Crítica de RUNNING WILD - Rapid Foray

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Todo seguidor de RUNNING WILD sabe que el amigo Rolf Kasparek es un tipo como poco singular. Dejó de hacer giras tras, según él, perder dinero en la de “Blazon Stone”, limitándose a hacer unas pocas fechas en su Alemania natal y festivales sueltos a partir de entonces con cada nuevo disco. Cuando entramos en el siglo XXI directamente abandonó los conciertos fuera de festivales puntuales, y finalmente en 2009 dio carpetazo al grupo para dedicarse a teñirse el pelo y proyectos bastante bizarros como TOXIC TASTE, que tuvieron poco recorrido.

Hasta entonces los bailes en la formación fueron constantes, las habladurías sobre su extraño comportamiento no eran escasas (desaparición durante la grabación de “Victory” por ejemplo) y la calidad de sus lanzamientos, que ya con dicho disco había sufrido un pequeño bajón, se fue a pique directamente, de manera paralela a la conversión de RUNNING WILD en un proyecto unipersonal en el que Rolf hacía absolutamente todo, imagino que tan preocupado por el dinero como siempre, para ahorrarse pagar a músicos, estudio, técnicos y demás parafernalia.

En 2012 para sorpresa de muchos vuelve con “Shadowmaker”, un disco absolutamente lamentable con bodrios injustificables como “Me And The Boys” o “Dracula” que lastraban las pocas buenas ideas que había en el resto de cortes. El grupo seguía siendo Rolf y los botones de la mesa de mezclas, con algunos solos de su amigo Peter Jordan para dar varias pinceladas de color al asunto y poco más, la calidad seguía por los suelos.

Algo más de un año después saca “Resilient” con evidentes mejoras, mayor presencia de Peter Jordan en los solos y algunos temas realmente disfrutables, a pesar de seguir estando a años luz de los álbumes clásicos.

Estamos en 2016 y con rotura de hombro de por medio, Rolf nos ofrece “Rapid Foray”. En él nos encontramos, ojipláticos, a una banda (la que le acompañó en su último concierto en Wacken 2015) con Peter Jordan a la guitarra solista, Ole Hempelmann al bajo y Michael Wolpers en la batería. Y más ojipláticos aún, al menos yo, nos encontramos con un disco que, por momentos y tras más de 15 años, vuelve a sonar a lo que fue la banda en sus buenos tiempos.

He querido hacer este pequeño repaso a la decadencia, muerte y posterior resurrección de RUNNING WILD porque creo que no es despreciable la coincidencia de que cuanto más sólo está el señor Kasparek, peor le va al grupo. Rolf sigue diciendo en las entrevistas que en estudio es un proyecto unipersonal, pero también afirma que en directo son una banda, cada uno con sus aportes y contribución, e incluso ha tenido el detalle de abrirles la puerta de la pecera de grabación a algunos de ellos… y oh, casualidad, volvemos a tener un disco que no solo no invita a lanzarlo por la ventana si no que puede darnos buenos momentos incluso a los fans que a estas alturas estábamos ya más que desesperados.

Y es que “Rapid Foray” no es ni de lejos un gran disco de RUNNING WILD, pero es correcto como fue “Resilient” y, esta vez sí, parece un disco de RUNNING WILD además. No entraré a valorar las opiniones de aquellos que lo ponen en los altares del Olimpo metálico y por encima de álbumes de los 90, y no lo haré básicamente porque no puedo hacerlo sin usar insultos, así que me limitaré a, por fin, hablar del disco.

Se abre fuego con la no muy afortunada “Black Skies, Red Flag”. Tema con sabor añejo en los riffs pero algo carente de fuerza, sobre todo cuando su cometido es encabezar el CD. El estribillo tampoco es de lo mejor que ha facturado Kasparek precisamente, así que pese a que tiene pasajes notables como la parte instrumental intermedia, no es un tema que quede para el recuerdo.

“Warmongers” tiene un clarísimo punto a favor: es un tema cañero a doble bombo como hacía muchos años que no podíamos escuchar en los trabajos de la banda, con cierto regusto a “Masquerade” por ejemplo. Lo malo es que tiene otro en contra también: ni la línea de voz ni el trabajo de guitarras se acercan si quiera a los temas brillantes del pasado. Otro corte que queda en la simple corrección, pero que sube puntos porque recupera un tipo de canción que parecía ya denostada para siempre.

Con “Stick To Your Guns” tenemos el típico tema algo más pesado de riff simple y corte clásico que empezó a aflorar en los CDs de RUNNING WILD a finales de los ochenta de manera tímida y que al dar por finalizada su andadura temporalmente en 2009 ya habían invadido la casi totalidad de los últimos lanzamientos. A mi estas canciones me suelen aburrir soberanamente, y aquí no está la excepción. Uno de los puntos más flojos de “Rapid Foray”.

En cuarto lugar llega precisamente el tema que da nombre al disco, un tema con aire pirata pero más cerca de la nueva hornada de composiciones que de la antigua, con un punto más feliz en los riffs y en el estribillo (uoh, oh, oh!) de lo que uno desearía (uoh oh!) y unos coros que chirrían un poco, la verdad.

Bordeamos el fiasco absoluto con “By The Blood Of Your Heart”, tema a medio tiempo pegajoso (que no pegadizo) con aires de himno que sin llegar a los niveles de patetismo de “Me and The Boys” del “Shadowmaker”, no le anda lejos. Se salva quizá por un solo más que aceptable y netamente metálico, aunque el final con gaitas y el huracán de arco iris y felicidad que nos envuelve puede hacer que más de uno tenga un colapso. Alguno dirá, y con razón, que ya en su buena época hacían este tipo de temas hímnicos y vergonzantes como “Roaring (boring) Thunder” incluido en “Pile Of Skulls” pero claro, allí nos quitábamos el mal sabor de boca con joyas como “Black Wings Of Death” o “Treasure Island” y aquí no tenemos de eso, por lo que duele más el golpe.

Como he dicho no tenemos joyas, pero si algunas alhajas que en tiempos de escasez se atesoran con mucho cariño. Llegamos al punto álgido de “Rapid Foray” con el combo que conforman la instrumental “The Depth Of The Sea (Nautilus)” y el tema elegido como single, “Black Bart”.

La primera es una canción muy bien montada, bien ambientada y con unas guitarras iniciales que me han llegado a recordar a aquella maravilla de intro que era “The Curse” en el glorioso “Black Hand Inn” solo que algo lastradas por una producción inferior, pero ¡qué diablos! la gallina de piel que decía el señor Cruyff, y lagrimita asomando tímida por el borde del ojo… como colofón el tema desemboca a toda velocidad en otra melodía para el recuerdo, y uno no puede evitar quedarse con una sonrisa tonta dibujada en la cara.

“Black Bart” por su parte se perfilaba como el mejor corte ya desde los primeros extractos que se publicaron del disco. Una composición de las de siempre, con un estribillo muy similar al “Black Gold” que se incluía en “Rogues En Vogue” pero a los que llevamos años siguiendo las andanzas de Rolf Kasparek eso no es algo que nos sorprenda. Letra de temática pirata, riffs con gusto añejo e intermedio pegadizo y efectivo. En  los discos míticos no habría pasado de ser un buen escolta de los temas verdaderamente grandes, pero hoy por hoy se erige en estandarte de lo mejor que puede dar RUNNING WILD y quizá en una muestra de lo que traiga en el futuro la banda.

Desgraciadamente toda evocación a las glorias del pasado se corta abruptamente con “Hellectrified” y “Blood Moon Rising” volviendo al gris presente. Son dos pistas que pueden llegar a gustar pero que tampoco aportan nada a lo que ya hemos escuchado anteriormente. Riff machacón, líneas de voz y estribillos directos y poca complicación.

El siguiente tema es “Into The West”, que fue la primera canción que pudimos escuchar de “Rapid Foray” al ser estrenada en 2015 en directo como avance del nuevo trabajo, así que le lleva ventaja a sus compañeras. Muchos la califican como digna de estar en “Blazon Stone” pero eso es algo muy osado; sólo por hablar del salvaje oeste y evocar aquellos tiempos y latitudes con sus melodías no podemos ya andar soltando blasfemias alegremente. El tema está bien, por encima de varios del disco, pero tampoco nos pasemos…

El cierre que nos proporciona “The Last Of The Mohicans” es alentador en cualquier caso; con un magnífico riff marca de la casa, muchos cambios de ritmo y diversas ambientaciones no llega al nivel de los grandes temas épicos del pasado, pero es un corte dignísimo que deja muy buenas sensaciones, tanto para volver a escuchar el disco como para ser razonablemente optimistas con lo que pueda venir en el futuro.

Hay que mencionar de manera especial el trabajo de guitarras a lo largo de todo el álbum, porque cuando dos músicos llevan tiempo tocando juntos se compenetran mejor, cada uno sabe lo que hace el otro y eligen la mejor manera de complementarse. Peter Jordan ha variado su forma de hacer solos inicial a una que recuerda ligeramente a lo que plasmaba el añorado Thilo Hermann en sus pistas de guitarra, pasando de unos punteos planos y demasiado parecidos a los que hace el propio Rolf (sin sus míticas cuatro notas marca de la casa claro) a dibujos más vertiginosos y complicados, que contrastan y de alguna manera contestan a los del líder de la banda. Otra de las buenas noticias que trae este “Rapid Foray” bajo el brazo y otro retazo del pasado recuperado.

Podemos afirmar que con “Rapid Foray” RUNNING WILD no mejora notablemente a su predecesor “Resilient” en lo que a nivel musical se refiere, pero en cuanto a sensaciones los fans de toda la vida quedamos bastante más satisfechos. En varias declaraciones Rolf ha asegurado que los anteriores álbumes han sido los pasos naturales y necesarios que compositivamente ha necesitado para llegar hasta este disco, y quizá el siguiente paso en la carrera del señor Kasparek nos permita decir por fin sin medias tintas “ha vuelto, ahora sí, ha vuelto…”.

R. Caspárez

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