GEOFF TATE - Kings & Thieves

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Uno no acaba de entender qué rayos es lo que le ha pasado a QUEENSRYCHE. De ser una banda referencial en el Metal de los ochenta y los principios de los noventa, uno de esos valores seguros cuyos discos eran esperados con verdadera expectación por millones de personas, ha pasado a ser un extraño ejemplo de caída en picado y desintegración tormentosa que ha dejado perplejos a sus más leales fans. Qué tiempos aquellos en los que discos como “Rage For Order”, “Operation Mindcrime”, “Empire” y “Promised Land” maravillaban a los fans del Heavy Metal y les daban motivos para exhibir con orgullo su música allá por donde fueran. Desde “Hear in the Now Frontier” el grupo comenzó una espiral de mediocridad que sólo sus demoledores directos enjuagaban de alguna manera. Una más que olvidable segunda parte de “Operation Mindcrime” y un par de paupérrimos discos más relegaron al grupo a la categoría de “leyenda muerta” que tan a pulso se han ganado.

Y entonces vino la ruptura. Una serie de incidentes en la gira de presentación de “Dedicated To Chaos” (algunos de ellos con violencia física incluida) precipitaron la salida de Geoff Tate, su vocalista “de toda la vida” y carismático “front-man”. Tras varios rifi-rafes mediáticos ambas partes se pusieron rápidamente manos a la obra para luchar por los derechos sobre el nombre de la banda y para sacar un disco lo antes posible para demostrar que existe vida sin QUEENSRYCHE y sin GEOFF TATE. A la espera de ver qué sea lo que Michael Wilton, Scott Rockenfield y Eddie Jackson hagan junto con Todd La Torre tenemos entre las manos lo nuevo de GEOFF TATE, un disco que hace el segundo de su carrera en solitario y que paso sin más preámbulo a comentaros.

De entrada hay que decir que el disco no ha de ser escuchado con la expectativa de encontrarse un “Operation Mindcrime” ni tan siquiera un “Promised Land”, con el que guarda ciertas similitudes. Se trata de un ejercicio de introspección musical que refleja el lado más íntimo y descarnado de un sobresaliente compositor que ha tenido la desgracia de hacer lo más popular de su carrera justo cuando ésta empezaba. “Kings & Thieves” no puede ser calificado de mediocre en términos generales, aunque tenga demasiados momentos que casi rocen tal calificativo. Se trata de un trabajo honesto y bien producido por el guitarrista y productor Kelly Gray (ex – QUEENSRYCHE) en el que se repasa un amplio abanico de sonoridades y matices que Tate lleva ya unos años trabajando lejos del Metal clásico que le dio popularidad.

El arranque con “She Slipped Away” nos demuestra su fe en el Rock más orgánico y su apuesta por sonidos “vintage” donde las afiladas distorsiones de antaño son sólo un recuerdo del pasado. La batería de Gregg Gilmore suena intensa y directa así como el bajo de Chris Zukas, pero las guitarras de Gray siguen sonando como sonaban cuando estuvo en QUEENSRYCHE: planas, bajas y opacas. Sólo en el momento de los solos de guitarra vemos algo de garra en su forma de tocar. Más pesada y cadenciosa es “Take A Bullet”, un tema en el que el herrumbroso riff de Gray se ve apoyado por los teclados de Randy Gane, un viejo amigo de Tate de los tiempos de MYTH, la banda previa a su entrada final en QUEENSRYCHE. La interpretación de Tate, siempre impecablemente matizada y expresiva, resulta sin embargo algo insípida por culpa de un estribillo machacón y algo falto de sentimiento.

Lo mismo puede decirse de “In the Dirt”, en el que las piezas son en sí mismas atractivas pero juntadas tal y como están generan una imagen borrosa y poco atractiva. Un tema olvidable que decepciona por su falta de emoción. Únicamente el vibrante y melódico solo de Gray nos saca de un sopor peligroso debido a una rara combinación de riff anodino, ritmo cadencioso y voz apática.

El disco avanza sin ofrecernos ninguna pieza que nos haga alegrarnos de la marcha de Tate de su banda original y “Say U Luv It” es otro ejemplo de esfuerzo fallido por el empeño del cantante de ser tal vez demasiado “orgánico”, entendiendo esto como un esfuerzo estéril de sonar añejo, retro. Para llegar a este punto de su carrera no sé si ha merecido la pena evolucionar tanto, porque en el fondo la emoción parece haberse esfumado de la paleta sonora del cantante.

Tres cuartos de lo mismo pasa con “The Way I Roll”, un tema que incluye la aportación de Tate tocando el saxofón (algo que ya hizo en “Promised Land”) y que ofrece coros gritones, efectos sonoros grabados, un Hammond de base que da empaque al sonido y poco más. Algo más atractiva es “Tomorrow”, un tema que pese a seguir apostando por los compases largos y los tempos pantanosos nos trae recuerdos de “Promised Land”, aquel último gran disco que hizo QUEENSRYCHE hace casi veinte años. La clave es que en este tema la melodía vocal de Tate es sencillamente exquisita. Gana muchos enteros cuando deja de hacer estribillos ramplones y ofrece matices más oscuros abriendo espacios a la expresividad que aún atesora pero que tanto nos racanea últimamente. Y el nivel vuelve a bajar cuando de nuevo se disipa la magia y vuelven los tempos plúmbeos, los coros entonados a voz en grito y los arreglos retro que no acaban de cuajar.

En “Evil” esto es más que evidente y en “Dark Money” el hartazgo es ya más que notable. No entiendo cómo alguien que ha compuesto maravillas como “Jet City Woman” o “Suite Sister Mary” puede hacer mediocridades tales como “Dark Money”, un tema que no debía haber entrado en este disco por insulso, flojo y carente de gancho. Más de lo mismo con “These Glory Days”, un corte de aires rancios que, una vez más, sólo se salva por el fantástico solo de Kelly Gray y que, sin embargo, suena compacto y bien producido. Lástima de partitura malograda en un vano intento por hacer un tema pegadizo que, al final, se torna en pegote musical por culpa de un riff aburrido hasta decir basta.

Va llegando el final del disco y nos queda el regusto amargo de no haber satisfecho con él nuestras ganas de encontrarnos con ese Tate tan melódico y, a la vez, desgarrador que nos deslumbró hace años. Ya no es ni sombra de lo que fue, al menos a nivel compositivo. “Change” viene a contradecir levemente lo que acabo de afirmar merced a unos teclados y unas guitaras acústicas que tejen un tapiz sonoro nostálgico y emotivo como pocas veces oirás en este “Kings & Thieves”. De nuevo mejora mi estimación por el disco cuanto más me recuerda lo que hace Tate a lo que hizo en QUEENSRYCHE, sobre todo aquel maravilloso y tal vez no de todo ponderado “Promised Land”.

El broche final con el semi acústico “Waiting” dignifica un final que se antojaba deseado al mediar el trabajo y que ahora deja, sin embargo, un sabor agridulce. No se trata de un mal disco, repito, tan sólo es que esperaba más de un disco que debe suponer un nuevo arranque para un gran cantante y compositor que tal vez deba encontrar su lugar en el mundo para luego crecer en el camino que quiera. Nuestro respeto y admiración lo tendrá siempre pues lo que ya ha hecho hasta ahora lo hace merecedor de un lugar en el Olimpo del Metal.

 

Carlos Fernández

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