Crónica de Y&T en Barakaldo

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Hay bandas que nunca defraudan. Son aquellas que sabes que, sea cual sea el disco que presenten, sea cual sea el motivo por el que vienen a tu ciudad, tienes que ir a verlas porque son garantía de calidad, entrega y honestidad. YESTERDAY & TODAY es un ejemplo claro de lo que digo y los centenares de asistentes al concierto de la Rock Star Live de Barakaldo así lo podrán atestiguar. Hace ya un tiempo de la salida de “Facemelter” y la vuelta a los escenarios de la banda de Dave Meniketti no ofrecía aliciente mayor que comprobar cómo la leyenda sigue en pie tras el varapalo que sufrió la banda a principios de año con la muerte del miembro fundador Phil Kennemore, carismático bajista que ha acompañado a Meniketti en toda la carrera de Y&T. Pero daba igual, esta era una cita obligada y acabó siendo una noche de gala para los fans del Hard Rock ochentero que contaron además con el aliciente de un gran telonero.

Y es que, aunque no venía anunciado en la entrada, los catalanes GÜRU del gran guitarrista David Palau (habitual de las giras de David Bisbal y Alejandro Sanz) y del compositor y cantante Pau Sastre visitaban Barakaldo por primera vez presentando su estupendo primer disco, un compendio de grandes temas de Hard Rock - AOR tiznado de la influencia de grupos como DANGER DANGER, WINGER o HAREM SCAREM algo que pudimos comprobar en los arriesgados y elaborados arreglos que jalonan sus composiciones. El grupo vino sin su teclista Kyke Serrano y tuvo que tirar de samplers que disparaba David sin ningún tipo de subterfugio.

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El grupo fue de menos a más, especialmente Pau que parecía no haber calentado lo suficiente, y cuajó una estupenda actuación en la que los intérpretes salieron ante el respetable con humildad y mucho oficio ganándose al personal a base de simpatía, entrega y calidad. La adición de Jordi Vericat al bajo y de Toni Mateos ha aportado solvencia y pegada al grupo y el breve pero intenso repaso a su disco debut tuvo momentos de verdadera magia como en “I Want You Out”, “I Found My Way” y, sobre todo, la espectacular “Salvation”, que se reservó para el final y que puso la guinda a una actuación llena de autenticidad y trabajo que nos hizo comprobar, una vez más, que en esto del AOR no hace falta saltar el charco para encontrar grandes bandas.

David Palau dijo en varias ocasiones que ellos iban a gozar igual que el resto del público de la actuación de las huestes de Meniketti y estoy seguro que así fue porque lo que durante más de dos horas aconteció sobre el escenario barakaldés fue verdaderamente asombroso. Mucho ha llovido desde que el grupo deslumbrara al mundo con “Earthshaker”, concretamente treinta años, pero da igual; la banda sigue en pie con un legado soberbio, más oficio y tablas que nadie y una formación rejuvenecida y compacta a más no poder. La ya asentada figura de John Nymann, con más de diez años en la banda apoyando a Dave en las guitarras, se ve reforzada por la importante presencia de Mike Vanderhule a la batería desde hace cinco años y con la reciente incorporación de Brad Lang al bajo y los coros. Una gran banda con un gran repertorio que sirven de plataforma para el lucimiento de uno de los más grandes músicos del Rock de los últimos treinta años: Dave Meniketti. Qué entrega, qué precisión, qué emoción… Lo de Meniketti es para que todo el mundo tome nota de su actitud, su pasión y, sobre todo, su capacidad de emocionar. Nos puso a todos la piel de gallina con sus largos y emotivos solos, con su voz personalísima y con una energía tal que hizo que el concierto fuera uno de los mejores del año.

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Y eso que la cosa no fue todo lo bien que hubiéramos deseado todos. Algunos problemas con el sonido de la P.A. (rápidamente solucionados, eso sí) enturbiaron un par de temas, a lo que tuvo que unirse un “pequeño accidente” cuando Brad Lang, que no paró de saltar y correr por todo el escenario, pisó por accidente algún cable y dejó todo el escenario sin sonido. No pasó nada. El grupo retomó el tema exactamente donde lo había dejado como si nada hubiera pasado, sin perder la sonrisa y sin dejar que el público se enfriara: todo un ejemplo de profesionalidad. Desde el mismo arranque con “On With The Show” (toda una declaración de principios tras la muerte de Kennemore) el grupo se mostró bien plantado sobre las tablas, con el guión bien aprendido y con una soltura pasmosa que se tornó en magisterio rockero cuando abordó clásicos incontestables como “Black Tiger”, “Dirty Girl” o la arrolladora “Mean Streak”. Con semejante trío de ases el público cayó rendido a sus pies y comenzó a ovacionar al grupo sin ninguna reserva. La fiesta estaba servida y las dos horas siguientes serían para enmarcar. Meniketti dijo que iban a tocar mucho de “Earthshaker” porque cumplía treinta años y lo hicieron, pero tampoco olvidaron discos más recientes como “Ten” del que nos regalaron una estupenda versión de “Don’t Be Afraid Of The Dark”, a la que siguieron dos fantásticos temas de uno de sus discos más infravalorados “In Rock We Trust”, el gamberro “Lipstick And Leather” y el bellísimo y potente “Don’t Stop Runnin’”.

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El concierto iba cogiendo calor (a veces tanto que la guitarra de Meniketti se desafinaba tras cada tema) y la cosa no podía decaer: “Midnight In Tokyo” de su extraordinario disco “Mean Streak” nos voló la cabeza con esas guitarras dobladas y con un Meniketti soberbio a la voz. De vuelta al material más novedoso el grupo atacó seguidamente “Shine On”, “If You Want Me y “Blind Patriot”, temas que no desentonaron en absoluto con el resto del repertorio demostrando así que “Facemelter” es un disco llamado a situarse entre los clásicos de la banda.

Si algo caracteriza a Y&T es su versatilidad, su capacidad de ir a degüello en los temas más rápidos y potentes y, a la vez, su soltura y emotividad, en los temas más pausados. Esto último quedó en evidencia en “Winds Of Change”, ese mágico medio tiempo que cierra “Black Tiger”, en el que la voz de Meniketti volvió a demostrar estar en plena forma. El retorno al extraordinario “Earthshaker” vino de la mano del directo “Hungry For Rock”, que con sus riffs incendiarios y su ritmo rompecuellos volvió a subir la temperatura de una sala ya totalmente entregada a la banda. El más reciente “Don’t Bring Me Down” sirvió de preludio al momento más mágico y maravilloso de la noche: la arrolladora interpretación que el grupo, y en especial Meniketti, hizo del clásico “I Believe In You”, un tema en el pudimos comprobar que el líder de Y&T es un bendecido por la mano divina. No se explica si no la asombrosa fuerza y pasión con la que desgranó uno de los mejores solos de todos los tiempos, un solo que sobrecoge más aún cuando se compara con el sutil arranque de la canción, casi entre susurros, y que es, en mi opinión, uno de los mejores solos de todos los tiempos. Sencillamente mágico. Fuera del repertorio, y atendiendo a las peticiones de algunos fans, el grupo medio improvisó una fantástica versión de “Eyes Of A Stranger” el único tema que sonó esa noche de ese otro gran incomprendido que fue “Contagious”. Fue increíble comprobar cómo, tras un par de acordes de prueba para recordar el tono del tema, la banda arrancó siguiendo a Meniketti como si llevara años tocándola sin parar. Alucinante.

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Los clásicos caían uno tras otro y otro de los más celebrados (y mejor interpretados) fue otro lobo solitario en un disco “menor” de la banda, “Down For The Count”. Estoy hablando del festivo y jovial “Summertime Girls”, que fue coreado por todos queriendo, tal vez, que la fiesta no decayera, pese a que se olía que el concierto iba llegando a su fin.

Y así fue, pero aún faltaban clásicos imperecederos como el aplastante “Hurricane” o el gamberro “Squeeze”, que cantó John Nymann dedicándoselo al fallecido Kennemore, que solía ser el protagonista de este gran tema de “Earthshaker”. La ovación fue de gala pues el público quiso arropar a la banda y demostrarle que la memoria del gran bajista sigue viva en sus corazones. El clásico “Rescue Me”, también de “Earthshaker” y el poderoso “I’m Coming Home”, que nos devolvió a la “más reciente actualidad” de la banda sirvieron como anticipo del inevitable final que nadie quería presenciar. Pero todo llega a su fin y en los bises el grupo, que ya había demostrado que siguen en plena forma, se despidió con “Hell Or High Water”, para mí la única que “sobraba” y la inevitable y aplaudidísima “Forever”. Fue una pena que temas como “Open Fire”, “Barroom Boggie”, “Hang ´Em High” o “25 Hours A Day” no encontraran hueco en el repertorio, pero está claro que el grupo no se esconde detrás de los clásicos y que pelea por su nuevo material.

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Los más veteranos hubiéramos preferido menos temas de “Facemelter” y alguno de los citados u otros parecidos, pero la banda lo dio todo y apostó por su futuro inmediato apoyándose en un pasado glorioso. Un lujo haber tenido a Y&T en Barakaldo por segunda vez en los últimos tres años. Esperemos tenerlos pronto de vuelta porque, como decía al principio, son garantía de calidad, honestidad y sentimiento. Phil puede estar muy orgulloso de ellos.

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