La nostalgia, siempre asociada a la trayectoria de la cantante neoyorquina
La nostalgia. Ese elemento inherente a todos nosotros. Una herramienta puesta a nuestra disposición para rememorar tiempos, circunstancias, acontecimientos que no volverán y que tiene el poder, si se usa adecuada y prudentemente, de hacerte sonreír y de darte la oportunidad de arañar un minúsculo porcentaje de una pasada y fugaz felicidad. Por el contrario, si se abusa de este estimulante, se corre el riesgo de emborronar la realidad y de perder la perspectiva. Hoy toca hablar de Robin Beck, vocalista ilustre y por todos conocida en nuestra parcela musical, y de su nuevo trabajo, "Living Proof". Y es que la nostalgia es algo que, en el caso pertinente, va muy ligado a la trayectoria de la cantante neoyorquina, como intentaré hacer ver en las próximas líneas.
Los años 80 fueron un marco excepcional, atendiendo a numerosos aspectos vinculados al ámbito artístico y cultural que tuvieron cabida en esos dos lustros. La década en cuestión siempre estará marcada por su espíritu atrevido, espontáneo, en ocasiones fantasioso e incluso rupturista e innovador. Y cierto es que muchos nombres propios que actualmente, de un modo u otro, siguen dejando huella en la gente vienen de aquellos años. Como no es menos cierto que el imparable e inabarcable ritmo de toda la maquinaria industrial de la época propició que muchos de los artistas que arrasaron o, como poco, dieron que hablar con un disco puntual e incluso a veces con un solo single explosivo acabaran cayendo en el más rotundo olvido en años posteriores o, simplemente, continuando con una carrera deslavazada y algo más alejada de esos prometedores inicios.
Robin Beck: ¿viviendo de las rentas del pasado?
Llegados a este punto, me planteo la siguiente pregunta: ¿ha sido y sigue siendo Robin Beck una artista de un solo éxito y que viva de las rentas del pasado? Mal que me pese, algo de ello hay en la cuestión. Quizá, más de lo que me gustaría pensar. Y no por tenerlo claro me resulta menos embarazoso y peliagudo hablar de ello, ya que, ante todo, Robin es una mujer respetada, querida y muy valorada en el mundo del Hard Rock y del Rock Melódico, con lo que tener que ponerse el traje de ser el que venga a afear o desprestigiar de algún modo, aunque sin mala intención, el recorrido y la trayectoria de una mujer como ella no siempre es fácil.
"Trouble Or Nothing", su gran y aún insuperable disco
"Trouble Or Nothing" fue, simple y llanamente, su disco. ¡El disco! Un trabajo que tuvo nombres a sus espaldas como el de Desmond Child, el cual hizo brillar a una, por aquel entonces, treintañera Robin Beck al más alto nivel. De hecho, este lanzamiento puso en el mapa a nivel mundial la voz de la norteamericana por sus cualidades técnicas, haciendo que entrara directamente en la pasarela de las más grandes del género (Ann Wilson, Janet Gardner, Cher en su etapa más rockera....). Pero, tras ese imponente trabajo de finales de los ochenta, nada suyo que fuera viendo la luz en la nueva década logró estar a la altura. Con el cambio de siglo, fueron cayendo más y más lanzamientos, algunos más inspirados que otros, pero con resultados similares: algún que otro tema para el recuerdo acompañado de demasiado material insustancial y de relleno para cumplir con el expediente. Sabor a poco, a decir verdad.
Han pasado nueve años desde la última aventura discográfica de nuestra protagonista, la cual ya es, aunque parezca mentira, septuagenaria. Y la veterana vocalista de sonrisa perenne y rostro angelical ha vuelto, como no podía ser de otra forma, acompañada de nuevo por el gran Tommy Denander y por su marido James Christian (HOUSE OF LORDS), principales constructores del actual universo musical de Robin de aquí a unos años atrás.
Robin Beck mantiene la voz prácticamente intacta
La buena noticia que transmite este reciente "Living Proof" es que la voz de Robin sigue prácticamente intacta, con el mismo color de siempre y unos matices que ya quisieran muchas veinteañeras. Hay carisma en esas cuerdas vocales, que no se resienten ni en las vertiginosas subidas, y emociona ver que la estadounidense sigue teniendo potencial, una gran variedad de recursos y fondo de armario.
También resulta positivo comprobar que el sonido, así como los variopintos arreglos de Denander y Christian en los temas, acompañan y acicalan de algún modo la configuración final del álbum.
Muchos temas no acaban de generar conexión.
Por contra, la noticia menos positiva es la de siempre, la que se viene repitiendo con cierto hastío desde los primeros años noventa: que los temas, salvo casos puntuales, no acaban de acompañar, no generan conexión.
Aplaudo el esfuerzo por parte de Robin y de los compositores e ideólogos del álbum de querer arriesgar un poco, ofrecer algo menos manido y recurrente en la discografía de la cantante de marras, de cara a que el concepto de Rock Melódico quede menos encorsetado y que la nueva aventura pueda tenderle un puente al Modern Rock tan vigente en nuestro días y a otras sonoridades parejas.
Valoro el riesgo y la intención, aunque el resultado final haya acabado dibujando un cuadro sobrepasado por el eclecticismo, sin especial seña de identidad y donde, casualmente, quizá fruto de esa nostalgia de la que hablaba al inicio, las que acaban acariciándote la fibra sensible son aquellas canciones de regustillo ochentero, con reminiscencias clásicas y a tiempos pasados.
Hay temas que funcionan bien como el moderno pero sugestivo "Living Proof"; el medio tiempo "What que Night", con piano incluido al inicio del mismo; "Na na", empapado de un juvenil toque vacilón y de esencia más sleazie, y "Let It Rain", otro bonito medio tiempo donde luce la voz de Robin en su épico estribillo. Ahora bien, el tema que se lleva la palma y que de verdad logra revivir los mejores tiempos de la vocalista es "Never Gonna Let You Go", una impresionante power ballad repleta de fuerza y magia ochentera que, esta vez sí, te ubica de lleno en los añorados tiempos del "Trouble of nothing".
Por otra parte, hay temas que pasan sin pena ni gloria. Que lo intentan, sí, pero que no llegan. "Love And Money", "Karma", "Trouble or nothing", "Voodoo" y "Don't Tempt Me" deambulan por el plástico. Entran cabizbajos, se pasean con parsimonia y se van sin hacer ni el más mínimo ruido, sin dejar poso, solo generando una confusa indiferencia a pesar de los pequeños destellos de calidad que puedan flotar puntualmente entre ese amasijo de ideas mal ejecutadas o, quizás, mal ideadas de inicio para haber pretendido sacarle mucho mejor partido a ese portento de voz de nuestra querida Robin. No es suficiente, una vez más. Y es que lo que no enamora ni estremece o, al menos, te seduce o cautiva circunstancialmente se acaba convirtiendo en una anodina marca blanca incapaz de masajear ni la más mínima de tus sensaciones.
En fin, la dichosa nostalgia. Ese apacible o fatigoso sentimiento al que nos enganchamos categóricamente cuando, tras haber consumido una obra, nos sobrevuela la sensación de que cualquier tiempo pasado fue indiscutiblemente mejor. Un tema apoteósico, otros cuatro que suenan con discreción pero sin excesivo poder de convencimiento y un combo restante que tiene visos de caducar tras una primera toma de contacto. Eso es lo que hay. Un resultado claramente irregular y descompensado. Seguiremos esperando a una mejor ocasión, donde la buena de Robin pueda volver a regalarnos material a la altura de la leyenda que, sin duda, es desde hace décadas.
Discográfica: Frontiers Records.
Más información sobre Robin Beck en su web oficial, Instagram y página de Facebook.






