SEAMOUNT - Earthmother

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Lo máximo que he conseguido con este “Earthmother” ha sido virar de la absoluta indeferencia a un ligero y nada apasionado aprecio. Apenas un cosquilleo. Este sonido tiene su público y puedo incluirme en él cuando un disco ofrece más. No es el caso del ya cuarto trabajo en apenas cinco años de SEAMOUNT, ahora mismo el proyecto principal del más o menos reputado vocalista norteamericano Phil Swanson, al que los expertos en la escena Doom / Heavy Metal underground situarán en BRITON RITES, HOUR OF 13 o en sus flirteos con ATLANTEAN KODEX.

Swanson es conocido por su apreciable registro vocal heredado de Ozzy en algunos momentos hasta el mimetismo. Desde luego aporta pedigrí de forma automática por el tamaño de la leyenda con la que conecta aunque ya se sabe que las comparaciones, y unas más que otras, son odiosas. Junto a él trabajan en este proyecto bávaro dos meritorios guitarristas, Tim Schmidt y Andy Kummer, que son de largo lo mejor de este poco más que correcto “IV: Earthmother”. Le ponen pasión y pericia y firman un buen sumatorio de riffs aderezados con un puñado de solos a lo Iommi. Devotos de BLACK SABBATH, su labor no es la previsible rendición a sonidos setenteros y propios del proto Heavy Metal tan y tan recuperado hoy en día. En realidad este disco está más vinculado con los años 80 y si hablamos de BLACK SABBATH con los discos de Tony Martin. Sólo toca el Doom pero no es Doom. Es una suerte de Hard Rock que emana de SABBATH, PURPLE o COUNT RAVEN y flirtea con melodías ochenteras y grooves más rockeros y desérticos. Por el trabajo de los apreciables guitarristas circulan de puntillas desde los primeros SCORPIONS a KYUSS. Todo, insisto, de puntillas y con un aroma a serie B que se extiende al artwork, que es menos cuanto más te fijas en él.

No tengo malos sentimientos hacia SEAMOUNT. El disco es correcto, tiene una recia versión de WITCHFINDER GENERAL (“Music”) y hasta una intro con un mantra extraído de DUNE. Así que es difícil no empatizar al menos un poco con estos músicos aunque no me he parado a discurrir acerca de una temática que conforma casi un disco conceptual y que está basada en ese tipo de espiritualidad no del todo religiosa y de descubrimiento personal que también recuerda inevitablemente a décadas pasadas. El gran problema es sencillamente que las canciones no son gran cosa y que el disco en general resulta extremadamente fácil de olvidar, con una pegada de peso pluma a la que tampoco ayuda en exceso una producción limpia pero que podría haber puesto algo más de foco en la crudeza de las guitarras y del sonido en general. Las composiciones son en general largas, o lo parecen, y hay buenos momentos que parecen no ir a ningún sitio, esquemas repetitivos y buenas líneas vocales que pierden progresivamente efecto por simple saturación.

Este disco es mejor cuando se acerca más al Doom, al Hard Rock más bluesy y hasta al Desert Rock, cuando concreta su sonido más que con ese “Dark Rock” con el que el propio grupo se define para navegar entre varias aguas. “Everything Divine”, por ejemplo, es una canción energética y rockera que da tono a un disco que tampoco sobresale especialmente cuando mete guitarras limpias y líneas vocales más emocionales. Me gusta más SEAMOUNT, dentro de lo que cabe, cuando su música deja regusto a carretera que cuando trata de transmitir una espiritualidad algo rancia. No está mal el Hard Rock ochentero de “Surrender” o “Earthmother” pero su rastro se graba como un dibujo hecho en la arena al borde del mar. En cuanto llega una ola, desaparece sin dejar rastro. Y en el Metal actual, todavía y por mucha crisis que se le quiera echar, llegan constantes olas a nuestra orilla. Un millón de ellas más interesantes que este “IV: Earthmother”. Por suerte, añado. Lo contrario sería muy mala señal.

 

Juanma Rubio

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