Crítica de Senjutsu de IRON MAIDEN

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Iron Maiden Senjutsu

"Senjutsu": las tácticas de guerra de la Doncella de Hierro

“Senjutsu”, o al menos esa sensación me dio, apareció de la nada. El anuncio de una tormenta que encapota el cielo a toda velocidad, el presagio que muchas veces centellea como preludio de grandes noticias. Al menos así fue para mí, aunque solo sea porque llegué tarde al cebo de su inteligente campaña de hype online. El tiempo es un asunto curiosamente subjetivo. IRON MAIDEN, cosas de la pandemia, nunca había dejado pasar seis años entre discos de estudio pero, sin embargo, “Senjutsu” me atropelló, un coletazo nervioso del fan imberbe que alguna vez fui. El decimoséptimo disco en estudio de IRON MAIDEN. 41 años después del primero y 46 después de la formación del grupo en los suburbios de Londres.

Conviene leerlo otra vez, dejar que cale: Diecisiete discos, 41 y 46 años. Casi medio siglo. Diez nuevas canciones en 82 abrumadores minutos, una grabación secreta en París antes del limbo del confinamiento y el primer cara a cara con el fantástico artwork de Mark Wilkinson, que repite y supera a su Eddie maya de “The Book Of Souls” con una versión peligrosa y muy clásica del monstruo que llegó a personificar el Heavy Metal, transmutado ahora en samurái y en la esencia de senjutsu: un término japonés lo suficientemente vago para que sea lo que gustes. Tácticas y estrategia de guerra, técnicas y tretas, magia si se quiere.

Caja de lujo de Senjutsu de Iron Maiden
La edición en caja de lujo de Senjutsu

Los estudios Guillaume Tell en Francia, otra vez como en “The Book Of Souls”, y con la ya infaltable producción de Kevin Shirley y su muralla de sonido analógico imposible de separar de la última etapa de IRON MAIDEN para disfrute de unos (Steve Harris a la cabeza, claro) y desesperación de otros. Diré por mi parte, por si no vuelvo a ello, que su trabajo me ha ido convenciendo con los años y que hace techo en “Senjutsu”, un disco que supura poder y que trata de forma deliciosa la base rítmica que Harris forma con Nicko McBrain desde 1982. Sigo dejando caer fechas, como si fueran balizas temporales. Por una simple cuestión de perspectiva, pero también por si el vértigo del tiempo se desvanece al conjurarlo. No se pierde nada por intentarlo.

IRON MAIDEN sigue abriendo compuertas

Pretender sacarse a uno mismo de la ecuación, o aparentar que así se ha hecho, cuando se opina sobre un hecho cultural tan íntimo como la música me ha parecido siempre un ejercicio fútil. Peor: indeseable. Pero el peligro, cuando viajas a la entraña de un grupo como IRON MAIDEN, es el contrario, que no quede nada de ti al margen, fuera. Tanto significa, tanto pesa. Supongo que somos muchos los que, cuando hablamos de IRON MAIDEN, hablamos de nosotros. Sobre qué somos y qué fuimos, dónde demonios se han ido tantos años (“So, understand, don’t waste your time…”). En parte por eso, por lo que decía de las balizas, hace mucho que recibo cada uno de sus discos con una especie de melancolía feliz. Siguen aquí, seguimos aquí aunque sea imposible saber por cuánto tiempo. O hasta para qué. Siempre es así, pero solo a partir de cierta edad descubres que es verdad, que todo iba en serio. Cada nuevo disco de IRON MAIDEN abre tantas compuertas, escribe en tantas páginas de mí que no puedo evitar preguntarme cómo será para otros, sobre todo para los jóvenes. ¿Cómo ven ellos los tiempos que no han vivido? ¿Qué piensan cuando escuchan los discos clásicos, cuando contemplan imágenes de aquellas giras gloriosas en las que otros veíamos a hombres trasmutados en dioses? No sé cómo de lejos perciben ese pasado que no es más que lo que para algunos no fue y para otros no volverá a ser. Pero sí que todo eso define cómo percibimos, unos y otros, a IRON MAIDEN en 2021. Porque, aunque parezca paradójico, es probable que esas nuevas generaciones de fans encajen mejor el sonido que define ya toda una era, la última, de un grupo que por su parte, la manifestación artística, navega alejado de estas cuestiones. Ellos caminan, nosotros rastreamos sus pasos. Cada uno a su manera.

Una versión plena de los MAIDEN de este siglo

Tengo bastante claro, dicho todo esto, que “Senjutsu” no va a convencer a los haters, a los que desistieron, a los que añoran los viejos tiempos o simplemente no disfrutan de la última evolución de IRON MAIDEN. La que, en esencia, definen esas composiciones mastodónticas del jefe Harris que cambian las estructuras tradicionales por los desarrollos cinemáticos. Habrá incluso quienes no iban a disfrutar de este disco tuviera la forma que tuviera, y supongo que todo esta bien. El mundo sigue, a duras penas; el tiempo pasa, IRON MAIDEN avanza, camina, termina de escribir una historia que es un tomo esencial del Heavy Metal entendido como música y como cultura. Como lo que muchos elegimos ser, no sé si porque no queríamos o porque no podíamos ser otra cosa. Qué más da.

La cuestión es que cualquier análisis, a estas alturas, debería dejar fuera tanto a los que ya no van a alabar nada de lo que haga IRON MAIDEN como a los que creen que la doncella no puede tocar nada sin convertirlo al momento en oro. Es 2021, por el amor de Dios. Todo el mundo tiene una postura con respeto a un grupo que pesa tanto para muchos de nosotros. En el corazón, en la memoria, en las terminaciones nerviosas. Yo no tengo la menor idea de si eso revaloriza o atrofia lo que pueda decir de un disco como “Senjutsu”, ni qué maldita cosa podría haber hecho que no sea dejarme llevar, sentir y, finalmente, valorar. Con mucho en el equipaje y con la certeza de que con MAIDEN nos queda mucho menos trecho de viaje del que ya hemos vivido. Todo ese camino, el que hay detrás y el que sea que se avecine todavía por delante, me parece un motivo tan bueno como cualquier otro, o en realidad mejor, para brindar. Por IRON MAIDEN. Y por el puto Heavy Metal.

Me ha gustado “Senjutsu”. Todo lo que pueda decir ahora es apresurado, todavía desde esa madriguera del conejo a la que te envían las últimas creaciones, mastodónticas, de IRON MAIDEN. No sé qué pensaré en unos meses, después de otro millón de escuchas.

“The Final Frontier” me pareció básicamente una catástrofe y con el tiempo lo fui valorando más aunque me sigue pareciendo uno de los eslabones más débiles de la carrera del grupo. Después, “The Book Of Souls” me maravilló, en parte porque lo recibí con cierta aprensión y celebré que el pozo creativo, como mínimo, estaba lejos de secarse. Pero después, han pasado ya seis años, soy algo menos benevolente con un disco que en todo caso me sigue pareciendo notable.

Así que no sé, con toda franqueza, como envejecerá una obra de configuración excesiva, bizarra, el non plus ultra de los MAIDEN del siglo XXI. Un si no quieres caldo, toma dos tazas. “Senjutsu” es un reto, un disco en el que el oyente es puesto a prueba básicamente porque sus creadores también han sometido a un test de estrés a los cimientos de su actual filosofía. ¿Hasta dónde se puede llegar? ¿Cuándo es mucho, dónde es demasiado lejos? Se aferran a sus pecados como si fueran todo lo que les queda, y ese es el veneno y la grandeza de este nuevo trabajo. Si se piensa con un mínimo de perspectiva, ni siquiera era ilógico esperar un cambio de dirección. IRON MAIDEN va al extremo de su propuesta de este siglo, un trayecto obvio hacia sus propias entrañas desde el regreso de Dickinson y Adrian Smith, y manda un abrazo fuerte a los que ya habían ejercido de plañideras con sus últimos discos. Es la misma convicción que en su día creó un imperio la que hace que, instintivamente, los miembros del grupo (y básicamente me refiero a Steve Harris) se sientan capaces de sostenerlo y ampliarlo sin salirse de sus términos. A su manera.

Y su manera es la que es, y me sorprende a estas alturas que algunos debates pierdan el hilo en este punto. Es legítimo adorar o aborrecer esta o cualquier etapa de este o cualquier grupo. Por mucho que este no sea un grupo cualquiera. Pero es una necedad seguir pensando que IRON MAIDEN sigue profundizando en un tipo de sonido porque no le sale otro, porque se extravía por el camino. Que lo que quería que fueran troopers y running frees y sanctuarys y clairvoyants acaba mutando en esos cíclopes de Heavy Metal teñidos de Prog, Folk y Hard Rock que ya son, con sus admiradores y sus detractores, el sello de una época. No una contingencia accidental. "Ups, me he tropezado en el estudio y me he caído sobre este tema de 11 minutos con esta intro masiva de bajo y este carnaval de melodías y etcétera etcétera etcétera".

"Senjutsu", el reflejo de los últimos años de carrera de IRON MAIDEN

Te guste más o menos, esto es lo que IRON MAIDEN lleva queriendo hacer, su manera, desde hace muchos años. Tal vez desde aquellos irregulares bocetos de los discos de Blaze Bailey. Desde luego a partir del regreso de Bruce Dickinson. En esa senda, su manera, “The Book Of Souls” mejoró a “The Final Frontier” y “Senjutsu” mejora a “The Book Of Souls”. Es igual de mastodóntico (apenas diez minutos menos) pero es más variado, más heavy, más épico, más monumental. Y lo más oscuro que ha grabado el grupo con permiso de “A Matter Of Life And Death”. Y puede ser su mejor disco desde “Brave New World”. Con regresos al pasado y guiños que recrean un surtido collage de su historia pero con un hincapié obvio en lo que ha sido su sonido desde 2000. El espíritu aventurero y narrativo de “Dance Of Death”, la ética opaca y clásica de “The Book Of Souls”, el tremendismo magnético de “AMOLAD”…

Siempre habrá dentro de nosotros un chiquillo que, como si saltara de baldosa en baldosa, se dedicará a recorrer las nuevas canciones de IRON MAIDEN tirando de los hilos que conducen al pasado: con quién se emparenta cada riff, cada melodía, qué solo recuerda a cuál… es un juego de espejos al que no dejaremos de asomarnos porque supone una forma de buscarnos a nosotros mismos, de asegurarnos de que las migas de pan siguen ahí y que no hemos perdido del todo el rumbo. Pero hace muchos años que MAIDEN es otra cosa, otro tipo de bestia. Algunos no lo han aceptado, muchísimos sí, y los últimos en llegar no han conocido otra versión de un grupo que sigue empujando, exprimiéndose, agotando sus recursos y apostando por su música. Jamás se duerme en los laureles ni vive de unas rentas suculentas, doradas. Y eso no es un motivo para aplaudir con desazón cualquier cosa que haga, pero es algo que desde luego merece ser traído a la mesa: IRON MAIDEN no ha intentado nunca ser una banda tributo a IRON MAIDEN, no ha holgazaneado con su catálogo de clásicos vendiéndose solo de puerta en puerta, no ha usado sus nuevos discos como simples invitaciones a regresar a una carrera que, además, jamás ha abandonado en casi medio siglo. En ese sentido, creo que este es un grupo ejemplar, una leyenda que explica cada día por qué ha llegado a serlo. Es la empuñadura del bastón de mando de Steve Harris, su no pasarán. Y con esas tablas de su ley bajo el brazo se irá, cuando le parezca conveniente y ni un día antes. Y es una actitud de supervivencia guerrera que también ha acabado personificando Dickinson, su compañero y su némesis y un cantante que te vuelve a agarrar del alma intentando sacártela por los oídos. Con 63 años, un implante de cadera y tras superar un cáncer y una fea lesión en el tendón de Aquiles. Con momentos pletóricos y otros en los que evidencia cuánto ha llovido desde sus días de esplendor, la balada de Air Raid Siren, se me ocurren pocas cosas malas que decir de su interpretación en este disco. A flor de piel, se expone más que nunca en algunos pasajes, básicamente un narrador en medio de una tormenta. El último naufrago.

La música de "Senjutsu"

El resto es una base de ritmo excepcional, con un (otro) trabajo maravilloso (sabiendo moverse en perfiles bajos) de McBrain y el asalto áureo de las guitarras de Gers, Smith y el ineludible Dave Murray, la presencia perpetua. No hay ningún grupo que suene así, no exactamente así, todavía en 2021. Y no suele ser habitual que un bastión clásico invierta tanto en ser quien quiere ser y no quien por lógica debería ser. Esa hoja de ruta, las tablas de la ley de Harris, se formulan así en “Senjutsu”: cuatro canciones firmadas en solitario por el bajista, que además compone dos con Janick Gers y una con Adrian Smith, que a su vez (una alianza antaño proscrita) comparte otras tres con Dickinson.

Cualquier veterano interpretará esto como un libro abierto y no se equivocará: las digresiones más rockeras y directas del tándem Dickinson/Smith con algún recuerdo bien encajado de la (brillante) carrera en solitario del cantante; las armonías de Gers, inconfundibles, maridando con esa solemnidad cada vez más profunda y oscura de Harris, que se desata en sus canciones, incluido un final que enlaza tres para más de 34 minutos. Y saludos a quien esperara otra cosa de un músico histórico al que ciertas cosas ya le habían dejado de importar antes de que muchos de sus actuales seguidores nacieran. Harris tiene 65 años y ningún interés por navegar aguas templadas. Su tozudez, que muchas veces ejerció de salvaguarda ética de MAIDEN, es icónica. Y, ahora sé de lo que hablo, la tozudez no es un rasgo que mejore precisamente con la edad.

Finalmente, todo es una cuestión de talento

El sonido de “Senjutsu” es un azote. Shirley no hace nada por evitar que irrumpa como un tsunami mientras el grupo percute con energía agitada e insiste en esas capas de teclados que a veces cuesta ubicar, como si estuvieran fuera de lugar, pero que también forman parte, ya inevitablemente (parece), del guiso. Con sus momentos de excelente efecto y sus apariciones de saldo en un disco que es colosal, sin medida ni para lo bueno ni para lo malo. Una arquitectura pasmosamente diáfana que requiere introspección, tiempo: paciencia. Un banquete que conduce al empacho casi irremediablemente y contradice las normales actuales del juego. Ni invita al consumo rápido ni a las conclusiones a vuelapluma ni a una difusión fragmentada de la atención. “Senjutsu” obliga a la inmersión, exige antes de recompensar. Todo lo que se deja en esa desestructuración narrativa que adora Harris lo gana en detalles que no dejan de aflorar, de emerger. Es un juego de trueque del que salen menos himnos (de esos ya tienen una legión, convengamos) y más rincones en los que escarbar, más conexiones íntimas con unas canciones absolutamente sobrecargadas pero brillantes. Al menos la mayoría de ellas. Más allá de debates sobre fondo y forma, ética y estética, quedan el talento y la inspiración. ¿Merecen la pena estas diez nuevas canciones? En mi opinión, sí. Finalmente, es tan sencillo como eso.

No todas de forma plena, claro. En un océano de casi una hora y media de aguas muy bravas se vislumbran un par de atajos que se habrían agradecido. Hay canciones a las que les sobra metraje y alguna pasa de puntillas, sin dejar demasiado rastro. Hablo con la boca pequeña porque, en pleno proceso de asimilación, todavía no he afirmado mis dos pies en una opinión definitiva.

Las canciones de "Senjutsu"

De los cuatro mastodontes de Harris (todos por encima de los nueve minutos) el que menos me convence es “Death Of The Celts”, que es imposible no acabar viendo como una especie de “The Clansman 2.0”. Y, pese a una deliciosa sensación de misterio y mucho que desentramar en el juego de guitarras, con la visible mano compositiva de Gers, tampoco “The Time Machine” está por ahora entre más favoritas. “The Parchment”, en un rango superior, es un viaje de más de doce minutos que crece con cada escucha, con un aura majestuosa y un cierto déficit de carisma que le impide elevarse por completo pero con unos juegos de guitarras extraordinarios, solos desatados y un final que desata chispas metálicas. Un muy buen momento de un Harris espléndido en sus mejores creaciones: “Lost In A Lost World” encajaría perfectamente en “The X Factor” y acaba componiendo un puzle admirable a base de piezas de la fábrica MAIDEN que amenazan con desparramarse sin llegar a hacerlo. Y “Hell On Earth” es un cierre pletórico, con unas armonías de guitarra maravillosas y momentos en los que se conjura la energía más primaria, más esencial del grupo.

Ese final que deja casi 35 minutos para “Death Of The Celts”, “The Parchment” y “Hell On Earth” es un capricho barroco de Harris, la forma que tiene de dejarnos claro que lo tomemos o lo dejemos pero que esto es lo que hay. No es un triunfo pleno, combina algunos amagos de desastre con los suficientes pasajes extraordinarios, pero es un tríptico que fortifica de forma férrea, con esa espléndida “Hell On Earth” para acabar, un disco que, en el otro extremo, abre con la poderosa convicción de “Senjutsu”. Más de ocho minutos con una de las entrañas más heavies de toda la trayectoria de IRON MAIDEN, una elección extraña pero brillante para abrir un disco del que de ninguna manera se puede esperar mesura a partir de ahí. Densa, con McBrain fuera de su zona de confort en un ritmo casi tribal, masca una tensión casi física que se libera en las detonaciones vocales de Dickinson. Una pieza dura, a la vez oscura y luminosa. Y uno de los éxitos de un disco del que ya conocíamos dos excelentes singles: “The Writing On The Wall” con su ritmo hardrockero y su tono de western postapocalíptico, y la fantástica “Stratego”, que da un revestimiento de elegante madurez a una pieza muy clásica de MAIDEN, con ese galope rítmico al que respondemos al instante, perros de Pávlov, por puro adiestramiento.

Canciones de conexión directa, de acceso más liviano, como la pegadiza y básica “Days Of Future Past”. Casi un digestivo, una especie de zona de descompresión en la parte central de un disco en la que se enseñorea “Darkest Hour”, una joya oscura con un tono baladístico nada habitual en MAIDEN y el sello omnipresente de un Dickinson que ejerce de maestro de ceremonias sobre una cadencia delicada pero épica, emocionalmente majestuosa. Una de esas historias bélicas que son marca de la casa. Las letras, por cierto, hurgan en los temas habituales (guerra, historia, leyenda, ciencia-ficción) y son una vez más excelentes.

Edición exclusiva de Senjutsu para el club de fans de Iron Maiden
Arte de la edición exclusiva de Senjutsu para el club de fans de Iron Maiden

Hay una graduación a priori obvia: quien no haya disfrutado con los últimos discos de IRON MAIDEN no va a cambiar de idea con “Senjutsu”. Pero los que hayan conectado con este tiempo del grupo tienen por delante horas de disfrute y disección, un monstruo al que destripar hasta saciarse. Es un muy buen disco, excelente para aquellos a los que, además, enriquece el alma cada una de las teclas que siempre toca la factoría MAIDEN: una línea vocal de Dickinson, destellos de magia en unas armonías de guitarras, un solo que te agarra por la pechera, un baile agarrado de Harris y McBrain… Yo soy de esos, amor de fan, así que hablo con conocimiento de causa.

“Senjutsu”, con la mayor objetividad que puedo reunir, no es un éxito sobresaliente de principio a fin y coquetea sin rubor con la parte más peligrosa de ese estilo épico y excesivo que IRON MAIDEN abrazó hace ya mucho tiempo. Pero es un gran disco de un grupo único que desafía lo que a estas alturas parecería casi una cuestión de lógica y sigue metiéndose al estudio para reafirmarse, expresarse y ponernos a prueba. Para seguir escribiendo su historia, recorriendo su camino.

IRON MAIDEN es una leyenda gigantesca, un pedazo de muchas vidas. Una oda al mismo Heavy Metal que ayudó a construir, como música y como hecho social. Todo está aquí otra vez, todo vuelve a comenzar con “Senjutsu”. Y vuelvo a decirlo, más que nunca ahora que no sabemos cuánto nos queda de este viaje maravilloso, se me ocurren pocos motivos mejores para brindar. Por IRON MAIDEN, por nosotros. Por el puto Heavy Metal.

Track list de "Senjutsu"

  1. Senjutsu (Smith/Harris) 8:20
  2. Stratego (Gers/Harris) 4:59
  3. The Writing On The Wall (Smith/Dickinson) 6:13
  4. Lost In A Lost World (Harris) 9:31
  5. Days Of Future Past (Smith/Dickinson) 4:03
  6. The Time Machine (Gers/Harris) 7:09
  7. Darkest Hour (Smith/Dickinson) 7:20
  8. Death Of The Celts (Harris) 10:20
  9. The Parchment (Harris) 12:39
  10. Hell On Earth (Harris) 11:19

Discográfica: Parlophone

Más sobre el grupo en su Facebook oficial.

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Reseña
Nota
8
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De la vieja guardia a base de cumplir años, y ya van suficientes como para que cumplirlos sea una putada. Me gano la vida escribiendo y llevo más de un cuarto de siglo escuchando Metal. La gran constante de una vida que me paso intentando cumplir aquello de que hay que ser de los buenos porque ya hay demasiados de los malos en el mundo.

12 COMENTARIOS

  1. Llevo escuchando a Maiden 30 años, me. encantan sus discos ochenteros como no. Pero todas sus obras tienen algo mágico, está esencia especial que dejan, son Maiden simplemente eso, no querer escuchar sin filtros su etapa post 2000 es un sacrilegio pará tu mente. posiblemente las mejores composiciones están en la época moderna. Otra cosa es que te guste más su anterior etapa que fue escandalosa. haya cada uno yo estoy 100% de acuerdo con con tu crítica. CHAPO!!

  2. UN placer leerte Juanma. Maravillosa reseña!
    A brindar por Iron Maiden, por nosotros (sus fans) y por el puto Heavy Metal.
    Salud!

  3. Totalmente de acuerdo con la crítica, que por momentos al leerla hasta emociona, y si ,que cojones, hay que dar las gracias por que sigan sacando discos tam buenos y tan grandiosos , si, por que este disco es grandioso en todo tamaño y composición…up the irons!!!!

  4. He entrado para leer una crítica de un grupo que me fascina hace Ya mas de 30 años y de un disco que me esta gustando mucho. Y me encuentro un escrito que es una oda a IRON MAIDEN, el heavy metal, a nuestro pasado , presente y lo que nos quede de algun tipo de futuro apasionante, y en definitiva una oda a nuestras vidas. Me has emocionado compañero. Gracias
    Up the irons
    Long live rock and roll

  5. La emoción que me produjo leer esta reseña. Es una obra de arte en si misma. Es como haber explorado mi cabeza y decir todo lo que siento cuando escucho este disco nuevo. Que biennnnn, que bien escrita que está. Cómo se puede hacer una crítica de música que no solo nos acompaña, es que forma ya parte de nuestra identidad. Y si, no será tendrá running frees y santuaries, que amamos, pero si tiene ese Nomad, este Dance of Death, y si, necesitaba una seguridad, un piso firme para poder pararme en este caos. Gracias por la aclaración sobre The Final frontier, sentía culpa por no haberme gustado. Y si creo que es el más prístino, progresivo y poderoso desde Brave New World. Es brillante como relatas todo, es 2021 y estamos todos sensibles. Gracias!!

  6. Las reflexiones de la crítica me parecen alucinantes y te hacen replantearte muchas cosas asi como venirte a la cabeza muchos recuerdos (habla uno con 41 años escuchando Maiden desde los 8).
    En cuanto al disco, me parece aceptable, poco mas. Son Maiden, creo que se les puede pedir mas que un conjunto de corta-pega de los últimos 20 años, no pasa nada, se han acomodado muchísimo (siempre ejecutan lo mismo, se conocen al dedillo y por eso graban directamente sin prepararse) y se lo merecen….pero llevan la mitad de su carrera aprovechando la fórmula BNW de una forma demasiado descarada. Creo que, precisamente para lo que les queda, es hora de que creen algo con entidad propia (TBOS es lo mas cerca que han estado) como sello final a una carrera inigualable.

  7. Soy seguidor de la banda desde hace 30 años, y si bien celebro que Iron Maiden siga activo y lanzando nueva música, hace varios años ya que sus álbumes me parecen muy predecibles. La última vez que la banda realmente fue arriesgada y compuso música original fue en 1995 con The X Factor. De ahí en adelante solo repitieron fórmulas, cada vez a tempos más lentos, en estructuras más repetitivas. En este último disco hay canciones que repiten su forma hasta 3 veces, totalmente innecesario. Pero lo que más me desilusiona es el trabajo de las guitarras. Los solos son cada vez más automáticos, con muy poco trabajo, apenas algunos pincelazos de calidad de Smith y no mucho más. Murray casi olvidado y Gers tocando siempre su mismo solo errático e impreciso. Hay una gran diferencia aquí con sus pares de Judas Priest que siempre sumaron nuevos elementos al trabajo de las guitarras. Quizás el mejor aspecto de estos últimos discos sea la producción, que consigue formar capas de sonido muy bien logradas, con un sonido de batería muy profesional y relativamente moderno; y colocando las voces de Bruce en un plano muy fácil de disfrutar (algo no tan sencillo teniendo en cuenta lo ocupadas que están los espectros sonoros).

  8. Este disco refleja la búsqueda permanente, la exploración por fuera de los límites, y, a la vez, sin abandonar la esencia maideniana. Desde lo compositivo y desde lo sonoro. Este es un Iron Maiden que se expande, abarca más, se agiganta, se sale del molde y vuelve cuando le place….y se escapa de nuevo del molde…Increible y afortunadamente, Maiden sigue para adelante expandiendo sus fronteras artísticas después de 40 y tantos años…en síntesis, un madurísimo equipo de inteligentísimos músicos

  9. Genial reseña. A quienes nos gusta la doncella, más allá de su época clásica, con todo lo que han lanzado después, este disco no nos decepciona en absoluto. Para mi, gran trabajo en el q destaco especialmente a Nicko, aunq personalmente me gusta algo más el Book of Souls. A quienes solo les gusta Maiden hasta el SSOASS o quizás el BNW, mala suerte, este disco no es para vosotros. Despertad, Maiden no hará más discos como aquellos, como tp los hace ninguna otra banda llámese Judas, Helloween o Metallica, simplemente porq la novedad y la actitud q trajo esa época ya pasó, pero no por ello son peores que hace 40 años (mi mujer ya no está como hace 20 años ni lo volverá a estar, pero la quiero igual o más). Yo a la doncella no le exijo nada, me limito a disfrutar lo q tienen a bien publicar superando ya la sesentena. Por otro lado, tp leo comentarios de gente criticando mejor o peor a una nueva banda por sacar discos q se aproximen o no a lo q fueron Maiden, Helloween o Metallica en sus inicios (obvio aquí a Judas porq la época setentera, a mi y a muchos, nos cuesta digerirla, salvo temazos como victim of changes). Creo q es un error comparar cosas incomparables y, desde luego, calificar un trabajo como bueno, malo o aburrido solo porq a uno se lo parezca.
    Up the irons!!!

  10. Artículo excepcional, a la altura de la grandeza de los icónicos por excelencia. Destila pasión en cada letra. Felicidades «factor x» (lástima no conocer la autoría de esta pieza). Gran descubrimiento, seguiré el rastro. Saludos irons!

  11. Bueno ahora que me he registrado resuelta mi curiosidad, Juanma Rubio, sincero agradecimiento. Larga vida al heavy metal de un fan de sutagar otros que superan los 30.

  12. Buenas noches, saludos desde Venezuela, en cuanto a la reseña me pareció muy interesante y muy bien realizada, en cuanto al disco no es igual a los primeros y a muchos nos gustaría que los trabajos últimos fueran iguales, pero es una banda muy old y lógicamente no podemos exigirles por la condición, recuerda que el tiempo pasa y por más que la banda sea una de las mejores el no perdona, en fin para mí el disco es aceptable y agradable aunque no todos los temas pero vale la pena meterle oido y disfrutarlo un poco..

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