Un viaje estival por el norte de Europa recorriendo los lugares de reposo de leyendas del Metal
Un viaje por Europa para visitar las tumbas y los lugares vinculados a iconos del Metal como Ingo Schwichtenberg (HELLOWEEN), Cliff Burton (METALLICA), Quorthon (BATHORY), Valfar (WINDIR) y Tomas Lindberg (AT THE GATES), entre otros. Una ruta de 15 días por Alemania, Escandinavia y otros países europeos que, además de rendir homenaje a músicos fundamentales del Heavy Metal, permitió descubrir nuevos detalles sobre las circunstancias de la muerte de Valfar.
A veces es bueno alejarse de las habituales críticas y crónicas que hago en HELLPRESS. Dejar constancia de un peculiar viaje de verano de 2026 es el motivo de este artículo, peculiar y diferente a lo habitual. La intención de hacerlo, tanto el viaje como el propio texto, nace igual que los demás artículos del amor por el Metal y del aprecio, admiración o empatía hacia algunos de sus mitos ya caídos.
Lejos de ser el único o el primero en hacerlo, debería resumir, por acotar lo que os vais a encontrar en los siguientes párrafos, que esto se integraría en el denominado necroturismo. Sin embargo, el respeto y la emotividad que me despertaban los lugares de descanso de varias leyendas del Metal, así como sus propias personalidades y sus creaciones musicales, hacen que quiera esquivar el uso de esa palabra.
Este no ha sido un viaje en absoluto frívolo, si no toda una reconexión con la magia de la música a visitando a los creadores que ya no están entre los vivos: una travesía de carretera por media Europa.
No soy el único, ni el primero, ni seré el último en hacer y documentar un viaje de estas características, pero en todos los casos se parte de un concepto común, y es que el Metal, aunque vigente, ya es viejo, y es parte de la historia de la música, aún incluso conformando la que esté por venir.
Las muertes de los iconos del Metal contribuyen a forjar la historia
Que el Metal haya adquirido esa dimensión histórica, así como una trascendencia en la sociedad, tiene que ver de forma inevitable con el avance del tiempo, y lo que ello conlleva. No se deja huella si te evaporas rápidamente, hay que perdurar para ser significativo, para ser incluso digno de estudio, al menos como género musical: que no deje de haber bandas componiendo, grabando y girando, constantemente, año tras año. Así se crea ese estatus legendario, persistiendo.
Ahora, si lo enfocamos a nivel individual, esfumarse rápido también contribuye a dejar esa huella histórica: la muerte de los iconos musicales tiene un peso notable a la hora de mitificar la grandeza de la música en sí misma, pero cuando esta sobreviene de manera temprana, la contribución es mayor por el impacto del fallecimiento de una estrella joven. Y no digamos si, además, esta muerte es trágica o violenta.
Así, entrar en los salones de la gloria metálica puede ser un camino muy largo para algunos, y para otros muy corto. Curiosamente, las figuras del Metal que han sido objeto de esta respetuosa y emotiva serie de visitas a cementerios del norte de Europa serían más bien de las del segundo grupo: llamas que brillaron intensamente, pero no por un largo intervalo… más bien fugaces.
La idea inicial: de Madrid a Sogndal
Todo este viaje empezó a cobrar vida cuando, a principios de 2024, publicamos en HELLPRESS el artículo sobre los 20 años del fallecimiento de Terje Bakken, alias Valfar, el fundador, compositor y alma de WINDIR. Así, el que fuera el último viaje de Terje, acabó siendo el principio del mío.
Al terminar de escribir el artículo, o más bien revisitándolo para leerlo de nuevo meses después, fue naciendo el deseo de seguir los últimos pasos de Valfar. Primero como un mero sueño, y, poco a poco, tomando visos de posibilidad para, más adelante, plasmarse como realidad y búsqueda completada.
Esta travesía tuvo además un momento culmen importante, con información desconocida y recogida in situ respecto a cómo sobrevino el fallecimiento de Valfar. Pero para esto tendrás que llegar hasta el final del artículo…
El empujón final y el desarrollo de un viaje más completo
Según rumiaba la necesidad de llegar hasta la granja de Reppastolen, lugar donde apareció el cuerpo de Terje, en los alrededores de Sognefjord, no evité comentar esta idea con varias personas. Un intercambio de impresiones que, más allá de la curiosidad que despertaba en algunos, no fue hasta dar con una persona muy concreta cuando la chispa acabó por tomar un impulso irrefrenable, el deseo de un viaje que por fin tenía visos de hacerse realidad.
Gracias a exteriorizar el deseo de acometer esta misión en distintas conversaciones, encontré finalmente el apoyo de mi amigo Samuel. La idea de este viaje, lejos de parecerle descabellada, le infundió un notable interés. Fue hasta tal punto que me ayudó a concretarla, potenciarla, darle forma y un sentido práctico: un viaje así tenía que ser aprovechado para encontrarme con los lugares de descanso de otros mitos del Metal.
El viaje se plasmó, finalmente, en una travesía de dos semanas en coche desde Madrid hasta Sogndal y vuelta a la capital de nuestro país en quince días de julio de 2026. En estas dos semanas dormimos en campings, caminos y bosques, y comimos con una despensa móvil que mi amigo Samuel preparó en un mercado de su pueblo, llenando el maletero de viandas antes de salir.
Así tratamos de evitar que las cuentas no se descabalgaran por completo hacia la locura: si nuestro país ya nos resulta caro hoy en día, imaginad lo que supone el resto de Europa para un ciudadano español de a pie, por no hablar de los países escandinavos. Combustibles y peajes iban sajando nuestras bolsas y, dado el tiempo limitado que teníamos para completar el recorrido, estos eran gastos difícilmente evitables.
Estos condicionantes también le dotaban de un punto de vieja escuela y de aventura que hacían de este viaje algo más entrañable aún. Además de cruzar media España, atravesamos carreteras de Francia, Bélgica, Países Bajos, Alemania y Dinamarca hasta llegar al grueso del viaje en Suecia y Noruega, y de nuevo lo mismo para la vuelta en orden inverso.
Por todo el camino nos quedó claro que, el mundo de las vacaciones sobre ruedas, fuera de nuestro país, está mucho más extendido: furgonetas camperizadas, autocaravanas y roulotte eran parte del paisaje, algo además integrado en todas las franjas de edad, con muchas personas jubiladas viviendo el verano en movimiento.
Salimos de Madrid y, tras una parada de descanso obligatorio en los alrededores de París, con un incidente curioso en un área de servicio (conductores de ambulancia contratando servicios sexuales) pusimos rumbo hasta Hamburgo, donde tendría lugar la primera parada: el precioso cementerio de Friedhof Volksdorf, donde visitaríamos la tumba del que fuera batería de HELLOWEEN.

Como no todo iban a ser cementerios y tumbas de iconos, la noche antes de visitar la tumba de Ingo fue de turismo. Puedo decir que Hamburgo me pareció una ciudad bonita, con los canales y el puerto asociados al río Elba creando un ambiente portuario agradable.
Los edificios y casco antiguo merecen mucho la pena, además de la necesaria visita al barrio de Sankt Pauli, simpático a la vez que sórdido lugar, y en el que alguna escena nocturna propia de los bajos fondos (de baja intensidad) no sea apta para gente impresionable.

Como este tipo de cosas las lo puedes encontrar perfectamente explicadas en cualquier guía de viajes, vamos a obviarlo y a centrarnos en los aspectos relacionados con el Metal, que no fueron pocos, en esta ocasión.
Ingo Schwichtenberg – HELLOWEEN (1965 -1995)
HELLOWEEN ha sido una formación que ha marcado la evolución del Heavy Metal, ayudando a crear lo que conocemos como el Power Metal europeo. Ingo Schwichtenberg fue una pieza fundamental para ello, ya que el ritmo rápido de estos temas requería de su talento. Solo por eso, uno de los miembros clásicos, que grabó los cinco primeros álbumes del grupo, merecería el mayor de los elogios.
Sin embargo, hay mucho más detrás de su talento como batería que aviva su leyenda, y es su dramático final. Problemas de adicciones y salud mental, agravados por el fallecimiento de su padre, le llevaron a quitarse la vida arrojándose al paso de un tren en la estación de Friedrichsberg, Hamburgo. Una tragedia personal que salpicó al resto de la banda, a quien algunos seguidores les llegaron a responsabilizar de su suicidio por haberle echado del grupo.

Este primer encuentro fue costoso. A pesar de seguir unas indicaciones que había encontrado en un vídeo en redes sociales, estas eran claramente insuficientes. Cementerio Friedhof Volksdorf, área B, sección H... pero in situ, no supimos cómo localizar esta zona concreta del cementerio siguiendo la codificación. No había manera de orientarse, y si la había, no fuimos conscientes de dónde mirar.
Pero hay gente amable en el mundo. Tengo que dar las gracias a un ciudadano de Hamburgo, que, tras haberle abierto la puerta para que pasara con un ramo de flores minutos antes, se dirigió a nosotros al vernos un tanto desconcertados. Nos llevó al sector donde estaba la tumba.
De no ser por él, y dado que no encontrábamos la codificación que identificaba a cada sector y parcela, nos habría resultado imposible llegar. Hasta allí nos llevó, le agradecimos el apoyo, y nos despedimos de él con un apretón de manos.
La verdad es que verme allí, delante de la lápida de Ingo, supuso una impresión emocional importante. Mi lado racional no esperaba reaccionar así. No estaba preparado… lo que de antemano era una mera visita cultural y de respeto a un músico como la copa de un pino, acabó siendo algo mucho más intenso: como de la nada, una tremenda emoción inundó en pocos segundos mi mente al acercarme, dejándome sorprendido por mi propia respuesta.
Fue algo que acontecería en prácticamente ante casi cada una de las tumbas visitadas de este viaje, pero era algo de lo que no iba a ser consciente hasta la segunda parada.
De ahí en adelante, esta tristeza por la ausencia de estos músicos (con muchos matices en el caso de uno de ellos) fue más o menos una constante. Y es que, aunque evidentemente no los he conocido a nivel personal, es innegable que la música nos hizo conectar de algún modo, creando vínculos que perduran irrompibles.

El amor que le profesan a Ingo se respira a primera vista en el lugar. Púas de HELLOWEEN y de IRON MAIDEN adornan el espacio, así como un montón de calabazas rodeando su lápida. Un entorno muy bonito y plagado de referencias a su vida como músico, incluso con unas baquetas grabadas en la piedra… la verdad es que me parece casi imposible presentarse allí y no derramar unas lágrimas.
Tenía 29 años cuando nos dejó en mayo de 1995. Todo un mundo ha pasado desde entonces, pero, gracias a su música, aún vive aunque sea en nuestros discos, en nuestros corazones y en cada calabaza preparada para Halloween.
Habría sido un fracaso llegar allí y no localizar el lugar exacto, así que no voy a negar que hubo un momento de estrés notable hasta poder ubicarnos en el sitio exacto.
Afortunadamente, con las siguientes visitas, pude comprobar que los cementerios se han actualizado y disponen, en muchos casos, de una página web con buscador de tumbas y mapa, incluso con GPS. En Friedhof Volksdorf no llegan a tanto, pero tienen un mapa para descargar y consultar.
Pero, si queréis ir a tiro hecho, con toda la precisión que nos pemitía el GPS del móvil, aquí está su lugar de enterramiento.
Tras permanecer un rato en el cementerio, repleto de árboles y un montón de aves diferentes, me despedí convenientemente de Ingo, esperando poder volver a visitar el lugar en algún momento del futuro.
Tomamos de nuevo el coche para cruzar hacia Escandinavia y, tras un par de horas de conducción, llegamos hasta la peculiar isla de Fehmarn, con una megatienda que vive de la diferencia de impuestos respecto a los países escandinavos, con daneses, suecos y noruegos comprando allí como si no hubiera un mañana. Allí, desde la localidad todavía alemana de Puttgarden, metimos el coche en un ferry internacional destino Dinamarca.

En este ya podías dejar pagado también el tramo del puente-túnel Øresund para llegar hasta Suecia, si así lo deseabas, con lo cuál nos ahorramos el tiempo de detenernos a un segundo pago en la siguiente frontera.
Este es un ferry de lo más comercial: repleto de turistas, tiendas llenas de alcohol, suvenirs y chocolatinas, cruzamos el mar báltico por espacio de aproximadamente una hora hasta desembarcar en el puerto de Rødby, ya en territorio danés. No tardamos en ser detenidos por la policía (el único coche que pararon de ese ferry, diría) justo al tomar tierra… debía llamar la atención ver una matrícula española por esos lares tan al norte.
Tras una fugaz identificación y explicación del viaje al policía fronterizo sobre nuestro destino final, seguimos camino hacia la frontera con Suecia, tardando un par de horas hasta Copenhague. Allí, a las afueras, cruzamos el mar por el Øresund para acabar saliendo en Malmö, ya en Suecia.

Como ya había visitado Malmö en un par de ocasiones, seguimos el camino para dormir en un camping a las orillas del mar báltico, no sin antes pasar la tarde en el emblemático monumento Ales Stenar, con el ganado vacuno rascando su lomo contra las rugosas piedras.
El sitio es digno de visitar: un monumento megalítico de final de la Edad de Hierro y es muy fácil llegar, así que se trata de una visita obligada.

También hicimos una visita nocturna (con la ayuda del sol de media noche) a la cercana ciudad de Ystad, otro lugar bonito que ya había visitado con anterioridad y me había dejado un recuerdo muy bueno.
Al día siguiente, tomamos rumbo norte hacia Estocolmo, parando en un lugar tristemente emblemático y que, de no ser por lo que pasó allí hace ya 40 años, sería simplemente un lugar más del territorio rural sueco: un accidente de tráfico de 27 de septiembre de 1986 que resultó fatal para el bajista de METALLICA.
Cliff Burton – METALLICA (1962 -1986)
Este 2026 ha marcado, ni más ni menos, el 40 aniversario de la muerte de Cliff Burton, el mítico bajista de METALLICA. La verdad es que ni pensé en el ello cuando añadí esta parada al viaje, simplemente había que acudir al lugar, estando además en mitad del camino.
En este caso, el lugar visitado no es un cementerio ni lugar de entierro, si no el lugar donde falleció Cliff a los 24 años de edad, tras salirse de la carretera el autobús de gira. Incluido en el término municipal de Dörarp, hay un lateral de la carretera habilitado con una salida y una entrada para que la gente se detenga a ver la piedra grabada en recuerdo del músico.
La verdad es que allí se respira algo especial. Al igual que en la tumba de Ingo, es muy difícil contener la emoción. A mí me resultó imposible, conmovido en parte también por las innumerables ofrendas que allí había: púas, fotografías, banderines, botellas… y la propia inscripción. El amor y tremendo respeto de los fans por su figura se percibe en el lugar con facilidad.

Y es que la piedra, además de estar grabada con su efigie, remueve especialmente por dentro por el epitafio “Cannot the kingdom of salvation take me home”. Esta es la frase utilizada por METALLICA en “To Live Is To Die”, la última aportación de Cliff Burton al grupo, ya a título póstumo, en “…And Justice For All” de 1988.
Al final, una tragedia largamente contada y conocida, repleta de detalles azarosos y rumorología varia (en los que no nos extenderemos dentro de este artículo) que dio al traste con un músico increíble, muy influyente en el Metal y con un carisma notable.
Como prueba de ello, más allá del verano y el buen tiempo, puedo asegurar que el rato que estuvimos allí (unos veinte minutos) diría que al menos otros cuatro coches pararon para hacer exactamente lo mismo que nosotros, rendir un pequeño homenaje personal a la figura de Cliff. Y, curiosamente, dos eran familias con niños pequeños, pasando el testigo de padres a hijos. Da vértigo, 40 años desde su muerte... pero el testigo pasa de generación en generación, a pesar incluso de la titubeante carrera de METALLICA (en el aspecto artístico, que no en el plano económico ni de popularidad) del 91 en adelante.
También hay un museo dedicado a su figura en la localidad próxima de Lagan, diez kilómetros al sur de la piedra conmemorativa, al cual no nos acercamos por una cuestión de horarios y falta de tiempo para completar el viaje de un modo no apresurado. Igualmente, solo viendo las fotos, no sé si merece la pena o no… pero espero poder salir de dudas en el futuro con otra visita a la zona.
Como curiosidad, para que veamos cómo “vivir es morir”… mientras estaba preparando este artículo, la hermana de Cliff, Connie Burton -que se encargaba en mantener el legado del bajista- iba a reunirse con su hermano, allá donde quiera que esté. Tal y como reza la piedra, espero que el reino de la salvación haya llevado a ambos a su hogar.
Aquí os dejamos la ubicación de la piedra memorial erigida en nombre de Cliff Burton.
Tras despedirme simbólicamente de Cliff hasta otra ocasión, seguimos camino. Dejando atrás Dörarp, tomamos la ruta hacia territorio holmiense, donde se concentrarían las visitas sucesivas en los cementerios en los alrededores de la capital: Österhaninge y Skogskyrkogården, este por partida doble.
Lugares bonitos ambos, especialmente el segundo, además de estar reconocido por la UNESCO bajo la categoría de Patrimonio Mundial por su valor paisajístico e influencia en posteriores cementerios, según pudimos saber al llegar.
Si veníamos de un lugar trágico por un accidente de tráfico, esa misma tarde visitaríamos a otro personaje vinculado también con las muertes prematuras, pero además, perturbadoras.
Per Yngve Ohlin – Pelle Ohlin “Dead” - MORBID y MAYHEM (1969 -1991)
Tras aparcar el coche a la entrada del cementerio de Österhaninge, comenzamos un largo paseo hacia la lápida de Pelle Ohlin, más conocido como Dead, quien fuera cantante de MAYHEM y MORBID. La suya era una personalidad extraña, según los testimonios de aquellos que le conocieron, condicionada por los problemas mentales que le llevaban a autolesionarse (incluso sobre el escenario) y que acabaron por afectarle hasta el punto del suicidio. Con solo 22 años, se quitó la vida de un disparo en la cabeza, previo corte de venas.
Costó un poco llegar hasta su lápida, ya que la ubicación de la que disponíamos era solo aproximada, pero, tras girar una loma poblada de árboles, llegamos a la parcela. Tras unos instantes de búsqueda, logramos situar el lugar exacto. Un remanso de silencio, sin visitantes en el momento de la visita, envolvía la atmósfera.

Si bien su creación musical en MAYHEM y MORBID no fue extensa, no dejando una huella cultural profunda por el lado de las grabaciones y actuaciones, la carga del suceso y el sufrimiento que debió padecer en su breve paso por el mundo de los vivos fueron suficientes para sobrecogerme. Incluso llegué a sentir algún escalofrío, delante de lo que queda de él bajo esa lápida -aparentemente las cenizas de su incineración- por lo abrupto de su final.
La suya fue una mente atormentada y su muerte un acto instrumentalizado, aprovechado por Euronymous para crear una imagen fuera de la realidad de lo que era Pelle Ohlin, por no hablar de la foto del morbo tan manida en grabaciones pirata e incluso merchandising no oficial. Por si hiciera falta recordarlo, insistamos una vez más: se quitó la vida no por el cariz que estaba tomando la escena del Black Metal (parece que aún hay gente que toma en serio esa versión de Euronymous) si no por las implicaciones de su estado de salud mental.
Hay que compadecerse por su enfermedad, y no glorificar el suicidio, como bien recordaron los compañeros del grupo SACRAMENTUM tras la muerte de Nisse Karlén en 2025.
Volviendo a lo que tenía ante mis ojos, la suya era, de nuevo, una lápida sencilla. Algo totalmente común y repetido durante todas las tumbas visitadas, una señal de identidad del protestantismo luterano alemán y escandinavo (según me informó mi culto compañero de aventuras Samuel) porque estas ramas del cristianismo consideran que no se necesitan grandezas ni exageraciones para el descanso eterno.
Sobre ella vimos símbolos de cómo es recordado no solo por su estancia en MAYHEM: allí había un colgante de MORBID para refrendarlo. No faltaban además monedas de distintos países, botellas, latas de cerveza, dibujos de niños, dinero rumano dedicado para ir simbólicamente a sus queridos Cárpatos…
Ojalá Pelle pudiera haber ido allí alguna vez. Y que hubiera llegado a grabar los venideros discos de MAYHEM, reunirse con MORBID, tocar por todo el mundo… en definitiva, que hubiera llegado a recuperarse. Recordémosle con las pocas grabaciones que dejó, con sus excentricidades, pero también como ejemplo de lo que no hay que hacer cuando se detecta la vulnerabilidad y el riesgo para la vida de una persona enferma mental.
Allí queda pues su tumba. Que sirva como símbolo de esa alerta sobre la salud mental, y que siempre siga rodeada por ofrendas, símbolo del cariño de sus seguidores. Espero, también, volver algún día a presentarle de nuevo mis respetos.
De nuevo, aquí os dejamos la ubicación, más o menos exacta, de su tumba.
Mientras dejábamos atrás la tumba de Dead, me inundó una sensación de soledad, pensando en cómo habrían sido esos últimos momentos para él. Se puede consultar su última nota, conocida por la frase “perdón por toda la sangre”, donde también dejó una serie de ideas de cómo entendía su propia vida “no humana”.
En la misma también hablaba de la existencia de la letra para “Life Eternal”, que, en sí misma, es todo un reflejo, de nuevo, del macabro punto de vista sobre su propia existencia.
Contrastando con las reflexiones de la mortalidad, con la tristeza de la muerte de un joven como Dead, venía la continuidad de nuestro propio viaje, y nuestros propios deseos y ganas de hacer cosas mundanas. En ese punto, el siguiente paso era tan trivial para algunos como casi existencial para otros: semifinales de la Copa del Mundo entre España y Francia, cervezas mediante, en un bar de Haninge, una localidad próxima al cementerio.
Al día siguiente, tras una visita intensa al centro de la capital de Suecia, caluroso como pocas veces lo está a lo largo del año, no dejábamos aún la relación con MORBID: había un vínculo aún con la banda en la visita por partida doble en otro cementerio, este más próximo a Estocolmo, como es el de Skogskyrkogården.
Allí, además de ver dos enterramientos de dos grandes músicos y personajes los de pies a la cabeza, podíamos visitar una emblemática cruz de piedra “en el camino de la mano izquierda”… lástima que las reformas en el cementerio le restaran algo de encanto al momento.
Lars Goran Petrov – MORBID, NIHILIST, ENTOMBED, COMECON, FIRESPAWN (1972-2021)
Fumador, bebedor y cantante… ponedlo en el orden que sea: ese era L.G. Petrov. El vocalista, conocido sobre todo por su etapa de ENTOMBED, era un tipo genial, al que jamás llegué a ver en directo, por raro que parezca, porque tuve todas las oportunidades del mundo. Un tipo carismático, metalhead absoluto, que hablaba y se hacía fotos con cualquier seguidor que se cruzara con él.
Tras recibir un diagnóstico de cáncer no curable en agosto de 2020, el simpático cantante no dejó de intentar mantener a raya la enfermedad, siempre con una visión positiva e incluso con sentido del humor. Su final llegó meses después, en marzo de 2021, a los 49 años de edad. Poco después, iría a reunirse con él y a compartir la tumba su pobre madre, Mirka Colic, quien murió al año siguiente.
Para encontrar el lugar, fue definitivo el buscador online del propio cementerio Skogskyrkogården, algo de lo que desconocía su existencia, pero el roaming del móvil me permitió encontrar. Filtrando por el apellido, y usando el GPS de la aplicación, llegamos hasta la lápida.

Muy pocos visitantes (aunque nos cruzamos con algún metalhead foráneo) y un espacio gigantesco para caminar entre árboles… puedes estar un buen rato simplemente disfrutando del paseo.
Aprovechando el camino que había que hacer desde el parking en el que habíamos estacionado el coche, no podíamos dejar de visitar un lugar emblemático antes de ir hasta Petrov: no lejos de su tumba, está la mítica cruz de piedra en la que ENTOMBED se tomó una foto para utilizar en “Left Hand Path”. Como dije anteriormente, no tenía el brillo por el momento de reformas del cementerio, con vallas, material de obra y demás rodeándola, por lo que no tomé fotos pensando en el artículo, pero aún así se respiraba sin duda el ambiente de un emplazamiento muy especial. No fue casual que se utilizase para aquellas fotos promocionales de ENTOMBED.
Por lo demás, el lugar es conmovedor, lo tiene todo a nivel paisajístico. Y la tumba de Lars Goran Petrov… que decir. La bufanda de su equipo de fútbol, latas de cerveza, piedras con formas de corazón… es todo un lugar de culto a su figura. Otro sitio, claramente, donde es realmente fácil verse sobrecogido por la emoción, ya que allí se respira de nuevo un cariño desmedido a su persona.
Curiosamente, esta lápida es muy diferente a las otras. Desde un primer vistazo, se aprecia menos sobriedad en la lápida: está llena de detalles, como un escudo del club de fútbol Djugardens modificado con sus sus siglas (LGP), el grabado de la portada de “Mourning Star” en la parte superior de la lápida y, en la parte inferior de la misma, el paisaje del propio cementerio con la cruz de piedra, que se puede encontrar en el propio cementerio, y que tanto marcó los inicios de ENTOMBED.
Si no queréis usar el buscador del cementerio, aquí os dejamos la ubicación, más o menos exacta, de su lugar de descanso.
Tras decirle adiós figuradamente a L.G. Petrov, con el mayor de los cariños, volvimos a iniciar la caminata: aún nos quedaba a otro grande por visitar en el cementerio.
Tras cruzar la avenida Sockenvägen, que separa el inmenso cementerio en dos, caminamos un buen rato por el terreno más antiguo de Skogskyrkogården, mientras atardecía a pesar del sol de medianoche que aún nos acompañaría durante todo el viaje, acercándonos al mito entre mitos: Thomas Forsberg, alias Ace, más conocido como Quorthon.
Thomas Forsberg “Quorthon” – BATHORY, QUORTHON (1966 - 2004)
Quorthon, creador de BATHORY, es una leyenda entre leyendas. Capaz de dejar un legado de discos imprescindibles por sí mismo, con la ayuda de muy pocos músicos o productores, fue además capaz de hacerlo empleando los medios más simples para sus grabaciones.
Lamentablemente su legado se truncó antes de tiempo, falleciendo por un problema cardiaco congénito en 2004, a pesar de ser un tipo sano que cuidaba su alimentación y hacía ejercicio. La genética no le perdonó y le llevó a un final demasiado anticipado respecto a lo que debía haber sido una vida longeva.
Antes de llegar, al contrario que con otras tumbas, sí había una ilusión previa, incluso ansiedad, por las ganas de llegar hasta la tumba conjunta de la familia Forsberg. Allí, junto a sus familiares, los restos del cocreador del Black Metal y el Viking Metal, descansan.

Entre esos familiares se encuentra su padre, Stig Börje Forsberg, más conocido como Boss, quien lideraba el sello Black Mark Records y producía la música de su hijo.
Si bien lo que rodea a Valfar de WINDIR iba a ser el plato fuerte, ya que fue el precursor fundamental del viaje, lo de Quorthon iba a ser memorable, de un peso similar, por el modo de entender la evolución del Metal y la grandeza de su sonido. Nada más plantarme allí me desbordó la emoción, probablemente la más fuerte de todo el viaje.
Sobria, muy sobria de hecho, es la lápida de la familia Forsberg. Y así debe ser, por respeto a su familia viva: un letrero, allí ubicado, y escrito por su hermana Jennie, nos recuerda que no solamente Quorthon descansa allí.

De esta manera, se solicita que no se deposite absolutamente nada sobre la lápida o alrededor de la misma, ya que es un lugar de enterramiento compartido por toda la familia, y que aún así Ace agradece a los miembros de las Hordas de BATHORY la visita con la que honramos su memoria.
Aquí os dejamos la ubicación. Un lugar tranquilo y bonito, en el que pasar un rato escuchando un poco de la increíble música que nos dejó como legado. Espero poder volver en el futuro y poder quedarme un poco más de tiempo en el lugar.
Mientras dejando atrás a ambos mitos y desandábamos el camino para dirigirnos al coche, nos cruzamos con una visión poco habitual. Accidentalmente vimos algo a lo que no estábamos invitados: los escarceos sexuales de una parejita, a plena luz del día, bajo los árboles próximos al parking.
No es algo que nos escandalice a estas alturas de la vida, y a buen seguro es algo que estos dos héroes del Metal escandinavo aprobarían y aplaudirían ampliamente. Un guiño, sin duda, al sentido del humor y vertiente pícara de Petrov y Quorthon.

El intenso día dejó paso a una noche más, aunque el sol de medianoche requería, de nuevo, de taparse los ojos para evitar la confusión mental de la luz nocturna para poder descansar: al día siguiente teníamos que estar en Oslo.
Entrada a Noruega y llegada a Oslo
Tras dejar atrás el territorio sueco, al que volveríamos días después, cruzamos la frontera sin detenernos demasiado y llegamos hasta Oslo. Tras aparcar muy a las afueras para olvidarnos de cualquier pago de parking, bajamos a pie a través de un sendero de bosque urbano hacia el barrio de Vålerenga, conocido por ser la zona en la que estaba la antigua Helvete, ahora Neseblod.
Aún cerrada a esas horas de la mañana, la tienda quedó señalada para entrar varias horas después, poco antes de su cierre, y seguimos para hacer turismo en el centro de la ciudad, donde las maderas policromadas con imágenes sobre la mitología nórdica del ayuntamiento fueron lo más interesante.
La verdad es que Oslo nunca me ha parecido una ciudad especialmente atractiva, pero igualmente visitamos el Palacio Real (y el cambio de guardia) y otros rincones menos habituales del centro, muy vivo y lleno de turistas y lugareños que hacían gala de sus barcos en la zona del puerto.

Después de una extensa pateada por todo el centro de la ciudad, desandamos el camino hacia Neseblod, que en ese momento estaba cerca del horario de cierre. Llegar hasta allí desde el centro de Oslo es muy sencillo: prácticamente una línea recta, caminando a lo largo de la calle Schweigaards, desde el centro de Oslo hacia el barrio de Vålerenga, siguiendo los raíles del tranvía (y pasando por delante de un almacén maderero) podrías llegar casi sin pérdida alguna.
Neseblod, la antigua Helvete, a pleno rendimiento
Neseblod, a pesar del incendio parcial de 2024, sigue muy activa. Una tienda repleta de Metal de todo tipo (a precios noruegos, eso sí) y que refleja aún lo que fue en su día, conservándose casi íntegramente a como estaba hace 15 años, cuando la visité por primera vez invitado por un vecino de la comunidad (entonces no había tienda, solamente estaba el sótano con la mítica pintada) y muy parecida a lo que debía ser en aquellos años 90.

La propia dependienta me mostró unas fotos de cómo quedó la cosa, y buena parte de lo que se perdió y destruyó en el incendio. Aún así, parte de lo quemado y derretido ha quedado allí como testigo del suceso. En sí misma, Neseblod es como un museo, detenido en el tiempo, del Black Metal de Oslo.

Pertenencias de Øystein, una sala con cuadros, los fanzines de Metallion, un porrón de discos… un sitio al que ir a dedicar tiempo, y dinero. Conmigo se vinieron de recuerdo un vinilo de FOREFATHER y otro de GRAND MAGUS.
Por cierto, deberían proteger la pintada que reza las palabras Black Metal porque sí observé que se ha degradado desde la anterior visita que hice a ese sótano, cuando no había nada allí abajo (la parte de arriba creo recordar que era una cafetería-pastelería) hace tres lustros. Por cierto, aquella vez me llevé unas descargas eléctricas por un interruptor de la luz en mal estado, por lo que no me sorprendió que el incendio de 2024 tuviera una causa eléctrica, según me contó la dependienta.

Quedó pendiente de ver la pintada bajo el puente de hormigón y la estación de tren de Langhus de la mítica foto… y aunque curiosamente no habíamos aparcado en mal sitio para llegar hasta allí, dos semanas no dan para más, pero quedan anotadas para una futura visita.

Dejamos atrás así el centro de Oslo, la visita a Neseblod por la tarde (apenas dos horas antes de su cierre) y cruzamos de nuevo el bosque y el barrio a las afueras hasta el coche: aún quedaba un sitio especial que visitar esa tarde en Ski, y no era otro que el del antiguo propietario de Helvete.
Øystein “Euronymous” Aarseth - MAYHEM (1968 - 1993)
Si hay alguien relevante en el Black Metal, teniendo en cuenta además el poco tiempo que pudo dedicarle en vida a la escena, ese es Euronymous, fundador de MAYHEM. Solo por eso, había que hacer una visita a su tumba en la iglesia de Ski.
Gracias a él, el Black Metal fue conocido de un modo más amplio. Eso sí, esa popularidad vino no tanto por la música (no tuvo tiempo de crear tanto) como por el sensacionalismo generado por del ámbito criminal de todo lo acontecido entonces: suicidios, quema de iglesias y asesinatos aderezaron la escena del Metal Extremo noruego. Al final, ese aderezo violento ha quedado, para algunos, como plato principal.

Sin embargo, otros seguimos prefiriendo la profundidad de una música por encima de la prensa amarilla superficial. Al final, con sus luces y sombras, tanto su persona (Øystein) como su personaje (Euronymous) fueron definitivos para coordinar ese hervidero de Metal Extremo, aunque fuera moldeando a terceros bajo seducción o chantaje para unirse a su causa concentrada en el Inner Circle: fue necesario para lograr que la segunda ola del Black Metal se desarrollase tal y como acabó saliendo al resto del mundo.

De nuevo, la música es lo relevante: la persistencia del sonido, la cultura. La historia. Por eso fuimos hasta allí, valorándolo infinitamente más que cualquier suceso violento criminal.
El de Euronymous es el caso de los matices que mencionaba al inicio del artículo, y por ello la visita a su tumba me conmovió, pero no tanto como otras. La visión cinematográfica de “Señores Del Caos” no es más que una recreación, dulcificada y distorsionada, de lo que realmente era como persona. No podemos obviar su exacerbado ego, su carácter manipulador y las maldades cometidas con el cadáver de Dead tras su suicidio, y la utilización de aquel suicidio para reforzar su posición de importancia como figura central del Black Metal noruego en aquellos años.
Quizá por eso no sentí tanta emoción ante su tumba, por esas sombras sobre su personalidad. Su lápida, como siempre aparece en otras fotos, estaba rodeada por unos refrescos de cola y otros símbolos de amor. Es por eso que sabemos que también tenía luces, así que, más allá del respeto y admiración por los objetivos a nivel de repercusión en el Black Metal que cumplió en su día, se aprecia claramente que era una persona querida por su entorno.
Así queda claro que aquellos que conocían su lado cercano -no por películas, libros o entrevistas- aún le quieren y recuerdan. Todo lo que rodea la tumba da fe de ello. Como curiosidad, poco antes de llegar nosotros, alguien había encendido un cirio. Dado su poco desgaste, estaba recién puesto, pero no pudimos ver quién había sido, aunque nos dio la sensación de que una mujer de unos 70 años era la candidata a haber prendido esa llama.
Aunque era un día cálido y luminoso, demasiado para lo que debería ser un verano en Noruega, la sensación de estar delante de una persona cruelmente asesinada en un arrebato de odio, 23 puñaladas mediante, no me hizo sentir tanta tristeza pero sí un cierto desasosiego. En ese momento logré empatizar con su familia: a pesar de todo, no se merecía ese final. Øystein solamente tenía 25 años cuando murió a manos de Kristian Vikerness, alias Count Grishnackh, otro ego aún más fuerte y disparatado.
Siguiendo una descripción, también nos costó encontrar el lugar exacto de su lápida. Empezamos buscando en el cementerio que rodea a la propia iglesia de Ski, pero sin embargo está en otro lugar de enterramiento anexo, muy próximo y que pertenece a la iglesia, pero no justo el que la rodea.
El lugar, ya apartado de la urbe, me sirvió para cruzarme con una cría de un cérvido en el mismo camposanto, que huyó a toda velocidad al sentirme llegar. La prueba de que Ski es un lugar menos urbanizado que Oslo, y que la inocencia habita el lugar a pesar de todo.
De nuevo, con un margen de error pequeño, la tumba de Euronymous está en estas coordenadas.
Allí quedó para una nueva y futura visita, espero, la tumba de este personaje de claros y oscuros. Desde allí tomamos de nuevo la carretera para avanzar hacia la aún lejana Sogndal, a la que llegaríamos al día siguiente por la tarde.

Por el camino, visitamos varias localizaciones de interés como la casa donde creció el polémico Premio Nobel de Literatura Knut Hamsun, o las iglesias de madera de origen vikingo (stavkirkes) de Lom y Urnes, la primera de ellas bastante grande y la otra realmente pequeña y recóndita, pero con más encanto, y que incluye en sus paredes los grabados que han inspirado la nueva equipación del equipo nacional de fútbol noruego.

En cada una de ellas, por cierto, vendían una bonita guía (“Norwegian Stave Chruches – A Guide To The 29 Remaining Stave Churches” - ARFO) sobre las que stavkirkes que aún siguen en pie, aunque lamentablemente olvidan mencionar el origen pagano de muchas de las ubicaciones de estas iglesias.

Tras consultar a una persona que se encargaba de la tienda de la stavkirke de Urnes sobre la ausencia en el índice de Fantoft (la iglesia que quemó Vikerness) me explicó con total indiferencia que, al haber sido incendiada y reconstruida, no tiene ningún elemento original, habiendo quedado por este motivo fuera del libro.
No obstante, hay una mención muy por encima en la introducción sobre este incendio de 1992. Ganas de olvidar, quizá, o ganas de evitar llamar la atención hacia cualquier posible pirómano imitador. Lo que es seguro, es que se trata de un asunto demasiado complejo y largo para atender en un libro con otro fin, el de ensalzar el legado cultural de manera sintética.

Desde allí deberíamos haber tomado un ferry que nos habría ahorrado mucho tiempo, pero al consultar los horarios no parecía posible. Fue un error, porque en verano los horarios estaban ampliados, pero eso nos llevó a rodear el fiordo de Sogndal por Lustrafjord, observando los imponentes glaciares que lo colman.
Así, finalmente llegamos hasta Sogndal, la ciudad que recibe el nombre (o se lo da) al fiordo Sogndalfjord, una zona muy relevante a nivel histórico para el país, con rebeliones contra el poder y batallas que acabaron por perfilar el futuro de Noruega, al menos a nivel de tronos… todo ello conocimiento encerrado en las letras de WINDIR. Y era su música el motivo por el que estábamos allí, por lo que el lugar y el momento eran mágicos.

Tras aparcar por los pelos antes del cierre en el camping a orillas del fiordo, aunque muy integrado en la ciudad, vimos que a pesar de su punto rural, es una ciudad cosmopolita, en gran parte por su carácter universitario, con hasta tres supermercados grandes en un radio de 500 metros. Coches acelerando a tope con escapes trucados, o el momento de menudeo de droga en los parkings de uno de estos supermercados, algo realmente quinqui y que nos chocó enormemente, acabarían por ser datos no baladíes en la siguiente jornada, pero aún no sabíamos cómo y de qué manera.
Esa misma jornada subimos a visitar, sobre las nueve de la noche, la tumba de Terje Bakken, el fundador de WINDIR. La iglesia y el cementerio están en una elevación realmente cerca del camping (que recibe el mismo nombre, Stedje) así que un breve paseo nos llevó hasta allí.
Terje Bakken “Valfar” – WINDIR (1978-2004)
El Black Metal que resurgió en buena parte con la ola de Noruega tuvo un espacio de concentración en la ciudad de Oslo, pero gente con ganas de hacer cosas había por otras zonas del país. Así, en la localidad de Sogndal, rodeado de granjas y tractores, cumbres, glaciares y ríos, surgió el Sognametal.
Su creador fue Terje Bakken, alias Valfar, un joven que se puso a componer de forma libre, alejado del núcleo del Inner Circle en la capital del país, haciendo un Black Metal que ha marcado para siempre a muchos seguidores del estilo. Su enorme creatividad dio lugar a un sonido mágico, que unido a la tragedia de su pronto fallecimiento (tragedia durante este viaje tomaría tintes aún más oscuros con una nueva información suministrada por unos vecinos) suponían engrandecer su mito.
Con la rojiza iglesia de Stedje detrás de su tumba, en la aún muy luminosa tarde noche de un día de verano para Sogndal, las risas de los niños jugando en una casa al lado del cementerio, muy cerca de su lápida, tomaban un tinte de lo más especial. Que duro es irse tan pronto... es imposible plantarse allí delante y no sentir una profunda lástima por su partida de este mundo.
Una lápida sencilla, grabada con la uve doble del logotipo de su banda y una foto de él con una guitarra, creaban un ambiente conmovedor. La frase “sakne e endalaust” también está grabada sobre la piedra, y parece estar tomada de la canción “Sakne”. Vendría a significar “se te echa mucho de menos”.

Las flores frescas, una joya sobre la piedra y una matrioska dejaban a las claras el amor que le profesa su familia y allegados, y también una cosa más: no son muchos los fans del Black Metal que llegan hasta la localidad de Sogndal para rendirle honores. Ni monedas, ni púas, ni latas de cerveza… quizá lo recóndito, dentro de lo que sería una ciudad normal o incluso grande para la geografía de Noruega, lo hace más especial.
Así, si llegáis hasta esa iglesia, seréis de los pocos fuera de su entorno familiar y de amigos que la visiten. Aquí queda la ubicación, con cierta precisión, de su lugar de entierro.
Tras dejar con dolor y cariño su lugar de descanso atrás, empezamos a preparar lo que sería la segunda parte del homenaje a Valfar: subir hasta la granja donde apareció su cadáver, y un poco más arriba, a las lagunas y casetas de pesca donde aparentemente pretendía llegar.
Os recordamos que todo lo referente a su muerte, al menos la información que estuvo públicamente disponible, podéis leerla en el artículo que publicamos en 2024. En este texto, hace ya dos años y medio, hay verdades sobre su vida… pero también suposiciones sobre sus últimos momentos basadas en la información que los componentes vivos de WINDIR dieron en su comunicado.
Así, acorde a estas suposiciones, habíamos diseñado una ruta a pie desde el camping de Sogndal hasta uno de los puntos altos del fiordo, pensando que esa había sido la intención de Terje aquel 14 de enero de 2004.
La sorpresa, al final de la ruta en la laguna de Fagreggi, fue mayúscula: una información de primera mano por parte de unos vecinos y conocidos de él y de su familia desmontaba buena parte de las suposiciones alrededor de su muerte.
La agotadora travesía de Sogndal hasta Fagreggi
Muy temprano salimos del camping, con provisiones para lo que iba a ser una larga caminata. Tras cruzar la ciudad, pasamos por el barrio de la universidad y Kvåle, la zona en la que se ubican múltiples granjas (entre otras, la granja en la que Valfar vivió) y comenzamos a avanzar entre cunetas de carretera, senderos y pistas forestales hasta llegar a la granja Reppastølen, donde nos detuvimos a comer y tomar fotografías.

A partir de ahí, reanudando el camino, las pistas forestales acababan siendo, más bien, caminos de cabras en su tramo final. Unas pendientes absurdas, rectas y sin suavizar (ni una curva de herradura) acababan por desembocar en lo alto de la montaña, algo más arriba de Tuftestølen (unas casas de cabreros protegidas por su valor histórico) ya con las piernas bastante tocadas.
Así, lo que podría ser una cómoda ruta larga a pie de 12 kilómetros acaba siendo una tortura cuando llegan las pendientes más fuertes. Y ahí se acrecentaron las dudas, porque, según caminábamos, especialmente en los tramos del final de la ruta, menos lógico parecía que nadie hubiera intentado ese camino en invierno, y menos aún un lugareño.
Sencillamente, no era posible que Terje hubiera ido caminando desde su granja hacia las casetas de pesca: si la exigencia era alta en condiciones totalmente favorables este julio de 2026, un pleno invierno con frío, con la montaña y senderos nevados y escasas horas de luz solar lo habrían hecho realmente complicado, incluso con material para la nieve.

Pero parecía que nuestro esfuerzo iba a cobrar sentido en uno de esos momentos mágicos y raros que suceden en la vida de cuando en cuando. Allí arriba iba a acontecer una de esas ocasiones raras para que, de una vez por todas, se arrojase luz a esta historia.
La llegada a la laguna Fagreggi: una información perturbadora cambia el prisma de la muerte de Valfar
En las alturas, en un alto que domina el fiordo, todo tomó un tinte completamente inesperado: veintidós años después, presentarnos en las lagunas donde estaba la caseta de pesca familiar (donde Terje pretendía llegar ese día de enero de 2004 según el comunicado publicado por WINDIR) tuvo su recompensa.

Allí arriba, unos vecinos de Sogndal que pasan las vacaciones en una de las casetas de pesca, nos explicaron una serie de detalles que aclaraban bastante el horizonte de dudas que siempre había existido tras el comunicado de sus compañeros en WINDIR. También desmontaron todas las hipótesis que el propio camino habían ido surgiendo y desmoronando, en una tormenta de ideas entre mi compañero Samuel y yo, a lo largo de la ruta.
Entablamos contacto de una manera curiosa. Allí éramos dos españoles sospechosos, que, tras inspeccionar los alrededores de la laguna y ver que no estábamos solos allí, nos acabamos acercando a un enorme paisano para entablar conversación con él. Tras hablar sobre lo orgulloso que se sentía de su selección nacional a pesar de la eliminación por parte de Inglaterra en el mundial de fútbol, le expuse que el motivo del viaje no era otro que visitar el lugar de la muerte de un músico hace más de 20 años.
Rápidamente este vecino espetó “¿Te refieres a Terje?” con una naturalidad que me dejó helado. “Le conocí desde pequeño, era un gran chico, mi mujer tiene su edad y era su amigo”. Estaba conmocionado en ese momento… si bien no hay una población tan numerosa como para no conocerse en Sogndal, llegar desde Madrid hasta ese punto tan remoto en las montañas del fiordo y encontrarse con gente que conoció a Valfar con cierta profundidad me pasmó a la vez que revitalizó mis energías, porque la conversación se había cargado de una energía muy especial.
En plena conversación, llegó su mujer, quien fue confirmando las informaciones dadas por su marido. Así supimos que Terje trabajaba en una tienda de electrónica, y que su jefe tenía tal confianza con él que le prestaba su propio coche. Valfar utilizó este vehículo para llegar hasta Reppastølen, jamás fue a pie.

Y además, tampoco era ese su destino: poco antes de salir del trabajo, había hablado con su hermana para indicarle que metiera una pizza en el horno, porque ya iba a la granja a comer al acabar la jornada laboral. Sin embargo, nunca llegó, y apareció lejos, fuera del coche, y muerto por hipotermia.
Así que, ¿Qué sentido podía tener esto, por qué no fue a casa y por qué salió del coche en plena tormenta de nieve en enero?, pregunté al buen hombre que nos atendía. “Creo que estaba asustado por algo. Creo que estaba amenazado. No me explico de otra manera que saliera del coche y no regresara”. ¿Pero se refiere a que podría haberse suicidado? “No, no, en absoluto. Pienso que pudiera estar amenazado por alguien. En aquellos años había pandillas que se dedicaban a vender droga, y creo que, quizá, pudiera tener relación con su muerte”.
Fue entonces cuando les contamos lo que habíamos visto el día antes en el parking del supermercado. “No creo que eso sigua siendo así hoy en día, pero quién sabe. Esta es una ciudad universitaria, llena de gente joven de distintas culturas, y a veces eso trae costumbres que no son las adecuadas”.
La verdad, aún teniendo estos datos nuevos (la llamada a la hermana antes de salir del trabajo, el haber ido en coche hasta un punto totalmente opuesto de la zona y salir del vehículo en la tormenta de nieve) no es más que otra serie de conjeturas, pero es suficiente información para claramente desmontar la idea que se infería del comunicado de sus excompañeros de WINDIR: no salió de su casa, si no del trabajo, y no iba andando, si no en coche, hasta el lugar en el que apareció.
Tras esta revelación, llegaron una serie de anécdotas de su niñez que me emocionaron al extremo y desarmaron por completo. Por lo visto Terje, cuando era muy pequeño (el vecino no hacía más que señalar su estatura por aquel entonces) iba con su bicicleta a todos sitios, y en las fiestas de la ciudad robaba cervezas en la calle a los chavales despistados, bicicleta en marcha, escondiéndolas en su camiseta para posteriormente venderlas. “Era muy buen chico. Su muerte fue una pena tremenda”.
Estos vecinos nos indicaron sobre el mapa las casas de Kvåle en las que aún viven los familiares de Valfar: su hermana Annie (la cuál dijeron que era una persona encantadora) y su hermano Vegard (al que podéis ver cantando en el DVD de despedida de WINDIR, rindiendo homenaje a Terje) ambas prácticamente una frente a la otra.
También nos indicaron cuál es la caseta de pesca a la que, según aquel comunicado, pretendía llegar Valfar aquel fatídico día de enero. Está pintada de verde oscuro, y, si subís allí algún día, es aún propiedad de su familia.
Nos informaron igualmente de que su familia, una vez al año, visita el lugar en el que apareció el cuerpo de Terje. La mujer, de la edad que debía tener Valfar a día de hoy, me preguntó si aún escuchaba la música de Terje, sorprendida de que aún hubiera interés en ello, y hablamos un poco de la existencia actual de VREID, sus excompañeros de WINDIR.
Estos vecinos acabaron bastante sorprendidos de nuestra historia llegando hasta allí arriba desde Madrid en coche, y casi echándose las manos a la cabeza cuando dijimos que habíamos llegado a la laguna Fagreggi caminando desde Sogndal y que volveríamos del mismo modo hasta el camping: desandar el camino a pie.

Antes de despedirnos, les dejé un mensaje, una misión: les pedí por favor que, cuando se encontraran con la familia, les dijeran que habíamos llegado hasta allí desde Madrid y que aún recordábamos a su hijo y la música de WINDIR.
He optado por omitir los nombres de los vecinos, ya que fueron realmente amables y, sobre todo porque su posible versión de la historia podría deteriorar de algún modo la imagen de un tipo tan genial como fue Terje Bakken.
Camino de BERGEN
Al día siguiente, aún impactados con esta visión del suceso totalmente novedosa y desconocida, pusimos rumbo sur, hacia Bergen, sin olvidar el paso por otra impresionante stavkirke, la de Borgund, que podéis también ver en la foto de la portada del artículo.

En Bergen buscamos un lugar para aparcar, alejado del centro para evitar la ruina económica, pegado a un polideportivo en un precioso barrio adoquinado a las afueras, en lo alto de la ladera. Las fuertes pendientes serían después un nuevo peaje físico al regresar hasta el coche, pero al menos eso ya lo hicimos siendo campeones del mundo de fútbol, lo cuál nos daría nuevos bríos.
Desde allí bajamos a pasar todo el día y parte de la noche, y nos dedicamos a visitar distintos puntos de la ciudad, comer perritos calientes de alce y reno, y comprar embutidos de ballena a precio de oro en el mercado para turistas (convenientemente asistidos por españoles y argentinos, entre otras nacionalidades) del puerto, haciendo tiempo hasta que llegase la hora de la final del mundial.

Finalmente vimos el triunfo de España sobre Argentina en una especie de beer bar no muy lejos del mítico Grieghallen, donde se iba a celebrar el mítico festival Beyond The Gates semanas después, y que ya estaba adecuadamente anunciado en esta zona de la ciudad.

La mañana siguiente abandonamos Noruega, cansados físicamente, pero con cierta nostalgia ya que empezaba el final del viaje. Así, pusimos rumbo hacia Gotemburgo, la segunda ciudad más importante de Suecia, e histórica para el Metal Extremo mundial. No en vano, uno de los personajes que cimentaron esa gigante relevancia para el Death Metal sueco, yace allí desde hace no mucho tiempo, así que también teníamos que rendirle honores en su tumba.
Tras una visita nocturna a Gotemburgo, una ciudad con aspecto señorial y antiguo en su centro, por la arquitectura de sus fachadas y gracias también a los tranvías y la evidente vida nocturna (de tipo familiar y pudiente) que tiene la ciudad en verano, nos fuimos a descansar. Madrugamos bastante al día siguiente para presentar nuestros respetos casi al amanecer al bueno de Tompa de AT THE GATES, junto a uno de los muros deÖstra kyrkogården.
Tomas “Tompa” Lindberg – AT THE GATES, LOCK UP, THE LURKING FEAR (1972-2025)
Si hay una figura notoria y esencial para que el Death Metal sueco (en concreto el del sonido Gotemburgo) tenga el peso que tiene en todo el globo, ese es Tomas Lindberg. Vendría a ser el equivalente en otro lugar del país a Lars Goran Petrov: gran vocalista, pasando por multitud de proyectos y bandas seminales (DISFEAR, GROTESQUE o LIERS IN WAIT, además de las ya mencionadas) y con un carisma gigantesco.
Cuando él mismo anunció su enfermedad, y la existencia de sus voces grabadas para un próximo disco (realizadas previamente a una intervención quirúrgica para retirar parte de su paladar) que quizá fuera póstumo, todos nos temimos lo peor. A los meses, le llegó la muerte, en septiembre de 2025. Un momento desolador.

Tompa era un tipo relativamente joven que el cáncer nos arrebató a su círculo cercano, y a una legión de seguidores por todo el mundo. A todos, por igual, nos dejó una sensación extraña... una sensación de incredulidad total, y de injusticia, incluso.
Detrás de su fallecimiento, vino “The Ghost Of A Future Dead”. Un título para un disco sin duda revelador… el fantasma de un futuro muerto. Desconozco si estaban pensando en que su hora le había llegado mientras lo bautizaban con esas palabras tan duras, pero no dejo de pensar en el dichoso título cada vez que lo escucho. Y últimamente no es poco, precisamente, porque es un álbum estupendo. Tompa fue grande hasta para eso, irse por todo lo alto con un último disco de gran factura.
Afortunadamente, pude verle en vida varias veces en directo en España (y si la memoria no me falla, en un Graspop en Bélgica) tras la exitosa reunión de AT THE GATES, pero siempre fue un culo inquieto que colaboró en un montón de grupos relevantes e incluso como invitado en otros como HAMMERFALL o incluso AVULSED en España, por poner dos ejemplos.
Aquí tenéis la ubicación, bastante aproximada, de su tumba.
Aún le queda para lograr ser un sitio de peregrinación visitado hasta la extenuación, ya que según acabo de finiquitar este texto, apenas acaba de cumplirse el año de su muerte. Sin embargo, ya había pequeñas evidencias del paso de seguidores: alguna lata de cerveza, una fotografía de él en plena terapia -enfundado en la camiseta de su equipo de fútbol GAIS de Gotemburgo- que son claros gestos de afecto hacia su persona. Esos recuerdos simbólicos atenúan el dolor y, dentro de la enorme pérdida que ha supuesto su muerte, reconfortaban el corazón.
Igualmente, es fácil acabar sobrecogido por la pena, cuando uno está ante esa sencilla lápida de piedra negra. Sobre ella está grabada, en dorado, su grito de guerra “Go!”, que tan popular se hizo tras la edición de “Slaughter Of The Soul”, el trabajo más simbólico de AT THE GATES y de la carrera del propio Tompa (con permiso de la maravilla old school que fue GROTESQUE).
Con el frescor aún de las primeras horas de la mañana de Gotemburgo, terminamos de presentar los respetos pertinentes a Lindberg. Esperando poder regresar allí con más tiempo, ver más cosas de su ciudad y volver a visitar su tumba, subimos al coche y arrancamos camino de Copenhague, a través del ferry de Helsingborg-Elsinor, con un sentido del turismo ya más estándar a partir de este momento.
El regreso: parada en Copenhague
Ya sin tumbas que visitar, decidimos pasar a la vuelta por la capital danesa. Con la calle de Nyhaven atestada de turistas y un clima exageradamente cálido para Dinamarca, no hicimos nada especialmente típico… ni sirenita ni compra de ámbar: fue una fugaz visita de unas cuantas horas que nos dejó tiempo para recorrer parte del casco histórico y monumental, incluyendo el impresionante fuerte militar Kastellet que he visitado unas cuantas veces, pero del cuál nunca me canso.

También repetí en la plaza de los inmensos palacios de Amalienborg, pero nada del barrio de Christiania, esa "ciudad sin ley" donde la policía deja campar a sus anchas a todo el mundo, y que se autorregula para que nadie interfiera, siendo un punto de venta de droga constante pero curiosamente pacífico, al menos por el momento.
Eso sí, entre todo el pateo, no dejamos pasar la oportunidad de parar en Extremely Rotten, la tienda de discos especializada en Death Metal fundada por el guitarrista y cantante de UNDERGANG, David Buch Mikkelsen, quien también lleva el sello discográfico del mismo nombre.

Ubicada en una calle relativamente céntrica, junto al parque del observatorio y jardín botánico, no requería un gran desplazamiento para ir a visitarla mientras pateábamos la ciudad. Pensaba que allí habría únicamente Death, que entendí en su día era su concepto original, pero parece que han ampliado el abanico y pudimos ver también álbumes de Black Metal de grupos como DARK FUNERAL e incluso algo de Heavy Metal como MERCYFUL FATE, entre otros muchos.

Un 7” con canciones inéditas de RUNEMAGICK, que a esas alturas del viaje ya supuso un desembolso importante, quedó de recuerdo de esta visita a esta tienda de discos. Queda totalmente recomendada para todos los seguidores del sonido extremo por su catálogo amplio y su currada decoración. Si además te gustan los juegos de guerra, también hay una pequeña selección de material.
Bergen op Zoom (Países Bajos)
Dejando atrás Dinamarca, cruzamos Alemania y nos dimos una paliza de conducción y pocas horas de sueño hasta Bergen op Zoom, la Bergen de Países Bajos o Bergen del Sur. Esta era una ciudad de la que desconocía su existencia, pero bien valió la pena la visita.
Conocí así una gran ciudad, muy bonita y tranquila, donde puedes visitar granjas a modo de supermercado y restaurante. Allí además habita un expatriado madrileño, quien tocó la guitarra para alguna que otra banda relevante del panorama del Metal español, y que siendo amigo de mi compañero de viaje, tuvo a bien acogernos en su domicilio una noche como buen samaritano. Que la canción de CANDLEMASS le sea propicia en su momento.

Allí repusimos fuerzas, charlamos lo indecible, y pudimos conocer algo de geografía e historia de la zona, donde la tranquilidad de la zona rural y la belleza de un antigua y pequeña ciudad portuaria hicieron el resto antes de partir hacia Madrid.
Ya no soy capaz de recordar en qué otro sitio paramos antes de volver a casa, ni si quiera si llegamos a parar. No tengo fotos, y eso me impide romper el velo de los recuerdos de esa última jornada de regreso a Madrid, partida y destino de un viaje de carretera fascinante pero agotador por las exigencias de los plazos a cumplir en unas vacaciones que se pasaron volando, pero que me dejaron sensaciones maravillosas.
Conclusión de la expedición: la muerte y el riesgo de un día cualquiera de verano
La muerte, como punto de inicio, no nos impidió advertir sobre los riesgos que conlleva la vida y que sobrevinieron justo al regresar a nuestro hogar: en un día a día cuya monotonía se ve quebrada cuando uno menos se lo espera, justo al regreso a Madrid nos encontramos las llamas -esta vez de un fuego real y no figurado- dañando la naturaleza de nuestro entorno más próximo, e, incluso, haciendo peligrar la integridad de la vivienda de mi compañero de viaje.
Tras despedirnos a la puerta de su casa con un semblante serio, rodeados de una lluvia de cenizas y amenazantes cúmulos de humo en el horizonte, fue el final del viaje fue doblemente amargo, en el preludio de unos inquietantes días para la historia de los incendios en la Península Ibérica. Afortunadamente, su casa resistió al envite del fuego. Cuando estuve seguro de ello, varios días después, creo que fue el cierre definitivo de este periplo estival, a pesar de llevar ya varios días en Madrid.
Este viaje, cuyos recuerdos eran difusos por el agotamiento nada más acabarlo, fueron tomando cuerpo en mi memoria, gracias al pasar de los días y a la revisión de las fotografías, así como a la propia preparación de este artículo. Ha costado lo indecible sacarlo adelante, pero espero, a pesar de su insufrible longitud para el lector habitual de internet, sea del agrado de algunos, si no muchos, aficionados al Metal de corte clásico.
Al final, esta búsqueda recorriendo cementerios, senderos y ciudades de Europa junto a un amigo de juventud universitaria ha acabado siendo inolvidable. Un julio de 2026, muy caluroso incluso en el norte de Europa, marcado ya a fuego en mi memoria.
Creo que es una experiencia que repetiré dentro de algunos años, seguramente volviendo a visitar algunos de estos lugares y, muy probablemente, el de otros músicos caídos que no pudieron entrar en esta ruta por falta de tiempo... y algunos porque aún están por fallecer.
Quizá tenga que ser ya en un momento de jubilación, que por lejos que parezca, no lo está tanto. Entonces podré hacerlo con mayor tiempo disponible y relax, sin las prisas por llegar al siguiente punto.
Espero llegar a ese futuro con vida, con salud para repetir los esfuerzos, y así volver a recordar esta visita y la anterior que hice, hace ya quince años (que para entonces serán treinta) a estos lugares que me han sido ajenos geográficamente por mi lugar de nacimiento, pero que siempre han estado próximos a mi alma por todo lo que conlleva la música que en buena parte allí surgió, así como los paisajes que allí perviven.
¡Larga vida a los caídos del Metal!












Tan solo felicitar al autor por este maravilloso reportaje. Enhorabuena.