DAWN OF DISEASE – Legends Of Brutality

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No tengo nada especialmente malo que decir acerca de “Legends Of Brutality”. No saldrán de mi teclado críticas ácidas ni golpazos grandilocuentes. Es sólo que tengo la certeza de que de dentro de unos meses, no digamos años, apenas recordaré este disco y de que al punto y final a estos párrafos no le seguirán nuevas escuchas. Este es uno de esos discos correctos, sin fallos graves pero sin marcas de excelencia. Y eso quizá sea un fallo grave y más en los tiempos que corren. En cualquier caso todo lo que puedo decir sobre DAWN OF DISEASE es que es un grupo correcto. Demasiado correcto. Demasiado simplemente correcto.

Por las fechas de la biografía se olfatea un nacimiento (2003), separación y posterior reencuentro con el cantante Tomasz Wisniewski como elemento vertebrador entre el pasado y el presente. Hubo un EP en 2004 y ahora hay un disco, primer larga duración, en 2011. El grupo es alemán, de la Baja Sajonia. Y hace Death Metal. Y la Baja Sajonia no queda demasiado a desmano con respecto a los países escandinavos. Digo…

Porque “Legends Of Brutality” toma bastante del estilo sueco, básicamente la tremenda carga melódica de todas las composiciones. Algo entre Estocolmo y Goteborg aunque la vieja escuela no se rastree de primera mano por la nítida y aplastante producción parida en los Soundlodge, hogar habitual de DEW SCENTED y otra de las influencias notorias de DAWN OF DISEASE: GOD DETHRONED. Hay bastantes cosas del grupo de un Henri Sattler que además colabora con su voz en un par de canciones. Casualidad o no, su presencia coincide con alguno de los momentos más intensos y épicos de un disco que también puede sonar a VADER o VOMITORY en sus partes más brutales, a Melodeath en las más atmosféricas y hasta a MISERY INDEX en alguna carga más física y Deathgrind. Pero es que un cierto sesgo más modernizador y un gusto evidente por los grooves repetitivos y machacones trazan una línea que llega también a KATAKLYSM. Y me sitúo en “Serenity In Fire” y aquella época intermedia entre los buenos tiempos de “Sorcery” y su Northern Hyperblast y las últimas y muy desafortunadas andanzas comercialoides del grupo canadiense.

Es lo que hay: un sonido potente, pegada y energía, melodías y un intento no siempre igual de afortunado de crear canciones bien articuladas. Para ello se mezclan partes sumamente brutales, grooves abundantes, pasajes metálicos y crujientes, toneladas de melodías, solos clásicos, ráfagas Thrash… casi todos los ingredientes de una receta que se sigue muy al pie de la letra, quizá demasiado porque al final muchas canciones tienen un sonido absolutamente genérico. Hay buenos momentos, algunos muy buenos, pero lo cierto es que cada nueva escucha daña gravemente la capacidad de impacto de este impoluto pero escasamente memorable “Legends Of Brutality”.

Y lo cierto es que hay momentos en los que DAWN OF DISEASE bordea el notable alto. Pero no los suficientes y no sé si es buena señal que entre lo mejor del disco estén las piezas que sirven como intro y outro, “Gasping For Life” y “Silence Prevails”. También funciona “Above The Gods”, con recuerdos a GOD DETHRONED que van más allá de la presencia de Sattler y una buena combinación de violencia y melodía, metralla y atmósfera. Es el arranque de un disco que pocas veces recupera un nivel similar, aunque se acerca en la muy potente y clásica “Out Of Breath” y en la muy melódica, expresiva y accesible “Bitter Fate”. El resto destaca poco o nada y se hunde en el océano de lo absolutamente mundano, aunque haya intentos loables como “Death Shall Be Mine” o “Sinister Rapture”, un interesante conato épico que se alarga por encima de los siete minutos, tal vez demasiado para las actuales capacidades compositivas del quinteto.

“Legends Of Brutality” da para menear la cabeza en un puñado de escuchas distraídas pero desde luego, y por suerte, el notable estado de salud del Death Metal hace que quede en mitad del pelotón, lejos de la cabeza. Hace falta un poco más y sobre todo un poco mejor. Porque por ahora DAWN OF DISEASE es un grupo que sin duda despierta más simpatía que antipatía pero cuya música se olvida en el mismo instante en el que se deja de escuchar. Y eso ni es un buen síntoma ni me permite recomendar de ninguna manera especial este disco.

 

Juanma Rubio

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