MORBID ANGEL: Las sombras del pasado

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El 1 de septiembre de 1988 CELTIC FROST editó “Cold Lake”. El 5 de junio de 2003 METALLICA lanzó al mercado “St. Anger”. El 6 de junio de 2011 MORBID ANGEL puso en circulación “Illud Divinum Insanus”, emparentado nada más nacer con los citados por su rango de siniestro total, un desastre integral que no alcanza, en territorio más contemporáneo, “The Unspoken King” de CRYPTOPSY porque el grupo de Quebec, con toda su historia, ni se acerca al nivel de trascendencia y significación de MORBID ANGEL, un pilar indiscutible del Metal como hecho cultural, un gigante que ya tiene su “Cold Lake” y su “St. Anger”, todo en uno: ideas pobres, estilo equivocado, revolución fallida. “Ilud Divinum Insanus” es un Titanic que no deja el puerto de Southampton, ni siquiera sueña con colosales icebergs mientras se ahoga en un charquito de su propia orina. De puro grotesco roza lo cómico si no fuera porque, como hablamos de MORBID ANGEL, duele.

Como es el noveno disco y toca la letra I, podríamos hablar de ignominia injustificada e inimaginable, de la infracción más ingrata e inconcebible. Porque MORBID ANGEL ha prolongado el absurdo hasta cuando ha pretendido ser respetuoso con el pasado: eso divino y demente es, suponemos, una traducción más o menos correcta para un latín ortográficamente incorrecto: ¿Illud divinum Insanum?, ¿Ille Divinus Insanus?… Mientras suene lo suficientemente cool, ¿para qué molestarse? Sea como fuere, el disco es un desastre escatológico, un error tan grave que convierte al anterior (ocho años: ochos años transcurridos para esto) “Heretic” en la quintaesencia del arte, una suerte de Gioconda de difícil digestión. Con todas las carencias de aquel, no hay nada en este nuevo disco comparable a la abrasión de “Enshrined By Grace” o “Stricken Arise”. Tras casi una década echando de menos a David Vincent, ¿echaremos ahora de menos a Steve Tucker?

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Vincent, desde luego, es uno de los grandes culpables de un disco atrofiado y que ha errado el tiro por eones. El otro es Trey Azagthoth, por lo demás uno de los músicos esenciales para comprender la evolución y expansión del Metal como estilo y del Death Metal como corriente con sus propias reglas de expresión y praxis. El primero está inmerso en una kafkiana pesadilla de rockstar, todavía más cerca de GENITORTURERS que de “Altars Of Madness”, y el segundo ha permitido y aventado que todo llegue demasiado lejos y que lo haga con una pompa que resulta -y más con los resultados reales en la mano- cargante y equivocada hasta lo tragicómico. Vincent presentó este disco como “una obra maestra que es música extrema pero rompe con la etiqueta de Death Metal”. Que rompe con el Death Metal es bien cierto, y bien triste, y el resto es opinable pero difícilmente defendible por mucho que el grupo parezca obsesionado con presumir de lo que ahora carece a golpe de títulos como “Too Extreme” o “I Am Morbid”. En los ocho años transcurridos desde “Heretic” prácticamente todos los grandes nombres de la escena, en ambos lados del Atlántico, han presentado discos más o menos brillantes, algunos sobresalientes y otros al menos dignos, en una espiral de reuniones y resurrecciones que se ha sumado a la bendita obstinación de los que nunca se fueron. El género, con salud (más o menos) de hierro y la vieja guardia en pie, esperaba el movimiento del patriarca con la respiración contenida. Ese movimiento, la realidad es un martillo, es “Illud Divinum Insanus”.

Y cuesta creerlo. O no. Las pistas (una declaración aquí, un rumor allá…) olían a riesgo y chamusquina. Pero el drama no es el riesgo sino (y volveré más adelante sobre esto) la falta de calidad y de personalidad. Parto fallido, el nuevo disco de MORBID ANGEL es un aborto provocado por la indigesta combinación de un pasado recreado sin gloria y un futuro atrofiado. Finalmente ni tradición ni innovación. No sé qué demonios pensará de todo esto Pete Sandoval desde el retiro en el que se recupera de sus problemas (¿sólo?) de espalda. Y no sé qué cara se le habrá quedado al bueno de Destructhor. La madre de todas las leyendas te recluta en la fría Noruega… para grabar el disco maldito del que abominarán todos los seguidores del grupo. Todos los que están donde hasta hace poco estabas tú. Queda, espero, el directo. Mi referencia es Wacken 2006 todavía con Sandoval y por entonces con la ayuda de Rutan. Una celebración macabra al ritmo de “Rapture”, “Maze Of Torment”, “Lord Of All Fevers & Plagues”, “Chapel Of Ghouls”, “Fall From Grace”

              

 

LA CAÍDA DE LOS GIGANTES

“Fall From Grace”, la caída en desgracia. En 2011 una ironía que define a MORBID ANGEL como un grupo invertebrado entre lo que cree que tiene que ser y lo que querría ser. “Illud Divinum Insanus” es un armisticio mal avenido en el que salen derrotados los dos bandos, el Death Metal y una pulsión innovadora más extravagante que original o transgresora.

Al núcleo Death del disco le salvan, malherido, trazas de las guitarras de Azagthoth y de las líneas vocales venenosas de Vincent. Un tesoro en miniatura al que ni siquiera favorece una producción pensada de forma quirúrgica para la parte más moderna, ambiciosa (cuántas afrentas se hacen en nombre de una mal entendida ambición), del disco. Donde el Metal Extremo se abre paso harían mucho bien unas guitarras menos enterradas detrás de la batería y de una voz disparada de forma abusiva al primer plano.

“Nevermore”, no por casualidad primer single, es lo más parecida a una gran canción de MORBID ANGEL, quizá sólo una buena canción de MORBID ANGEL en medio de un ecosistema demasiado hostil. Algo parecido sucede con “Existo Vulgore” o en menor medida “Blades For Baal”, dos tercios de residuo y uno de un brillo apagado que apunta hacia la gloria de “Covenant” o “Domination”. “Beauty Meets Beast” y “10 More Dead” bajan las revoluciones y ni son lo peor del disco ni son apenas sombra de “God Of Emptiness” o “Where The Slime Live”. Esta parte tradicionalista del disco navega entre lo salvable y lo notable sin apenas nada sobresaliente, condenada porque ni está a la altura de las expectativas y de los años de espera ni puede hacer frente al aberrante ejército de lo extraño que cabalga en el resto del disco sin dejar rastro de vida a su paso: un suicidio mediante la política de tierra quemada.

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“I Am Morbid”, a pesar de su pretenciosa letra, sería válida en otro contexto porque a estas alturas resulta confuso recibir de MORBID ANGEL un intento de “Metal de estadio” con coros pensados para el directo y una cadencia que es un extraño intento de llevar lo rockero y abierto (melódico) a lo (escasamente) extremo. El drama, con todo, no está ahí sino en el trío que conforman “Too Extreme!”, “Radikult” y “Destructos Vs The Earth / Attack”, la condena que impide cualquier valoración ni remotamente positiva de este disco. Un bosquejo pseudo industrial intolerable por mucho GENITORTURERS que Vincent le ponga al asunto y por mucha devoción que sienta Azagthoth por LAIBACH. “Destructos…”, salvo por su estribillo robótico e infantiloide, es algo que ROB ZOMBIE podría haber hecho mucho mejor mientras que la horrenda “Radikult” parece un sobrante de baja calidad (y como no exagero ni un ápice esto es realmente doloroso) de MARILYN MANSON en los tiempos de “Antichrist Superstar”. “Too Extreme!” no es más que un pretencioso, ridículo y condenadamente aburrido intento de combinar Death Metal y sonoridades industriales. Por si su intención apuntaba en esa dirección (cuesta adivinarlo), MORBID ANGEL podría escuchar por ejemplo “Deus Ex Machina” de THE MONOLITH DEATHCULT. Lo nocivo de “Too Extreme!” está además en que supone el primer contacto con el disco tras la insulsa intro “Omni Potens” y en una bochornosa letra en la que Vincent demuestra que del mismo modo que no maneja el latín tampoco pasa del chapurreo en una de sus derivaciones, el castellano: “Tu corazón latiendo, tú sientes el dolor, deseo la locura, tú gritas: EXTREME!”, o “De Sud América a puertas de oro Athens a la quema del inframundo conmigo… EXTREME!”. Un horror. El horror.

Esto es lo que hay. MORBID ANGEL en 2011. Hiroshima y Nagasaki, “St. Anger” y “Cold Lake”, todo en uno. Un desastre que deja colgando de un hilo la salud y forma de este grupo, no sabemos por cuánto tiempo con Vincent (que como se fue y volvió puede volver a irse si el asunto deja de oler a negocio), no sabemos por cuánto tiempo sin Sandoval y con Tim Yeung (otro que no tiene culpa de nada pero cuya labor como batería ha conocido tiempos mejores). Porque algunas decisiones queman puentes y cortan las vías de retirada. No será fácil volver atrás y costará mucho reconstruir el compromiso con el pasado si es que esa es la intención del grupo, porque el hecho es que este es el disco que Vincent y Azagthoth querían grabar y no les culpo por eso sino por hacerlo bajo el logo de MORBID ANGEL. Por lo demás, cualquier músico está en su derecho de hacer lo que le venga en gana y ahí está la puerta de entrada a un debate sumamente interesante o absolutamente equívoco. Orígenes, raíz, y evolución. Identidad y personalidad, libertad y respeto. Devoción bien o mal entendida, apertura mental como hecho o como valor. Resbaladizo y tan viejo, supongo, como la propia música.

CUANDO EL FUTURO ES EL PASADO

Recalco el punto de partida: los músicos tienen el derecho a hacer lo que les venga en gana, cuándo, cómo y dónde les venga en gana… y sus seguidores tenemos exactamente el mismo derecho a juzgar su obra y sus actos de la forma que nos parezca conveniente. Insisto también en que el verdadero drama de “Illud Divinum Insanus” es que es una mediocridad (en el mejor de los casos) más allá de cábalas de estilo y forma. Creo que es malo en lo que pretende hacer más allá de que considere que no es lo que MORBID ANGEL debería hacer. No es un mal disco por no ser un disco de Death Metal clásico, es un mal disco y además no es ni lo que casi nadie esperaba ni lo que casi nadie quería.

El asunto es peliagudo porque codifica distintas versiones de la noción de honestidad y desgaja y casi enfrenta la libertad artística y el respeto a la tradición. Ningún grupo debería sentirse reo ni de sus seguidores ni de las modas y utilizo un término tan escurridizo porque es innegable que hoy en día hay un componente de moda y cliché, más allá de que el Death Metal pase por un excelente momento, en la glorificación de ciertos sonidos que en su día casi se dejaron morir. Y hablo de la escuela INCANTATION o de unos AUTOPSY cuyo regreso ha provocado muchas más loas que lágrimas corrieron por su adiós hace más de tres lustros. En este hábitat, ¿cuántos regresan por pasión y convicción de entre aquellos que se fueron hastiados, maldiciendo la escena o sencillamente inclinados hacia otros derroteros musicales? ¿Cuánto hay de business en el fenómeno revival? Y más allá, ¿resulta esencial escrutar entre bastidores y juzgar los motivos o es más sano limitarse a observar desde el patio de butacas y evaluar sólo los resultados? Pero incluso los más escépticos, los cínicos y hasta los apóstoles de la aventura y la transformación como símbolo del movimiento en el arte tendrán que reconocer que una vez que se produce una reunión -reunificación, regreso…- tiene que haber una coherencia con la cabecera y la filosofía original. Un grado mínimo de fidelidad que aporte sentido y justificación al uso del nombre, el logo y la historia más allá de la simple (oportunista) llamada de atención.

 

Esto es aplicable a MORBID ANGEL, aunque nunca se haya ido realmente, y más tras el regreso de David Vincent. Y no niego cierto reconocimiento oculto entre surcos de crítica: el disco es al menos valiente y atrevido, no una rendición populista a los viejos esquemas que, convengamos, sólo es deseable si traspira voluntad (pasión, espíritu, calidad) y no obligación. Un “Altars Of Madness 2.0” no era una visión realista veinte años y tantas circunstancias después. Desde ese punto de vista podría aplaudir un intento de dar con una nueva clave y poner patas arriba las convicciones y la escena como, no lo olvidemos, hizo en su día “Altars Of Madness”, un tornado revolucionario en su nacimiento y un icono de lo inalterable hoy. Recuerdo que a aquel disco le siguió “Blessed Are The Sick”, una arriesgada jugada evolutiva que no todo el mundo entendió en su momento pero que hoy también es clásico. Y apunto un hecho que está entre lo obvio y lo seminal: si el conformismo y la limitación fueran ley, jamás hubiera habido Death Metal. Ni antes Thrash. Ni antes Heavy Metal. Ni antes…

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Pero… El primer problema (pero…) es que MORBID ANGEL ni siquiera ha hecho un disco verdaderamente revolucionario, apenas un intento de colar como tal lo que no es más que una transgresión de sus propias fronteras hecha además (pero…) con un gusto pésimo. Copia más que inventa y picotea de lo trabajado y trillado por otros. Ochos años transcurridos para, a la hora de la verdad, no tentar más límites que los de la paciencia de sus seguidores. A partir de aquí creo, y esto puede ser especialmente opinable, que si se decide grabar un nuevo disco de MORBID ANGEL hay que grabar un nuevo disco de MORBID ANGEL a partir del respeto a unos códigos mínimos y unas normas de estilo básicas. En las últimas dos décadas (algo más…) MORBID ANGEL ha adquirido una categoría y unas propiedades casi semánticas con las que conviene cumplir o dejarlas descansar. Un engendro como “Radikult” no me habría gustado más si hubiera aparecido bajo otro nombre, en otro grupo o proyecto. Pero quizá sí una canción como “I Am Morbid” que ha quedado sin embargo fuera de lugar. Por si me enredo en lo barroco, un ejemplo burdo: Azagthoth podría grabar rancheras y hacer (¿quién sabe?) un disco extraordinario con ellas. Pero si lo edita bajo el nombre y el emblema de MORBID ANGEL ni complacerá a los seguidores del grupo ni estará usando un vehículo apropiado para llegar a los aficionados a las rancheras. Digo…

 

Y lo digo además porque hablar de MORBID ANGEL multiplica los daños con respecto a un desastre más mundano como, por ejemplo, el citado “The Unspoken King” de CRYPTOPSY. Con MORBID ANGEL entramos en la categoría de uno de los grupos más importantes de toda la historia del Metal como género en su sentido más amplio. Para entenderlo basta un poco de perspectiva, incluso un vistazo (para los más jóvenes, tal vez) a libros como “Choosing Death” o “Swedish Death Metal”. Otra razón por la que Vincent y Azagthoth nunca deberían haber colado una aberración como “Radikult” en un disco de MORBID ANGEL. Pero si una sombra opaca de “Altars Of Madness” ni era necesaria ni habría sido convincente y el otro extremo tampoco, ¿cuál era la respuesta? Desde luego yo no la tengo porque esa es la tarea del músico y especialmente del genio (y a Azagthoth siempre le he tenido por tal): maravillar con lo inesperado, reconfortar a quien quizá ni sabía que era eso lo que esperaba, ingeniárselas para ofrecer un producto que ofrezca identificación, satisfacción, incluso orgullo. Por cosas así siempre nos habíamos puesto de pie para hablar de MORBID ANGEL. Y por eso hay unas barreras que es conveniente no traspasar aunque no haya nada ni nocivo ni extraordinario a priori, por simple filosofía. Y tan justo es reconocer esto como injusto es demonizar, y miro a los ojos algunos adalides de la apertura mental y la novedad como valor en sí mismo, a quien espera recibir, tras ocho años de espera, un disco de MORBID ANGEL y no un simple lote de canciones agrupadas bajo el nombre de MORBID ANGEL. Que, obviamente, no es lo mismo.

Insisto finalmente en que ni todo cambio es evolución ni todo intento fructifica en revolución. No lo es “Illud Divinum Insanus” como no lo fue “The Unspoken King” ni mucho antes “Chapter 13”. MORBID ANGEL hizo evolución, revolución e historia en sus cuatro primeros discos. Otros lo han hecho y lo hacen, EDGE OF SANITY o ATHEIST lo hicieron. Hoy el Death Metal exprime los límites de la fusión de géneros, los límites de la brutalidad, la melodía, la oscuridad o la técnica. Se escrutan las fronteras más lejanas del estilo y se reivindica su esencia más pura. Los músicos no sobreviven en este ecosistema mirándose el ombligo, pavoneándose ajenos a cuanto les rodea y subestimando a sus propios seguidores. Ni siquiera un icono como Trey Azagthoth saldrá bien parado si considera más cerril y acrítico de lo que realmente es a quien luego usará como combustible para justificar sus propios errores.

Porque, incluso perdido en sus devaneos filosóficos mientras le superan muchos de los que aprendieron de él, es Azagthoth el que tiene la llave del futuro de MORBID ANGEL, cuestión de interesante observación a partir de ahora. No sabemos en qué estado está Pete Sandoval y las críticas que arrecian pondrán a prueba la verdadera voluntad de David Vincent en su regreso al redil. Cualquier futuro movimiento será objeto de un análisis casi de laboratorio en términos de honestidad, equilibrio u obstinación y, no lo olvidemos, dirección y calidad musical. Mientras tanto el legendario logo de MORBID ANGEL pesa mucho, la historia pesa mucho porque sólo somos, al fin y al cabo, hombres pequeños arrodillados ante las sombras del pasado.

 

Juanma Rubio

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