Crónica y fotos de THE OCEAN COLLECTIVE y SPURV en Madrid (sala Mon, 2 de febrero de 2025)
THE OCEAN, o THE OCEAN COLLECTIVE el que lo prefiera, no son ajenos a nuestros escenarios. Han venido en numerosas ocasiones a lo largo de su carrera presentando casi todos los discos que forman parte de su, ya dilatada, discografía. Una trayectoria que, por otro lado, ha mantenido un nivel compositivo tremendamente alto dentro de su estilo. No muchas bandas pueden presumir de ello. Además, sus descargas son una montaña rusa de emociones combinando con tremenda facilidad partes más atmosféricas con otras más “sludge”. Todo ello aderezado con elementos progresivos marca de la casa. Dentro de su género, siempre me pareció un grupo especial. Difícil de encasillar dentro de un estilo concreto.
El calificativo “especial” también se puede aplicar al concierto del pasado domingo en Madrid. En la capital ponían punto y final a una selecta serie de fechas europeas (tan sólo siete) donde seguían presentando “Holocene” pero, también, cerraban un ciclo ya que, el de nuestro país, era el último concierto de la banda alemana con esa formación. Robin Staps seguirá al frente del barco, como siempre ha sido desde que fundó el grupo en el año 2000, pero el resto de miembros dejarán de acompañarle. Ignoro los motivos por los que se ha llegado a este punto, máxime cuando había compañeros que llevaban casi quince años y habían logrado una estabilidad como banda, pero después de lo que ofrecieron, sólo resta darles las gracias y afirmar que los vamos a echar mucho de menos.
SPURV, Post Rock con toques exóticos

Antes de presenciar la última descarga de THE OCEAN, tal y como la conocemos actualmente, tocaba una ración de post Rock instrumental de la mano de los noruegos SPURV. No conocía musicalmente a los de Oslo hasta pocos días antes de su actuación pero, tras escuchar su último trabajo hasta la fecha, “Brefjære”, lo cierto es que me agradaron bastante, sobre todo teniendo en cuenta que, exceptuando un puñado de grupos de su palo, no soy un gran seguidor del estilo que practican. Es verdad que si no gustas de este tipo de música, la actuación se te podía hacer bola, pero, a tenor por las ovaciones que recibían al terminar cada tema, creo que gustaron bastante al respetable.
Con puntualidad, “En brennende vogn over jordet” rompió el hielo iniciando su actuación y dejando vislumbrar con claridad los derroteros sonoros por los que se mueve el sexteto. Un Post Rock, bastante de manual, en el que los riffs más pesados y las intrincadas melodías de las guitarras de Gustav Jørgen Pedersen (su principal compositor), Herman Otterlei y Eirik Ørevik Aadland (tercer guitarrista que les acompaña en directo y ayuda en estudio) se alternan con pasajes más relajados y emotivos.
Además de contar con la peculiaridad, que a día de hoy la verdad es que ya no sorprende tanto, de tener tres guitarristas, lo más llamativo de su propuesta fue la presencia de Simen Eifring que se encargó del trombón, un xilófono y algunos elementos de percusión como una pandereta y una especie de maracas. Su contribución aportó un toque exótico a las composiciones, pero, la verdad, es que casó a la perfección con el resto de instrumentos. Que apuesten por llevar al directo estos elementos, en lugar de “enlatados”, siempre es de agradecer.
El núcleo de su actuación lo compuso, obviamente, la presentación de su más reciente obra, “Brefjære”, del que también interpretaron en la primera mitad “Som skyer” y una evocadora “Til en ny vår” en la que algunos de los presentes chistaron a otros para que se callaran, puesto que los murmullos y las charlas de bar pugnaban con la música. Un clásico que se repite cada vez con más frecuencia y que no logro entender. Si no te interesa un grupo, al menos no molestes, que nadie obliga a entrar a ver a los teloneros.
En los cincuenta minutos que estuvieron sobre las tablas también hubo tiempo para dejar pinceladas de sus trabajos pretéritos. De este modo la relajada “Gamle årringer”, cuya melodía inicial fue entonada por Gustav arrodillado, dio representación a “Blader som faller til jorden og blir til nye trær” y “Og ny skog bæres frem” hizo lo propio con “Myra”. Mostrándose agradecidos a los cabezas de cartel por haberles llevado (siendo de Pelagic Records todo queda en casa porque el dueño es el propio Robin) y a la entusiasta respuesta del público madrileño, Gustav presentó el último tema de su descarga.
El elegido fue “Urdråpene”, corte también de su última entrega, que puso el punto y final a casi una hora de post Rock instrumental de calidad siendo despedidos con una gran ovación que provocó sonrisas y, de nuevo, gestos de agradecimiento por parte de los músicos. Para algunos fue un mero trámite, a otros seguro que les aburrieron pero creo que a bastantes de los asistentes les convencieron y sumaron a lo que sería, a la postre, una noche para el recuerdo. Si te gusta el estilo, y no los conoces, estoy seguro que los noruegos te convencerán si les das una oportunidad.
Fin de ciclo de THE OCEAN por todo lo alto
Aunque no fue excesivo el tiempo usado para el cambio, se me hizo un poco larga la casi media hora que tardaron en preparar y realizar los últimos ajustes el personal de los alemanes, pero, ya sabéis lo que dicen, lo bueno se hace esperar. Con una sala en la que no cabía un alfiler que había colgado el cartel de “no hay entradas” semanas atrás, pasados cinco minutos sobre el horario previsto, se apagaron al fin las luces y fueron apareciendo los miembros de THE OCEAN junto al propio Simen Eifring de SPURV (marcándose un doblete) que formaría sección de viento con un trompetista adicional.
No hubo sorpresas en el repertorio, anunciado y sabido por cualquiera que lo hubiera querido conocer de antemano, dividido en dos partes. Tampoco en la cuidada puesta en escena (algo habitual en ellos desde siempre) con predominio de las sombras (cuando no, directamente, de la oscuridad), juego de luces con focos traseros y otros no aptos para epilépticos disparados sin piedad cuando la música así lo requería. Además, contaban con una pantalla situada tras la batería de Paul Siedel con proyecciones creadas para la ocasión por Dana Schecter (miembro de SWANS que se encarga de hacer también las de su banda) que aportaron un toque visual de lo más apropiado.
Reconozco que “Holocene” no es mi disco favorito de THE OCEAN. De hecho creo que es uno de los menos inspirados de su discografía, pero claro, mantener el nivel de “Precambrian”, “Pelagial” o, incluso, el de las dos partes de “Phanerozoic” no es tarea sencilla. Por ello, el hecho de que la primera parte de su actuación fuera tocarlo entero (en realidad no fue así ya que “Unconformities” no sonó, ni aquí ni en ningún lado al parecer) no me seducía demasiado. Aunque sus temas ganaron en directo, en mi opinión, “Preboreal”, “Boreal” o “Sea Of Reeds” siguen sin “engancharme” por muy bien que los cantara Loic Rossetti, intratable en este apartado a lo largo de toda la velada.
“Atlantic” supuso un punto de inflexión tanto en longitud, como en la combinación de emoción e intensidad características del grupo. El público respondió muy positivamente a la parte final del mismo en el que la contundencia instrumental y vocal resonó por fin en la Mon. “Suboreal” también recibió una respuesta muy entusiasta por parte de la sala aunque para mí este tema da una de cal y otra de arena. Con el respetable “calentito”, cerraron este primer set con “Parabiosis” y la post Sludge “Subatlantic”, uno de mis temas favoritos de su último trabajo, donde Rossetti se dio el primero, pero no el último, baño de multitudes al saltar al foso. Con ella abandonaron el escenario mientras se proyectaba en la pantalla una cuenta atrás de doce minutos. Un descanso con el que no contaba pero que les sirvió para tomar aliento y a nosotros para hacer balance de lo que habíamos presenciado hasta el momento, preparándonos para lo que se nos venía encima.
Más allá de gustos personales sobre canciones, el nivel escénico mostrado por THE OCEAN fue apabullante. Todos, a excepción del bajista sueco Mattias Hägerstrand, aportaron voces y/o coros en numerosos momentos destacando en este aspecto, para mí, el baterista Paul Seidel. Y es que no sólo tocó la batería de manera increíble si no que su aportación vocal fue también excelsa, notándose la gran complicidad que tiene con Loic en varios tramos del concierto. La sección de viento aportó grandilocuencia, tanto en la ejecución de “Holocene” como en momentos de la segunda parte del repertorio, mientras que la dupla de guitarristas formada por el nacido en Palma de Mallorca, David Ramis Åhfeldt (para cuyos amigos de las islas pidió un aplauso en su presentación al final porque estaban allí viéndole), y el “jefe” Robin Staps cumplió sobradamente como en ellos es habitual.
Loic Rossetti me parece un frontman tremendo, como muy pocos he visto. Esa noche volvió a demostrarlo y merece un capítulo aparte. Cantó francamente bien (aunque en varios momentos la voz desde mi posición se escuchó algo baja), efectos de voz incluidos, tanto las voces limpias (la prueba del algodón que muchos vocalistas que las alternan con guturales no pasan) como en las que se desgañitaba, pero creo que su mayor virtud es la conexión que consigue con el público. Esa que hace que la gente haga lo que pidas o que te lleve en volandas cuando saltas de improviso del escenario o, como ya le he visto hacer en otras ocasiones, de sitios más altos como la barandilla de la parte superior de la Mon. Lleva quince años en el grupo (si no me equivoco, el que más tiempo ha estado jamás exceptuando a su fundador) y se le va a echar mucho de menos (al resto también, pero a él bastante más, me temo) ya que se ha convertido en una pieza clave y reconocible del sonido del combo.
Una vez terminada la citada cuenta atrás de la pantalla, tocaba darle un repaso a lo más granado de las dos partes de “Phanerozoic”. Siguiendo un criterio lógico, la actuación se reanudó con Paul “disparando” desde un ordenador la instrumental “The Cambrian Explosion”, a modo de intro, mientras la banda volvía a escena. Lo cierto es que podían haber elegido cualquier tema de cuantos lo componen por lo que no hubo queja cuando arremetieron, sin apenas pausa entre ellas, con “Cambrian II: Eternal Recurrence”, “Permian: The Great Dying” y “Silurian: Age of Sea Scorpions”. Desde luego, la respuesta del público fue bastante más entusiasta (en este tramo sí que hubo más pogos) que en el inicio de la presentación de “Holocene” confirmando, en cierto modo, que había en la sala más gente de mi opinión.
Habiendo despachado ya “Phanerozoic I: Palaeozoic”, le llegaba el turno a “Phanerozoic II: Mesozoic | Cenozoic”. Supongo que para dar un descanso a la voz de Loic, decidieron afrontar el último tramo del show con la instrumental “Oligocene”, cuya melodía fue coreada por la sala, tras la que la voz de ultratumba del vocalista anunciara ¨Miocene | Pliocene” y pusiera la sala patas arriba siendo coreada y cantada junto al alemán por una sala enfervorizada. Fue, seguramente, otro de los momentos álgidos de un concierto que seguía in crescendo de manera imparable.
Cuando más metidos estábamos todos en el concierto, Rossetti anunció que iban a tocar una más. Por supuesto, obtuvo un “no” rotundo por nuestra parte, pero con “Pleistocene”, cuya brutal última parte desató pogos, puso el punto y seguido. Volvieron a marcharse de las tablas pero todos sabíamos que faltaban los bises que, por suerte, no tardaron mucho en aparecer ya que tampoco el grupo se hizo mucho de rogar ante la avalancha de aplausos que estaban recibiendo.
Todos sabíamos lo que nos aguardaba y así lo corroboró “Triassic”, con protagonismo en su inicio para la sección rítmica, cantada palabra por palabra por muchos de los presentes que, sin duda, no querían que la actuación terminara. Así se lo hicieron saber de nuevo al vocalista cuando, embargado por la emoción del momento, paró unos instantes antes de abordar el último tema de la noche y, por ende, de la historia de esta formación de la que ha formado parte tres lustros como comentó. Abrazos con sus compañeros (especialmente efusivo con Paul), presentación de todos los músicos, a los que cedió el micrófono por si querían decir algo y la sensación, corroborada por sus palabras, de que no quería empezar “Jurassic | Cretaceous” porque eso significaba que terminaba su andadura con THE OCEAN.
Cuando por fin iniciaron ese temazo de más de trece minutos, gente a mi alrededor (alguna venida de fuera de España) estaba visiblemente emocionada seguramente contagiada por lo que Rossetti transmitió. Además, me sorprendió que la esposa del vocalista estuviera a nuestro lado, como una espectadora más, viviendo con la misma pasión que nosotros el último concierto de su marido en THE OCEAN. En varios momentos le pidió el móvil para grabarnos a modo de recuerdo personal. Por supuesto, Loic no dejó pasar la oportunidad de saltar y darse, ahora sí, su último baño de multitudes. Inicialmente terminó en el foso pero le subieron con celeridad para despedirse de nosotros con esa estampa que siempre le perseguirá y por la que muchos le recordaremos.
La música cesó y las luces de la Mon se encendieron dejando ver las caras de felicidad de los presentes ante las más de dos horas (descanso incluido eso sí) que THE OCEAN nos había brindado. Los aplausos y los agradecimientos por haberles acompañado todos estos años todavía continuaron unos cuantos minutos. Hasta Paul se lanzó al foso con una sonrisa de oreja a oreja tras haber recibido una camiseta blanca con su cara, que mostró orgulloso y terminó poniéndose. En definitiva, no pudieron cerrar este ciclo de mejor forma que con un concierto soberbio al que pocas pegas se le pueden poner. Es verdad que, al centrarse exclusivamente en sus tres últimos trabajos, se quedaron demasiadas joyas en el tintero pero, aún así, sabíamos a lo que íbamos. Veremos qué le depara el futuro a Robin y a quién elige para seguir adelante porque, personalmente, creo que le va a resultar difícil encontrar una formación tan compenetrada como la que esta noche nos dijo adiós. Ojalá fuera un “hasta luego”…






















