La banda de Thrash Metal mantiene intacta su identidad y ofrece varios momentos destacados en el álbum, pero el exceso de metraje lastra el resultado
Me enfrenté con aprensión a “Cursum Perficio” porque no quería criticar más de la cuenta a ANTHRAX si su duodécimo disco (glups) se me hacía ramplón, flojo, agarrado con desesperación a la nostalgia o, seguramente lo peor de todo, aburrido. Y algo de esto último hay, por desgracia. Me pasa con ellos y con otros gigantes del Thrash Metal. Grupos que no dejan de ser, casi todos, más que grupos. Ídolos de mi juventud, nombres con una resonancia lo suficientemente íntima como para que no extraiga ningún placer de asumir que me cuesta escuchar enteros, del tirón y sin que se me escape algún bostezo, la producción reciente de unos cuantos de ellos.
Y se puede citar también a MEGADETH, EXODUS, KREATOR, TESTAMENT... Saco canciones, cosas, destellos de lo que fue que, finalmente, no puedo encapsular para mi disfrute futuro, sumarlo a la cadena genética de mi relación con esos grupos. Como mucho, puedo quedarme con un riff, una idea antes de que vuele, y ponerla en la estantería de los adornos que no sabes cómo han llegado allí, algo que supongo que acaba habiendo en todas las casas. Como, y eso en el mejor de los casos, la maqueta de un barco antiguo dentro de una botellita de cristal y tapón de corcho. Algo que inevitablemente se mira con distancia.
Todo eso sin entrar, porque no hace falta ponernos desagradables que bastante mal está el mundo, en cómo evolucionaron las carreras de mastodontes como METALLICA, SLAYER o SEPULTURA. Las excepciones me sobrevienen con cuentagotas y, generalmente, en bandas por debajo de ese primerísimo rango (te estoy mirando a ti, SACRIFICE). Sé que, además, parte del problema es mío, sin más razón que la evolución de mis gustos hacia nichos mucho más recónditos del (vastísimo, felicitémonos) mapamundi del Metal. No eres tú, soy yo y todo lo demás. Ya se sabe. Es algo tan cierto como que puedo escuchar siempre que me vienen a la cabeza y tantas veces como haga falta los discos clásicos de esos mismos grupos. O mis favoritos.
Sin embargo, como ya pasó la época en la que ser recalcitrante era algo interesante en internet, conviene reconocer que suelen coincidir: con excepciones, tu top 3 de cualquiera se va a parecer al de casi, casi todo el mundo. Al que haría el mismísimo universo. Esos discos son como un billete al pasaje por tu vida: bienvenido, ponte cómodo y prepárate para llorar, reír, emocionarte por cosas que ya casi ni comprendes y viajar a momentos de que, aunque por desgracia no siempre te des cuenta, siguen ahí. Amigos, conciertos, noches que salieron de maravilla o que acabaron como el rosario de la aurora. ¿Te acuerdas? Joder, ya lo creo que sí que te acuerdas. Solo tienes que quitarte de la cabeza el montón de cosas que ahora te preocupan y que entonces ni existían en tu radar. Y eso, mucha suerte para los que vienen después y les caen esas comparaciones como vigas de hormigón entre las costillas, va en el valor que siempre daremos a esos discos, un derecho que se han ganado por formar parte de nuestro camino.

El caso es que puedo hacer casi cualquier cosa, como si fuera arcilla, con el legado de esos grupos. Pero no puedo, en muchos casos, disfrutar con pasión genuina de sus últimas andanzas como sí hacen, y bien por ellos, otros seguidores. Así que vuelvo al principio y, con el alivio del que juega a la defensiva, proclamo mi conclusión más neutral después de escuchar “Cursum Perficio” un buen puñado de veces: celebro que no tengo nada horriblemente malo que decir de ANTHRAX. Es una afirmación que no suena a redoble de tambor con confeti cayendo del techo, y tampoco creo que Nuclear Blast me la vaya a robar para futuras hojas promocionales. Pero yo me he quitado un peso de encima, y espero que lo entienda el que haya leído todo lo dicho hasta aquí. Alguien podría decirme que no le cuente mi vida, y tendría todo el derecho. Pero si tengo que escribir sobre ANTHRAX, no puedo hacerlo sin hablar de mi vida. Al que le parezca mal, que pregunte a la IA. A ver si al menos acierta con la discografía.
Una relación con ANTHRAX que viene de lejos
Recuerdo como si fuera hoy la primera vez que escuché “Among The Living” y ANTHRAX se convirtió automáticamente en uno de mis grupos favoritos: esa sensación, que se ha perdido con el cambio en la forma de consumir (ahora devorar, más bien) la cultura, de dónde habías estado durante toda mi vida. Recuerdo a un heavy mucho mayor que yo que, en la piscina del pueblo de mi madre, llevaba aquel mítico bañador amarillo con la cara de Not Man, aquella especie de No Mascota del grupo. Demonios, busqué durante años ese bañador. Recuerdo las camisetas de tirantes con la portada de “State of Euphoria”, el disco que tocaba entonces; el logo mítico y el riff de “Madhouse” que es uno de esos que podías ponerle a cualquiera, y no hacía falta nada más, que te preguntara qué tenía de especial esa música. La tuya. La T-U-Y-A.
Y recuerdo, ahora con ternura, aquellas polémicas que fueron gigantescas y que son una cápsula del tiempo a una época mucho más inocente: la colaboración con PUBLIC ENEMY y la camiseta del grupo con la que Scott Ian salió a tocar en Donington. El sacrilegio. Recuerdo comprar las revistas mensuales para ver quién iba a sustituir a Joey Belladonna, y recuerdo que era algo que realmente me importaba. No son cosas de las que avergonzarse: hay edades en las que uno está vivo por encima de sus posibilidades, todo sucede a toda velocidad y todo se recibe como besos o golpes, en carne viva y sin término medio. Así que, si tuviera a Scott Ian, Charlie Benante y compañía delante, les diría, sobre todo, que muchas gracias. Que les debo mucho. Y que, si les interesa mi opinión, no creo que haya montones de discos perfectos pero que, para mí (y es algo que no pienso discutir) ellos crearon dos, “Spreading The Disease” y “Among The Living”. O que, si me pidieran que reuniera unos cuantos verdaderos himnos de mi música, cantos al Metal, metería siempre “Deathrider”. Soy de los que no renegó de los años de John Bush, y en 2026 puedo defender, todavía, que “Sound Of White Noise” fue un muy buen disco. Vibrante e inteligente, aunque la verdad es que no sé si lo pienso realmente. Diría, aunque tendría que comprobarlo, que también sería capaz de reunir nueve o diez buenas canciones del resto de discos de aquellos años con Bush que ya eran… otra cosa. Dejémoslo ahí. Pero hasta de ese tramo tengo recuerdos imborrables: por ejemplo, un concierto perfectamente fabuloso en la vieja Macumba. El caso es que había un montón de motivos por los que no quería decir nada (muy) malo de ANTHRAX, y “Cursum Perficio” me permite no hacerlo, atravesar su análisis sin heridas profundas, silbando. Sin mucha alegría, pero sin traumas. Así que, desde ese balón del podría haber sido todavía peor, brindo por los buenos tiempos y vamos a ello.
“Cursum Perficio” y el esfuerzo por mantener un legado
Creo que ha dicho Scott Ian que “The Edge Of Perfection” es la mejor canción que ha grabado nunca ANTHRAX. Estoy seguro de que no lo dice a la ligera, que lo piensa; y creo que entiendo sus razones cada vez que la escucho. Es una canción distinta, con una atmósfera extraña para los cánones del grupo y momentos que tocan la frontera sur (la mainstream) del Black Metal. Entiendo que un grupo con 45 años de vida celebre hallazgos así, pellizcos de una capacidad creativa que no se ha extinguido. Eso hay que valorarlo. Mi spoiler, en todo caso, es este: Scott, esa no es la mejor canción de ANTHRAX. No es, de hecho, una de las 25 mejores canciones de ANTHRAX. Pero qué te voy a decir yo a ti, sobre todo, y en realidad qué más da: es una buena canción, nada más pero tampoco nada menos.
Charlie Benante ha explicado que sacó el título del disco de una frase que vio, un fotograma que le dio al ojo de un documental, escrita en una baldosa de la casa de Marilyn Monroe. Significa, (otra vez) para que no preguntes a la puta IA, que el camino se ha completado, ha llegado a su fin. No es, aunque en un grupo tan veterano sea un susto, ni un anuncio de despedida ni la promesa de que no habrá nada más allá. Se refiere al proceso que desemboca aquí, en este nuevo lanzamiento. Diez años, desde la edición de “For All Kings”, con el tránsito por una pandemia que retrasó todo y que obligó a ANTHRAX a, dicho por ellos mismos, reencontrarse como banda antes de reemprender la marcha.
Benante también ha dicho que este disco le recuerda a “Among The Living”. Otra vez, suena a comparación inapropiada pero hay explicación: según el legendario batería (y compositor), aquel clásico no habría llegado sin los dos discos anteriores, el juvenil “Fistful Of Metal” y el puente entre ambos, el extraordinario “Spreading The Disease”. Del mismo modo, “Cursum Perficio” es la culminación del trayecto retomado con el regreso de Joey Belladonna, un disco pleno (para sus creadores) a partir de los brochazos que han querido conservar de “Worship Music” y el citado por “For All Kings”. A mí el primero me gusta muy poquito y el segundo algo más, no mucho, sin haber sido nunca capaz de escucharlo entero muchas veces seguidas y sin haber vuelto a él, esa es la realidad, es esta década que ya ha pasado. Y sé que, este último, sí tiene muchos defensores. ANTHRAX, en todo caso, parece en lo que le toca un grupo vivo de verdad, feliz con su creación, fuera de esa rueda viscosa en la que se meten los que graban por inercia, bandas de versiones de sí mismos sin más finalidad que mantener el ciclo de giras y festivales en marcha. Creo que hay una pasión sincera en cómo se ha parido esta obra y cómo se sienten con ella sus creadores. Sesentones en su mayoría, cuatro de los cinco supervivientes de “Among The Living”: 1987. Es algo de una enorme dignidad, y espero que se entienda a qué me refiero.
ANTHRAX, además, ha puesto empeño en sacar brillo a su propio universo, lo que ahora se llama lore. El mago de la portada, obra de Mark Stritzel, es ese personaje que saludaba en la (icónica) de “Among The Living” y que, finalmente, y después de mucho debate, estaba más inspirado en Randall Flagg, personaje de Stephen King (Apocalipsis) que en el reverendo Henry Kane de Poltergeist II. La ilustración, chocante para el grupo, esconde detalles de su historia para que, como en la época dorada de los vinilos, los aficionados se puedan entretener buscando. Y la producción, mano de Jay Ruston en los estudios de Dave Grohl en Los Ángeles, es fantástica. Sonido de vieja escuela pero moderno, los ANTHRAX de toda la vida actualizados. Las guitarras suenan como tienen que sonar, el bajo de Frank Bello sobresale con el protagonismo infaltable, marca de la casa, y Belladonna está en forma. No digamos Benante. Musicalmente, es un disco al que no se pueden poner demasiadas pegas.
Un disco desequilibrado
Entonces, ¿cuál es el problema? Las composiciones en sí: no todas son brillantes. Ni mucho menos, o al menos no me lo parecen. Como en los dos discos anteriores, creo que sobra metraje, un pecado de exceso, y que lo mejor se agolpa en la primera parte y crea, finalmente, un disco interesante pero desequilibrado, con un arranque notable y un segundo tramo del que retengo muy pocas cosas.
Hay algunas canciones que, personalmente, podría descartar sin problema (“NYC 93”, “Target On My Back”…), y el hype que acompañó a los primeros singles solo lo comparto hasta cierto punto. Y supongo que, cuando es así, ya no es hype. “It’s For The Kids” se vendió como una ráfaga de pura energía Thrash al estilo “Among The Living”. Y está bien, pero no es para tanto por mucho que ese groove de la parte central sí conecte con la legendaria producción del grupo en la segunda mitad de los ochenta.
Justo antes, “The Long Goodbye” me parece un muy buen inicio, un medio tiempo maduro y con una melodía de primera categoría, la forma de Ian de lidiar con la demencia de su padre y una canción que recoge la esencia de ANTHRAX y la presenta en un terreno, entre el Thrash y el Metal Clásico, en el que el grupo se siente cómodo en este punto de su carrera.
Ya he citado “The Edge Of Perfection” como una composición interesante y creo que “Everybody’s Got A Plan” tiene una energía sorprendentemente juvenil, casi ingenua. Y por eso, porque no se disculpa por ser como es, me gusta.

“Infectious” aparece en el eje del disco y es apreciable aunque genérica, una partición precisa entre lo que tiene por delante (casi todo superior) y lo que hay detrás (bastante fácil de olvidar).
En total, son más de 53 minutos de nueva música de ANTHRAX en 2026. Además, insisto, en una versión reconocible de un grupo verdaderamente interesado: no es un disco hecho por inercia, de manera funcionarial. Todo eso hay que reconocérselo. Pero es igual de cierto que no creo que escuche muchas veces “Cursum Perficio” en el futuro, que no creo que nadie vaya a poner este disco entre los cuatro mejores del grupo y que sus mejores canciones no acabarán ni remotamente cerca de los grandes clásicos.
¿Ley de vida? No lo sé, tal vez solo sea eso. Pero el caso es que me resulta un disco que decae rápido con la sucesión de escuchas y que como obra completa se me hace, y odio decirlo, aburrido. Tiene picos altos, en el rango de lo que se ha hecho habitual desde el reinicio con Belladonna, y supongo que gustará mucho a los que disfrutaron como niños (que lo fuimos) con “For All Kings”. Simplemente, yo no estaba entre ellos.
Más allá de eso y sin ganas de hacer sangre, gracias por todo, ANTHRAX, y celebro de corazón que sigas ahí.
Canciones de "Cursum Perficio"
- Persistence Of Memory
- The Long Goodbye
- It's For The Kids
- Everybody’s Got A Plan
- The Edge Of Perfection
- Infectious
- NYC 93
- Cursum Perficio
- T.O.M.B.
- Watch It Go
- My Victory
Discográfica: Nuclear Blast
Más información sobre ANTHRAX en su web oficial, Instagram y oficial de Facebook.
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me duelen los ojos al querer leer tu texto. tu forma de redactar es horrible.
Yo los conocí en el 87 con Spreading, me baje del carro con Stonp 442…Pasé de los dos anteriores y este me parece su mejor disco desde Sound…Muy bueno. Tiene varios temazos, Infectious, entre ellos.El resto a un muy buen nivel. No está entre los 4 mejores, pq es imposible, pero entre los seis, yo creo que si.
Vamos, que ha escuchado el disco una vez… PEDAZO DE DISCO es ‘Cursum Perficio’. Hacía años que no tenía que escuchar un disco tantas veces para apreciar sus interminables matices. Pero cuando te haces con él, el lanzamiento de Anthrax sólo se puede calificar como soberbio e impresionante. Llevo 3 días sin quitarlo del equipo de alta fidelidad… P.D. Si no sabes analizar convenientemente un disco (al menos hay que echarle tiempo), dedícate a otra cosa Juanma, majete…