Crónica y fotos del concierto de SAXON en Madrid (sala La Riviera)
Después de haber visto a SAXON en directo en innumerables ocasiones, dos muy seguidas en el verano de 2024, no estaba entre mis prioridades el volver a ver al grupo británico de Heavy Metal en vivo durante una temporada. Bueno, o quizá nunca: el magnífico recuerdo de aquellas últimas apabullantes actuaciones podría haber sido el broche perfecto de mis encuentros con SAXON sobre el escenario. Nada dura eternamente, y con el declive por llegar, antes o después, prefería quedarme con ese regusto de perfección a todos los niveles.

Sin embargo, con el anuncio de los problemas cardiacos de Biff Byford en agosto de 2024 y anunciarse las fechas españolas para septiembre 2025, me volvió a entrar el gusanillo. Antes del fin de la banda, necesitaba una vez más... ¡solo una más! Y entonces vino la cancelación por un problema más añadido a Byford: necesitaba parar para tratarse contra un cáncer. La cosa se complicaba, pero su resiliencia sajona le permitió superar todo y las fechas, reprogramadas para abril de 2026, salieron adelante.

Y eso nos llevó a la gira española, la más deseada de todas en la historia de SAXON, dadas las dificultades que ha tenido que superar. Llenos en Barcelona, Bilbao... y un sold out de casi 2000 personas un domingo 26 de abril en La Riviera de Madrid. Respuesta aplastante a la par que equivalente al nivel de entrega de los ingleses, como siempre, en este "Hell, Fire And Steel Tour".

45 años de "Wheels Of Steel"
Aún con el impulso de su más reciente lanzamiento discográfico, unido a la celebración de 45 años de su mítico segundo álbum, "Wheels Of Steel", SAXON está ofreciendo una serie de conciertos especiales, sencillos en su puesta en escena, pero tan emotivos como enérgicos. Para esta tarea, Glocker, Carter, Tatler y Scarratt están acompañando a su líder en una nueva cruzada por el Heavy Metal: con un setlist poderoso -aunque algo corto para lo que eran sus cánones en giras de sala-, un volumen atronador y su habitual actitud macarra y majestuosa a la vez, volvieron a ganar nuestros corazones.

Sin teloneros, a pelo y puntuales, SAXON salió a las tablas de La Riviera arrancando con "Hell, Fire And Damnation", "Power And The Glory" y "Solid Ball Of Rock". Como si no hubiera pasado nada -ni el tiempo, ni la enfermedad- la banda tenía a un ruidoso público, rugiente cual león, comiendo de su mano desde la primera nota. Y ojo aquí para los asistentes, porque a ambos lados del escenario había lo que parecían ser micrófonos de ambiente, así que un posible que un directo (sí, uno más) aparezca después de esta gira, quién sabe si con alguna toma de Madrid.

El despliegue físico de Nibbs Carter, la elegancia de Scarratt y Tatler (que parece que llevase en el grupo toda la vida) y la pegada de Glocker crearon el contexto perfecto para una voz que no parecía haber sufrido ni una fisura a pesar de los contratiempos vitales de Biff. Una durísima "Sacrifice" y la probablemente mejor canción de SAXON de sus últimos tiempos, "Madame Guillotine", dejaron paso ya a un rosario de canciones puramente de los 80.

Éxitos inmortales de SAXON
Así cayeron "Heavy Metal Thunder" y "Dallas 1 PM" como preludio a la interpretación al completo de "Wheels Of Steel", en escrupuloso orden, igual que en el álbum. "Algunos no habíais nacido en 1980, pero sois parte de esta familia igualmente", decía Biff antes de presentar lo que serían los próximos 40 minutos de concierto, mágicos e irrepetibles, en los que brilló el grupo de manera individual y colectiva, con grandes duelos de solos de guitarra, durante uno de los cuales Tatler se cruzaba de brazos mientras miraba a Scarratt y fingía un enfado.

Biff seguía hurgando en nuestras emociones, cuando nos explicaba que "entonces no había Facebook, TikTok, ni CD, solo revistas, y radio... y gente como vosotros", a lo que le siguió una gran ovación antes de atacarnos con "Motorcycle Man". Pelos de punta con este alegato a un año y época que no volverá, pero que podemos revivir una y otra vez con nuestros recuerdos, recortes de prensa o vinilos, a los que por cierto también hizo una referencia el enorme vocalista inglés, sobre la aguja, la rotación y el ruido por su fricción.

"Voy a grabar esto con mi móvil de 1980", bromeaba, cuando hizo la habitual filmación al público que repite una y otra vez cada noche, para publicar horas después en redes sociales. Ese es uno de los rituales que se repiten en cada show de SAXON, igual que lo de Nibbs quitándose la camiseta (esta vez no iba descalzo) o la lluvia de banderas ("this is San George!"), chupas y chalecos de parches -que no dudaron en ponerse todos menos Glocker-... que les arrojan noche tras noche. Hasta unas gafas de sol le tiraron a Biff, que lució puestas durante un rato. Agasajados sin fin.

Al margen de las canciones de este disco que han sido habituales en las últimas tres décadas, pondría el énfasis en las que, en el fondo, hay que significar por ser raras. De estas, "Stand Up And Be Counted", "Freeway Mad", una vacilona "Street Fighting Gang" y "Machine Gun", esta última con las luces más locas de la noche, sonaron ratoneras, fieles a su grabación original, pero tuvieron una respuesta un tanto dispar por el público por no ser las más coreables o pegadizas.

Por otro lado, sí fueron mucho más celebradas "See The Light Shining" y "Suzie Hold On", y no en vano, pues o bien fueron singles o caras B de los mismos en su día.
Los bises

A su conclusión, SAXON repuso su resuello con un breve descanso, para volver y no bajar el nivel. Mantuvo toda la potencia en un cuarteto de clásicos a base de "Crusader", "And The Bands Played On", "Denim And Leather" y "Princess Of The Night", que puso el cierre de una velada en la que las referencias a los años 80, tanto en la mayor parte del repertorio, como por los mensajes de Biff Byford, fueron constantes.

Una maravilla de hora y cuarenta minutos, que si bien queda lejos de las otrora habituales descargas maratonianas de SAXON de dos horas (o casi tres, como en la insuperable actuación en el Arena presentando "Lionheart") fue suficiente para demostrar que su estado de forma es aún altísimo. Reteniendo como pude las lágrimas al ver a nuestros héroes despedirse de una calurosa audiencia, pensé que, al menos, había podido disfrutarles y aplaudir su música una vez más. ¿Qué más puedo ofrecer a SAXON, humildemente, a cambio de tantos años de poder y gloria?

Al acabar el espectáculo de esta noche mágica y ruidosa, grabada para siempre ya en la memoria de todos, me asomé al puesto de merchandising para, una vez más, comprobar que los precios de las prendas oficiales no eran populares, y que no había un mísero CD, vinilo o similar. Un poco raro para una banda clásica como SAXON, pero es lo que se demanda ahora.

En fin, no dejo de pensar que en tres años se cumplirá el 50 aniversario de su debut "Saxon". Si para entonces los sajones aún están en activo, y aunque no sea su álbum más reconocido (aunque personalmente me encanta) el organizar una gira especial recordando "Frozen Rainbow", "Stalions On The Highway", "Still Fit To The Boogie" o "Militia Guard" sería miel sobre hojuelas. El disco lo merece y la banda aún más, y ese sí sería el lazo de oro para una carrera de ensueño.
¡Larga vida a SAXON, por siempre "Wheels Of Steel"!






