El duodécimo álbum de los suecos MÅNEGARM nos arrastra a un viaje sombrío, entre riffs abrasadores y letras teñidas de fatalismo
Hay discos que se reciben como cartas desde un mundo antiguo, mensajes arrastrados por los vientos del norte, impregnados de frío, pólvora y sangre. Este es el caso de "Edsvuren", el nuevo trabajo de los suecos MÅNEGARM, que no llega con la suavidad de un manuscrito olvidado, sino con el estruendo de un cuerno de guerra que atraviesa la bruma. Y aunque es obvio que estos 30 años pasados han transformado a la banda, aquí todavía late una oscuridad primigenia, una furia heredada de ancestros que nunca conocieron el descanso.
"Edsvuren" celebra treinta años de sombras: del festín de hidromiel al eco del vacío
Arrancamos la escucha con la certeza de que encontraremos un trabajo meticuloso y rico en matices a los que rascar emociones dispares. "Edsvuren" no es un trabajo complaciente ni ligero. Únicamente necesitamos unos segundos de su tema inicial “I Skogsfruns Famn” para comprobar como las guitarras rugen con una cadencia pesada, casi como troncos ardiendo en profundidades del averno. Aquí, Lea Grawsiö Lindström, hija del cofundador Erik Grawsiö, se une a la banda para ofrecernos un homenaje al seductor espíritu del bosque desde el que nos introducen al mundo de los mitos nórdicos con la crudeza de una antigua bestia.
La voz de Erik Grawsiö oscila entre la brutalidad y el canto evocador. Esa alternancia construye un contraste que se ha convertido en seña de identidad del grupo, pero aquí adquiere un matiz más lóbrego. No se perciben sonrisas tras los coros; hay cansancio, hay una sombra que recorre las letras como presagio de derrota.
Sí, es cierto que podemos encontrar temas como “Till Gaudars Följe” que invitan al oyente a levantar la jarra de hidromiel y perderse en la celebración, pero el grueso de este álbum parece escrito para cuando la fiesta termina y sólo queda el eco de los cuernos vacíos y el frío clavándose en los huesos.
Musicalmente, el disco se mueve entre la furia del blackened Folk Metal y pasajes casi Doom, de temas como “En Nidings Dåd” o “Hör Mitt Kall”, donde el ritmo se desacelera y cada golpe del druida Jakob Hallegren se siente como un martillazo en la tundra helada.
La producción no busca pulir en exceso: hay crudeza en las guitarras de Markus Andé, un filo áspero que transmite autenticidad. No es un álbum pensado para quienes buscan perfección quirúrgica; es más bien una pieza tosca, pero viva, como una piedra rúnica marcada por las manos de un tallador cansado.
Violines como dagas y guitarras como hogueras en la tundra helada en "Edsvuren"
Además, encontramos el inconfundible violín de Martin Björklund, que regresa a MÅNEGARM, ya no como adorno ni concesión folklórica, sino como daga afilada que corta la textura metálica. Su presencia es un recordatorio de que este no es un viaje urbano ni moderno: es un descenso a parajes donde el tiempo se pliega y la memoria colectiva de Escandinavia se transforma en música.
Las letras, impregnadas de mitología nórdica, ya no parecen meras recreaciones épicas. En este disco, los dioses no son héroes luminosos, sino entidades distantes que contemplan con indiferencia la caída de los hombres. Se habla de batallas, sí, pero la narrativa está teñida de fatalismo. Es como si MÅNEGARM hubiera querido recordarnos que toda gloria se apaga, que todo fuego devora al que lo enciende.
Uno de los aspectos más notables es cómo la banda logra transmitir paisajes sonoros. Hay canciones como “Rodhins Hav” o “I Runor Ristades Orden” donde la cálida voz de Ellinor Videfors nos transporta a través de claros en bosques donde la luna apenas se atreve a entrar o “Skils Från Hugen”, surcando mares encrespados golpeando contra rocas afiladas; este carácter visual convierte la escucha en una experiencia casi cinematográfica, aunque la película que proyecta no es de triunfo, sino de ruina y melancolía.
En última instancia, este disco se siente como un ritual crepuscular. Escucharlo no es bailar en torno a la hoguera, sino permanecer quieto, mirando cómo las llamas se consumen mientras la noche gana terreno. Es un recordatorio de que el Folk Metal, cuando se despoja de su faceta festiva, puede ser una música profundamente oscura, incluso devastadora. MÅNEGARM lo ha entendido y lo ha plasmado en un trabajo que no acaricia, sino que hiere con precisión.
Entre mitología y fatalismo: un epitafio sonoro de madurez sombría
Con este álbum, los suecos no entregan un himno de victoria, sino un epitafio grabado en piedra. Y en su eco se escucha la certeza de que, tarde o temprano, todos los cantos acaban en silencio.
No sé si podremos colocar este duodécimo álbum de estudio entre los mejores de MÅNEGARM. La juventud y la urgencia de sus primeros trabajos tienen una energía que difícilmente puede repetirse. Pero lo que encontramos en "Edsvuren" es otra cosa: un álbum de madurez sombría, de mirada retrospectiva, de aceptación de la mortalidad. Es el sonido de una banda que ya no necesita demostrar nada, que no compite por velocidad ni agresividad, sino que ofrece un retrato de sí misma bajo la penumbra de los años.

Canciones de "Edsvuren"
- I skogsfruns famn (con Lea Grawsiö Lindström)
- Lögrinns värn
- En blodvittneskrans
- Rodhins hav (con Ellinor Videfors)
- Till gudars följe
- En nidings dåd
- Hör mitt kall
- I runor ristades orden (con Ellinor Videfors)
- Skild från hugen (con Ellinor Videfors)
- Likgökens fest
- Edsvuren (con Liv Hope Lenard)
- Ofredsfylgjor
- As long as winds will blow – versión de Falkenbach (solo edición caja de madera y vinilo deluxe)
- Flight of Icarus – versión de Iron Maiden (solo edición caja de madera y vinilo deluxe)
- Hear my call – versión en inglés de "Hör mitt kall" (solo edición caja de madera y vinilo deluxe)
- Ulvhjärtat – versión exclusiva al piano (solo edición caja de madera y vinilo deluxe)
Discográfica: Napalm Records
Más información sobre la banda su último disco en su página de Facebook.











