MARK REALE: Una historia real de afecto y gratitud

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Son las doce de la mañana de un soleado día enero y en mi habitación hace frío. Al menos, tengo frío, estoy destemplado. Mi ordenador está junto a una calefacción pero aún no está encendida. Tal vez sea una sensación derivada de la tarea que voy a emprender. Cuesta ponerse a escribir sobre algo que te duele y es reciente. Buscando una motivación, he desempolvado mi viejo CD del “Thundersteel”, comprado allá por el año 1989. Lo machaqué tanto que el tema título, que abre el disco, salta y he pasarlo porque el reproductor se queda bloqueado. No importa. Cada nota, cada estrofa, cada punteo, lo tengo clavado en mi mente y en el alma, mucho más en estos días posteriores al fallecimiento de Mark Reale, guitarrista, compositor, líder, superviviente y cien denominaciones adicionales que le queráis poner al genio que mantuvo RIOT durante tres décadas y media, contra viento y marea, inasequible al desaliento de la falta de éxito, los cambios de personal y el poco apoyo de las discográficas. Una banda “de culto” para cualquier amante del Heavy Metal.

Podría ponerme a hacer un panegírico de la figura del chico que nació en Brooklyn, Nueva York, en junio de 1955, de su amor por George Harrison o Ronnie Montrose, o de cómo formó RIOT con apenas 20 años. También podría elaborar una tesis de por qué ellos fueron New Wave Of British Heavy Metal un lustro antes del advenimiento del género al otro lado del charco, de por qué evolucionaron al Speed Power europeo de forma inconsciente e inigualable, o de cómo es posible que con tantos vocalistas, bajistas, baterías y cambiando su estilo en múltiples ocasiones, fueran incapaces de editar un álbum regular, ya no digo flojo. Pero no, eso llevaría muchas horas, os aburriría y, seguramente, serviría para repetir lo cien veces escrito estos días. Por ello, prefiero mostrar mi relación con RIOT y con Mark a lo largo del tiempo, para ver cómo han influido en mi vida y en la de muchos. Por supuesto, no tantos como hubieran merecido.

Para mí, Mark es como alguien de la familia, como un amigo. Gracias a su música, he sentido la felicidad, ese bien tan codiciado y que se nos presenta en dosis escasas.  Y ahora ya no está. Eso te afecta. Será imposible volver a deleitarse con su elegancia a la hora de tocar, con la instrumental “Narita” que daba inicio a los shows de la banda, o, por qué no, esbozar una sonrisa por la leyenda de su peluca. Siempre se dice que nos quedará su obra, su legado. Efectivamente. Ahora Reale descansa en el panteón de los héroes junto a Criss Oliva de SAVATAGE, mi otro ídolo. Estoy convencido de que, pronto, se sentarán a componer para otro grande del Hard & Heavy como Ronnie James Dio que agradecerá, por fin, tener dos genios de la guitarra a su lado.

Septiembre de 1987: Preadolescente a la carrera

Mi primer contacto con RIOT fue casual, como muchas de las cosas que te suceden al adentrarte en la música. Tenía trece años e ibas descubriendo bandas, canciones o discos gracias a los programas de radio (¡qué lejos quedaba Internet!). Con el poco dinero de la paga semanal o consecuencia de alguna celebración, me acercaba a comprarme cintas a una tienda por ser el formato más barato. Pero claro, a través de las ondas escuchabas o grupos grandes, nacionales e internacionales, o nuevas ediciones. En aquel momento, Mark estaba en un período de indefinición y acababa de retornar a Brooklyn tras un periplo por San Antonio, Texas, intentando dar salida a otro proyecto.

Y es que “Born In America” les había dejado tocados. La etapa con Rhett Forrester a la voz y su acercamiento al Hard Rock terminó en fiasco comercial, que no de calidad porque tanto “Restless Breed” como “Born In America” son trabajos que, con la perspectiva del tiempo, ganan. Reale deshizo por completo la formación y se cruzó Estados Unidos para comenzar NARITA junto a tres ex componentes de S.A. SLAYER, conjunto en el que estaban gente como Don van Stavern (que continuó junto a Mark el camino de vuelta a Nueva York), Dave McClain (actual batería de MACHINE HEAD) o el genio loco Ron Jarzombek (hermano de Bobby, que entraría en RIOT poco después). El caso es que NARITA quedó en una demo de tres temas (“Thundersteel” entre ellos) y cada mochuelo a su olivo.

  
               

 

En este contexto, os podéis suponer que era imposible tener noticias de RIOT en España si no les conocías antes. El azar intervino en forma de cinta recopilatoria llamada “Metalmania”. Entre múltiples temas interesantes (a vuela pluma recuerdo cortes de RAVEN, VENOM o VICTORY) quedé prendado de una canción llamada “Road Racin´” de unos tales RIOT. Dado que la mayoría de combos provenían de Europa, y por el sonido que practicaban, supuse que ellos también serían del Viejo Continente, de Gran Bretaña en concreto. La ignorancia de un crío de trece años y la dificultad de acceso a la información (no tenía hermanos mayores ni casi amigos que les gustara el Heavy) me hizo vivir en el error durante un año más, en que nada supe de RIOT.

Julio de 1988: Familia, playa, juegos de naipes y un cyborg de cómic

Las vacaciones fuera de Madrid eran una época extraña. Por un lado, te apetece conocer sitios pero entrando en la adolescencia, ir cada año a un lugar de playa distinto (si había dinero para viajar al extranjero era otra historia, una gozada), siendo hijo único, con tus padres y tus abuelos (por mucho que les quiera), no parece el plan más apetecible. Los baños en el mar, la partida de chinchón después de comer, el paseo vespertino. Todo era una rutina que terminaba por hastiarme. La válvula de escape era mi recién descubierta pasión por la música. A partir de ese verano en Oropesa del Mar (Castellón), mi “loro” y las cintas eran obligatorios en el maletero del Renault 12 familiar.

Un día cualquiera, tirado en la terraza del apartamento, y casi con toda seguridad escuchando el “No Hay Ningún Loco” de ÑU, aparece mi padre y me dice: “Te traigo una sorpresa”. Levanto los ojos y, sobresaltado, veo a un compañero de clase. No es que me llevara mal con él pero tampoco éramos amigos. He de reconocer que el chaval se esforzó por integrarme con sus colegas pero mi timidez y, por qué no, la pereza que me daba, no ayudó mucho. Ahora bien, no recuerdo su nombre, pero a uno de pandilla le gustaba el Heavy Metal. Como yo, no llevaba los pelos largos pero fue con el único que conecté y rápidamente pasamos a hablar de nuestras aficiones y el elemento común salió.

Subí a su casa y me enseñó un buen puñado de cintas (vivía en la capital de la provincia, Castellón de la Plana). Yo estaba más centrado en el Hard y los grandes grupos de Heavy clásico de los ochenta. Él, al ser algo mayor, tenía un conocimiento más vasto de la escena. Amablemente, me dejó unos cuantos casetes para oír. Entre ellos, destacó cierto grupo americano que, según su criterio, había sacado una bomba, una joya que perduraría para siempre. Leo el corner y, ¡zas!, RIOT. Comenté: “A estos les conozco. Tengo un recopilatorio con una canción suya cojonuda”. Cuando nos despedimos, mi compañero de colegio me invitó a unirme a la fiesta que iban a montar por la noche pero preferí irme a mi querida terraza. Tenía una reunión importante con las bandas que me habían prestado.

 

 

Di al “play”, me tumbé en la hamaca y el riff de “Thundersteel” empezó a atronar por la urbanización. Mi primera reacción fue de confusión. El estilo, la voz, la producción, todo era distinto. ¿Seguro que eran RIOT? La cinta ponía eso y el título del tema se identificaba en el estribillo. “¡Qué raro! Bueno, centrémonos en escuchar el álbum”. Una vez relajado, llegó el shock. Aquello era impresionante. Tres cuartos de hora frenéticos, gloriosos, llenos de guitarras memorables (comenzaba la relación de Mark con Mike Flyntz, su eterno alter ego), melodías exquisitas, elegancia y un cantante (Tony Moore) con unos agudos estratosféricos. Pero, por encima de todo, composiciones. Composiciones que me proporcionaron unas vacaciones placenteras y supusieron mi particular verano del amor… por RIOT. Al retornar a Madrid, y en cuanto mi economía me lo permitió, adquirí el CD de “Thundersteel” y, cuando salió, su continuación, “The Privilege Of Power”, una gran obra aunque lejana de la maestría de su predecesor. No me acuerdo como te llamabas, pero amigo de Manolo, ¡gracias!

Invierno del 1998: De Tokio a Irlanda, vía Barcelona

La travesía del desierto de los noventa fue durísima para los grupos grandes, así que os podéis imaginar para bandas de segunda o tercera, sobre todo si estaban en multinacional, como era el caso de RIOT. Expulsado de Epic por las nulas ventas de “The Privilege Of Power” y tras un disco en directo editado solo en Japón, “Riot In Japan Live!!”, llegó la desbandada. El gran vocalista Tony Moore se largó mientras que Don van Stavern regresó a Texas. Únicamente, Bobby Jarzombek y Mike Flyntz permanecieron con Mark. Reale no se rindió y rápidamente encontró sustitutos con el bajista Pete Perez y un joven vocalista de Blues Rock, sin demasiado apego al Metal, llamado Mike DiMeo.

En poco más de un año, Mark Reale no solo rehizo la formación sino que, por cuarta vez en menos de dos décadas, reinventó RIOT. En vez de hacer que los cantantes se adaptaran al grupo, Mark buscó ubicar su propuesta a las cualidades del personal del que se rodeaba. De esta forma, el Mark IV de RIOT terminó por ser la etapa más larga y, en mi opinión, fructífera de su historia. De acuerdo que se tuvieron que refugiar en el país del Sol Naciente pero “Nightbreaker” es brillantísimo. Como dato señalar que es de 1993 pero en Europa no apareció hasta quince meses después y en Estados Unidos solo se editó ¡en 1999!

DiMeo aportó clase y elegancia. Por supuesto, tenía problemas para interpretar en directo temas de “Thundersteel” porque sus registros son radicalmente opuestos a los de Tony Moore, pero “Nightbreaker” y los siguientes “The Brethren Of The Long House” (a pesar de su producción) y “Inishmore” están, en mi opinión, entre las cinco mejores obras de su historia. Con “Inishmore”, un tributo a las raíces celtas de parte de la familia de Reale y Flyntz, ficharon por Metal Blade y grabaron el segundo y último videoclip de su historia. Después de “Bloodstreets” de “Thundersteel”, llegó “Angel Eyes” y lograron un resurgimiento en Europa.

 

Hasta tal punto fue así que con el sucesor de “Inishmore”, el notable “Sons Of Society”, les montaron una gira que llegó a Barcelona, junto a ANVIL, DOMINE y, si memoria no falla, AGENT STEEL. Vamos, un pack absolutamente demoledor. RIOT tocaban en segunda posición del cartel, tras los fantásticos italianos DOMINE, pero cuentan las crónicas que era el grupo con más seguimiento del tour. Por todos los medios posibles, intenté acercarme a la Ciudad Condal pero siendo una fecha entre semana, me resultó imposible. Estaba convencido de que no tendría más oportunidades. Sin embargo, la vida, a veces, es generosa y te brinda segundas o terceras opciones.

Febrero de 2005: La decepción de mi vida

Paralelamente a “Sons Of Society”, el bueno de Mark se embarcó en una nueva aventura. Amigo de Bruno Ravel, bajista de DANGER DANGER, llamaron a Tony Harnell, entonces vocalista de los noruegos TNT (que se estaban tomando un respiro) aunque estadounidense de nacimiento y residencia, y John O Really, baterista que grabó el “Stranger In Us All” de RAINBOW y colaborador de Joe Lynn Turner, para montar WESTWORLD. Como podéis suponer, su propuesta no era tan metalera como RIOT. A medio camino entre el Heavy melódico y el Hard, facturaron tres buenos discos y un directo entre 1999 y 2002 hasta diluirse en el tiempo porque tampoco la repercusión fue la esperada. Una vez más, cada mochuelo a su olivo y, curiosamente, WESTWORLD sirvió para la reunión de TNT y la vuelta de Ted Poley al redil de DANGER DANGER.

Mark siguió su camino con el amor de su vida, RIOT, apareciendo ese último año “Through The Storm”. Puede que no sea una de sus obras culminantes pero, para mí, tiene unas cuantas composiciones sublimes como el corte que le da título o “Twist Of Fate”. Además, le brindó un homenaje a su ídolo, George Harrison, que había fallecido recientemente, cerrando el álbum con una versión en formato instrumental de THE BEATLES, “Here Comes The Sun”, uno de los temas más famosos de Harrison. Para entonces, Bobby Jarzombek había optado por ganarse mejor la vida acompañando con su kit el retorno al Metal de Rob Halford y, casualidad, el sustituto en “Through The Storm” fue otro ex de RAINBOW, Bobby Rondinelli que empezaba un proyecto con Mike DiMeo.

En cualquier caso, poco se movía en el universo RIOT hasta que una noticia me sobresaltó. Los organizadores del extinto Atarfe Vega Rock granadino tuvieron muchísimos defectos y una virtud: traer a bandas raras. En su edición de 2005, entre unas cuantas golosinas, dos nombres me hicieron contar los días hasta el evento: CANDLEMASS y RIOT. El frío granadino de febrero, con nevada copiosa que padecimos incluida, no era problema, ¡iba a ver a uno de mis dos grupos preferidos! Estaba tan emocionado las semanas previas que el cabreo que me supuso leer el quinteto que presentaban RIOT fue menor. Y es que junto Reale y Flintz, la base rítmica era Frank Gilchrist de VIRGIN STEELE y el excelente bajista Randy Coven. Hasta ahí, bien. Lo malo es que Mike DiMeo prefirió girar con su combo de Blues Rock, THE LIZARDS, en lo significó el principio del fin de su relación con RIOT.

A última hora trajeron a Mike Tirelli. Sus credenciales le avalaban. Con pasado en BURNING STARR, su foco principal siempre había estado en los eclécticos pero notables HOLY MOTHER y colaborada con los germanos MESSIAH´S KISS. Ahora bien, la absurda polémica llegó cuando el tipo se presenta en el escenario con un jersey de canalé, pintas de chulo metrosexual de gimnasio y curiosos ademanes. Esto es una chorrada porque, en la práctica, es un privilegiado de la voz capaz de interpretar a la perfección temas de cualquier etapa de RIOT. Por desgracia, hace tres años le diagnosticaron un cáncer de estómago, y aunque se recuperó, sigue luchando contra la maldita enfermedad.

El problema aquella gélida tarde no fue el gran Tirelli sino el sonido, o mejor dicho, la ausencia del mismo. Una vida esperando este momento para que una nave inadecuada y unos técnicos incompetentes hicieran que uno de los días más felices de mi existencia, desde el punto de vista musical, se convirtiera en una pesadilla. Mientras caían las indescifrables canciones, no sabía si llorar de impotencia o gritar por la indignación. Como anécdota, comentar que la crónica de esa edición que hice para la webzine donde colaboraba me supuso un veto para siguientes Atarfes. Simplemente, creo que reflejé la verdad. Seguro que con vehemencia porque me arruinaron, por distintos motivos, las dos actuaciones que más quería ver, pero no me arrepiento. La decepción que me llevé a Madrid me la quitó un palentino que, por entonces, no conocía.

Marzo de 2006: Palencia, un puente de hierro hacia la gloria

No compensaba la mala experiencia pero ese 2005 salieron a la luz “The Tyrant Sessions”, un single de dos canciones, lo único que grabaron RIOT con uno de los mejores vocalistas de la historia del Heavy Metal, Harry “the Tyrant” Conklin de los, por desgracia, hoy separados JAG PANZER. Se registró justo después de la salida de Tony Moore cuando RIOT buscaban un sustituto. Harry habría sido la versión perfecta y mejorada pero la historia solo nos deja esta pincelada de talento. Visto hoy, nos habría privado de DiMeo. Pero volvamos a nuestra historia. Un intrépido amante del Hard & Heavy, con una pequeña distribuidora, se arriesgó a montar una gira de RIOT por España, siendo el primer show en la nada metalero localidad castellana de Palencia. Lo cuentas y parece irreal, pero así sucedió.

Junto al emblemático Puente de Hierro se encuentra la, para mí, mítica discoteca Carabel. Aunque Madrid también tenía su fecha dos días después, aprovechamos que era viernes para hacer doblete. Al salir de trabajar nos plantamos con el coche en la pequeña ciudad. En mi fuero interno estaba convencido que este vez era la buena. La suerte, y Luis, nos había brindado otra oportunidad. La sala era grande y el escenario pequeño. La asistencia, unas trescientas personas; bastantes curiosos de la zona amantes del Rock o el Heavy que no tenían costumbre de disfrutar de conjuntos internaciones del género, y unos pocos fanáticos.

Desde que el quinteto (misma formación que en Atarfe solo que esta vez con el habitual Pete Perez al bajo) saltó a las tablas de Carabel, no había otra cosa en el mundo para mí. Cien minutos mágicos, por supuesto cortos ya que hubiera incluido dos docenas de temas más, con una base rítmica contundente, Tirelli calcando cada registro vocal, Flyntz tocando con eficacia pero, por encima de todos, él, mi tocayo, el héroe del arpegio, las dobles melodías y la elegancia. El sueño se había cumplido. Poco importaba tener que volver a Madrid a altas horas de la madrugada en una frío noche de marzo. El subidón de adrenalina y emoción impedía atisbar, ni de lejos, el cansancio.

La mejor noticia es que dos días después aterrizarían en la capital de España. Público, incluso menos, pero les dio igual. El show en la Copérnico fue tan bueno o mejor que el de Palencia. Esa velada tuve la ocasión de conocerles ya que había concertado una pequeña entrevista con Mark tras la descarga. El borrachín de Pete con su español empapado en alcohol; el amable y peculiar Tirelli; los muy americanos Frank y Mike. Todos nos amenizaron el momento de charlar con Reale. Tímido de principio pero que cuando se suelta es un buen conversador, tipo inquieto, todo un caballero. Esa fue mi impresión. Intenté disimular la idolatría que sentía por él, pero tuve que comenzar la conversación con un “gracias”. Si no, jamás me lo hubiera perdonado.

A mediados de ese año editaron “Army Of One”, el disco que tenían grabado con Mike DiMeo. A pesar de que éste ya no pertenecía a la banda, seguían siendo amigos y Mark no quiso rehacerlo con Tirelli. Además, su tono hard rockero era ideal para las cualidades de DiMeo. Es un trabajo “menor” con cuatro o cinco cortes excelentes. Unos meses después, y con la excusa de ser cabezas de cartel en el Keep It True alemán, retornaron a Europa y, cómo no, el bueno de Luis les trajo de nuevo. Desgraciadamente, la gira fue un fracaso de público. En Madrid, ni cien almas para oprobio y vergüenza. A ellos les dio igual. Volvieron a dar el concierto de sus vidas, destacando Tirelli, incontestable en su último tour con RIOT antes de serle diagnosticada la terrible enfermedad.

Junio de 2009: El reflejo de una carrera

¿Qué más podía pedir en mi relación con RIOT? Nada, ya me lo había dado todo. El siguiente paso debería haber sido un disco con Mike que, seguramente, no les habría llevado a ningún sitio concreto, solo a continuar por la senda de la calidad y a endurecer su sonido adaptándose a las portentosas cuerdas vocales de Tirelli. No pudo ser por lo antes comentado. El futuro parecía incierto pero esa situación era un lugar común para Mark Reale porque ya habia vivido la experiencia después de “Born In America”, “The Privilege Of Power” o “Through The Storm”. En todas las ocasiones salió airoso. ¿Cuál sería el próximo movimiento?

Si me dicen qué reunión desearía ver más que nada en el mundo dudaría entre un tour de SAVATAGE con el conjunto de componentes vivos o la gira de RIOT con los miembros del “Thundersteel”. Esto último fue el último conejo que se sacó de la chistera Mark Reale. Con Flyntz lo tenía sencillo, era su compañero; Jarzombek aprovechó las injustas horas bajas de FATES WARNING y lo compaginó con su trabajo como baterista de Sebastian Bach; a Don van Stavern no tardaron en convencerle; y la gran sorpresa llegó con el regreso del desaparecido Tony Moore. Empezaron a cerrar fechas en Japón y Europa, menos de las deseadas porque su caché lo elevaron sobremanera y la expectación no era tanta (un sino de la banda, la minusvaloración). Entre ellas, una en el Metalway de Zaragoza. A mí me daba algo, si bien a la postre la sensación fue agridulce. Recupero parte de la crónica que hice para ilustrar mis sensaciones.

“…El estado de voz de Tony Moore era una duda y sobre él recaían gran parte de las expectativas pero desde un punto de vista muy personal y subjetivo, este concierto venía marcado por una canción: “Bloodstreets”. El único videoclip que registraron en esa etapa y una odisea callejera en clave de medio tiempo, vibrante, emotivo, uno de los temas que me acompañará siempre. Quizá esté siendo excesivamente meticuloso pero después de cuatro conciertos de RIOT, tres de ellos geniales, tenía que centrarme en objetivos concretos. Juré no mirar los set lists de las dos actuaciones previas pero no pude resistirme: allí estaba ella, “Bloodstreets”, dominando un repertorio increíble. En Zaragoza disponían de diez minutos menos que en el Sweden Rock pero no creía posible que se cayera precisamente la composición por la cual había obviado el Hellfest, el Kobetasonik y cualquier otro festival que se celebrara este fin de semana.

Un par de minutos antes y con el viento arreciando, los acordes de “Narita” nos dieron la bienvenida. No me voy a parar mucho en el concierto porque la crónica la hago, a diferencia de otros, desde las entrañas. El sonido empezó embarullado pero, sin ser destacable, sí que se arregló lo suficiente como poder distinguir los instrumentos. La guitarra de Mark, no obstante, estaba un poco baja. Por cierto, temí porque su peluca volara pero no, los problemas en este aspecto los tuvo Bobby a quien le tenían que sujetar los aéreos. No me extraña con esa pegada tan descomunal que posee. Tony Moore salió con una camiseta de fútbol americano con el número 44 y el nombre de Obama. Si bien se quedó a medio camino en unos cuantos agudos, la impresión global es que el vocalista superó con creces la prueba. Quizá esperaba menos pero le calificaría de notable alto. Muy bien por el gran Tony.

El repertorio resultó del agrado de la mayoría… pero no, no estaba “Bloodstreets”. Del set list del Sweden Rock se cayeron “Sign Of The Crimson Storm” y la canción que era mi leif motiv del festival. Cuando fui consciente de que no iba a ser tocada, mi euforia desapareció. Me eché las manos a la cabeza y me entraron ganas de llorar. Sí, es muy fuerte, quizá ridículo, pero mentiría si contara otra cosa. Ese tema era “mi festival”. De ahí que volviera a la expresión “la decepción de mi vida”. Con un significado muy distinto que en Atarfe pero de consecuencias iguales o peores. Sin ganas de hablar, nos alejamos, cabizbajos, con el final de “Warrior”. Reitero, si soy objetivo, triunfaron, pero yo estaba “en otro concierto”. Estos barcos solo pasan una vez y en Zaragoza se olvidaron de “Bloodstreets”. Lo que venía después, me importaba poco”.

 

Epílogo: 25 de enero de 2012

Estaba convencido después del Metalway que jamás volvería a ver RIOT aunque no por esta desgraciada y abrupta causa. Mi idea se basaba en que la reunión no había generado el ruido que esperaban por lo que Tony Moore se largaría y Mark acabaría tan cansado que lo dejaba. Y algo parecido estuvo a punto de suceder. Con un nuevo disco a falta de mezclar, Tony anunció su marcha del quinteto. Las razones no fueron claras y desde la otra parte digamos que se dejó estar. Mis informaciones versan sobre un problema de pasta, o de falta de ella, lo que implicaba falta de alicientes para salir de tu país uno o dos meses, destino a Europa, meterte en un autobús, comer regular y dormir peor.

Transcurridos unos meses las aguas volvieron a su cauce. El hijo pródigo se serenó, los amigos se juntaron para finalizar el disco y el resultado fue el alabado “Inmortal Soul”, un título que ha acabado por ser premonitorio. Evidentemente, no estamos ante un “Thundersteel” segunda parte, ni falta que hace. La obra no solo es digna sino que, para buena parte de los seguidores, es lo mejor de RIOT desde “Inishmore”. Por lo tanto, prueba superada. Ahora quedaba la carretera y, para ello, cerraron unos conciertos en la Costa Este de su país para, ya en el verano, patearse Europa. El itinerario estaba por confirmar cuando llegó la mala noticia. Mark Reale estaba en coma por un derrame y la cosa se complicaba por la enfermedad de Crohn que padecía desde hace tiempo. El resto de componentes de RIOT, en una decisión cuanto menos cuestionable, optaron por tocar un show sin Mark, paradójicamente el último en vida del alma mater del grupo, el único que se perdió. El desenlace lo habéis leído en internet, no hace falta recordarlo. Reale muere en San Antonio el veinticinco de enero.

Solo espero y deseo que Tony, Mike, Don y Bobby dejen en paz RIOT. No me importaría que hicieran algún concierto especial de homenaje, con Mike DiMeo, Mike Tirelli (si está en condiciones) y otros antiguos componentes. Sería precioso, pero nada más. RIOT era Mark Reale. Todo lo demás, aditivos y parches que jugaron su papel, más o menos importante en la trayectoria de este inmenso grupo, pero siempre alrededor de la delgada figura del neoyorquino. Tocayo, genio, amigo en la distancia, ídolo, una vez más gracias. Gracias por hacernos disfrutar, reír, emocionarnos. Gracias por estar siempre ahí y nunca defraudar a los que te hemos seguido en las duras… y en las peores. FOREVER, SHINE ON… MARK!

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Marco-Antonio Romero

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