PILGRIM - Poison Tongue

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Siempre he percibido en el Doom Metal una alquimia única que acompasa su cadencia mortecina con el ritmo ciclópeo del universo. Algo inabarcable por una parsimonia colosal a la que nada le importa el hombre y sus varas de medir el tiempo. Al mismo tiempo, esas coordenadas nada humanistas convierten los sentimientos en esponja y los atraviesan de lado a lado. El verdadero Doom Metal es algo más que la banda sonora de un mundo sin luz, es una música que no adquiere su verdadero significado hasta que no mezcla con el oyente. Con su mente, su corazón y su espina dorsal. Es un género maravilloso pero no es desde luego un género para cualquiera. No para todos y esa es la enorme franja que se abren ante discos como este “Misery Wizard” de PILGRIM. Si compartes lo que he intentado expresar, te hipnotizará y te satisfará a base de vibraciones apesadumbradas. Si no eres permeable a este sonido, da lo mismo cuánto y cómo lo escuches, nada te dirá y sólo se te aparecerá como un amasijo de riffs retumbantes y repetitivos encuadernados en canciones imposiblemente largas y redundantes.

Ese es el quid de la cuestión. “Misery Wizard” no participa de ese tipo de Doom más o menos accesible y generoso. Es del genotipo puro, el que se basa en el escapismo y esa densidad grave que parece rodear montañas, casi moverlas, y conjugar rituales de otro tiempo y arquitecturas hercúleas de otra dimensión, lovecraftianas. PILGRIM es un orgulloso vástago de BLACK SABBATH, PENTRAGRAM, los inicios ocultistas de CATHEDRAL, YOB o las rectas lecciones del Circle Of True Doom, el movimiento que encabezó REVEREND BIZARRE. Seis canciones, más de 55 minutos y una masa musical de tonelaje irrespirable expresada sin concesiones, adornos o efectos lumínicos. Riffs y más riffs, resonantes y poderosos, monstruos reptantes enredados en una base de ritmo de pulsión macabra. Riffs, más riffs y trances desérticos que succionan los sentidos hasta conducir al oyente a un juego de sombras abstracto donde todo cobra un sentido lleno de melancolía y pena, pura pena que emana de una música que, esa es la magia del auténtico Doom Metal, es más que la suma de sus partes.

Insisto: los fanáticos del estilo me comprenderán, el resto verá una pieza de música casi soporífera en este debut de PILGRIM, trío neoyorquino que apenas lleva un par de años en activo y que ya tiene disco a través de Poison Tongue, el sello de Nemtheanga de PRIMORDIAL que opera bajo el auspicio de Metal Blade. “Misery Wizard” es notable, brillante como debut. Una pieza de engranajes clásicos y atmósferas ritualistas con una temática de espada y brujería que tan bien casa con esta forma tan pura, tan desnuda y tan primitiva de entender el Doom Metal. PILGRIM es un buen grupo ahora, seguramente un gran grupo cuando corrija algunos pecados de juventud. El eslabón más débil de su música es la voz, que no transmite por igual en todas las canciones y que queda demasiado enterrada en la mezcla final. Un trabajo vocal de más nivel y unas líneas vocales más pulidas convertirían en definitivamente mágico lo que tiene trazos de rito oscuro y arcaico.

Del buen nivel de “Misery Wizard” habla en cualquier caso la alquimia que genera y que hace que en absoluto se haga pesada su casi una hora de despliegue mortuorio. De hecho las canciones mejoran a medida que aumenta su duración, buena señal, entre cadencias hipnóticas y crescendos épicos. En torno a por encima de los diez minutos carburan sin piedad las mejores canciones del disco: “Forsaken Man”, majestuosa y solemne, o la tremendamente emocional “Quest”, cargada de riffs apasionantes y a la que se le escapa una melodía devastadora y uno de los pocos ritmos más uptempo de todo el trabajo. Los otros están en la poco más que correcta “Adventurer”, desplegada a ritmo de proto Metal / NWOBHM, con esa vibración que tan bien sabía utilizar REVEREND BIZARRE para ribetear sus arenosos y eternos ejercicios de opaca miseria.

“Misery Wizard” no es perfecto pero es un gran debut para una nueva promesa a la que seguir de cerca en los áridos solares del Doom más tradicional, crudo y purista. PILGRIM tampoco es todavía un grupo perfecto pero su música encierra una promesa de grandeza que aparece aunque no termina de fijarse en este notable primer disco, uno de esos viajes terribles que paladearán con gusto los amantes de los placeres prohibidos del Doom Metal.

 

Juanma Rubio

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