HORSEBACK – The Gorgon Tongue

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El norteamericano Jenks Miller es digno de estudio. Procedente de Chapel Hill, North Carolina, graba música bajo su propio nombre y como HORSEBACK. También toca la guitarra en la banda de Americana, MOUNT MORIAH. En el caso actual presenta su doble álbum “The Gorgon Tongue: Impale Golden Horn + Forbidden Planet” con Relapse, (sello aficionado a la trasgresión musical de géneros) con la impronta de usar a Alejandro Jodorowski como referente cinemático para el viaje que ofrece.

Una vez que uno entra en el terreno del Metal experimental tiene que andarse con muchas precauciones. Y con HORSEBACK esto es aplicable al cien por cien. Para empezar, el simple hecho de que esta banda transite terrenos tan escabrosos como el Drone (SUNN O)))), el Dark-Ambient (SPECTRE, LULL) o el Post-rock metalero (EXPLOSIONS IN THE SKY), hace que el mero hecho de definirla sea un prodigio de arte. La abrasión ambiental con atmósferas por las que Varg Vikerness (BURZUM) habría matado saturan al oyente en la suite de tres partes que es “A High Ashen Breeze”, a la vez que nos convence de lo primero y lo segundo y el desarrollo cuasi melódico y melancólico de “Blood Fountain” de lo tercero. Tan pronto la maldad del Black Metal más cabrón y violento viene a la mente del oyente como la delicadeza y oscura desesperación de GODSPEED YOU BLACK EMPEROR. Todo un desafío para el oyente poco experimentado, pero una vez pasadas las lógicas reticencias, hay mucho que excavar en esta banda. Cada canción surge de la atormentada mente de Millar para luego disolverse en el éter como un monstruo distinto.

Una característica de este lanzamiento merece especial atención. Si bien la casi completa ausencia de percusión, salvo en anteriormente mencionada “A High Ashen Breeze” y en la densa “Laughing Celestial Architect” fuertemente influenciadas por PYRAMIDS, es un elemento que podría tirar para atrás al aficionado primerizo, este mismo hecho hace de esta música un elemento de acompañamiento eficaz (como la conducción por una carretera desierta, la iluminación en un bosque escandinavo o la transfiguración en una isla desierta) o como algo para concentrarse y entregarse por completo. Funciona en ambos casos. Si uno decide meterse dentro de este mundo a veces opaco (“Finale”) a veces claro y brillante, puede descubrir un mar de texturas exquisitas y ambientaciones evocadoras.

Usado en su correcto contexto y a sabiendas de lo que uno se puede esperar de un disco que cruza con tanta habilidad y riesgo el Drone-Ambient y el oscurantismo metálico, esta propuesta es muy interesante y merecedora de atención. No es para todos los gustos, pero quien se arriesgue puede encontrar grandes placeres aurales escondidos. Entresacado de su MySpace uno encuentra una definición difícilmente más acertada de este grupo: “Líneas de bajo humean desde viejas chimeneas, las guitarras iluminan hornos industriales distantes, y las voces rasgan entre el Black Metal y TOM WAITS”. Suficiente se ha dicho.

 

Pedro Blackearth

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