Crítica de OKER - Miedo

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Vuelta al ruedo de los madrileños OKER y, con ellos, retorno de la apuesta constante por una fórmula musical tan básica e identificable de primeras como efectiva y ganadora. En esta ocasión, su nueva obra aterriza en forma de Ep, un formato por el que, últimamente, vienen apostando un buen puñado de bandas, siendo una modalidad más barata, rápida y, a su vez, más práctica de cara a mantener el nombre del grupo a flote en el atiborrado mercado musical.

Con “Miedo”, el cuarto trabajo de la banda, el quinteto de marras demuestra una vez más que lo suyo es el Heavy Rock de corte ochentero facturado con riffs sencillos y prácticos, pero sin dejar de tener presente que estamos en pleno año 2016, como bien evidencia el contundente sonido obtenido en la grabación, detrás del cual se hallan dos nombres habituales de nuestra geografía metalera; José Garrido y Daniel Melián, de los estudios New Life. Quien quiera buscar innovación, desarrollos musicales complejos y cambios sorprendentes en las estructuras evidentemente no se verá complacido con un trabajo de OKER, ya que esos menesteres le corresponden a otro tipo de bandas, pero aquel que busque evadirse con unas melodías vocales pegadizas y con un empaque musical muy ligado al viejo Heavy patrio de bandas como OBÚS o SANTA hallará en la formación de la capital un combo bastante asequible y recomendable para pasar un rato más que agradable porque, a decir verdad, OKER, en su parcela musical, sigue sacando petróleo de sus composiciones sin apenas novedad en su propuesta. Si acaso, se podría decir que desde su primer trabajo hasta ahora la banda ha ido imprimiéndole algo de velocidad a sus temas, pero, al final, el grueso de su música continúa intacto y, personalmente, me satisface comprobar como hay bandas que defienden con perseverancia y a capa y espada el género en el que creen por mucho que algunos seguidores de nuestra música quieran tachar a dichas agrupaciones de inamovibles.

“Sobre el papel” es la encargada de abrir el compacto, una pieza sustentada en un riff directo y machacón. Xina le da un soplido de aire fresco al tema aferrándose a una melodía con cierto plante épico que dinamiza bastante la composición. “Miedo” recoge el relevo siendo el tema estrella del trabajo. Estamos ante un corte que, de inicio, apuesta por un ritmo más acelerado y movidito en el que, a su vez, asoma el coreable y acertado estribillo. ¡Puro y duro Heavy Rock nacional!

Por su parte, “Dueño de la tempestad” irrumpe con un estilo más cercano al Hard ochentero de corte americano. Un riff envolvente ejerce de motor en un tema con una fisionomía más rockera que acaba resultando bastante asequible sin que tampoco sea la canción con más pegada de toda la obra. En “Sangre y sudor”, la banda nos adentra en ese terrible virus que viene azotando a nuestro país desde hace un tiempo y que no es otro que el de los desahucios. Musicalmente, la banda no languidece con su propuesta y una vez más se adhiere a la fórmula de base rítmica elemental y accesible sumada a una melodía pegadiza con la que Xina parece echar toda la carne en el asador de cara a que el interesante y necesario mensaje que proyecta la canción resulte más convincente. Finalmente, “Magia negra” es, a mi parecer, el tema más flojo y anodino del compacto. Mismo estilo, pero menos presencia y pegada, aunque el estribillo, marca de la casa OKER, parecer lograr que el tema en cuestión levante algo el vuelo.

Un trabajo, en definitiva, puramente OKER. A estas alturas, ni la banda ni el género en el que se mueve la misma necesitan presentación. Visto lo visto, les queda fuelle para rato y esta breve pero convincente obra demuestra que su pasión por el viejo Heavy Rock, el que marcó a una generación y aún lo sigue haciendo, sigue traduciéndose en canciones que entran con fluidez, que te hacen abstraerte durante un buen rato y que, por tanto, cumplen con su cometido como vía de entretenimiento.

Como último apunte, los amantes de toda la parafernalia e idiosincrasia ochentera sabrán apreciar la tenebrosa portada de “Miedo”, la cual me ha recordado enormemente a la del mítico “Heavy Birthday” que KARO nos dejó a finales de los ochenta, sobre todo en lo que concierne a las siniestras velas.

Jorge Osoro

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