"Rashomon", el admirable disco de IBARAKI de Matt Heafy

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Rashomon: Disco de Ibaraki
Portada de Rashomon

IBARAKI de Matt Heafy asombra

Estoy francamente asombrado con IBARAKI (con Matt Heafy) y con “Rashomon”. No tenía ninguna expectativa. O, más bien al contrario, y si tengo que ser totalmente sincero, llevaba en la mochila un par de prejuicios y presunciones. Primero, porque soy alérgico a la sobrecarga de hype, un bombardeo que me produce más pereza que expectativa. Pero también porque esperaba algo… templado, en el mejor caso. Un disco que estuviera bien pero no hablara mi idioma musical o un trabajo mellado por los males habituales de muchos proyectos paralelos: más ideas pergeñadas que estructura robusta, más escapismo y digresión que peso específico.

Además, lo digo y así lo quito de en medio cuanto antes, porque la forma de llegar de TRIVIUM, a través de la explosión mediática del Metalcore comercial y todo aquello de la New Wave Of American Heavy Metal, me mantuvo siempre alejado de un nombre del que después no he dejado de escuchar cosas buenas, entre ellas que maduró por un camino primordialmente metálico y cada vez más clásico.

La suma de todas las cosas buenas que me llegaban sobre el grupo, con el que tampoco casé en su momento tal vez por edad, y su líder, el citado Heafy, nunca me empujó a abrirles la puerta. Así que tampoco me consumió la emoción cuando empezó a materializarse IBARAKI, al principio el proyecto de Black Metal del líder de TRIVIUM. Mientras las noticias se apilaban, yo arqueaba la ceja.

"Rashomon" triunfante

Así que mis disculpas, mi enhorabuena y mi admiración, Matt Heafy. “Rashomon” no es un divertimento ligero para escapar de las obligaciones principales. Es una obra de amor, un trabajo de vida. Es un disco en el que un músico ha volcado su alma, su talento y su pasión con tal convicción, libertad y emoción que el resultado es triunfal. Este es un disco hecho para durar, para calar hondo y permanecer. Para ser escuchado muchas veces, desmenuzado, aprehendido como un todo rotundo y hermético. Recordado. Este es un gran disco con una personalidad desgarradora y una calidad apabullante. Un gran disco de la G de gran a la O de disco.

Una vieja idea y la aparición de Ihsahn

La historia es conocida, más o menos en función de cuánta atención hayas prestado. Heafy nunca ha ocultado su devoción por un Black Metal en el que hizo sus pinitos antes de la formación de TRIVIUM y el boom que siguió. Después, se le quedó la espina de hacer un disco de Metal Extremo a la nórdica, un tributo a sus orígenes y una rendición a un viejo amor musical.

La idea rondaba ya como una mosca pegajosa en 2009 y aceleró durante la pandemia, que tan elástico convirtió el tiempo, hasta entonces siempre tan comprimido. En algún momento de ese camino, el primer embrión de material llegó a través de un productor que hizo de Celestina a Ihsahn, el genio de EMPEROR, una de las bandas fetiche de Heafy, y un músico ahora sin ataduras, de expresión vanguardista y libre.

Ihashn respondió con un escueto “buen trabajo”. La marca de aprobación que echó a andar definitivamente “Rashomon” cuando el noruego, en lo que además fue el inicio de una sólida amistad, invitó al estadounidense de origen japonés a dejar atrás los clichés del viejo Black Metal y abrir totalmente las compuertas de sus inquietudes creativas más extremas… también por expansivas. Ihsahn también animó a Heafy a cambiar mitos y símbolos prestados y centrarse en sus orígenes asiáticos, en su propia veta expresiva en al que maridaran lo que quería decir (sus emociones) con cómo lo quería decir (las leyendas y misterios de sus ancestros).

Y eso es este disco, ni más ni menos, con una enorme influencia de Ihsahn, que ha ayudado en la composición y la producción de forma evidente para cualquiera que conozca su trabajo en solitario, especialmente aquellos trabajos que siguieron a EMPEROR y que ya van haciéndose seriamente mayores: “AngL”, “After”… Sirva como ejemplo la descomunal “Jigoku Dayo”, donde se dan la mano Folk, Progresivo y Post Black con una carga dramática que acaba descargando como una tormenta eléctrica.

Mitos y leyendas de Japón en "Rashomon"

Seguramente ya sabías esta historia o buena parte de ella, porque ha habido mucha fuerza promocional moviendo el molino de “Rashomon” (literalmente ‘árboles salvajes’, también el nombre de un demonio temido en la noche del Japón feudal) en los meses previos a su publicación, mientras estaba en el horno. Finalmente, nada de lo que se ha dicho ha sido exagerado. Detrás del hype había corazón, espíritu: música.

Tenebrosos mitos nipones dibujan metáforas expansivas, viajes al pasado que miran en realidad a lo más profundo de las inquietudes de un músico que ha soltado amarras. Se ha olvidado de TRIVIUM, se ha olvidado de la ortodoxia blacker y se ha concentrado en dejar fluir una faceta desconocida y monumental de su personalidad como creador. El resultado es pagano, sinfónico y épico, brutal y delicado. Moderno y expansivo pero feroz y extremo. Íntimo y bombástico y, sobre todo, orgánico. Un océano de estilos confluyendo en olas que acaban bailando la misma sinfonía oscura y que esconden mil recodos, un millón de detalles que afloran con las sucesivas escuchas y gracias a una producción soberbia.

Las mil caras de IBARAKI

“Rashomon” no es un disco de Black Metal pero es un disco con mucho Black Metal. Es su esencia primordial. Pero también es Progresivo, tiene danzas Avantgarde y hasta escapes hacia breakdowns y ejercicios de sonoridad moderna. Es melódico, atmosférico, evocador. También carnívoro y salvaje, con un control del caos fascinante, una finura admirable a la hora de hacer confluir todo en, finalmente, canciones majestuosas y rotundas, composiciones largas, pesadas y poliédricas. De una excepcional fuerza narrativa, con una constante pulsión emocional que por momentos arrecia y arrolla. Es difícil no sobrecogerse con los crescendos de “Ibaraki-Doji” o las texturas engañosas, un veneno dulce, de la extrañamente accesible “Ronin”, en la que se desgañita de forma brillante Gerard Way, vocalista de THE CHEMICAL ROMANCE y un perfecto desconocido para mí.

Los arreglos no son adornos sino parte instrumental del paisaje. Hay una fina orfebrería de escuelas musicales que confluyen en una sola. En música cargada de poder, imaginación y personalidad. "Tamashii no Houkai" es un tremendo viaje de Metal Extremo Progresivo y épico y en la viscosa “Akumu”, con unos grooves que son como cargas de profundidad, deja su registro oscuro y violento Nergal, el frontman de BEHEMOTH. Un contraste que no se hace ilógico con los misterios avantgarde que le siguen en “Komorebi”, un puente hacia el cierre agónico y teatral que supone "Susanoo no Mikoto", con Ihsahn en el primer plano interpretativo y toda la presión creativa del disco ejerciendo como ariete hacia la desembocadura final. Con partes Black cargadas de imaginación, una reinvención que, insisto, no sorprenderá a quien haya seguido el brillante trabajo de Ihsahn más allá de los intocables reinos de EMPEROR.

“Rashomon” es una obra monumental que requiere tiempo y atención. Pero, como todos los discos de su categoría, recompensa largamente. Tiene una entraña magnética que ejerce una enorme fuerza gravitacional, una energía en la que es muy fácil sumergirse. No es poco accesible ni de difícil digestión, todo lo contrario. Pero sí es de absorción lenta, de descubrimiento y aprendizaje. Una obra de asombro y magia. Hecha, como decía al principio, para perdurar y dejar huella.

Así que, otra vez y para acabar, mi enhorabuena y mi admiración, Matt Heafy. “Rashomon” es mucho, muchísimo más de lo que esperaba. Una afortunadísima sorpresa.

Las canciones de "Rashomon"

Nuclear Blast lanzó el disco el 6 de mayo. Los diez temas que lo componen son:

1. Hakanaki Hitsuzen
2. Kagutsuchi
3. Ibaraki-Doji
4. Jigoku Dayu
5. Tamashii No Houkai
6. Akumu
7. Komorebi
8. Ronin
9. Susanoo No Mikoto
10. Kaizoku

Más sobre Matt Heafy en kiichichaos.com.

Reseña
Nota
8.5
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De la vieja guardia a base de cumplir años, y ya van suficientes como para que cumplirlos sea una putada. Me gano la vida escribiendo y llevo más de un cuarto de siglo escuchando Metal. La gran constante de una vida que me paso intentando cumplir aquello de que hay que ser de los buenos porque ya hay demasiados de los malos en el mundo.

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