Crítica de ANAAL NATHRAKH - "Endarkenment"

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Anaal Nathrakh Endarkenment

Hay momentos de este "Endarkenment", el undécimo disco de ANAAL NATHRAKH, en los que rozo la lágrima; otros en los que quiero gritar con las entrañas en carne viva, canalizar la ira de las terminaciones nerviosas a los puños, reír de forma histérica o, simplemente, abandonarme a una contemplación miserable pero finalmente lúcida de este lugar y este tiempo que vivimos. Una catarsis. Entrado septiembre, pocos pueden negar que 2020 será el peor año en la vida de muchos, un golpe veremos si mortal y en forma de pandemia a una sociedad ya decrépita, resquebrajada, ahogada en el hedor de su propia podredumbre.

Todos los sentimientos de unos meses maníacos, y para muchos dramáticos, y todo el rechazo y la repulsión hacia un mundo aborrecible vuelven a ser (porque en realidad siempre ha sido así) el carburante de ANAAL NATHRAKH, el dúo de Birmingham que ha visto como muchas de sus profecías oscuras se han ido haciendo realidad ante sus ojos. Ante nuestros ojos. Tal vez, más rápido de lo previsto, con la progresión exponencial que ha parido la pandemia: contra los tiempos de iluminación, las épocas de luces que sacaron al ser humano del barro de la superstición y la ignorancia, la vuelta a las catacumbas del pensamiento, un giro hacia la oscuridad (endarkenment) representado por el regreso de la hechicería y el combate contra la razón. Hoy, en forma de fake news, conspiranoia y virales en redes sociales. Un ser humano que se desprecia a sí mismo, sin ninguna meta ni pasión, en un punto crítico de su evolución. En pleno regreso a la miasma. A la nada. Tiempos oscuros, tiempos de conflicto, tiempos de, tal vez, el final de una civilización empeñada en dispararse en el pie, en venderse a la ignorancia, el odio y la mentira. Eso es este disco. Exactamente eso: una celebración sarcástica del fin, una crítica venenosa, una ópera burlona y barroca. El arte expresando, reflejando y deformando, la vida de mil formas, como tiene que ser.

"Endarkenment" se eleva como una nueva cima para ANAAL NATHRAKH

El artwork de "Endarkenment" muestra un primer plano de un cerdo con penes donde deberían estar los ojos. La metáfora es lo suficientemente poderosa: un ser humano que hoza en sus bajezas y se entrega a sus vicios de forma hueca. Individualismo y depravación: un hombre que sigue viendo, pero que ya no mira. La idea viaja en la letra de "Libidinous": "Pigs with cocks in our eyes, masturbating to the end of the world". Ese viaje acaba en "Requiem", un regreso corrupto a Verdi y al final de todo: si entonces murió Dios, ahora lo ha hecho la asesina de aquel, la razón. Y con ella, morirá el hombre y se alzará el cerdo. "Singularity", en un trabajo (una vez más) lírico excelente, ensalza la toma de conciencia de las máquinas como muestra de la decadencia de una especie que crea su propio fin. Apenas hay digresiones sobre un concepto central claro, pero la principal es "Feeding The Death Machine", una emocionante oda a una prisionera judía (su historia es real) que sobrevivió en Auschwitz porque sabía tocar el violín y, así, entretenía a los verdugos mientras los crematorios echaban humo.

El éxito de este disco es su conexión con un tiempo de angustia, miseria, ansiedad y decrepitud. De hecho, si se piensa, hay pocas propuestas mejores que la de ANAAL NATHRAKH para servir de banda sonora a lo que hemos vivido en los últimos meses. Su triunfo es esa imagen deforme y grotesca pero perfectamente real que arroja el mundo ante el espejo desquiciado de estas diez canciones que, además, componen, como conjunto, una de las creaciones más admirables de un grupo admirable: una propuesta madura, más abierta y accesible que nunca, absolutamente emocional, plena, conectada al pasado y la esencia de la banda y brillante. Este disco no te abandona a partir del momento en el que conectas con él, seguramente ya en la primera escucha. Su música se te graba en el corazón, las ideas que vomita te saturan la conciencia. Es una obra tremenda. Hermosa en su fealdad y finalmente, lo dice el propio grupo con acierto, teñida de una extraña y frágil sensación de luminosidad. Una que, conviene advertirlo, no tiene por qué ser placentera ni feliz. Es luz, sí, pero desgarradora y cegadora. La luz de una nueva forma de apocalipsis. La que quema.

Irrumator y V.I.T.R.I.O.L., que cada vez son más simplemente Mick Kenney y Dave Hunt, hablan de madurez más que de evolución, aunque parece difícil separar ambos conceptos. La cuestión con ANAAL NATHRAKH es que el camino recorrido es largo pero las zancadas han sido medidas y firmes. Si uno escucha ahora el esencial "Domine Non Es Dignus", las diferencias con "Endarkenment" son estridentes. Pero si se ha caminado al paso del dúo británico durante todos estos años, este nuevo disco es un producto natural, casi previsible… y, eso sí, de una calidad extraordinaria, tal vez el pico del grupo en cuanto a carga y transmisión emocional. El sonido es más limpio y expansivo que nunca, una producción que hace al conjunto accesible, abre atajos a más detalles compositivos y conecta como nunca hasta ahora con unas bases cada vez más cercanas al Thrash y el Heavy Metal tradicional. Después de más de dos décadas y un puñado de discos extraordinarios (a la cabeza "In The Constellation Of The Black Widow"), la fórmula es de sobra conocida: una mezcla cacofónica y desquiciada de Black Metal, Industrial y Grindcore con escapadas (cada vez más) melódicas y unos estribillos épicos y (cada vez más) cercanos al Power y el Metal Clásico. Todo eso alcanza un nuevo pico en "Endarkenment". Y el resultado es extraordinario.

Canciones que son himnos a un tiempo que termina

Porque "Endarkenment" es una colección de himnos monstruosos y directos, con una tremenda concreción compositiva que destila lo mejor del grupo desde los momentos más expansivos a los más terroríficos. Hunt se desgañita en estrofas corruptas y se eleva en estribillos en los que tan pronto rinde homenaje a Rob Halford como a King Diamond. Los riffs son contagiosos, rotundos, la energía se desborda, el mensaje no se pierde jamás y las melodías son más penetrantes, atmosféricas y dominantes que nunca. Todo, insisto, sin romper con la fórmula tradicional ni impedir que el disco sea profundamente brutal, asfixiante y enfermizo; con efectos industriales, gélidas cabalgadas Black y salvajes ramalazos de Grindcore y Death Metal. Conscientes de su fuerza y de que el mundo avanza hacia su mensaje, y no al contrario, este trabajo es un despliegue anonadante, arrollador, de músculo y talento. ANAAL NATHRAKH en plenitud.

Hay un lote de canciones extraordinarias, adictivas, elevadas: "Endarkenment", "The Age Of Starlight Ends", "Libidinous (A Pig With Cocks In Its Eyes)", "Feeding The Death Machine", "Create Art, Though The World May Perish", "Singularity", ese "Requiem" final que sabe a una mezcla casi perfecta de victoria y derrota. Las atmósferas que se abren paso entre capas de salvajismo feroz son seguramente las mejores que ha recreado el grupo. Este disco es, por momentos y juro que no exagero, casi un homenaje al propio Metal como género y como vehículo emocional. Son tales la conjunción de elementos, los cambios drásticos pero perfectamente ensamblados, la rotundidad de los estribillos… este es, en fin, un disco extraordinario de un grupo extraordinario. Único y alzado ahora a uno de los puntos más altos de su brillante carrera.

El mundo, llegados a este punto, es tan malo como intuíamos. O seguramente peor. Cualquier atisbo de esperanza se escurre entre goteras de lluvia ácida. La convivencia se resquebraja en una mezcla ponzoñosa de ignorancia, egolatría y superficialidad. La calidad humana y la empatía están en mínimos, al menos en esta era que ha decidido regresar al feudalismo: el poder en manos de unos pocos, la superstición como fe, la razón como enemiga. No hay muchos motivos para sentirse especialmente feliz, pero tenemos discos como "Endarkenment" y tenemos grupos como ANAAL NATHRAKH. Y eso, por ahora, no nos lo ha podido quitar nadie. Disfrutémoslo.


Discográfica: Metal Blade

Más información sobre la banda en su página de Facebook.

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