El libro repasa la vida, obra e influencia del músico, con material inédito y testimonios cercanos
Decibel Books ha anunciado el lanzamiento de "Born Human: The Life and Music of Death’s Chuck Schuldiner", la primera biografía autorizada sobre el fundador y líder de DEATH.
El libro, escrito por el periodista musical David E. Gehlke, cuenta con casi 500 páginas y ofrece una visión detallada y equilibrada de la trayectoria artística y personal de Schuldiner.
Contenido y material inédito
En 1999, durante un momento de gran actividad creativa, Schuldiner fue diagnosticado con cáncer cerebral y falleció en 2001 tras una larga lucha contra la enfermedad. El libro narra su recorrido desde sus inicios hasta sus logros más influyentes dentro del Metal Extremo.
La obra incluye entrevistas exclusivas, fotografías poco conocidas y una nueva portada ilustrada por Ed Repka. Reconocido como el “padrino del Death Metal”, Schuldiner contribuyó de forma decisiva a definir y evolucionar el género, combinando intensidad, técnica y melodía.
Su hermana, Beth Welty, señala: “Finalmente conocimos a alguien y, con el tiempo, llegamos a confiar en David E. Gehlke para compartir nuestro secreto familiar más celosamente guardado; este es la inspiración de la dolorosa travesía de la música de Chuck”.
Su sobrino, Chris Steele, añade: “Es la culminación de diferentes perspectivas y experiencias, no solo de mi familia y de mí, sino también de amigos, compañeros de banda y de innumerables personas que formaron parte de su dinámica trayectoria. Finalmente, existe una crónica precisa y concisa del hombre, hermano, tío, hijo, pareja y pionero que fue Chuck Schuldiner”.
Fecha de publicación y preventa
"Born Human" saldrá a la venta en noviembre de 2025 y ya está disponible para reserva a través de Decibel Books.
Avance del contenido de "Born Human: The Life and Music of Death’s Chuck Schuldiner"
Como adelanto, Decibel Books ha publicado un fragmento que sitúa al lector en 1986, cuando Schuldiner y el batería Chris Reifert desecharon su primer intento de grabar "Scream Bloody Gore" en Florida. Insatisfechos con el resultado, viajaron a Los Ángeles para trabajar con el productor Randy Burns.
A continuación podéis leer un extracto de la obra:
A la deriva de los vivos: Scream Bloody Gore
Combat Records no había tenido muchas noticias de Chuck y Chris Reifert después de enterarse de que Death iba a grabar Scream Bloody Gore en los American Recording Studios, en Orlando. Lo habitual era que una banda joven recibiera de su discográfica la asignación de un productor y un estudio, pero esto era Death, el nuevo fichaje de Combat en el que solo el publicista Don Kaye y unos pocos empleados de nivel intermedio creían que tendría éxito. El hecho de que Chuck y Reifert pudieran elegir el estudio demostraba una sorprendente falta de atención y supervisión por parte de Combat. Nadie en el sello había oído hablar de American Recording Studios, ni siquiera Chuck y Reifert antes de encontrarlo en la guía telefónica.
Al darse cuenta de que era una enorme señal de alarma que una joven banda de death metal grabara en un estudio desconocido, Combat llamó a Chuck y Reifert para pedirles novedades. Tras apenas dos días, las sesiones ya se habían torcido. El personal de American Recording no tenía ni idea de cómo capturar el sonido de la banda, por mucho que Chuck gesticulara explicando qué era el metal extremo. Cuando Chuck y Reifert mencionaban otras bandas como referencia, sus súplicas caían en oídos perplejos. Las primeras mezclas, solo con la batería de Reifert y una pista de guitarra, eran amateurs y rozaban un nivel de maqueta muy pobre. No les quedó otra que admitir que lamentaban haber elegido American Recording. (“Creíamos que sabíamos lo que hacíamos, aunque no era así”, se ríe Reifert). Tras escucharlo, Combat estuvo de acuerdo. El sello decidió entonces desechar esas sesiones y enviar a Death de vuelta a California para grabar con el productor Randy Burns en noviembre de 1986.
(Los cortes de aquellas primeras sesiones de Scream Bloody Gore salieron a la luz en la reedición de 2016 del álbum. No hay discusión posible con Chuck, Reifert y Combat sobre la naturaleza lamentable de su producción).
Chuck tenía pensado regresar a la zona de la bahía ese otoño de todos modos, aunque eso significara seguir durmiendo en el suelo del dormitorio de Reifert y depender del dinero que sus padres, Mal y Jane, pudieran enviarle por correo. Con 19 años, Chuck retrasaba todo lo posible las realidades y responsabilidades de la vida adulta. No tenía un trabajo estable, pero contaba con Reifert, que aún estaba en el instituto y se había mudado con su familia a Antioch, a tres calles de Steve Di Giorgio. Tras pasar unas semanas en su casa de la infancia en Altamonte Springs, después de la fallida sesión en American Recording, Chuck volvió a instalarse en casa de los Reifert.
Aquí, Chuck tuvo mucho tiempo para reflexionar sobre lo que se había perdido (una educación) y lo que no había hecho (levantarse temprano por la mañana, ir a clase, hacer deberes). Durante este periodo, pasaba la mayor parte de las horas de luz practicando la guitarra en solitario o viendo la televisión, para luego salir con Di Giorgio rumbo a la tienda 7/11 a por Big Gulps y Fritos de jalapeño, antes de acomodarse para ver alguna película gore. Después de todo eso, tocaba ir al local de ensayo compartido por Death y Sadus.
Hablando de Di Giorgio, en ese momento estaba muy implicado en el día a día de Death sin ser realmente miembro de la banda. Chuck y Reifert le pidieron que aprendiera todas las canciones de Scream Bloody Gore con la idea de futuros conciertos conjuntos de Death y Sadus, una propuesta que el propio Di Giorgio había planteado. De hecho, ambas bandas estaban tan seguras de que habría esos conciertos que incluso llegaron a diseñar carteles ficticios con los logos de las dos. Sin embargo, un verdadero directo Death/Sadus tendría que esperar… al igual que la participación de Di Giorgio en un álbum de estudio de Death. Sorprendentemente, Chuck y Reifert nunca le pidieron que tocase en las próximas sesiones de grabación con Randy Burns, una oportunidad que probablemente habría mejorado notablemente la contundencia del bajo en el disco. “Éramos jóvenes y estúpidos”, comenta el bajista. “Un día recogí a Chuck y Chris en mi Chevy. Me dijeron: ‘Vamos a estar fuera una semana’. Pensé: ‘Vale, genial, lo que sea’. No le di importancia, pero cuando tienes 17 o 18 años como nosotros, no sabes cómo comunicarte. Así es como aprendes las lecciones.”
Sin que Di Giorgio lo supiera, Chuck y Reifert se dirigían a Los Ángeles para grabar Scream Bloody Gore por segunda vez. Por muy mal que sonara la primera versión, Chuck, Reifert y Combat dejaron a un lado sus preocupaciones sabiendo que esta vez Randy Burns estaría al mando de las sesiones. Al fin y al cabo, acababa de grabar el segundo álbum de estudio —ya convertido en clásico— de Dark Angel, Darkness Descends. Unos meses antes había producido el segundo disco de Megadeth, Peace Sells… But Who’s Buying?, y pocos meses antes de eso había estado a los mandos en el debut de Possessed, Seven Churches. El denominador común entre los tres trabajos (además de ser clásicos indiscutibles producidos por Burns) era que todos llevaban el sello de Combat.
En 1980, Burns montó un pequeño estudio de ocho pistas llamado Orange County Recorders. Su trabajo llamó la atención del que sería futuro jefe de Combat, Steve Sinclair, quien lo reclutó para producir la recopilación punk Hell Comes to Your House en 1981, publicada por el sello Bemis Brain Records, que cofundó. Ese trabajo llevó a Burns a encargarse de la ingeniería del debut homónimo de Suicidal Tendencies en 1983. Cuando Sinclair necesitaba grabar en estudio algo rápido y a buen precio, Burns era su hombre.
“Sin Steve Sinclair, no sé si habría tenido carrera”, afirma. “Era bueno entregando material con presupuesto ajustado, pero era muy obsesivo con hacer discos. No pensaba realmente en el dinero ni en hacerme famoso. Básicamente, pasaba de un disco a otro, y cuando terminaba uno, empezaba el siguiente. Eso era todo lo que hacía. No salía ahí fuera pensando: ‘¿Cómo consigo más dinero? ¿Cómo obtengo presupuestos más grandes?’ Simplemente, no pensaba en esas cosas.”
En cambio, Burns tuvo que plantearse cómo producir discos de metal de alta calidad a una fracción del coste de otros álbumes. (Peace Sells… But Who’s Buying? puede considerarse una excepción debido al respaldo financiero de Capitol Records, que adquirió los derechos de Megadeth a Combat). En el camino sufrió algunos contratiempos, “improvisando” mientras trataba de adaptarse a la velocidad e intensidad del metal extremo. Burns conoció a varios dueños de estudios e ingenieros que creían que el metal extremo era una causa perdida, pero eso no lo desanimó. Para cuando Chuck y Reifert llegaron a él para volver a grabar Scream Bloody Gore, Burns ya se sentía más seguro como productor.
Parte de esa confianza se debía a su lugar de grabación preferido en Los Ángeles: el Music Grinder. Era una instalación amplia y moderna equipada con una mesa Neve, lo último en tecnología a mediados de los años 80. Allí, Burns y su asistente de ingeniería, Casey McMackin, habían ayudado a Megadeth a dar un salto enorme en calidad de producción con Peace Sells, alejándose del sonido delgado y metálico de su debut Killing Is My Business… And Business Is Good. Para Death, la diferencia al entrar al estudio fue inmediata, y no pudieron evitar maravillarse con su tamaño y comodidades en comparación con el aséptico American Recording de Orlando. La impresión de Chuck y Reifert quizá se vio ligeramente potenciada por el hecho de que iban colocados y con una buena reserva de marihuana bien escondida en sus bolsillos.
“Estaba fumado y pensé: ‘Oh, Dios mío. ¿Vamos a grabar aquí? ¡Santo cielo!’”, recuerda Reifert. “Parecía un maldito hangar de aviones. No sé cómo lo vería ahora si volviera, pero en aquel momento el Music Grinder nos parecía enorme. Era el primer gran estudio en el que habíamos estado. Estábamos como: ‘Joder, esto es increíble’. Estábamos muy emocionados por estar allí.”
Burns no tardó en notar los nada disimulados intercambios de cannabis entre Chuck y Reifert. Obligado a hacer de poli malo, les dijo con suavidad que aquello le incomodaba y que estaban allí para trabajar. Por suerte para Burns, Chuck y Reifert estaban preparados y optaron por “colocarse hasta las cejas” una vez terminada la grabación, ya en el hotel, donde Reifert se dedicó a comer tantos aperitivos que acabó vomitando. Chuck no igualó a su batería en la relación atracón-vómito: aún tenía el resto del disco que grabar.
En cualquier caso, las 12 canciones previstas para Scream Bloody Gore estaban más que ensayadas. Chuck y Reifert conocían los temas al dedillo y prácticamente todos los detalles del álbum estaban acordados cuando llegaron al Music Grinder. Con Combat ejerciendo cierta presión para obtener un producto digno, el dúo de Death se puso manos a la obra.
“Me impresionó mucho su ética de trabajo y lo compenetrados que estaban”, dice Burns. “Sabían exactamente lo que querían hacer. Podían tocar las canciones al derecho y al revés. Chuck estaba clavando las guitarras, realmente bordaba las partes. Me impresionó que estuvieran tan organizados, tan al tanto del material, que fueran tan trabajadores y se mantuvieran enfocados en el estudio. Hacer este tipo de discos es un trabajo duro.”
Las sesiones de Scream Bloody Gore fueron largas: Chuck, Reifert, Burns y McMackin empezaban normalmente a las diez de la mañana y terminaban a las ocho de la noche. Gracias a su estricto ritmo de ensayos con Chuck, Reifert solo necesitó unos pocos días para grabar su batería. El Music Grinder tenía un techo de madera de 7,5 metros de altura, lo que contribuyó enormemente al sonido atronador de su batería. Burns colocó el kit en una esquina de la sala y dejó que el sonido natural hiciera el resto. “No hay reverb en su batería”, señala el productor. “Los tambores tienen esa oscuridad natural gracias a la sala grande.”
Chuck grabó todas las guitarras rítmicas, las solistas, el bajo y las voces. Se tomaba muy en serio sus partes y no perdía el tiempo: pasaba rápidamente a hacer la doble pista de guitarras tras completar la primera capa, y después a los solos. Es seguro decir que el Chuck de la era Scream Bloody Gore era mucho mejor guitarrista rítmico que solista. Nunca estudió teoría musical ni supo explicar escalas y modos; por eso, sus solos mostraban ocasionalmente un toque disonante en el álbum. El estilo de guitarra solista que pronto definiría el sonido de Death ya estaba ahí: sus característicos estallidos de notas con tremolo picking siempre estaban bien construidos e incluso tendían hacia lo melódico en “Evil Dead”.
Scream Bloody Gore es, sin duda, el álbum de estudio más primitivo de Death. El repertorio de riffs de Chuck en esa época se basaba en un frenético tremolo picking o en potentes acordes abiertos, con la correspondiente falange de malévolas armonías de guitarra, especialmente en el tema más popular del disco, “Zombie Ritual”. La apuesta por la velocidad refleja cuánto estaba escuchando Chuck a Slayer en ese momento, una banda cuya fluidez en las transiciones y rechazo a saturar los riffs resultaban una influencia evidente. Sus riffs suelen ser decididamente simples (por ejemplo, los acordes iniciales de “Infernal Death”, que reaparecen en el tema final que da título al disco) pero altamente efectivos y pegadizos, como la densidad de “Regurgitated Guts” o las variaciones del estribillo de “Baptized in Blood”. Por muy integrado que esté ya en el firmamento del género, la cualidad perdurable de Scream Bloody Gore radica en lo increíblemente adictivas y memorables que son sus canciones.
La maqueta de tres temas Mutilation ya mostraba las capacidades de Chuck al micrófono: brutal e implacable, pero todavía inteligible. Lo mismo ocurre en Scream Bloody Gore, una interpretación que futuros vocalistas del death metal han citado repetidamente como una influencia decisiva. Los patrones y cadencias de Chuck eran simples, y comprendía el verdadero valor de un pasaje o un estribillo que se grabara en la memoria. En lugar de la avalancha de palabras aceleradas que empleaban la mayoría de las bandas de thrash (y Possessed), los patrones vocales de Chuck eran deliberados, incluso pacientes, pues solía dejar que las frases “respirasen”.
El disco no carece de momentos vocales memorables. Comienza con sus primeras palabras en “Infernal Death”: simple y contundente, “Die!”. A partir de ahí, las feroces combinaciones del estribillo de “Zombie Ritual” o sus mutaciones ácidas en “Denial of Life” están entre las líneas vocales más recordadas de la historia del death metal, al igual que sus frases en el pre-estribillo de “Baptized in Blood”, donde Reifert acelera el ritmo, o su exagerada línea de un solo verso en “Torn to Pieces”: “man eating man!” (¡hombre devorando a hombre!).
La diferencia entre la voz normal de Chuck y sus voces guturales de death metal sorprendió inicialmente a Randy Burns. Y no fue el único. Su voz al hablar, con un tono de surfista californiano, le había valido desde hacía tiempo comparaciones con Jeff Spicoli, el entrañable fumado de instituto interpretado por Sean Penn en la película de 1982 Fast Times at Ridgemont High. La costumbre de Chuck de intercalar de forma casual expresiones como “like”, “you know”, “whatever” y “dude” en su vocabulario era a la vez motivo de diversión y desconcierto para sus compañeros y amigos. Chuck había nacido en Long Island, Nueva York, y vivía en Altamonte Springs, Florida, a miles de kilómetros de las playas californianas. Nadie podía explicar del todo por qué sonaba como un surfista, ni siquiera su familia, ninguno de cuyos miembros compartía esa peculiaridad. Su voz al hablar era, en última instancia, única y propia, lo que hacía aún más fascinante su capacidad para soltar en 1986 algunas de las voces más brutales jamás registradas. (Para los curiosos: casi todos los entrevistados para este libro, sin que se les preguntara, afirmaron que Chuck sonaba como un surfista).
Varias letras de las canciones habían experimentado ligeras revisiones desde la época de Kam Lee, empezando por la eliminación de referencias satánicas. A lo largo de su carrera, Chuck nunca estuvo dispuesto a cruzar esa línea, pese a que nunca dejó del todo clara su postura religiosa. Possessed, Slayer y Venom ya habían reclamado ese territorio, al igual que otra de sus bandas favoritas, los daneses Mercyful Fate. En ese momento, la “t” del logo de Death seguía invertida, quizá la única señal de que Chuck aún no estaba del todo listo para abandonar por completo el ángulo antirreligioso de los primeros tiempos del grupo.
La mitad de las letras del álbum están inspiradas en la colección de películas de terror de Chuck. “Zombie Ritual” se basa en Zombie 2, “Regurgitated Guts” en City of the Living Dead, “Torn to Pieces” toma elementos de Make Them Die Slowly, “Evil Dead” se inspira en The Evil Dead, el tema que da título al disco está influido por Re-Animator y “Beyond the Unholy Grave” se basa en The Beyond. Sin embargo, fiel al deseo de Chuck de ser la banda más brutal del metal, las letras de Scream Bloody Gore son primitivas—en ocasiones incluso misóginas, especialmente “Sacrificial”, que inicialmente llevaba por título “Sacrificial Cunt”. El título se mantuvo hasta que Combat intervino por miedo a enfrentarse con el Parents Music Resource Center (PMRC), que en aquel momento estaba sacudiendo la industria musical al señalar a grupos que consideraban viles, sexistas, satánicos o simplemente inapropiados. Como pronto se supo, “Sacrificial” trata sobre Krystal Mahoney, encargada del club de fans de Possessed y antigua amiga de Chuck, a la que empezó a despreciar con un lenguaje igual de desafortunado después de que su relación se rompiera.
“A Chuck no le costaba mucho decidir que alguien merecía ser inspiración para una canción”, comenta el periodista Borivoj Krgin. “Creo que simplemente era algo que le enfadaba en ese momento y quería expresarlo en un tema. ¿Estaba justificado? Probablemente no, pero era una forma de desahogarse.”
“Me gusta que Chuck entendiera perfectamente que ser ofensivo formaba parte de lo que querías conseguir”, añade Burns. “Recuerdo que estaba en el estudio con una banda por aquella época, quizá un par de años antes. Tenían una canción en la que aparecía la palabra ‘fuck’ en la letra. Los músicos me preguntaron: ‘Randy, ¿qué hacemos? ¿La dejamos o la quitamos?’ Y yo les dije: ‘No vais a sonar en la radio. Os haré una pregunta: ¿a vuestras madres les ofendería si la dejáis?’ Ellos respondieron: ‘Sí, probablemente’. Y les dije: ‘Ahí tenéis la respuesta: queréis dejarla’. Chuck no necesitaba ayuda con eso. Sabía exactamente lo que quería hacer.”
Chuck tuvo pocos problemas grabando las voces de las 12 canciones de Scream Bloody Gore, aunque Burns recuerda algunos momentos en los que tuvo que parar a tomar aire. Death no había tocado en directo en casi un año, y la resistencia de Chuck no estaba donde él quería. Tenía una técnica vocal correcta (rara vez perdía la voz), pero la intensidad de las sesiones de Scream Bloody Gore era exigente. “Hizo esos gritos desgarradores… eran increíbles”, recuerda Burns. “Un par de veces, después de hacerlos, tenía que ir a coger algo y sentarse porque se quedaba un poco mareado. Me impresionó mucho lo intenso que era. Lo daba todo”.
Chuck y Reifert quedaron en gran medida satisfechos con las sesiones de Scream Bloody Gore. La única nota negativa fue que Chuck no estuvo presente cuando Burns mezcló el disco, y pronto se quejó de que las guitarras podían haber sonado “más fuertes”. Por lo demás, Chuck y Reifert cumplieron con la apuesta de Combat grabando el álbum por segunda vez. El sello y otras personas cercanas a Chuck comenzaron entonces a preguntarle cómo —y cuándo— pensaba completar la formación de Death. Lógicamente, se podría suponer que habrían preguntado a Steve Di Giorgio, bajista de Sadus, quien no se enteró de que el dúo había grabado Scream Bloody Gore hasta que ya era demasiado tarde.
"Estábamos en mi camioneta fumándonos un porro y charlando", cuenta. "Finalmente, le pregunté: '¡Entonces, ¿dónde fuiste?' Chuck y Chris se quedaron callados y dijeron: 'Oh, grabamos el álbum'. Yo me quedé como: '¿Grabasteis el álbum? ¿Cómo que lo habéis grabado? ¿Todas las canciones que estábamos ensayando?' Y Chuck responde: 'Sí, tío. ¡Fue una mierda! Tuve que hacer todas las guitarras rítmicas, mis solos, el bajo y las voces. Fue demasiado'. Yo le dije: '¡Pero si he estado aquí todo el tiempo ensayando con vosotros! ¡Podíais haberme preguntado!' Reifert le dio un golpe en el brazo a Chuck y le dijo: '¿Ves? ¡Sabía que deberíamos haberle preguntado!' Pero creo que Chuck y Reifert no querían imponerse. Éramos grupos amigos. Creo que Chuck no quería que los chicos de Sadus pensaran que me estaban robando. Tal vez fue lo mejor".
Con Scream Bloody Gore terminado y entregado a Combat, Chuck regresó a Altamonte Springs para las vacaciones. Todavía no estaba claro si realmente volvería al Área de la Bahía —no le dio a Reifert ni a Di Giorgio un compromiso firme en un sentido u otro—. Sin embargo, Death seguía siendo una “banda” y estaba avanzando en la incorporación de nuevos miembros, momento en el que comienza —y rápidamente termina— la leyenda de John Hand.











