SATHANAS - Worship The Devil

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SATHANAS es uno de esos grupos con los que da la sensación de que llevan tocando Metal Extremo desde antes de que el meteorito extinguiera a los dinosaurios. En su caso, exactamente desde 1988, antes de que salieran a la venta “Altars Of Madness”, por ejemplo. Desde entonces, desde su Pensilvania natal y sin grandes movimientos de formación, ha llegado estable y con buen pulso hasta “Worship The Devil”, su noveno disco y el primero con Doomentia, uno de esos sellos que se ha ganado que cualquier cosa que edita merezca como mínimo el beneficio de la duda. Y este trabajo merece eso y más. Estos tres viejos, casi vetustos, supervivientes de la escena han dejado a un lado mansiones, cochazos y el resto de lujos a los que se llega tras una vida dedicada a estos menesteres (ejem) y han editado un disco auténtico, poderoso y cargado de estilo. Un muy buen disco que, vaya por delante, no es para los de “esto ya lo hemos escuchado un millón de veces antes” sino para los de “ojalá que nunca deje de haber grupos que mantengan vivo este espíritu”.

El espíritu del Metal, por muy infantil y naive que pueda sonar, aunque no debería;M el género ya llegó hace tiempo a su mayoría de edad y no hace falta que nos enredemos siempre en los mismos debates. Hay sitio para muchas fórmulas y casi inagotables perspectivas pero no hay que perder de vista el hecho de que lo clásico bien hecho sigue teniendo un encanto único, primordial. Este es un disco con una brillante portada demoníaca, un nombre como “Worship The Devil” y títulos de canciones como “Marked By The Beast”, “In Death'a Name We Pray” y “Satan's Cross”. Con un sonido que se nutre sin ningún enredo de las vetas clásicas del Thrash, el Death y el Black Metal y un marchamo que huele por los cuatro costados a finales de los ochenta/principios de los noventa, que te hace pensar a lo largo de sus casi cuarenta minutos en SLAYER, AUTOPSY, DESASTER, SODOM, NIFELHEIM, CELTIC FROST, DESTROYER 666, WATAIN… Metal referencial pero fresco, clásico pero con una energía arrolladora y esa maldad innata pero frontal que nos recuerda que nos metimos en esto, por encima de todo, para pasárnoslo de maravilla. Este es, insisto y lo volveré a repetir, un muy buen disco.

SATHANAS se limita a hacer buenas canciones sin pensar demasiado, por instinto. Supongo que va en los años de profesión. El Thrash hace de zona cero con viajes constantes del Death al Black Metal y un sonido añejo y orgánico pero trabajado y con el punto actual justo, es decir, la cosa es old school porque estos tipos son old school, no porque se empeñen denodadamente en serlo. Ese evidente influjo Thrash y el propio cauce añejo de las canciones hace que esto sea Metal Extremo, sin duda, pero apto para un rango amplio de oyentes. No es War Metal, vamos: el Black Metal es o bien melódico o muy pegado a los padres del movimiento, cuando ni siquiera estaban muy distinguidos los géneros y todo era, en esencia, un ruido infernal y maravilloso.

El caso es que, entre unas cosas y otras, a este trabajo no sólo le sientan como un guante las sucesivas escuchas sino que tiene sus momentos notablemente hímnicos, al frente “Marked By The Beast” con sus riffs imponentes y secos, su groove musculoso y un estribillo repetitivo con la voz malvada de Paul Tucker. Las canciones enganchan y tienen toques distintivos aunque evidentemente hay una línea sonora muy homogénea. Pero no hay ni una canción de relleno. De los medios tiempos imponentes y épicos a los latigazos más sucios, el disco late con un corazón absolutamente vital: “Black Path Of Devilry” y “Oath Of Witchery” viran al Black/Thrash mientras que “Satan' Cross” se recrea en sus orgullosos ecos a CELTIC FROST.

En definitiva, supongo que este “Worship The Devil” no acabará en mi top ten del año pero me lo he pasado de maravilla escuchándolo. Y lo he escuchado un montón de veces. Tiene ese tipo de sonido que te pone las pilas y te reconforta, con algo de sabor a hogar. A lo de siempre. Y eso, al margen de que espero que no suene demasiado a anuncio de consomé prefabricado, cuando está hecho con corazón y buenas ideas es un placer. Siempre.

Juanma Rubio

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