Crónica y fotos del concierto de LUCIFER y VIADUCTO en la sala El Sol de Madrid (26 de agosto de 2026)
No deja de ser curioso, diría que hasta sorprendente, que hayamos tenido que esperar más de una década para poder presenciar un concierto de LUCIFER, la banda de Johanna Platow, como cabeza de cartel en la capital. Bien es cierto que en 2015 pudimos descubrirla en la extinta sala Arena abriendo para PARADISE LOST pero, siendo sincero, aquella primera incursión no dejó en mí la mejor de las impresiones. Repertorio escaso propio de un telonero, banda poco empastada, un disco debut demasiado deudor de sus claras influencias y una Johanna no muy acertada a las voces hicieron de su descarga un trámite a pasar más que un concierto que disfrutar.
Sus sucesivas (y escasas) incursiones posteriores en nuestro país se han enmarcado en festivales y cuando han sido como headliner, Barcelona siempre ha sido la ciudad elegida junto a alguna honrosa excepción. Aprovechando sus actuaciones en dos festivales patrios, y puesto que ya se pasaron por la Ciudad Condal hace escasos meses, decidieron bajar un poco más en nuestra geografía para darnos la oportunidad a los madrileños de comprobar en directo la evolución del grupo tras todos estos años.
La evolución de LUCIFER
La entrada para su segundo esfuerzo del gran Nicke Andersson, cuyo currículo no necesita mucha presentación a estas alturas, supuso un cierto refinamiento musical y una mayor orientación hacia las melodías directas y fácilmente reconocibles. Esta ligera evolución, sin perder nunca de vista sus innegables influencias, los ha acompañado en cada uno de sus discos posteriores hasta “Lucifer V”, su última entrega hasta la fecha que venían a presentar pese a que han transcurrido más de dos años y medio desde su edición.
Programar un concierto en agosto en la capital, aunque sea a finales, es un arma de doble filo. Por un lado, puede pillar a los potenciales seguidores de los grupos fuera apurando sus vacaciones, pero, por otro, puede atraer a oyentes más “casuales” ávidos por ir a un concierto, sin hacer demasiados distingos en el estilo, tras un verano copado por los festivales sin apenas bolos en sala. Ya fuera por ser su primer concierto como cabeza de cartel aquí o por lo ya citado, el caso es que la asistencia fue bastante masiva en una sala que no es de las más cómodas de la capital cuando está abarrotada.
Hubo buena entrada, pero sin los agobios de otras ocasiones puesto que no se agotó el papel, lo que repercutió en unas condiciones más favorables para disfrutar de lo que LUCIFER nos tenía preparado que, ya lo adelanto, como siempre fue menos de lo debido para una banda que sigue sumando discos y años de trayectoria a su bagaje. Esto es una realidad para muchos grupos que no logro entender.
VIADUCTO abre la velada

Pero antes de eso, toca reseñar la descarga de los locales VIADUCTO, banda encargada de abrir esta velada. No sabía demasiado de ellos más allá de que iban a ser, junto a MURMUR, los teloneros del fallido concierto de PONTE DEL DIAVOLO en Madrid el pasado mes de mayo y que habían tocado en julio con el dúo talaverano WINTER VAMPIRES en la capital. Como no asistí a este concierto no sabía muy bien qué esperar del cuarteto madrileño ya que en una entrevista que me habían pasado (es lo que tiene no tener Instagram) hablaban de unas influencias muy variadas que iban desde el Black Metal hasta BAUHAUS pasando por HÉROES DEL SILENCIO, eso sí, siempre con la oscuridad como hilo conductor. Mi impresión tras presenciar su actuación es que ese conglomerado de influencias no les ha dotado de un sonido “personal” sino que, más bien, descoloca un poco al oyente y no en el buen sentido. Como siempre, para gustos, los colores.

Con puntualidad salieron a escena para desgranar algunas de las composiciones que, imagino, formarán parte de su primer trabajo. Un disco que, según tengo entendido, están grabando y que, por tanto, no ha visto la luz del sol o de la luna, como prefieran. El no poder escuchar la música de una banda y familiarizarte con ella, aunque sea mínimamente, antes de verlos en vivo siempre me ha parecido un inconveniente, pero, por otro lado, les hace contar con el factor sorpresa que, en algunas ocasiones, es una ventaja a la hora de impactar en la audiencia. En mi caso particular ese “impacto” no se produjo, pero tal vez hubiera alguien al que sorprendieran con su música.

Lo que sí puedo decir es que se notó que, pese a ser una banda de reciente creación, la experiencia previa de algunos de sus miembros en bandas como KARMIK REVENGE y TÖTENWOLF jugó a su favor en lo que a solvencia sobre las tablas se refiere. No son unos chavalillos precisamente y ese bagaje ayudó a que, objetivamente, dieran un concierto bastante competente. Otra cosa es lo que me parecieron los temas interpretados que, personalmente, no me dijeron demasiado. Qué le vamos a hacer.
Oscuridad y teatralidad sobre el escenario
Una intro demasiado larga nos indicó que la actuación iba a comenzar, pero, tras ella, se hizo el silencio mientras Pablo, el guitarrista, parecía tener problemas técnicos que intentaba, no sin cierto lógico nerviosismo, solucionar. Por fin arrancaron el concierto propiamente dicho con la aparición de Iván, con un aspecto que recordaba horrores al exguitarrista de TRIBULATION, a ritmo de la escueta y casi ritual “Aequat Omnes Cinis” que enlazaron con “Exequias”. Desde este arranque ya se pudo comprobar que la alternancia de voces “góticas” y “blackeras” iba a ser una constante, cosa que se confirmó a lo largo de los 40 minutos que duró su concierto. En mi opinión este contraste no quedaba del todo coherente y, lejos de aportar personalidad a su propuesta, reforzó mi impresión de que las canciones sonaban un poco deslavazadas.

A nivel escénico, y a pesar de las limitaciones de espacio que el escenario de la sala tiene, usaron algo de atrezzo para reforzar el impacto visual de su música. Este constó de una mesa con patas de cabra a modo de altar con huesos, una calavera y figuritas además de un candelabro con velas negras que, aunque encendieron, fueron obligados a apagar, intuyo que por temas de seguridad (ninguno queríamos vivir en primera persona un “GREAT WHITE”, ¿verdad?). No fue mucho, y desde la parte trasera no se veía debido a lo bajo que es el escenario, pero siempre es de agradecer el esfuerzo de aportar algo más en directo que algunos grupos hacen.

El mayor protagonismo del cuarteto corrió a cargo de Iván, su vocalista, mientras la bajista Maite y el guitarrista Pablo le flanqueaban cumpliendo con su labor instrumental al igual que Mario tras los parches. Las limitaciones de espacio le impedían moverse mucho, más allá de “jugar” con el pie del micrófono o levantar la mano intentando teatralizar en cierto modo las canciones, pero se le veía muy metido en su papel. Sus intervenciones entre temas fueron escuetas, limitándose a presentar el título de estos como sucedió con “Exitvs Letalis”, “A Drop of Blood”, “Cementerio del Este” o “Un Rubor”, único tema que había escuchado previamente de ellos.
Algo más extensa fue, ya en el tramo final de la actuación, la presentación de “Defixiones”, dedicada al fallecido ese mismo día Tim Curry mientras recordaba que el anterior también lo había hecho Dolly Parton comentando jocosamente que “la de la guadaña andaba suelta”, o la de “Luto”, corte con el que se despidieron agradeciendo al organizador que les hubiera dado la oportunidad de abrir para LUCIFER y tras el que recibieron unos aplausos mientras recogían sus instrumentos.

Parece que los contactos que seguro tienen están funcionando porque en lo que va de año han tocado hasta en cuatro ocasiones (si no me confundo), contando la que nos ocupa, en la capital. Veremos qué les depara el futuro y el posible recorrido del proyecto cuando editen su primer trabajo discográfico. Por el momento me dio la impresión de que sus seguidores, lógicamente, se circunscriben a amigos y conocidos de sus miembros y que pocos nuevos adeptos consiguieron esta noche, pero por algo hay que empezar.
La nueva formación de LUCIFER

No tengo el menor interés en la crónica “rosa” o de sociedad, pero sí que estoy más al tanto de los chismorreos o noticias extra musicales del mundillo del Rock y el Metal. Digo esto porque a nadie se le escapa, sobre todo porque fue noticia en su momento, que la nueva y tercera encarnación de LUCIFER viene marcada por la ruptura sentimental entre Johanna y Nicke. La vocalista berlinesa no sólo prescindió de su ya exmarido, sino que largó al resto de sus compañeros de banda para iniciar una nueva andadura el año pasado. Para ello reclutó a Coralie Baier (ANTIPEEWEE, ATLANTEAN KODEX) y Rosalie Cunningham (ex PURSON) a las guitarras, a la española Claudia Gónzalez (CACHEMIRA y Rosalie Cunningham) al bajo y a Kevin Kuhn (DIE NERVEN) a la batería. Savia nueva, pero con experiencia, para afrontar esta etapa y, sobre todo, sus compromisos y posibles oportunidades de tocar en directo.

Estaba bastante expectante con lo que podrían ofrecer gente tan diversa a la criatura de la vocalista, pero he de reconocer que lo que más me atraía de su nueva formación era la presencia de Rosalie. Por ello recibí como un jarro de agua fría las crónicas previas que leí de conciertos recientes en las que la británica no tomó partido. De hecho, creo que hizo fechas en 2025 pero ninguna en 2026, imagino que por lo cargada de conciertos que tiene la agenda con su propia banda, aunque a saber si existen otras causas. Todo es posible. Sea como fuere, el encargado de ocupar su lugar fue, como en otros conciertos de este año, Max Eriksson, cuya conexión con Claudia viene de su época en THE MOTHERCROW. Una pena esta baja que, en mi opinión y sin querer desmerecer a nadie, fue sensible.

También con gran puntualidad, y únicamente con un pequeño telón con el nombre del grupo como parafernalia, la seminal “Anubis” (el primer sencillo de su carrera) dio comienzo a una actuación que me dejó más dudas que certezas sobre el devenir futuro del combo internacional. Me explico brevemente y me lo quito de encima. Tal vez fuera cosa mía, pero vi a la banda poco rodada y compenetrada pese a que, quitando a Max, el resto llevan un tiempo tocando juntos. Ya que le menciono, al guitarrista le vi un poco perdido en varios momentos y creo que tocó por debajo del nivel que creo que tiene, afectando un poco a la impresión general. A lo mejor fui yo, que no conseguí meterme en su concierto, pero, gustándome tanto algunos de sus trabajos y disfrutando en general de todos ellos, no fueron capaces de transmitirme en directo lo que sí hacen en estudio.

Tampoco el sonido fue todo lo bueno que esperaba y, aunque desde mi posición sí se escuchaba a Johanna con bastante nitidez (cosa que me comentó quien firma las fotos que acompañan a esta crónica que en la parte delantera no pasaba), los coros había que intuirlos y creo que es un punto clave en su música que no lució como debería. Seguramente esto no fuera problema del grupo y sí del técnico, pero, de nuevo, repercutió en mis sensaciones de lo que estaba presenciando.

Esta vez la alemana cantó un poco mejor, aunque me dio la impresión de que se fue “desinflando” con el transcurso de los minutos, pero sigo viéndola como una imitadora de su adorada Jynx Dawson. De nuevo tal vez el problema sea mío porque nunca ha ocultado esa clarísima influencia en sus gestos, imaginería y demás, pero me reafirmo en mi opinión de hace una década. No termino de creérmela. Y eso que no atisbé ni una sola gota de vino a lo largo de la descarga como era su santo y seña, al menos en un pasado no muy lejano. Esa noche estaban todos en el escenario con su botellita de agua por lo que no puedo culpar a ningún exceso etílico (al menos en el transcurso de la actuación; antes de subirse a él, no lo sé), lo que ofreció la líder de LUCIFER.

Un repertorio con demasiado espacio para las últimas etapas
Con cinco trabajos editados la vocalista tiene material de sobra para confeccionar un repertorio a su gusto y, si quieres, de una duración razonable. Lo segundo no lo consideró y volvieron a racanear pese a tocar un tema más de lo que acostumbran. La lástima es que con tantas canciones propias que se quedaron en el tintero decidiera meter una versión del “Goin´Blind” de KISS que pasó sin pena ni gloria como “bonus” del repertorio.

Respecto a lo primero, optó por cargar las tintas en sus dos últimas entregas que coparon más de la mitad de este, dejando representados a “Lucifer I” y “Lucifer II” de forma testimonial con “Abradacabra” y la coreadísima “California Son”, respectivamente. Creo que algunos de sus temas más inspirados están en su “IV” y “V” entregas como “Crucifix (I Burn for You)”, “Bring Me His Head”, ejecutada en la recta final, “At the Mortuary”, que me flipa y no fui capaz de disfrutarla como me hubiera gustado, o “Riding Reaper”, antes de la cual Johanna se dirigió por primera vez a nosotros para saludarnos en una de sus pocas intervenciones entre canciones.

También hubo momentos oscuros, más lentos y cadenciosos como los protagonizados por “Slow Dance in a Crypt” o “Wild Hearses”, presentada por la vocalista como una canción de amor, que no lograron bajo mi punto de vista sumirnos en el trance que sí consiguen cuando los escucho en mi casa. A mí en directo se me hicieron un poco cuesta arriba y más que en un trance me sumieron en el tedio. Menos mal que ahí estaban “Abracadabra” y “The Dead Don't Speak” para sacarme de él. Aunque que anunciara este tema como el último de la noche cuando llevaban 50 miserables minutos sí que me sobresaltó. Afortunadamente fue un desliz porque faltaban cuatro más y todos sonaron. De haber sido cierto hubiera sido de traca y una broma de mal gusto.

El tramo final del concierto
No dejaron en barbecho “Lucifer III”, del que rescataron “Ghost” en los primeros compases del concierto y la que da nombre al grupo en su ecuador. Esta última fue bien recibida por una audiencia que, en líneas generales y quitando momentos puntuales, se mantuvo más expectante que volcada con la banda, reafirmando mi sensación de que había bastantes asistentes casuales esa noche.
Tras “California Son” pareció que iban a retirarse de las tablas para afrontar los posibles bises, pero no fue así y decidieron terminar su repertorio del tirón. De este modo arremetieron con “Bring Me His Head”, la citada e innecesaria versión de KISS, poniendo el punto final con “Fallen Angel”, el corte que abre su último disco editado y que, vista la reacción del respetable y su posición en el repertorio, parece que ha venido para quedarse inamovible en él.

Fueron en total 75 minutos de concierto con un ritmo adecuado y sin demasiados parones que, aunque en mi opinión sigue siendo insuficiente, pareció colmar las expectativas del grueso del público allí reunido. Veremos qué sale discográficamente hablando de esta nueva formación porque la baja de Nicke a nivel compositivo imagino que no es baladí por mucho que Johanna lleve las riendas del combo. Mientras eso sucede, y sin saber si volveré a verla en un futuro próximo, mi primera vez con LUCIFER como cabeza de cartel me dejó una sensación agridulce.
Crónica: David Ortego
Fotos: Jorge Riquelme
Promotora: Bomber Booking











