directo) e incluso el sustituto para el directo de Strömblad tiene su pasado notorio, que no era ni más ni menos que Jensen de THE HAUNTED y WITCHERY.
Lamentablemente no llevan teclista en directo, habiendo pistas pregrabadas por aquí y por allá, pero la mayoría lo pasó por alto: es fácil olvidar estos detalles que aunque son más importantes de lo que parece, son perdonables cuando se genera un ambiente de esta envergadura.

Tras “Feel What I Belive”, Stanne se dirigió al público para recordarnos lo bien que se está fuera del sol (aunque las carpas parecían una sauna, no supe durante todo el festival cuál de las dos opciones era peor) y, casi sin tregua, soltarnos “The Needless End” y la “maideniana e inflamable” (obvio, con tanto ex en THE HALO EFFECT) “Detonate”.

Seguida vino la más arriesgada de sus canciones, por ese tinte industrial que tiene, “What We Become”. Y así, buena parte de la producción de THE HALO EFFECT elegida para este concierto tenía algún guiño a grandes tiempos del pasado, ya fuera ajeno como en “Gateways” -que recordó a los mejores tiempos de inspiración de Michael Amott- o propio como en “A Truth Worth Lying For”, cargado de semejanzas con el hit “Only For The Weak”.

Su concierto fue de lo mejor de todo Hellfest 2026, y acabó con un Stanne diciendo que quería permanecer con nosotros: “primer día de festival, me gustaría quedarme… ¡vaya recibimiento!”. Todo este sueño del efecto halo terminó con “Shadowminds” y con el regusto que deja esos conciertos inolvidables.
ALICE COOPER
Mientras esperábamos al icono del Rock de los 70, 80 y 90 (y los 2000, 2010 y 2020…) pude ver el final del concierto de PAPA ROACH. Jamás habría pensado que tuviera que asistir no ya a un concierto de este grupo, si no a una parte del mismo, pero bueno, de algún modo tampoco lo hice: llegué justo para el final de la actuación cuando interpretaban un popurrí bautizado como “New Metal Time Machine”: un refrito de éxitos de DEFTONES, SYSTEM OF A DOWN y otros que sirvió para acabar su concierto. Un buen reclamo… para el que le guste.

Y luego ya vino la destacadísima aparición de Alice Cooper y su banda: un show visual a lo grande, lleno de elementos escénicos ya clásicos y vistos, pero que de alguna manera aún son capaces de entretener por su grado de artesanía, detalle y perfecta conjunción con las canciones.

Para que todo funcione, más allá de las ideas, vestimentas, maquillajes e interpretación individual de Alice, volví a percibir cómo se rodea de una gran banda a nivel musical y de imagen: un puñado de macarras junto a una desafiante y retadora Anna Cara, que se mostró como una gran guitarrista, pero un tanto floja en los coros en comparación con sus compañeros.
Chuck Garric repetía escenario después de su ya mencionada aparición junto a Mikkey Dee (ahora ya con el sol puesto, menos mal) y se movía por todos lados junto con Tommy Henriksen, Ryan Roxie y Cara. ¿Tres guitarristas son mejor que dos? Bueno, con Alice Cooper y todo el espacio que hay que llenar, desde luego no sobran, y sonar ya te digo que suenan.

Con clásicos y algo de renovación en el set, escuchamos la intro “Hello, Hooray” y un medley encadenado y a buen ritmo de “Who Do You Think We Are”, “I’m Alice y “Welcome to the Show”. Casi de corrido sonaron “No More Mr. Nice Guy”, “Eighteen” y “Feed My Frankenstein” (con su particular monstruo de gigantes y cabezudos) para aprovechar su franja horaria y exprimirla al máximo.
Con los “secuaces” de Alice ayudando en los trucos de escapismo, solos para el lucimiento de sus músicos y el resto de parafernalia, pudimos ver también la interpretación de “Dirty Diamonds”, “Hey Stoopid”, el inevitable “Poison” y “Brutal Planet” (que nunca se la había visto tocar), adornadas con unas coreografías notables.
De ahí hasta el final: “Ballad of Dwight Fry”, “Cold Ethyl”, “Only Women Bleed”, “Second Coming”, y otro par de medleys de “Going Home” con “Feel So Strong” y el previsible “School's Out” junto a “Another Brick in the Wall”. Cuando todo parecía estar a punto para finalizar, Alice Cooper se dirigió fugazmente con la frase al cielo “va por ti, Kurt”, para hacer una sorprendente “Smells Like Teen Spirit” que puso el telón al show.

Un magnífico concierto donde no faltó el paparazzi empalado, el asesinato y resurrección de la bailarina, la guillotina decapitando a Alice… todo medido al milímetro pero llevado a cabo con una naturalidad impactante. Solo chirrió (a pesar de estar tocada con gusto) la versión de NIRVANA como cierre y que no tocasen “House Of Fire”, a pesar de estar en varios setlists de esta gira.
Muy bien la banda y muy bien Alice, quien, rozando los 80 años, vive una segunda, tercera o cuarta juventud física y vocal, aún con suficiente nivel para defender las canciones más allá de la mera dignidad.
Homenaje a Ozzy Osbourne
Si había un reclamo adicional en este Hellfest 2026, con campaña por redes incluida, eso era la estatua metálica de Ozzy: un ejemplo más de cómo crece el festival, si es que hacía falta hacer una demostración de ello.
Ubicada a la entrada para dar la bienvenida al público, con sus manos hacia arriba, sus gafas de sol y su sonrisa, esta noche del 18 de junio su reciente instalación tenía que ser celebrada en conmemoración de la vida de Ozzy Osbourne junto a una representación de su familia que iba a estar presente en uno de los dos escenarios principales.
Finalmente, nadie de su familia apareció por motivos de salud, pero el homenaje, a duras penas, se iba a realizar. Una serie de emotivos fragmentos de entrevistas al Príncipe de la Oscuridad, haciendo un repaso por toda sus épocas mientras sonaba “Mama, I´m Coming Home”, nos dibujó las sonrisas de ternura en la cara, así como, en un par de ocasiones, las carcajadas, eso sí, con los ojos al borde de la lágrima.
Cuando acabó la proyección de vídeo en las pantallas gigantes, del tirón comenzó una impresionante descarga de fuegos artificiales, ruidosa y luminosa, en honor a una de las figuras esenciales del Heavy Metal, mientras sonaba “Bark At The Moon”. Los vítores y gritos en la explanada del escenario principal fueron masivos. Ahí las lágrimas ya se desataron sin remedio, haciendo acto de presencia entre algunos de los asistentes, entre los cuales me incluyo. De algún modo, Hellfest sabe tocar la fibra sensible, y aquí volvieron a hacerlo.
Fue tal el despliegue de medios que nuestra fotógrafa Deborah Bernard, quien llegaba esa misma noche al festival, tuvo que esperar porque el tráfico estaba cortado para evitar cualquier incidente con la pirotecnia. Y menos mal, porque con la alerta por la ola de calor, el domingo quedaría cancelado el habitual castillo de fuegos artificiales. Por lo menos tuvimos estos en el cierre del primer día, a lo grande, dedicados a un Ozzy que ya descansa en paz, que aún está vivo y presente en nuestros corazones.
Crónica: Carlos Herrero
Fotos: Jaime García












Qué cosas, yo también estuve allí y parecería que estuvimos en festivales distintos, sólo coincidimos en The Halo Effect, el final de Papa Roach y Alice Cooper, jeje.
Te contraste demasiado en los escenarios de metal más extremo. Yo además también le di a Truckfighters, Elder, Shelter y Deep Purple.
Hola Jorge, gracias por leernos.
Bueno, hay una oferta descomunal en el festival, así que es lógico. Lo mismo coincidimos más en las siguientes publicaciones de los tres días restantes.
¡Un abrazo y nos vemos en otro festival!