SETH - Crítica de "La Morsure Du Christ"

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SETH La Morsure Du Christ

"La Morsure Du Christ" ofrece un mundo sin sumisión

Un mundo sin Dios, un mundo sin la brújula corrupta y purulenta de las religiones establecidas, un mundo bajo el que subyacen otros mundos, así se presenta "La Morsure Du Christ" de SETH. Gorgoteando, bullendo, meciéndose como océanos oscuros que se filtran en nuestra realidad. Un mundo de sombras chinescas infernales, un reverso terrorífico de la realidad que llega cuando acaba la razón, donde apenas ponemos un pie cuando nos planteamos si existe la posibilidad de que todo sea real: las leyendas, la historia oculta de la humanidad, las pesadillas que amasamos desde la cuna. Y un mundo sin dogmas hipócritas, sermones vacíos y ejercicios de sumisión ciega.

Es difícil encontrar una imagen más simbólica de unas puertas que conducen a un lugar así, al menos para quien quisiera encontrarlas, que la catedral de Notre Dame en llamas, la tarde del 15 de abril de 2019. Una joya gótica, un lugar de poder. La sublimación de esas llamas y esa imagen, el fuego devorándolo todo y algo traspirando justo detrás, al otro lado de una cortina demasiado fina entre distintas realidades, es la portada de “La Morsure Du Christ”, una preciosa obra de Leoncio Harmr para SETH. Porque si el mundo será sin Dios, algún día, si lugares ignotos de nuestras mentes tocan rincones físicos de existencias macabras, la banda sonora de todo eso es el Black Metal. No puede ser de otra manera.

Y “La Morsure Du Christ” es puro Black Metal. De hecho, tiene un aroma rancio a años 90, un ensimismamiento del que apenas lo saca el empuje de la producción, poderosa y (¿demasiado?) cristalina, abierta de par en par. Este es un buen disco que seguramente sea un gran disco… o se ha quedado a un paso de serlo. En una recolección ortodoxa en tiempos en los que el Black Metal es un millón de cosas, tiene mil formas y evoluciones y a veces se pierde por marañas tan laberínticas que conviene desandar el camino, seguir el rastro de miguitas de pan que salió de Helvete. Volver a lo básico. Hay algo de ceremonia y homenaje, y no tiene nada de malo (si acaso, todo lo contrario) por filosofía este trabajo cuyo título es un juego de palabras, creo; un mordisco de Dios que implica en realidad la certeza de la muerte de Dios. Si es que alguna vez las llamas se alzan y devoran catedrales, estructuras sociales, dogmas.

SETH, un regreso a la maceración del Black Metal de los años 90

No hablo de un regreso al sonido nórdico más desnudo, primitivo y trve. Este nuevo disco de SETH, el sexto y el primero en ocho años, es un trayecto por los primeros hervores del sonido de la segunda ola, las evoluciones melódicas, sinfónicas, épicas. Con cartografía detrás: Season of Mist y el grupo deciden, después de una carrera con algunos giros argumentales, regresar al corazón de “Les Blessures De L’Ame”, su primer disco (1998) y una obra seminal en el Black Metal francés que tanta música y tanto que hablar ha dado después. Quedan dos miembros originales, el guitarrista Heimoth y el batería Alsvid, dos músicos con una larga trayectoria en la escena extrema. Los que se suman ahora llegan con experiencia en VORKREIST, ARKHON INFAUSTUS, GLORIOR BELLI, BLACKLODGE… Con una formación potente y una dirección definida, SETH proclama el regreso a su ideario original con el pulso moderno de la citada producción, desbordante y rotunda, una labor que hace a este disco más accesible y épico… tal vez demasiado para puristas. Un pelín demasiado, como mínimo.

Entre nostalgia mórbida y los vientos de rebelión contra la iglesia católica que siempre han empujado las velas de este estilo, “La Morsure Du Christ” emite luz. Oscura y depravada, pero luz. Es un disco amargo, tormentoso; pero también preciso, desbordante, triunfal. Más expansivo que claustrofóbico, sobrecargado de melodías y atmósferas, con una presencia constante de los teclados y la electrónica y con una clara voluntad poética que impregna unas letras en francés y que acogen recursos como el verso alejandrino. Los riffs son gélidos, puro Black Metal, pero las melodías devoran las disonancias, es ese tipo de Black Metal: con mucha segunda ola pero también escuela sueca (al menos en sus cabalgadas a ultranza, frías pero ultra melódicas) y el sinfonismo que personificó después DIMMU BORGIR. Hasta coros y ritmo más Pagan… una amalgama que recuerda a veces a una versión simplificada (y menos sobrecogedora, desde luego) de ABIGOR. Sí, es ese tipo de Black Metal.

El tejido compositivo es notable, sólido, y sin sorpresas: si te gusta una canción, te gustarán todas. Esa homogeneidad es peligrosa, pero ayuda a compactar un sonido que nunca escapa de unas fronteras delimitadas, las lleve a su extremo más violento o a sus ensoñaciones más ambientales y oníricas. Desde luego hay una preciosa sensación de elevación, también una linealidad que puede acabar espantando a los menos afines. “Metal Noir”, “Ex Cathedrale”, “Sacrifice Du Sang” o “Les Oceans Du Vide” son desgarradas, triunfales, envolventes y desbordantes. Un flujo que lleva a otro tiempo, a otro lugar en la tradición del Black Metal y que, desde luego, consigue lo que pretendía SETH: regresar a su médula, recuperar la blasfemia, crear una banda sonora para un mundo en colapso, entre llamas, agitado y atacado por otros mundos. Un mundo sin Dios.


Discográfica: Season Of Mist

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Reseña
Nota
7
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De la vieja guardia a base de cumplir años, y ya van suficientes como para que cumplirlos sea una putada. Me gano la vida escribiendo y llevo más de un cuarto de siglo escuchando Metal. La gran constante de una vida que me paso intentando cumplir aquello de que hay que ser de los buenos porque ya hay demasiados de los malos en el mundo.

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