Crónica y fotos del concierto de CLUTCH y BOKASSA en Madrid (sala La Riviera)
He de reconocer que en esta ocasión no puedo ser totalmente objetivo. Aunque, en realidad, ¿qué crónica lo es?... De cualquier modo, debo confesar la devoción sin peros que profeso por CLUTCH.
Una vez aclaradas mis intenciones, vamos a centrarnos en un Madrid que empieza a salir del infierno sofocante del calor de los días anteriores blindándose por culpa de la visita del papa León XIV, así que nada mejor que buscar refugio en un pequeño oasis como La Riviera para escapar de dicha dicotomía celestial y de paso disfrutar de una gran noche repleta de buena música
BOKASSA vs problemas técnicos

A las ocho en punto, los noruegos BOKASSA pusieron los pies sobre las tablas del mítico templo de la música. Puntuales como dictan las normas, arrancaron con "Freelude" con la intención de abrir el gas desde el primer compás. Pero apenas habían rasgado los primeros acordes cuando sobrevino el gran apagón: la potencia se fue y el escenario quedó en silencio. Tras unos segundos de desconcierto el sonido se recuperó, retomaron el pulso a la sala... y pocos segundos después se volvió a ir por donde vino.

Fue ahí donde BOKASSA reveló algo importante de su carácter. Jørn Kaarstad y Ole Vistnes se tomaron el contratiempo con una naturalidad desarmante —cerveza en mano, entre risas y miradas cómplices— mientras Olav Dowkes se marcaba un groove de batería solo sobre el escenario, ayudado en ocasiones por sus compañeros, manteniendo a la sala en un ambiente festivo durante lo que se hizo una espera eterna. Apenas serían unos minutos, pero la tensión acumulada se notaba. Cuando el sonido volvió definitivamente, el trío de Trondheim retomó el set, esta vez sin más interrupciones.

Su propuesta de Stonerpunk —esa mezcla de riff pesado y urgencia Hardcore que les ha llevado a girar junto a METALLICA, MASTODON, JUDAS PRIEST o GHOST, y que le arrancó a Lars Ulrich el apodo de "mi nueva banda favorita"— funcionó en los momentos donde la sala conectó con ellos. Repasaron su discografía haciendo, como es obvio, hincapié en su último trabajo. Sonaron temas potentes como “Charmed”, “Last Night” o” Mouthbreathers” alternados con otros más melódicos como "Wrath Is Love".

En líneas generales hubo chispazos de energía. Además, tuvieron el empuje de un grupo fiel de seguidores con cartelito en mano que coreó y se movió al ritmo de cada tema, y un instante de conexión real cuando Ole Vistnes se coló con su bajo entre el público para dedicarles unos segundos del tema. Pero algo no terminó de cuajar.

Quizás el tropiezo del arranque, quizás ver una sala tan grande a medio gas o quizás la acumulación de fechas de una gira larga. Para una banda que lleva el punk en el ADN, la puesta en escena fue relativamente estática y contenida. La energía descargada por el trío noruego estuvo por debajo de lo que acostumbran, y la sensación general era la de quien tiene ganas de terminar su turno y marcharse a casa. La sala quedó contenta, sin más.

CLUTCH: mas de tres décadas imparables
No llevábamos ni veinte minutos de receso para el cambio de set cuando el técnico dio la señal a mesa y los de Maryland saltaron al escenario de La Riviera. Tim Sult a la izquierda con su SG, Dan Maines a la derecha blandiendo un flamante Rickenbacker, Jean-Paul Gaster oculto tras un impresionante set de batería, y en el centro Neil Fallon, que se deshizo del pie de micro —para alegría de los fotógrafos que ocupábamos el foso— y a la primera nota arrancó su frenético salmo.

La primera vez que los ves, sobre todo si no tienes ni idea de qué palo van, cuando salen al escenario lo primero que piensas es que los de la asociación vecinal se han pedido de camino a la barbacoa. La puesta en escena es sobria hasta la austeridad: apenas un fondo con el nombre de la banda jugando con el logo de la NASA y poco más. No necesitan impresionar con grandes equipos de backline, ni pedaleras infinitas, cajas con guitarras extra, focos o plataformas. Tim Sult y Dan Maines se posicionan como las columnas de Hércules: estáticos e impasibles a cada lado, pero su función es absolutamente vital para el espectáculo.

Porque en cuanto Neil Fallon aparta el pie de micro y suena la primera nota, te das cuenta de que lo que viene no es ninguna broma.

Un muro sónico que hipnotiza y domina
El arranque fue de diez. La dupla “X-Ray Visions” y “Firebirds!" garantiza una descarga imparable, un muro sónico de Stoner-Blues que hipnotiza y domina a la sala poniéndola como un hervidero desde el primer minuto. Hay que verlo para creerlo. No es que Fallon no pare: es que cada frase, cada palabra va acompañada de una forma de expresión mística. El Reverendo tiene esa capacidad, escasa y no enseñable, de hacerte sentir que te canta solo a ti. Poco más de cinco minutos necesita para que el concierto parezca dedicado en exclusiva a cada uno de los que llenamos la sala esa noche. Pura magia.

Lo que siguió fue un setlist plagado de éxitos de su extensa carrera —” Crucial Velocity”, “Subtle Hustle”, “D.C. Sound Attack!", "The Regulator", "Colorado Fuel And Iron", "A Shogun Named Marcus", "Earth Rocker", "La Curandera", "Spacegrass"— con un tacto fino para medir los tiempos y crear una montaña rusa de emociones que fue modulando la intensidad del momento. Arriba, abajo, arriba de nuevo. Madrid las sabía todas. Llevo años cubriendo conciertos y muchos más al pie de un escenario como espectador, y puedo asegurar que pocas bandas atrapan tanto como lo hace CLUTCH.

Los bises, y ahí se desata la locura
Como viene siendo habitual, cerraron con "Electric Worry" y "Fortunate Son". La primera llegó como llegan las canciones que ya no necesitan presentación: directa al pecho, con ese riff que resume treinta y cinco años de actitud en cuatro minutos, con Fallon exprimiéndola hasta dejar la sala en su mínima expresión. Aquí el pogo es religión y lo que se vive ahí dentro al grito de ¡bang, bang, bang, vámonos, vámonos!

Es una comunión entre hermanos. No has terminado de recomponerte y coger algo de aire cuando llega el cierre con la versión de "Fortunate Son" de CREEDENCE CLEARWATER REVIVAL, que CLUTCH lleva tanto tiempo haciendo suya que ya resulta difícil recordar de quién era: más lenta, más pesada, más amenazante que el original, con la sala entera cantando hasta el último segundo.

Un concierto que demuestra que la forma física de CLUTCH es innegable. Sus shows son para enmarcar, y uno sale preguntándose cuánto faltará para volver a verlo. El Reverendo lo volvió a hacer.
Promotor: Last Tour
Crónica y fotos: Jorge Riquelme











